Literatura romántica

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El Romanticismo es una gracia divina o infernal a la que debemos estigmas eternos”. Sirvan estas imponentes palabras del estudioso francés Marcel Brion para iniciar una definición del movimiento estético y vital que se originó en Alemania a finales del siglo XVIII y se extendió por todo el mundo durante la primera mitad del XIX, y cuyos principios ideológicos y formas estéticas se mantienen todavía vigentes en nuestros días.

Históricamente el Romanticismo se sitúa, aproximadamente, en el período que abarca desde la Revolución francesa de 1789, el Imperio napoleónico y la Guerra de Independencia española, hasta las revoluciones liberales de 1830 y 1848.

Ideológicamente es el tiempo final de la filosofía de Kant y del “Idealismo” de Hegel, el positivismo de Compte y las primeras políticas del Liberalismo, del Socialismo “utópico” y del Comunismo de Marx y Engels.

Sus bases o principios esenciales son las siguientes:

  1. El “Idealismo” afirma que el espíritu actúa como fuerza creadora, valorando sobre todo el sentimiento, la imaginación y el genio creador del hombre frente a la razón.
  2. El hombre romántico es paradigma de protesta contra el mundo, de insatisfacción permanente; desengañado, escéptico, rebelde, disconforme, víctima de un sentimiento de no plenitud, para quien sólo valen su “yo”, su propio y exclusivo estado anímico y sus sensaciones.
  3. Consecuencia de lo anterior es la necesidad de “evasión”, en el tiempo o en el espacio. El romántico buscará en la Historia (en la Edad Media heroica, idealizada, sobre todo) momentos épicos, héroes y valores espirituales inexistentes en su tiempo; imaginará sucesos en lugares exóticos, alejados de su mundo, en ambientes sobrenaturales y misteriosos; o buscará la evasión absoluta mediante medios artificiales –drogas, por ejemplo- o la propia muerte. El objetivo, en todo caso, es escapar del presente.
  4. Frente al poder de la sociedad, del contexto rutinario y agobiante en que se mueve, el romántico sólo valorará su propio intimismo, su particular subjetividad. Hasta tal punto que la naturaleza, por ejemplo, sólo será un reflejo del estado vital individual.
  5. La libertad se convierte en un valor absoluto. En el arte se rechazan las reglas neoclásicas y sus rancias tiranías de estilo, pues el genio creador del artista es superior a toda norma. No obstante, como paradoja, los románticos tendrán verdadera obsesión por el tema del “destino”.
  6. Se valora excesivamente lo nacional y lo popular, la Historia: las manifestaciones de la tradición del pueblo, pasadas o presentes, vistas desde el novedoso punto de vista de los nacientes “nacionalismos”.

Sobre los géneros literarios del momento podemos destacar:

  1. En la lírica se exaltan el intimismo de lo personal, la naturaleza y los temas legendarios, con espontaneidad y afán de sinceridad, utilizando para ellos toda clase de versos y estrofas.
  2. En prosa se destacan la evocación histórica y la pintura de costumbres. Nacen tres subgéneros de gran importancia: la “novela histórica” que recrea el pasado, el cuento (de fantasía, misterio, de tema tradicional) y el cuadro de costumbres, preludio del artículo periodístico.
  3. El teatro, por su parte, tiene el propósito de “conmover”. Y para ello nace el “drama romántico”: repleto de pasiones, rebeldías y tragedias provocadas por el destino, sus protagonistas son héroes, proscritos o miserables, y sus espacios de escenificación lugares siempre espectaculares: parajes inhóspitos, iglesias, castillos, ruinas.

Recordamos, por último, que el Romanticismo es época de grandes músicos como Beethoven, Brahms, Mendelssohn, Schubert, Chopin, Berilos, entre otros muchos; y del comienzo de la ópera de Verdi, Bellini, Wagner; y de pintores como Friedrich, Turner o Delacroix.

En España son los tiempos de José de Espronceda, Mariano José de Larra, Juan E. Hartzenbusch, José Zorrilla y, algo más tarde, Gustavo A. Bécquer.

De la nómina completa de los brillantes autores románticos apenas si podemos hacer breve mención de algunos seleccionados, sobre todo de quienes han dejado obras de especial repercusión o fama -que son muchos- y de otros que son considerados fundamentales en el nacimiento de algunas literaturas nacionales.

