La novela realista y la poesía simbolista en Europa.

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A mediados del siglo XIX comienza una fuerte reacción contra las ideas y estéticas del Romanticismo, movimiento y moda que sufre la acusación de evadir los problemas sociales y políticos causados por la Revolución Industrial, así como de sobrevalorar lo individual y subjetivo frente a la cruda realidad del moderno entorno. Está naciendo un mundo nuevo: el de las industrias, las ideologías políticas, las incipientes prácticas del capitalismo. Es el tiempo de la nueva “clase media”, la burguesía, y también de la obrera, el proletariado, con su miseria y sus pésimas condiciones de vida.

Desde la revolución del año 1848 en Francia se suceden la potente y expansionista Inglaterra victoriana, la Tercera República francesa, el nacimiento de nuevos estados europeos (Alemania e Italia) y, por último, el auge de los Estados Unidos como potencia política y económica. Un nuevo mapa geopolítico comienza a gestarse en todo el mundo.

Aumenta la población, se producen las primeras emigraciones transoceánicas, los desplazamientos masivos del campo a la ciudad (las primeras masas urbanas, desarraigadas en medio de descomunales ciudades, convertidas en obreros fabriles, marginados con escaso futuro). Es también tiempo del trabajo femenino e infantil en largas y agotadoras jornadas laborales y de la consiguiente precariedad de vida.

Junto con estos sucesos actúan las ideologías del liberalismo burgués, el socialismo, el comunismo y el radical y violento anarquismo, así como los movimientos obreros y los primeros sindicatos. Al mismo tiempo, se produce un retroceso de la religión y un avance de la secularización social.

También es la época de los grandes avances científicos (la “Ciencia moderna”), que condicionarán los balbuceos de la tecnología, la medicina o la genética y que tratan el método científico como un instrumentos infalible.

La cultura, en consecuencia, se convierte en un producto de masas mediante dos poderosos instrumentos: la alfabetización básica en las escuelas y el periodismo. Hasta la literatura deja de ser un fenómeno artístico minoritario y se convierte en reflejo de la sociedad gracias a la “literatura por entregas” y el folletín.

Es el tiempo del llamado “Realismo”, un movimiento en el que los escritores y creadores artísticos se sienten “comprometidos” con su entorno social, produciendo obras que son reflejo de su mundo, tanto en la pintura como en la literatura. La realidad, tal y como es -o como se interpreta que es- se convierte en objeto de arte.

1. La novela realista

Entre los géneros literarios tradicionales, la novela (y, con menor influencia, el teatro) es la principal arma de creación para reflejar esta realidad moderna. Stendhal hablaba de ella con la expresión “un espejo que se pasea a lo largo de un camino”.

El novelista se transforma en un observador que analiza, describe y critica la sociedad. Alejado de mundos ficticios, personajes idealizados, temas escabrosos e imposibles, el escritor se centra en lo cercano, lo inmediato, y lo cuenta con una intención de veracidad.

Entre las características principales de esta novela podemos destacar:

  • La objetividad: el desapasionamiento y distanciamiento con relación a lo descrito.
  • El análisis psicológico de los personajes, cualquiera que sea su condición, valorando su evolución personal, de carácter, su condición moral.
  • La descripción minuciosa de ambientes (aristocráticos, burgueses, miserables) y situaciones (el lujo desmesurado frente a la miseria; las enfermedades, el hambre, la locura).
  • Con intención de crítica y denuncia, la novela muestra con frecuencia unas preferencias ideológicas.
  • Se sirve de un lenguaje preciso –creíble, verosímil y alejado de la retórica- y coloquial.

Recordamos que durante estos tiempos en España se suceden los difíciles momentos de los gobiernos provisionales con Isabel II, la Primera República, la Restauración con Alfonso XII, hasta el desastre final de la pérdida de las colonias españolas de Cuba y Filipinas. Una España, que empieza a ser “moderna”, y fue magníficamente descrita por escritores de la talla de Pereda, Benito Pérez Galdós, Clarín, Emilia Pardo Bazán o Juan Valera.

