Realismo y naturalismo en España

REALISMO Y NATURALISMO.

La creación del Realismo burgués

En las últimas décadas del reinado de Isabel II, la literatura española se orienta hacia el realismo. Es cierto que nuestras letras se han inclinado tradicionalmente hacia esta óptica; sin embargo, el ambiente político y social de la segunda mitad del siglo XIX, caracterizado por el predominio del espíritu burgués y de un matiz conservador en la política, da un tono especial a las obras del momento.

La revolución social ha sido domesticada. Los enfrentamientos civiles parecen sofocados. Se abre ahora una nueva etapa en la que lo prioritario es modernizar el país y conseguir la unidad nacional tan deseada desde las guerras napoleónicas. Es la época de la Restauración, una etapa cerrada y coherente marcada por el pragmatismo y la confianza en la capacidad de la civilización para conciliar de alguna manera los intereses del individuo y la sociedad. Se trata de un planteamiento que supone una ruptura profunda con lo precedente: lo utópico, lo ideal, pierden su prestigio, los instintos, las pasiones, las fuerzas que están dentro del ser humano quedan soterrados o, si se presentan, su tratamiento se inscribe dentro de los límites determinados por la experiencia natural.

La estética realista se irá radicalizando y hacia 1890 evolucionará hacia el Naturalismo. La burguesía ha llegado a pensar que sus valores positivos son prácticamente consustanciales al hombre. El cambio de siglo se encargará de denunciar su hipocresía y la fragilidad de su fachada moral.

Las preocupaciones de la época

Como hemos dicho, la problemática fundamental del momento es el intercambio entre el individuo y la colectividad, entre lo subjetivo y lo objetivo. Este núcleo temático suele desarrollarse en dos direcciones:

  • La cuestión de la ética democrática que tiene que ver con las tradiciones del espíritu liberal.
  • La cuestión social, es decir, el descontento o la inadaptación de la persona en su entorno.

Las soluciones que se ofrecen no siempre son satisfactorias. De hecho, es habitual encontrarse ante aporías. En la cuestión social, por ejemplo, la afirmación extrema de la individualidad lleva al desarraigo, a la marginación; sin embargo, cuando el individuo es débil o reivindica su personalidad con escasa convicción, queda aplastado.

Para tratar estas paradojas suele recurrirse al humor, no tanto a la carcajada, como a la sonrisa escéptica, distante.

Otra de las direcciones que se exploran es el regionalismo, la evocación de la vida en la provincia, en la pequeña comunidad tradicional, donde el equilibrio con los demás y con la naturaleza parece más cercano.

Por último, es importante señalar la crítica al cristianismo presente en muchas obras, que, en el fondo, no tiene tanto que ver con la secularización de la sociedad o con la validez general de unos valores, como con la hipocresía de quienes dicen practicarlos.

El Realismo en España. Marco histórico

Tras la muerte de Fernando VII, España vive una situación compleja e inestable, en la que se van sucediendo modelos políticos que no logran cuajar. La lucha que han mantenido liberales y absolutistas en vida del monarca adquiere una nueva dimensión, la de las Guerras Carlistas (1833¬68), una contienda política encubierta por un problema dinástico, entre los partidarios de la reina Isabel II, hija de Fernando, y los adeptos a su tío, el príncipe Carlos. Depuesta la reina por una revolución, La Gloriosa, se crea un gobierno provisional (1868¬69), con Serrano, Prim, Sagasta, Ruiz Zorrilla, que intenta buscar una solución ofreciendo la corona de España a Amadeo I (1869¬ 1873), que, ante las revueltas carlistas y federalistas, decide abdicar, lo que precipita la proclamación de la Primera República (1873¬74), una solución de urgencia, que se sostuvo once meses en medio de la oposición general, con cuatro presidentes de gobierno distintos: Figueras, Pi y Margall, Salmerón y Castelar. El golpe de Estado de Pavía acabó con la República y propició la restauración de la monarquía borbónica con Alfonso XII y Alfonso XIII, quienes establecen un período de orden que llega hasta 1933.

Características generales de la literatura realista

Los rasgos fundamentales del Realismo español se podrían sintetizar en los siguientes puntos:

  • La observación de la realidad: No es realismo la reproducción desnuda de la vida. El auténtico objetivo es hacer una crítica de los hechos, la verdad que ocultan. En este sentido, cada autor adopta una perspectiva particular y elige las historias que le permitan mostrar con más eficacia la verdadera naturaleza del mundo.
  • El interés por lo cotidiano: Los materiales han de tomarse del entorno inmediato y contemporáneo. En la literatura entran los barrios, las fábricas, el campo… Los personajes no se limitan a un único segmento, se intenta representar un espectro social amplio.
  • La descripción de los ambientes: El escenario no es indiferente. Se intenta poner en relación con los personajes e incluso incorpora elementos simbólicos, metafóricos.
  • La defensa de tesis morales con un propósito didáctico: El arte ha de servir para que una serie de ideas echen raíces en la vida cotidiana y contribuyan al esclarecimiento de la realidad.
  • El predominio de la novela como género literario: El narrador suele ser omnisciente e interviene en la historia a través de sus opiniones y comentarios.