1. Alemania: Hölderlin, Novalis, Grimm y Hoffmann

Friedrich Hölderlin

Vivió como poeta una vida llena de penurias, enfermedad y locura (el episodio más dramático es, sin duda, el que vivió, aislado y demente, durante 40 años en Tübingen).

Su obra es un ejemplo de la dolorosa y patética evasión del mundo, siguiendo como modelo una idealizada Grecia clásica. En sus obras Hyperión y El archipiélago sobresalen el simbolismo y misticismo religiosos.

Novalis

Bajo este seudónimo se esconde la figura de uno de los mayores poetas y pensadores del Romanticismo europeo, protagonista de una muerte prematura, tan “romántica” como la de otros de su tiempo.

Es el autor de Los Himnos a la noche en los que la oscuridad recoge el sentido del mundo, la cercanía con la divinidad, simbolizando que el peregrinar en la noche tiene como sentido último alcanzar el amor y el conocimiento. Son un perfecto testimonio de la intensidad de sentimientos del interior del hombre.

Novalis es también el creador de la novela Enrique de Ofterdingen, extraña y compleja obra en la que aparece la “flor azul” como símbolo y emblema del ansia romántica de transformar poéticamente el mundo.

Hermanos Grimm

Filólogos y críticos literarios cuya principal labor fue la de recopilar “narraciones populares”, historias y relatos de la vieja Alemania, como ejemplo de una literatura nacional de los tiempos más remotos. Ambos obtuvieron enorme fama por la compilación de decenas de relatos fantásticos, de costumbres o de animales, como los inolvidables “Caperucita roja”, “Los músicos de Bremen”, “Blancanieves”, “Hansel y Gretel”, “La Cenicienta”, “Pulgarcito” o “El sastrecillo valiente”.

Siguen la tradición previa de Perrault en Francia y tendrán como continuador al holandés H. C. Andersen.

E. T. A. Hoffmann

Jurista, literato y músico, creador de los primeros cuentos de fantasía y misterio de la época, en los que rompe y mezcla los límites de la realidad con los de la fantasía o los sueños. Destacan, entre muchos, “Los autómatas”, “El libro de la arena”,  “Vampirismo” y “El magnetizador”. Es también autor de otros más populares como “El Cascanueces y el rey de los ratones” o “El puchero de oro” que sirvieron de inspiración a compositores como Offenbach, Tchaikovski o Wagner.

2. Gran Bretaña: Byron, los Shelley, Keats y W. Scott

El Romanticismo ingles comienza ya en el siglo XVIII con la “novela gótica” y la compleja obra de William Blake. Pero el nuevo movimiento tendrá sus primeros adeptos en los poetas W. Wordsworth y S. Coleridge.

Lord Byron

Byron es el prototipo de escritor, protagonista y celebridad mundial del Romanticismo. Hombre noble y adinerado, genial y provocador, idealista (su muerte en Missolonghi, luchando por la Independencia de Grecia fue un acontecimiento que le convirtió en leyenda), desterrado de su patria, satírico, mordaz, protagonista de escándalos que le tildaron de amoral. Odiado por media sociedad y adorado por la otra media, tan conocido por su vida como por su obra, que prácticamente se identifican en títulos como Las peregrinaciones de Childe Harold o Don Juan.

P. B. Shelley

Poeta dedicado a la búsqueda de la libertad a través de un idealismo individualista pero también socialmente comprometido, autor del Prometeo encadenado y del magnífico Adonais, composición dedicada a la amistad, poesía y malograda memoria de John Keats.

John Keats

Aquel hombre “cuyo nombre fue escrito con agua”, como reza su epitafio, representa el ideal romántico del joven poeta desafortunado, pues murió a los 26 años en Italia, solo. Sin embargo, a pesar de sus pocos años, fue el autor más refinado, con más sensibilidad y más trascendencia literaria de entre los de su generación. Entre sus poemas destacan Endimión (decía Keats sobre la búsqueda de la belleza y el amor imposible: “la belleza es verdad; la verdad, belleza; es todo lo que sabes de la tierra… y todo lo que necesitas saber”) y las “Odas” (“a un ruiseñor”, “a una urna griega”).