Los grandes novelistas europeos

Stendhal

Henry Beyle, conocido por el pseudónimo de Stendhal, es considerado un autor de transición entre el Romanticismo y el Realismo, así como el primer creador de la “novela psicológica” en la que pretende reflejar las tensiones entre el individuo y la sociedad.

Entre sus títulos destacan El rojo y el Negro, obra en la que el protagonista simboliza el ascenso social a cualquier precio, despreciando a todas las clases pero sirviéndose de ellas. Una truculenta historia rematada con un crimen y una condena final para quien pasó por los estamentos militar (“Rojo”) y eclesiástico (“Negro”) con el único objetivo de la ambición a cualquier precio.

La segunda obra es La Cartuja de Parma (1838). En ella se cuentan las aventuras de Fabricio del Dongo, un joven que escapa de su casa por la enemistad paterna. Lucha y pierde con las tropas napoleónicas en Waterloo y pasa a tener diversas aventuras amorosas, cortesanas y políticas en varios Estados italianos, acabando en el exilio, encarcelamientos y varios lances de intriga y sentimiento al estilo romántico.

Honoré de Balzac

Estudiante de derecho, pasante de notario, editor, político y literato francés, Balzac fue un bohemio “de su tiempo”, autor de una completísima obra que reunió bajo la denominación de “La Comedia humana”. Se trata de un proyecto iniciado en 1834 y que consta de casi cien novelas relacionadas entre sí gracias a varios protagonistas, temas y estilos. Con el propósito de realizar una “epopeya de lo cotidiano”, logró un monumento que retrata con fidelidad la sociedad francesa de su tiempo a través de todos los grupos sociales (lo que él llamaba las “especies” del género humano: cientos de personajes, exagerados en muchos casos, inmersos en sus esplendores, miserias, costumbres cotidianas y secretos), protagonistas de ambientes públicos o privados y descritos con enorme detalle y minuciosidad. Entre las novelas más conocidas destacan Eugenia Grandet, Las ilusiones perdidas y Papa Goriot.

Gustave Flaubert

Es el autor más representativo de la Francia decimonónica, y creador de una de las mayores cumbres de la literatura universal: Madame Bovary.

Obsesionado por la exactitud documental, por la “palabra exacta”, y dotado de una enorme paciencia en el trabajo, creó en 1857 al personaje de Emma Bovary, una joven provinciana, hija de un campesino, hastiada de su vulgar entorno, que se obsesiona por los episodios de las novelas románticas y sentimentales (al estilo de Walter Scott) que lee con devoción. Cuando se casa con un médico rural e inicia lo que pronto entiende como un insulso matrimonio, comienza a dar rienda suelta a su imaginación amorosa: primero con simples imaginaciones “platónicas” y luego manteniendo relaciones adúlteras y apasionadas con diferentes hombres en los que busca una mejor vida y lujo. Incapaz de mantener el nivel de vida que desea y de cumplir sus más íntimas aspiraciones, Emma, que es capaz de dejar todo por quien ella ame o por quien le ame, cae finalmente en una terrible desesperación que le lleva al suicidio y a una muerte en medio de violentos sufrimientos.

Flaubert, aun describiendo un episodio documentado en la vida real, muestra su interés esencial en el arte y no en la sociedad, afirmando el enorme distanciamiento que debe existir entre el creador literario y el relato que escribe. La novela, condenada en su tiempo, supuso una fuerte invectiva contra la sociedad burguesa y sus convencionalismos. No obstante, Flaubert se descubrió como un gran contador de historias, un prodigioso captador de ambientes y extraordinario creador de caracteres.

Emile Zola

A finales del siglo nace en Francia el “Naturalismo”, una visión exagerada del Realismo que se basa en el análisis científico de la sociedad, un completo y pesimista estudio de la naturaleza humana con personajes sometidos a la “experimentación” (predestinados naturalmente, o determinados por la genética y por el entorno: degenerados, marginados, enfermos, locos, delincuentes) y dentro de ambientes sórdidos –tabernas, prostíbulos, sanatorios-. La intención de los escritores “naturalistas” es la denuncia social con el afán de concienciar al público mediante “la descripción de lo peor” provocando su reacción y su rechazo de las miserias sociales.