El movimiento pasa por tres fases:

  • Prerrealismo y regionalismo en el que aún perduran algunos elementos típicos del Romanticismo: Cecilia Böhl de Faber, Pedro Antonio de Alarcón, José María de Pereda.
  • Apogeo del Realismo: Juan Valera, Benito Pérez Galdós.
  • Evolución hacia el Naturalismo: Leopoldo Alas “Clarín”, Emilia Pardo Bazán, Vicente Blasco Ibáñez.

Prerrealismo y novela regionalista

Los autores que abrieron el camino hacia el Realismo empezaron combinando en sus obras aspectos sentimentales, románticos, con otros más objetivos (sobre todo en las descripciones), engarzados en cuadros costumbristas con una leve trama novelesca. La primera autora en practicar este tipo de literatura es Cecilia Böhl de Faber (1796¬1877), que publicó bajo el pseudónimo de Fernán Caballero. Su obra más conocida es La Gaviota, un relato que idealiza la vida sencilla de la gente más humilde contraponiéndola a la que se lleva en el gran mundo (en este sentido, se nutre del tópico del desprecio de corte y alabanza de aldea).

El granadino Pedro Antonio de Alarcón (1833¬1891) luchó en África como voluntario antes de consagrarse a la literatura en la que nunca alcanzó gran reconocimiento. Su obra representa la transición entre la narración costumbrista y la novela de tesis que defiende una filosofía o una idea moral. Es un magnífico cuentista y el primero en intentar la caracterización psicológica. Merece la pena recordar El sombrero de tres picos.

El costumbrismo da pie para el desarrollo de una literatura regionalista de extraordinario interés. En este apartado destaca José María Pereda (1833¬1906), el gran pintor de Cantabria en sus dos paisajes: el mar, Sotileza, y la montaña, Peñas Arriba. En sus relatos se percibe una honda preocupación moralizadora.

Juan Valera (1824-1905)

Este cordobés refinado, culto y elegante, fue un destacado diplomático. Se le considera el máximo estilista del XIX por su prosa elegante, en la que practica un sutil análisis psicológico. De entre sus novelas suelen recordarse Juanita la Larga y Pepita Jiménez. Esta última es una novela epistolar que cuenta la historia de un seminarista, Luis de Vargas, cuya vocación se derrumba ante los encantos de la protagonista, Pepita, prometida de su padre. La pareja acabará felizmente casada. El relato está constituido por las cartas que Luis remite a un tío suyo, un excelente recurso para que el lector perciba entre líneas las dudas y la evolución psicológica del joven.

Benito Pérez Galdós (1843-1920)

Nació en Las Palmas de Gran Canaria, sin embargo, se trasladó a Madrid para estudiar derecho y pasó el resto de su vida en la capital, de la que es un agudo observador. Sus ideas políticas eran progresistas, llega a ser diputado con Sagasta. Con el cambio de siglo adopta posiciones más avanzadas, se declara republicano y establece contactos con los socialistas. Los últimos diez años de su vida fueron tristes: se quedó ciego, pasó dificultades económicas y sus enemigos impidieron que se le concediera el premio Nobel de literatura.

Es la figura cumbre de la novelística española del XIX, el gran pintor de Madrid y de sus gentes (desde la burguesía a las clases populares), recogiendo de Larra la ironía y el espíritu crítico.

Escribe más de cien novelas. Su proyecto más ambicioso son los Episodios nacionales una visión novelada de la historia de España del siglo XIX. Se compone de cuarenta y seis novelas (Trafalgar, Mendizábal, La primera república…) distribuidas en cinco series de diez tomos cada una, salvo la última que no llegó a acabar y consta de seis. Se trata de una obra colosal sin parangón en la literatura moderna.

El resto de su producción novelística sigue una evolución muy concreta a lo largo de tres fases que explicaremos a continuación.

Novelas de tesis

Las novelas de la primera época se conocen como novelas de tesis. Suelen recurrir al enfrentamiento entre personajes con ideas progresistas y otros de mentalidad conservadora. El relato debe “convencer” al lector para que acabe compartiendo las ideas que en él se defienden. Las novelas más importantes de este grupo son: La fontana de oro, Gloria, La familia de León Roch y Doña Perfecta.

Novelas españolas contemporáneas

La denominación se la debemos al propio autor. Si en la fase anterior Galdós había querido “demostrar” o “validar” una hipótesis, ahora se propone implicar al lector de forma más personal, poniendo un espejo que refleje su propia imagen y la del resto de España. Las ideas dejan paso al retrato directo de las gentes y su entorno, aunque el objetivo sea el mismo: emitir un juicio crítico sobre la realidad que, en este caso, es el público quien debe pronunciar. Como novelas clave señalaremos: Miau, La de Bringas y Fortunata y Jacinta.