Mary Shelley

Esposa de P. B. Shelley e hija de unos intelectuales prestigiosos y avanzados, es la creadora de un mito ya clásico, Frankenstein. Una noche de 1816, reunidos su esposo, Byron y el médico de éste, Polidori, en la villa ginebrina de Diodati, decidieron entre todos que cada uno escribiría un relato de terror. De Polidori surgió el primer “vampiro” moderno (reflejo, por cierto, de la personalidad del mismo Byron) y de Mary la inmensa obra sobre la creación de un ser vivo a partir de la materia muerte, Frankenstein o el moderno Prometeo, que se publicó en 1818.

El argumento de esta novela se abre con la expedición del temerario capitán Walton al Polo Norte. De repente, ante el barco, en medio de los hielos, aparece un hombre perseguido. Se trata del doctor Víctor Frankenstein, que cuenta, extenuado y aterrorizado, su apasionante y trágica vida: cursó estudios de medicina y de “filosofía natural”, siendo alumno aventajado, y dedicó luego su esfuerzo y su vida a crear “un hombre nuevo”, de partes informes, un monstruo que poco a poco le causaría remordimientos, torturas y tragedias. El nuevo ser, abandonado por su creador, intentará vivir por su cuenta ante el desprecio general y su temor personal, provocando la muerte de varias personas –algunas allegadas al doctor- y buscando el reencuentro con su creador para exigirle una acompañante. Frankenstein, forzado, la construirá pero más tarde, arrepentido, la destruirá, provocando la ira y venganza del monstruo, que asesinará a la prometida del doctor en la misma noche de bodas. Víctor, desolado, perseguirá a su fatídica criatura hasta los remotos hielos del norte. Acabado el relato, Frankenstein muere en los brazos de Walton. Justo entonces llega a la embarcación el ser, que llora ante su creador, y escapa.

Sir Walter Scott

Este abogado y literato escocés es, sin duda, quien mayor huella ha dejado en los escritores de su tiempo, creando un subgénero literario de enorme actualidad, la “novela histórica”, en el cual se animan los valores heroicos, populares, nobles y caballerescos de la amistad, la fidelidad, el honor, mediante protagonistas arquetípicos e idealizados.

Aunque Scott comenzó su vida literaria reuniendo antiguos poemas y baladas de la tradición escocesa, pronto se dedicó también la elaboración de novelas sobre leyendas nacionales de Inglaterra y Escocia, destacando títulos como Waverly (1814), El enano negro, El talismán, El pirata, Quintin Durward, o las más conocidas Rob Roy e Ivanhoe.

Rob Roy (1817) está ambientada en las guerras entre Escocia e Inglaterra, y cuenta la historia de un hidalgo escocés desposeído de sus bienes por los ingleses, que se convierte en proscrito e impone su ley entre las tierras altas de Escocia, cobrando un impuesto a los ricos y repartiéndolo después entre los menesterosos.

Ivanhoe (1820) se sitúa en los tiempos del legendario rey Ricardo Corazón de León, cuando lucha en las Cruzadas acompañado del valeroso caballero Ivanhoe. Mientras, en Inglaterra gobierna su hermano, el pérfido rey Juan, explotando y humillando a sus propios súbditos sajones al tiempo que da privilegios y poder a los extranjeros normandos. Ocultando su verdadera personalidad y arriesgando su seguridad, Ivanhoe volverá para recuperar honor del rey, de su pueblo sometido y su propio prestigio personal enfrentándose a los nobles advenedizos, entre ellos los pérfidos Bois-Gilbert y “Frente de Buey”. Como premio a sus valerosas acciones logrará ser permanente compañero del legendario rey y la mano de la noble Lady Rowena.

3. Francia: A. Dumas y V. Hugo

Alejandro Dumas

Dumas “padre” –no confundirle con su hijo, del mismo nombre, autor de “La dama de las camelias”- es el más popular de los literatos europeos de la época, gracias a la creación de algunos de los títulos con mayor repercusión del Romanticismo.

Dumas recreó el género ideado por Walter Scott, la “novela histórica”, haciendo una mezcla de originales históricos y dramatizaciones literarias a la moda. En sus obras aparecen tiempos históricos de confusión y disturbios, aventuras de antiguos héroes idealizados, históricos o de ficción, arquetipos de bondad y maldad, que se enfrentan a un destino adverso en un ambiente de castillos, tabernas y prisiones, mostrando venganzas, hechos justicieros y de lealtad. Para Dumas “la Historia es un clavo donde se cuelga un cuadro”, una excusa para rescatar tiempos gloriosos bajo una rica capa de entretenimiento, misterio y aventura.