Su creador fue el polémico crítico y novelista francés Emile Zola, autor de títulos como Naná y Germinal. Y destaca también Guy de Maupassant, creador de Bola de sebo y Bel-Ami.

Charles Dickens

Maestro de la “literatura popular”, este escritor inglés era hijo de un dependiente que dejó a sus hijos inmersos en la penuria. Ejerció desde niño todo tipo de oficios (obrero de una fábrica etiquetando botellas, taquígrafo de periódicos, reportero, casi actor) hasta llegar a ser uno de los más grandes novelistas de su tiempo, un personaje sin par en la sociedad de su tiempo (conocido socialmente por su locuacidad y brillantez retórica) y uno de los clásicos de las letras en inglés.

Dotado de un inmenso talento e imaginación para describir la sociedad británica mediante lo grotesco, lo satírico, la caricatura llena de ternura y lo dramático, nos ha dejado obras tan universalmente conocidas como Tiempos difíciles, Historia de dos ciudades (ambientada en la Revolución Francesa), Oliver Twist (sobre la explotación de un niño huérfano en Londres), David Copperfield (de 1850, cuenta, casi a la manera autobiográfica las aventuras y desventuras de un joven, desde su niñez, su primera juventud, la muerte de su madre, sus primeros estudios en Canterbury, hasta convertirse en un escritor famoso y contraer matrimonio; quedará pronto viudo y retomará un viejo amor de juventud) o la consagrada Canción de Navidad.

Wilkie Collins

Amigo y colaborador de Dickens, Collins es uno de los autores más afamados de su tiempo. Maestro de la intriga policíaca, de los enredos sociales melodramáticos, los desenlaces imprevisibles y sorprendentes, y maravillosamente genial en la descripción de complejos caracteres psicológicos, Collins es uno de los mejores escritores en el sentido de crear “tramas perfectas” que atraen y enganchan enormemente a los lectores. Como ejemplo, dos auténticas perlas literarias: La dama de blanco y La piedra lunar.

Fedor Dostoievski

Hijo de un terrateniente que murió a manos de sus propios siervos, Dostoievski estudió Ingeniería militar y, en plena juventud, sufrió la acusación de participar en conspiraciones socialistas. Fue condenado por el Zar Nicolás II a la pena de muerte, aunque la sentencia acabó en un simulacro de fusilamiento, y luego terminó deportado a la terrible Siberia para cumplir una pena de trabajos forzados durante cuatro años, hasta ser por último obligado a combatir como soldado.

Despreciando sus juveniles convicciones revolucionarias, que tan penosa fortuna le reservaron, se convirtió en un hombre lleno de contradicciones, desequilibrios (nunca le abandonó la epilepsia; y sintió una enfermiza pasión por el juego).

No obstante la vida de penurias, o precisamente por ella, este moscovita se convirtió en uno de los más grandes novelistas de todos los tiempos gracias a sus profundas dotes para analizar psicológicamente el alma humana, profundizando en las condiciones morales más íntimas y en sus complejos procesos evolutivos. Dostoievski muestra en sus páginas una vida real, cruda como una pesadilla llena de pesimismo y angustia, la que entiende como propia del ser humano “que no se puede liberar de su propia condición” dentro del caos moral de una sociedad sumida en la lucha de eternos contrarios: el bien y el mal, el amor y el odio, la violencia humana y el perdón o el arrepentimiento.