Novelas espiritualistas

La última vuelta de tuerca afecta a la moral y a los valores personales. Los protagonistas de este ciclo de novelas son personas humildes que se caracterizan por su bondad y su desprendimiento, modelos humanos de una talla enorme. Mencionaremos dos obras: Nazarín y Misericordia. La protagonista de esta última, Nina, ayuda a su señora doña Paca a salir adelante en medio de la pobreza y las penurias.

Leopoldo Alas “Clarín” (1852¬1901)

Nació en Zamora, aunque pronto se instaló en Oviedo, donde desarrolló una carrera profesional dedicada a la docencia ¬ fue catedrático de su universidad ¬, la crítica y la literatura. De espíritu agudo y satírico, se enfrentó a la hipocresía de las convenciones sociales vigentes y a la falsa religiosidad. Políticamente se consideraba republicano.

Su novela más importante es La Regenta. Su protagonista, la joven Ana Ozores, está casada con Víctor Quintanar, Regente de Vetusta (ciudad tras la que se esconde Oviedo), un hombre mayor que no le proporciona el cariño que necesitaría. Esto da pie a que otros dos hombres se acerquen para cubrir esta carencia. De un lado está Fermín de Pas, su confesor, magistral de la Catedral, quien le ofrece una religiosidad sentimental, paliativa, consoladora. Por otro, está Álvaro Mesía, un donjuán que la tienta con su sensualidad romántica. El argumento sirve al análisis psicológico de los personajes y a una crítica social feroz contra la aristocracia, la burguesía, el clero y el pueblo. Víctor, Fermín y Álvaro son tres fuerzas que tiran a la vez de Ana. La conclusión es la esperada: el juguete se rompe. Ana cae en los brazos del cínico Mesía que luego la abandona. El adulterio provoca un duelo en el que Quintanar muere. Fermín reniega de ella. Ana queda sola y aislada.

Junto a esta gran novela escribió otros relatos como Su único hijo, Doña Berta y Pipá, así como algunos cuentos famosos, por ejemplo: ¡Adiós, Cordera!

El Naturalismo en España

El Naturalismo lleva hasta el extremo los postulados de la literatura realista. Es la consecuencia lógica de un siglo entusiasmado con el dato objetivo. El autor asume el papel de “científico” y analiza el cuerpo social como si fuera un enfermo al que es preciso diagnosticar y poner un tratamiento: “al problema, por sus causas”, si somos capaces de determinar el origen del mal, podremos curarlo.

El francés Émile Zola es el creador de la corriente. Piensa que son las leyes naturales las que gobiernan al hombre y explican sus reacciones, por eso “experimenta” con sus personajes colocándolos en determinadas situaciones para ver cómo las circunstancias determinan sus actos.

El Naturalismo tuvo poco éxito en España, sobre todo, por dos razones:

  • Concede demasiado peso a la herencia biológica y al influjo del medio social sobre el individuo. Roza el determinismo (la vida del hombre viene marcada desde una instancia ajena a él) negando la libertad de la persona y enfrentándose directamente la forma mentis católica del libre albedrío que es la que secularmente ha imperado en nuestro país.
  • Las novelas naturalistas muestran a los aspectos más sucios, bajos y sórdidos de la sociedad, lo que no fue bien acogido entre las clases bienpensantes.

Se suelen señalar aspectos naturalistas en la obra de Clarín, pero nosotros nos centraremos en dos casos más claros: Emilia Pardo Bazán y Vicente Blasco Ibáñez.

Emilia Pardo Bazán (1851-1921)

Es la introductora del Naturalismo en España. Gallega, de familia progresista, desarrolló una brillante actividad intelectual en periódicos y revistas, como consejera de Instrucción Pública y catedrática de Literaturas Neolatinas en la Universidad de Madrid.

Sus novelas más representativas son Los Pazos de Ulloa y su continuación, La madre naturaleza, en las que analiza la ruina moral y física de una familia de caciques gallegos, y La tribuna, centrada en los problemas del mundo obrero.

Vicente Blasco Ibáñez (1867¬1928)

Nació en Valencia. Republicano y antimonárquico, a los dieciocho años acabó en prisión por escribir un poema en contra del rey (no sería la única vez). Diputado en 1901, fue reelegido en siete ocasiones, hasta 1923, año en el que se exilia a Francia por su oposición a la dictadura militar de Primo de Rivera. Las novelas de Blasco Ibáñez se centran en el mundo valenciano desde tres perspectivas distintas: el comercio, Arroz y tartana, la agricultura, La barraca, y la pesca, Cañas y barro.