Literatura tras la guerra civil. Poesía y teatro

LITERATURA DESDE LA GUERRA CIVIL. POESÍA Y TEATRO

Teatro y poesía durante la Guerra Civil (1936¬1939)

La poesía y el teatro son los dos géneros más cultivados durante los tres años de la Guerra Civil. Se trata de un teatro y una poesía que quieren responder a la ideología de uno u otro bando y sirven, en muchos casos, para enardecer a los combatientes en el mismo frente de batalla. Lo dramático de las circunstancias exigía el compromiso radical de los escritores y estos acudieron con lo que se llamó “literatura de urgencia”.

Los rasgos formales temáticos de la poesía son muy semejantes en el bando nacional y el republicano: el desahogo del odio al enemigo, exaltación de los héroes propios y la función apelativa. Dejando aparte la gran cantidad de poetas de segundo orden que escribían impulsados por las emociones del momento, escribieron poesía de urgencia los grandes poetas del bando republicano: Antonio Machado, Miguel Hernández, Rafael Alberti, Pedro Garfias, Germán Bleiberg… Los medios de difusión fueron las revistas Hora de España, El Mono Azul y los romanceros de guerra.

El bando franquista está representado por los poetas falangistas Dionisio Ridruejo, Leopoldo Panero, L. F. Vivanco, que veremos en la poesía arraigada de la posguerra, y otros de ideología monárquico conservadora como José María Pemán. La figura de José Antonio, fundador de la Falange y fusilado por los republicanos fue homenajeada en Corona de sonetos en honor de José Antonio. En plena Guerra Civil el público de ambos bandos seguía fiel al teatro comercial de la anteguerra. En el bando republicano hubo iniciativas para atraer a autores y actores a un teatro comprometido político. En el empeño tuvo un papel importante la Alianza de Intelectuales Antifascistas con la creación de Nueva Escena y la compañía Teatro de Arte y Propaganda. Aportan obras que pretenden aunar la función política y la calidad dramática: Rafael Alberti, Max Aub, Miguel Hernández, José Herrera Petere, etc. La actividad del teatro belicista y político es menos intensa en la zona nacional. Con todo, se da un teatro de ideología falangista escrito por Luis Rosales y L.F. Vivanco, Gonzalo Torrente Ballester y José M Pemán.

En ambos géneros, con obras más o menos estimables, no sin embargo son los valores estéticos lo que prevalece, sino la funcionalidad propagandística de uno u otro signo.

LA POESÍA ESPAÑOLA DESPUÉS DE LA GUERRA CIVIL

La década de los 40

Al finalizar la guerra civil, el panorama poético español queda empobrecido por la muerte y, sobre todo, por el exilio de los principales poetas de varias generaciones. En España permanecen solo unas pocas figuras consagradas: Gerardo Diego, Dámaso Alonso y Vicente Aleixandre, los dos últimos silenciados en lo que se llamó el “exilio interior”.

En general, los poetas de esta década continúan la poesía rehumanizada de los años 30, representada entre otros por Miguel Hernández.

Dámaso Alonso diferenció dos tendencias: la poesía arraigada y la poesía desarraigada.

Poesía arraigada

Estos poetas se sienten conformes con los valores políticos y morales de la España vencedora. Buscan su ideal estético en los clásicos de los Siglos de Oro, especialmente en Garcilaso de la Vega, y cultivan con perfeccionismo las formas clásicas del endecasílabo y del soneto. Los temas predominantes son el amor, la austeridad del paisaje castellano como símbolo de espiritualidad ascética, lo patriótico y lo religioso.

En la difusión de esta poesía hay que destacar dos revistas: Garcilaso, dirigida por José García Nieto y Escorial, en la que publican Leopoldo Panero, Luis Felipe Vivanco, Luis Rosales y Dionisio Ridruejo, quienes evolucionarán pronto hacia una poesía intimista y de expresión austera. Estos poetas compartirán algunos temas con la poesía desarraigada (la soledad, el dolor ante el paso del tiempo…), pero mitigados por la fe religiosa y unos valores tradicionales muy asentados. Como ejemplo destacaremos a Luis Rosales (La casa encendida) y a Leopoldo Panero (La estancia vacía y Escrito a cada instante).

Poesía desarraigada

Es la de los poetas que buscan con angustia una respuesta al sufrimiento humano. Es una poesía dominada por la angustia ante los enigmas del hombre (la muerte, el vacío de la existencia…), pero también ante el dolor humano producido por las injusticias del presente.