De sus muchísimos títulos, gran parte de los cuales se los debemos a las manos de su “taller de colaboradores” -conocidos como “los negros”-, destacan El tulipán negro, El collar de la reina, La reina Margot y, por encima de éstos, Los tres mosqueteros y El Conde de Montecristo.

En Los tres mosqueteros (de 1844) se recrean las aventuras de “capa y espada” del joven gascón D’Artagnan, ansioso por entrar en el cuerpo de los mosqueteros del rey Luis XIII de Francia. Con él se toparán tres de los nombres más ilustres de las letras universales: Athos, Portos y Aramis, valerosos, inteligentes y mundanos soldados con quienes tendrá que hacer frente a las intrigas de ambiciosos e implacables enemigos de la seguridad del monarca, representados en las figuras pérfidas del todopoderoso Cardenal Richelieu y la misteriosa y atractiva Milady de Winter. Basada en una obra anterior (“Memorias de D’Artagnan”), la novela tuvo su continuación en otros dos largos episodios: Veinte años después y El Vizconde de Bragelone.

En El Conde de Montecristo (de 1846) el protagonista es un marinero marsellés, Edmond Dantés, encarcelado injustamente durante su propio banquete nupcial por la envidia de tres hombres: Danglars, Fernando y Villefort. Dantés será recluido en el tétrico castillo de If durante 14 años, pero logrará escapar valiéndose de la muerte de un compañero de prisión, el abate Faria, que le descubre la existencia de un tesoro escondido en una isla del Mediterráneo. Guiado por unos contrabandistas, Dantés llegará a la isla de Monte Cristo, donde hallará inmensas riquezas que le convertirán en un hombre nuevo. Se dotará de diversas y misteriosas identidades y se propondrá como único y esencial objetivo, bajo el lema de “confiar y esperar”, vengarse de quienes le encerraron, ahora hombres prósperos y poderosos. Dantés será la nueva e implacable “mano de Dios” durante 10 años, ejerciendo lenta y meditadamente el desquite contra cada uno de sus viejos enemigos, que sufren, se humillan o mueren bajo el peso de las pasadas infamias o su personalidad del presente.

Víctor Hugo

Poeta, novelista y dramaturgo, autor de tres inmensas obras del Romanticismo europeo: Hernani, Nuestra Señora de París y Los miserables.

Hernani (1830) es un drama romántico que, inaugurando el Romanticismo francés, provocó una auténtica batalla entre los defensores del “Clasicismo” y los partidarios del nuevo movimiento. Se trata de una tragedia protagonizada por un bandolero enamorado de la dama doña Sol, que debe enfrentarse a dos contrincantes, entre ellos el mismísimo Emperador Carlos V. El destino, implacable, será la muerte de los amantes.

Nuestra Señora de París (1831) nos muestra un episodio del París popular de 1482, que se inicia con unos “misterios” y una celebración popular en la que se elige al “papa de los locos”, privilegio que recaerá en el jorobado y solitario Quasimodo, el único habitante de las torres de la catedral de Notre Dame. Junto a él aparecen también la bella e insinuante gitana Esmeralda, dom Claude Frollo –archidiácono catedralicio, que acogió a Quasimodo en su niñez y vive obsesionado por la joven bailarina- y Febo de Chateaupers, un seductor capitán. El argumento está plagado de momentos intensísimos y espectaculares: las escenas en la “corte de los milagros”, lugar de reunión de truhanes y delincuentes parisinos; la captura, tortura y liberación de Esmeralda, llevada “a sagrado” por el jorobado; por último, los asedios y combates ante la catedral parisina, cuyo desenlace será la muerte los principales protagonistas.

Los miserables (1862) es una inmensa novela con caracteres ya realistas que nos habla de los suburbios parisinos en los que vive el protagonista de esta monumental obra, el desdichado Jean Valjean, quien debe pasar 19 años en prisión por haber cometido el robo de un pan. Cumplida la brutal condena, y ya reformado, se convertirá en un próspero industrial, alcalde de su pueblo incluso, pero será perseguido durante el resto de sus días por su fatídico pasado, representado por el implacable inspector Javert. Jean, símbolo de un hombre que viene a crear una sociedad más libre y justa, contra los ricos y poderosos, tendrá que sacrificarse a sí mismo para que su familia tenga mejor fortuna.