De sus numerosas obras nos quedan dos inmensos monumentos sobre la compleja condición humana:

  • La primera de ellas es Crimen y castigo: publicada en 1868, tiene como protagonista al inolvidable Rodia Raskolnikov, un joven inteligente y taciturno, rayano en la locura, que asesina a una vieja usurera, asfixiado por la presiones a las que ésta le somete. Lo hace, así mismo, para demostrar su soberbia intelectual y “superioridad moral”, situándose por encima del bien y del mal. No obstante, aunque no existen pruebas inculpatorias contra él, la soledad que sufre le hace entregarse a la justicia, angustiado por remordimientos morales y espirituales. Junto al núcleo literario central del crimen y sus consecuencias aparecen también los episodios de su amor por Sonia, sus escasa amistades y las relaciones que mantiene con su mísera familia.
  • La segunda de las obras se titula Los hermanos Karamazov, una larguísima novela que trata de la pésima relación entre un padre libertino y sus hijos, uno de los cuales termina matándole.

Leon Tolstoi

Autor ruso procedente de la nobleza rural, educado en los viejos valores aristocráticos que abandonó por otros consagrados a la defensa de la vida de los campesinos de su patria (intentando, por ejemplo, crear una escuela para ellos). Con ideas cercanas al socialismo y finalmente al anarquismo, renunció a sus propiedades y derechos de autor para repartirlos entre los más necesitados. Quedó, anciano ya, convertido en un símbolo de Rusia, aislado en su casa, como un mísero invitado, hasta sus misteriosas fuga y muerte.

Tolstoi es el creador de dos obras monumentales:

  • En primer lugar Ana Karenin, completísimo relato sobre la moderna sociedad rusa de Moscú y San Petersburgo a través de tres familias, describiendo los detalles y decisiones que tejen, día a día, la historia y tragedia de los seres humanos).
  • En segundo lugar Guerra y paz, una inmensa epopeya histórica sobre las guerras contra Napoleón, centrada en dos grandes narraciones que se mezclan y cruzan formando un magnífico fresco de las campañas del Emperador francés entre 1805 y 1815, desde los comienzos victoriosos hasta su trágica retirada de Moscú. Junto al retrato histórico se describen con minuciosidad los ambientes y las insignificantes preocupaciones de la alta sociedad rusa que habitan la lujosa capital, San Petersburgo, la hacendosa Moscú o las villas de los nobles en el campo.

Pueden destacarse también obras como Los cosacos, La muerte de Iván Ilich y Resurrección.

Anton Chéjov

Dramaturgo y escritor ruso, es una figura de gran importancia de la literatura rusa. Hijo de un comerciante pobre y nieto de un siervo, estudió medicina en la Universidad Estatal de Moscú. Ejerció brevemente, y simultáneamente, publicaba relatos y escenas humorísticas en revistas. Debido a su éxito pronto se dedicó plenamente a la literatura. En 1886 apareció su colección de escritos humorísticos Relatos de Motley. En 1884 comenzó a padecer seriamente de tuberculosis, enfermedad que le acompañaría toda la vida y que le obligaría a vivir como un nómada en busca de tierras cálidas. En 1890 visitó la isla Sajalín, en la Costa de Siberia, donde estaba establecida una colonia penitenciaria. Esta visión le afectaría enormemente y condicionará toda su vida. Tras esta visita publicará La isla de Sajalín, un informe sobre la forma penosa de vida en dicha isla y que provocará que se nombre una comisión estatal para reparar los abusos que se cometen contra los presos.

Posteriormente (1892) fija su residencia en Melihovo, dedicándose a la educación y a la labor médica (de forma gratuita). Es en esta época cuando escribió la mayor parte de sus narraciones y textos teatrales. Pero su enfermedad le obligará en 1897 a trasladarse a Crimea, donde el clima es más cálido, y a pasar largas temporadas en balnearios europeos. En los últimos años del siglo representó varias de sus obras: La gaviota, El tío Vania, Tres hermanas y El jardín de los cerezos. Murió el 2 de julio de 1904 en el balneario de Badenweiller, en Alemania.

Su obra le ha otorgado el merecido titulo de maestro del relato. A él se debe, entre otros, la forma moderna del relato, en el que el estado de ánimo influye profundamente en la obra (definido como “el estado de ánimo de un alegre melancólico”). Utiliza temas de la vida cotidiana, en particular se centró en retratar la vida rusa anterior a la revolución de 1905. Sirvan como ejemplos “El pabellón número 6” y “La dama del perrito”.