La primera manifestación de esta poesía procede de dos poetas de la generación del 27: Hijos de la ira de Dámaso Alonso y Sombra del paraíso de Vicente Aleixandre.

Los poemas de Hijos de la ira están impregnados de una religiosidad conflictiva con angustiosas interrogaciones a Dios por la injusticia y el sufrimiento del hombre. Dámaso Alonso emplea un tono apasionado e impetuoso y formas poéticas opuestas al garcilasismo: el verso libre, un vocabulario antirretórico e imágenes tremendistas.

La revista Espadaña: Entre las revistas de poesía desarraigada fue la que alcanzó mayor notoriedad. En sus páginas aparecen frecuentes ataques al conformismo y al esteticismo vacío de la poesía garcilasista. El lenguaje de estos poetas es sencillo. La expresión de la angustia existencial se relaciona muy directamente con las situaciones históricas de la posguerra, aproximándose así a la futura poesía social. Poetas destacados son Victoriano Crémer, Eugenio de Nora (Pueblo cautivo, 1946) y Ángela Figuera.

Otros poetas desarraigados, Rafael Morales, Carlos Bousoño, José Mª Valverde, Blas de Otero, prefieren temas humanos más universales: la temporalidad, la muerte, la trascendencia religiosa o la condena del hombre al silencio de Dios.

El soneto, que era una de las composiciones más cultivadas por la poesía arraigada, también aparece en la poesía desarraigada y más tarde en la poesía social, pero con un tono muy diferente.

Tendencias marginales

Al margen de la poesía arraigada y desarraigada se dan en estos años dos tendencias: los postistas, influenciados por las vanguardias; y el grupo Cántico, heredero de la poesía de Jorge Guillén y Luis Cernuda.

La poesía social de los años 50

En década de los 50, la pobreza de las clases populares y la represión de las libertades civiles favorecieron la evolución de la poesía desarraigada a una poesía comprometida, que prefiere los temas sociales a los temas intimistas. Se denuncia la opresión y la injusticia, con referencias más o menos veladas a la situación política española como causa, introduciendo así una nueva visión del noventayochista tema de España. Los poetas sociales pretenden hablar por los que no tienen voz y convertir su poesía en un instrumento para cambiar la sociedad. Para ello el lenguaje deberá ser sencillo y antiornamental, comprensible por la inmensa mayoría. En general, los valores estéticos del poema se consideran menos importantes que el contenido y el propósito político o social. Esta actitud derivó en un lenguaje empobrecido y ocasionó el abandono de esta poesía en la década siguiente.

Gabriel Celaya

Fue el poeta más representativo de la poesía social. Su poesía social aparece en Las cartas boca arriba y Cantos iberos. El poeta se solidariza con los desfavorecidos, defiende con pasión el papel de la poesía como arma contra la injusticia y la falta de libertad en España y rechaza el esteticismo.

En los años 70, Celaya retorna a su primera poesía con un libro vanguardista: Campos semánticos (1971).

Blas de Otero

Etapas de su poesía
  • La poesía existencial desarraigada queda recogida en Ángel fieramente humano (1950) y Redoble de conciencia (1951). Es una poesía existencial de fuerte contenido religioso. El poeta dirige una queja desgarradora a Dios, buscando una respuesta a los enigmas del hombre: el sufrimiento, la muerte y el abismo de la existencia.
  • La poesía social se inicia en 1955 con Pido la paz y la palabra. Otero arrincona su angustia personal para solidarizarse con la “inmensa mayoría” que sufre. Reclama la justicia y la palabra, en clara alusión a la falta de libertad en España, pero, sobre todo, la paz que cierre las heridas de la guerra civil. El estilo es sencillo y directo, pero de gran riqueza formal: ritmos basados en el paralelismo y la anáfora; sensaciones eficazmente expresadas mediante la aliteración y el encabalgamiento del ritmo (He visto/ espaldas astilladas a trallazos…) e imágenes de gran belleza.
  • Poesía experimental: Es una poesía intimista que recurre a imágenes surrealistas y que viene tras el cansancio de la poesía social. Está recogida en sus libros Mientras e Historias fingidas y verdaderas.

José Hierro

Su poesía se caracteriza por un profundo humanismo. Sus primeros libros (Tierra sin nosotros, Alegría) caen dentro la poesía existencial. Los temas principales son la soledad y el dolor por el paso del tiempo, pero también la afirmación de la vida.

Se le incluyó en la poesía social por sus dos libros: Quinta del 42 y Cuanto sé de mí. En ellos la reflexión sobre la realidad de su tiempo parte de una anécdota externa presentada como una vivencia personal; es una forma a la que Hierro denominó “poesía¬reportaje”.

Otra vertiente muy personal e imaginativa es la representada por Libro de las alucinaciones. La obra de José Hierro recorre medio siglo de poesía española, que culmina con un libro excepcional en 1998: Cuaderno de Nueva York.

La generación poética de los 60. El experimentalismo

Se les ha denominado también como generación del medio siglo, en atención a la publicación de sus primeros libros hacia 1955. En un primer momento reciben la influencia de la poesía social, pero desaprueban su descuido por el lenguaje. Si la generación anterior admiró la poesía de Machado, estos reciben la influencia del talante cívico y la perfección formal de Luis Cernuda y otros poetas del 27.

Rasgos generacionales

  • La realidad política y moral de la posguerra aparecen en su poesía, pero en el marco de su experiencia personal e íntima, tratada con una actitud de distanciamiento e ironía. Mezcla, pues, de intimismo y actitud crítica, de lo existencial y lo testimonial, pero evitando la expresión bronca de la poesía desarraigada y la pobreza lingüística de la social.
  • La evocación desencantada de las experiencias de la niñez y la adolescencia, como un tiempo marcado por la guerra y sus consecuencias, explica su característico estilo narrativo y conversacional. En cuanto a la métrica, tienen preferencia por el verso libre, pero son habituales los versos de medida clásica (heptasílabos, endecasílabos, alejandrinos…).

Poetas de la generación de los 60

Comparten estas características Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo y Ángel González (Áspero mundo, Tratado de urbanismo). Otros como Claudio Rodríguez (Don de la ebriedad) y Francisco Brines (Las brasas) tienden desde sus comienzos a una poesía puramente subjetiva e íntima.

José Ángel Valente (Poemas a Lázaro) concibe la poesía como una forma de conocimiento de sí mismo y del mundo, más que como comunicación con el hombre; en libros posteriores se irá alejando todavía más de los temas testimoniales hacia una poesía desnuda y de lenguaje concentrado denominada poesía del silencio.

Jaime Gil de Biedma (1929-1990) es el poeta más emblemático de su generación; veremos cómo su influencia se extiende a la poesía de los años 80 y 90. El clima moral de su época, su educación conservadora, el egoísmo y la hipocresía de la burguesía de la que forma parte, el desgaste del tiempo y el erotismo son los temas principales de su poesía. Su obra más importante, Las personas del verbo (1975), contiene tres libros: Compañeros de viaje, Moralidades y Poemas póstumos.

Los años 70: Los novísimos

Se conoce a estos poetas como novísimos o generación del 68. La revolución estudiantil de 1968 influye en su rebeldía estética y moral frente a la tradición. Su juventud coincide con una etapa de fuerte desarrollo económico del país, del turismo y de la posibilidad de viajar al extranjero. Son poetas con una amplia formación intelectual y literaria. Con ellos se consuma el fin de la poesía social.

Características

  • Su poesía es esteticista y minoritaria. Como ocurría en los vanguardismos, conciben el poema como obra de arte del lenguaje (generación del lenguaje) y rechazan el sentimentalismo. Rasgos del lenguaje vanguardista son la preferencia por el verso libre, la yuxtaposición de contenidos de diversa procedencia (collage) y las imágenes surrealistas.
  • Los novísimos son poetas culturalistas. Crean un universo alejado de la realidad cotidiana, compuesto de referencias culturales (objetos de arte, ciudades históricas o exóticas como Venecia), que nos recuerda el refinamiento de la poesía modernista. El culturalismo comienza con la poesía venecianista de Pere Gimferrer en Arde el mar y es compartido por Guillermo Carnero (Dibujo de la muerte), Antonio Colinas, (Sepulcro en Tarquinia) y otros.
  • Introducen en la poesía símbolos de la cultura popular y de los mass¬media (cine americano, seriales radiofónicos, copla popular sentimentalista, etc.), con frecuencia para ironizar sobre la cultura del pasado y del presente español. Esta es la intención de Una educación sentimental de Manuel Vázquez Montalbán.