Dentro del teatro ruso se le considera como representante del naturalismo, y en sus obras, al igual que en sus relatos, se fija en el fracaso de una sociedad feudal que se iba poco a poco quedando obsoleta. Desarrolló la “acción indirecta”, técnica creada por él con la que intenta dar más importancia a lo que ocurre fuera de escena, dejando a la imaginación y la sensibilidad ideas y pensamientos que sólo han sido sugeridos.

2. La poesía simbolista

Al tiempo que se desarrolla con gran difusión la novela de corte realista, la poesía toma un camino muy diferente. Primero con el “Parnasianismo” (un movimiento que reclamaba la belleza formal por sí misma, “el arte por el arte”) y más tarde con el “Simbolismo” como rechazo a la sociedad materialista. Sus creadores son hombres que viven en la “fecunda soledad” de la bohemia, buscando la belleza artística y la poesía que exalta los sentidos sobre la razón mediante nuevas formas líricas para comprender y explicar el mundo. La poesía como una forma misteriosa de comunicar lo inefable. Y el símbolo como el mejor elemento de sugerencia.

Entre los llamados “poetas malditos” destacan:

  • Charles Baudelaire. Con una vida llena de escándalos familiares y sociales, fue amigo de los grandes románticos franceses y participó en las revueltas de 1848. Tras llevar una compleja vida de “dandy” fue universalmente conocido por sus poemas Las flores del mal (1857), obra condenada por atentar contra la moral pública y las buenas costumbres del momento.

Baudelaire es el primer poeta “contemporáneo”, cuya intención poética consistía en descubrir, mediante la poesía, todo el mundo urbano. En su obra, un viaje lírico a través del hombre y la sociedad, surgen la mujer como bien o mal absoluto y repetidas críticas a la “hipocresía de la moral cristiana”, aunque fundamentándose en una profunda religiosidad pegada al decadentismo.

  • Paul Verlaine, cuya poesía musical está llena de subjetividad y sensaciones que extreman en Romanticismo.
  • Arthur Rimbaud, equívoco amigo de Verlaine, revolucionario de la Comuna parisina, propuso una poesía visionaria de una realidad diferente, cercana al delirio.
  • Stephane Mallarmé, poeta de la “metapoesía” (la fuerza de la palabra sobre la idea o la experiencia, la belleza absoluta y la perfección de la poesía).

Por último, aunque cronológicamente hay que situarlo años más tarde, merece la pena destacarse al alemán Rainer María Rilke (1875-1927), poeta que basa su creación en la vida y la experiencia mediante un trabajo riguroso y alejado de la inspiración o la sensibilidad. Como ejemplos los Sonetos a Orfeo, Las “Duineser Elegien” o las preciosas Cartas a un joven poeta.

 Lecturas recomendadas

  • Stendhal, Crónicas italianas, La Cartuja de Parma, Vida de Napoleón.
  • Gustave Flaubert, Salambó, Cuentos negros y románticos.
  • Charles Dickens, Oliver Twist, David Copperfield, Cuento de Navidad, Grandes esperanzas.
  • Wilkie Collins, La piedra lunar, La dama de blanco.
  • Gogol, Las almas muertas.
  • Fedor Dostoievsky, Crimen y castigo, El jugador, Noches blancas, El idiota, Memorias del subsuelo.
  • Leon Tolstoi, Ana Karenina, Guerra y paz, La muerte de Ivan Ilich, Hadyi Murad.
  • Iván Turguéniev, Padres e hijos.
  • Nikolai S. Leskov, Lady Macbeth de Mtsensk.
  • Antón Chejov, Cuentos (El pabellón nº. 6, El hombre enfundado, …), El tío Vania. La gaviota.
  • Rainer Mª. Rilke, Poemas (selección).

@  Internet

 Películas

  • Oliver (de Carol Reed)
  • Prisioneros del honor (de Ken Russell)
  • Guerra y paz (de King Vidor)
  • Retrato de una dama (de Jane Campion).
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