La poesía del posfranquismo hasta el fin de siglo

En el posfranquismo conviven varias generaciones poéticas y la nota dominante es la pluralidad de tendencias. Los poetas de esta generación asumen los hallazgos formales de las vanguardias, pero se distancian del esteticismo de los novísimos en busca de un mayor realismo y cercanía al lector. Con la tradición son eclécticos.

La poesía de la experiencia es una tendencia dominante hasta bien entrados los años 90. Supone una vuelta a la lírica reflexiva de la generación de 1960. Poetas representativos: Luis García Montero, Jon Juaristi y Felipe Benítez Reyes.

Características esenciales

Los poemas parten de experiencias íntimas, reales o ficticias, en un marco urbano; se refieren al amor, al desamor, los lugares de encuentro, la casa… etc. Abundan los temas cívicos, incluso políticos, pero tratados con una actitud irónica y desencantada, pues es una generación escéptica ante las grandes soluciones sociales y políticas.

Su lenguaje poético mezcla el habla cotidiana de la ciudad con las alusiones que incluyen anuncios, carteles y versos de poetas clásicos o contemporáneos (intertextualidad). El estilo puede rozar la complicación barroca.

Junto al verso libre recurren a formas métricas tradicionales (sonetos, estancias, versos endecasílabos, heptasílabos y alejandrinos) frecuentemente con una intención irónica.

Otras tendencias

El vanguardismo experimental de Blanca Andreu, basado en las imágenes surrealistas y el collage. El minimalismo y neopurismo de Jaime Siles, Andrés Sánchez Robayna, y Julia Castillo. Sus poemas son breves, concisos, preferentemente en versos cortos. Sugieren la influencia de la poesía esencialista de Jorge Guillén y de la poética del silencio de José A. Valente.

EL TEATRO ESPAÑOL DESDE LA GUERRA CIVIL

Teatro de posguerra hasta 1950

El teatro ofrece el mismo panorama empobrecido que la poesía, pero acentuado además por el conservadurismo de los empresarios teatrales, que solo apoyan el teatro comercial, y los obstáculos de la doble censura, estatal y religiosa. En contraste, encontramos una importante producción dramática en los escritores exiliados: Rafael Alberti (Noche de guerra en el Museo del Prado), Max Aub (San Juan) y el teatro poético de Alejandro Casona (La dama del alba, Los árboles mueren de pie…)

En el teatro que se estrena en la posguerra predominan dos géneros:

  • La comedia burguesa de evasión pretende divertir y distraer al espectador burgués. Es un teatro influido por Benavente: piezas bien construidas, personajes y ambientes de la burguesía o de la aristocracia, sentimentalismo fácil y finales felices. Comediógrafos destacados: Víctor Ruiz de Iriarte y José López Rubio.
  • El drama ideológico plantea al público una tesis desde el punto de vista de la moral católica. Joaquín Calvo Sotelo es el autor más representativo con La muralla.

La renovación de la comedia: Miguel Mihura

Las comedias de Miguel Mihura tienen un humor disparatado y absurdo que hereda el irrealismo y el antisentimentalismo de las vanguardias de los años 20. La primera y más innovadora comedia de Miguel Mihura, Tres sombreros de copa, data de 1932, pero no pudo estrenarla hasta veinte años más tarde. Su estética de desvelar el absurdo de la sociedad a través de un lenguaje disparatado la sitúa dentro de la corriente europea del teatro del absurdo. La obra es una crítica, en clave de humor grotesco y absurdo, del mundo burgués, hipócrita y antivital.

El teatro realista de los años 50

A finales de los años 40 y comienzos de los 50 algunos autores renuevan el teatro español con obras que se ocupan de los problemas existenciales del hombre en la sociedad: las dificultades de las clases humildes en la posguerra, el poder opresivo, la injusticia, etc. Es un teatro crítico y comprometido que refleja la España real frente al conformismo de la España oficial. Su intención es agitar la conciencia del espectador y provocar cambios en el individuo y en la sociedad.

Antonio Buero Vallejo (1916- 2000)

Las obras de Buero enfrentan al espectador a situaciones de gran dureza que le sirven para denunciar la injusticia social, la insolidaridad, el abuso de poder y la falta de libertad. La responsabilidad se atribuye a una sociedad injusta y opresiva, pero también a los errores morales de los personajes o a su falta de lucidez y coraje. Buero pretende que el espectador se identifique con los conflictos de los personajes y al final encuentre una respuesta a los mismos a través de la verdad. En esa respuesta está en juego la dignidad humana y la libertad. El teatro de Buero es trágico, pero sin la fatalidad y el determinismo de la tragedia clásica, porque siempre contiene la posibilidad de una salida esperanzada, por eso los finales de sus obras son abiertos.

La obra:
  • Teatro existencial de la responsabilidad del individuo en la sociedad: Historia de una escalera, El tragaluz
  • Teatro histórico. Buero pone en conflicto personajes históricos que oponen dos maneras de ver la realidad de España: una progresista y otra reaccionaria: Un soñador para un pueblo, El sueño de la razón.
  • Teatro desde los años 70. Profundiza en los aspectos sociales y políticos. Las obras más significativas son La llegada de los dioses (1971) y La fundación (1974).

Alfonso Sastre y el realismo social

La base ideológica de Sastre es el marxismo y su estética el realismo social que antepone los valores éticos a los estéticos.. La censura prohibió sistemáticamente la representación de sus obras. Sastre es también un escritor trágico. Según él, el teatro debe tener como objetivo la concienciación del espectador para inducirle al compromiso político y a la rebeldía contra cualquier forma de opresión. El resultado será la libertad.

Su primer estreno en un teatro de gran público se produjo en 1953 con Escuadra hacia la muerte. Otras obras de similares características son La mordaza y Muerte en el barrio. Bajo la influencia del esperpento de Valle y la tragicomedia del alemán Brecht, el teatro de Sastre evolucionará más tarde hacia una forma llamada “tragedia compleja” (La taberna fantástica).

El teatro de los 60. Continuadores del realismo social.

El teatro de Buero y Alfonso Sastre tuvo seguidores a finales de los 50 y en los 60. Practican una crítica social incluso más violenta que sus antecesores, pero incorporan algunas innovaciones estéticas: el sainete popular con intención política y el esperpento valleinclanesco. El diálogo introduce un estilo expresionista con un lenguaje desgarrado y popular, frente al diálogo culto.

Dramaturgos destacados

José Martín Recuerda. Incorpora el tema lorquiano de la libertad frente a la brutalidad y a la hipocresía de la moral represiva española. La dialéctica de la libertad frente a la opresión, ya sea política, social o sexual, se encarna en personajes colectivos en sus dos obras de madurez: Las salvajes en Puente San Gil y Las arrecogías del Beaterío de Santa María Egipciaca.

Lauro Olmo. Su gran éxito fue el estreno de La camisa (1962) que refleja la realidad dolorosa de la emigración española de los años 60.

Otros dramaturgos: José Mª Rodríguez Méndez, Carlos Muñiz

El teatro burgués de los sesenta.

Paralelamente a la segunda generación realista continúa con gran éxito de público el teatro burgués de evasión. Está representado ahora por Jaime Salom, Juan José Alonso Millán y Alfonso Paso, el autor de más éxito entre el espectador de clase media.

Antonio Gala es otro dramaturgo de éxito. Sus obras invitan a la reflexión sobre temas humanos universales: el amor, la soledad, la libertad, la muerte, la solidaridad… Su lenguaje peca de excesivamente lírico y barroquizante. Obras destacadas son Los verdes campos del Edén (1963), Anillos para una dama (1973) y Petra Regalada (1980).

Teatro vanguardista

Hacia finales de los 60 se abandona la estética realista. Es un teatro vanguardista que renueva la forma y la concepción del espectáculo teatral sin dejar la intención crítica del realismo social.

  • Los personajes pierden su psicología individual y se convierten en símbolos de la realidad criticada: la dictadura, la explotación, la burocracia, etc.
  • En cuanto a las formas y al espectáculo, la acción cobra la forma de una alegoría e incorpora elementos grotescos de la farsa y del esperpento mezclados con otros del mundo onírico.
  • Junto al texto, dan mayor protagonismo a la luz, la escenografía y la expresión corporal.

Fernando Arrabal

Escribe la casi totalidad de su teatro en su exilio voluntario de París. En su obra confluyen el surrealismo y el dadaísmo, el discurso ilógico y el humor crítico del teatro del absurdo. Arrabal es una de las grandes figuras del teatro contemporáneo europeo, pero, salvo algún estreno anecdótico, sus obras no pudieron verse en España hasta el periodo democrático.

Teatro de exilio y ceremonia: Los temas de este primer teatro (Pic¬Nic, El cementerio de automóviles...) se refieren a la incomunicación, la soledad y el absurdo existencial. En estas obras aparece la ceremonia como forma de expresión (frecuentemente como parodia de rituales cristianos con intención provocativa) y diálogos repetitivos e ilógicos del teatro del absurdo.

En 1962 fundará el teatro pánico, de influencia totalmente surrealista en el lenguaje. El arquitecto y el emperador de Asiria (1966) es su obra más lograda por su construcción y complejidad simbólica.

Francisco Nieva

Su primera relación con el teatro es la escenografía. Su concepción dramática parte de una base irracionalista y del surrealismo. Nieva es un provocador que trata con el estilo de la farsa los valores de “la España negra”: la moral religiosa y la represión sexual. Sus puestas en escena dan protagonismo a lo coreográfico y a los elementos no verbales, lo que no impide el empleo de un lenguaje brillante y barroco. Obras: Pelo de tormenta y La carroza de plomo candente.

Otros dramaturgos vanguardistas

José Ruibal, El hombre y la mosca (1968); José María Bellido, Milagro en Londres (1971); Manuel Martínez Mediero, Las hermanas de Búfalo Bill (1975).

El teatro independiente. Evolución desde los años 60

  • Tiene sus orígenes en la década de los 60 como alternativa frente al teatro comercial. Los grupos independientes nacen con planteamientos organizativos y estéticos nuevos: El espectáculo es una obra colectiva.
  • Los aspectos coreográficos, mímicos, musicales… cobran ahora mayor importancia que el texto.
  • Algunos grupos incorporan influencias del happening y dan a sus espectáculos forma de ceremonia o ritual colectivo implicando al público y rompiendo la división sala¬ escena. Grupos surgidos en los años 60 y 70 : Els Joglars (Cataluña), La Cuadra (Sevilla), Teatro Experimental Independiente (Madrid), Los Goliardos (Madrid), Tábano… Algunos consiguen sobrevivir a los años 80 (La Cuadra, Els Joglars).

El teatro en la democracia

Con la llegada de la democracia y la Constitución de 1978 se recuperan las libertades civiles en España. Desaparece la censura y se recuperan para la escena española autores y propuestas teatrales que no habían llegado al público. Por otra parte, el Estado comienza a preocuparse por impulsar el teatro como bien cultural: se fundan el Centro Dramático Nacional y la Compañía Nacional de Teatro Clásico, etc. que disponen de compañías estables. Estos factores abren nuevas perspectivas para el florecimiento del teatro.

La característica más notoria de este periodo, es la diversidad y convivencia de tendencias escénicas y de generaciones: realistas de la primera y segunda generación, vanguardistas y los nuevos dramaturgos. Lo más significativo del periodo es la síntesis realizada por algunos autores provenientes del teatro independiente entre el experimentalismo y un realismo más acorde con los gustos del gran público. Su éxito se debe a la conexión de su obra con la realidad española del momento: el mundo cambiante y confuso de la transición política. Con ellos el texto recupera su importancia en el espectáculo teatral.

José Luis Alonso de Santos

Entre sus muchas obras alcanzaron gran éxito La estanquera de Vallecas (1985) y Bajarse al moro (1985). Son comedias de ambientación urbana y lenguaje directo, ágil e ingenioso, con raíces en el humor español y en el costumbrismo del sainete popular. En las comedias del autor se nos ofrece la oposición entre los personajes integrados en la sociedad egoísta e hipócrita de los 80 y el de los perdedores, rebeldes que sobreviven en los márgenes de esa sociedad y buscan la felicidad sin mayores ambiciones. El desenlace es su desilusión frente a la realidad que expresan con un humor dolorido, pero no embargado por el pesimismo.

Fermín Cabal: Tú estás loco Briones, una farsa tragicómica sobre el funcionario franquista que no encaja en la nueva situación democrática.

José Sanchís Sinisterra: Creador del Teatro fronterizo. Es un dramaturgo originalísimo que experimenta con la relación entre los géneros narrativos (la novela, la leyenda…) y el teatro, rompiendo las convenciones dramáticas del tiempo, el espacio, la estructura lineal de la acción (El Gran Teatro Natural de Oklahoma). Su gran éxito de público fue ¡Ay, Carmela!. El autor crea una pieza tragicómica de homenaje nostálgico a los perdedores de la Guerra Civil.