4. Otros países: Estados Unidos, Rusia e Italia

Estados Unidos

Edgar Allan Poe

Uno de los más universales y consagrados autores de todos los tiempos, protagonista de una compleja y desgraciada vida, Poe es el creador del género del relato de terror y el suspense, historias llenas de intriga, miedo e inquietud. De entre todas, destacamos “La caída de la casa Usher” (la grieta de una casa que anticipa el hundimiento de una familia; el horror de la catalepsia), “Ligeia” (la belleza, espectacular, que muere y permanece obsesivamente presente en el amante abandonado), “El pozo y el péndulo” (un prisionero en una celda de la cárcel inquisitorial de Toledo, de dimensiones cambiantes, a oscuras, ante las amenazas de un pozo y un péndulo con cuchilla de media luna), “El gato negro” (la muerte de un animal que delata al criminal), “Los crímenes de la rue Morgue” (primer relato protagonizado por un detective, Auguste Dupin) y “El escarabajo de oro” (la peligrosa y misteriosa aventura de la búsqueda de un tesoro).

Junto a los relatos destaca también una novela titulada Narración de Arthur Gordon Pym, cuyo tema es la travesía del barco “Grampus” hacia el remoto sur, llegando casi hasta la Antártida con apenas dos supervivientes que deben hacer frente a peligros de naturaleza natural –motín a bordo, tormentas, indígenas criminales- y sobrenatural –la aparición fantasmal de un errante barco holandés apestado; y un desenlace, inconcluso, que sugiere un misterio desconocido-.

Fenimore Cooper

Autor de El último mohicano, un relato ambientado en las guerras de ingleses, franceses y nativos indios de las tierras de las colonias del norte de América a mediados del siglo XVIII. Está protagonizada por el valiente Hawkeye, (“Ojo de Halcón”), su amada Cora Munro –hija del Comandante británico-, los malvados Magua, el Marqués de Montcalm, y Uncas, el último de la raza de los mohicanos.

Por último mencionamos a otros dos autores: Nathaniel Hawthorne, autor de La letra escarlata y una buena colección de relatos de tipo gótico, y a Wasinghton Irving, creador de los populares Cuentos de la Alhambra.

Rusia

Alexander Pushkin

El “padre” de las letras rusas, escribió su obra más importante, Eugenio Onieguin, en 1833. El poema trata de un acomodado y tedioso joven que se ve obligado a dejar el lujo de la fastuosa San Petersburgo para acudir a unas posesiones campestres que debe administrar. Allí tendrá como amigo al poeta Lenski, enamorado de la joven Olga; y  se encontrará también a Tatiana, preciosa hermana de la anterior, mujer de espíritu muy sensible. Tatiana se enamora y se declara a Onieguin, pero éste la rechaza. Tiempo después, el joven noble se encaprichará de Olga, propiciando los celos de Lenski y el posterior enfrentamiento en duelo de ambos amigos, del que el poeta saldrá muerto. Onieguin dejará las tierras y volverá a los lujosos salones señoriales, donde años después se reencontrará con Tatiana, casada con un militar. Es ahora, lleno de soledad y melancolía, cuando recordará las viejas inquietudes amorosas de la joven y le declarará su amor, pero Tatiana mantendrá su matrimonio y le rechazará.

La segunda de las obras que destacamos de Pushkin es La hija del capitán, una historia de amor y tragedia inmersa en la Rusia del siglo XVIII, convulsionada por la rebelión del legendario Pugachov, un campesino que afirmaba ser el zar.

Italia

Sobresalen las figuras de Giacomo Leopardi (y su poesía de los Cantos) y Alessandro Manzoni (con su novela Los novios).

 Lecturas recomendadas

  • T. A. Hoffmann, Cuentos…
  • Hauff, Cuentos…
  • Von Chamisso, La maravillosa historia de Peter Schlemihl.
  • Lord Byron, Don Juan , Childe Harold, El corsario, Lara, Mazzepa.
  • Keats, Poemas…
  • Shelley, Frankenstein.
  • Scott, Ivanhoe, Rob Roy, El talismán, El enano negro, Eterna mortalidad.
  • Dumas, Los tres mosqueteros, El Conde de Montecristo, La reina Margot y El tulipán negro.
  • Hugo, Nuestra Señora de París, Los miserables y Han de Islandia.
  • Prosper Merimèe, Carmen.
  • A. Poe, Relatos… y Narración de Arthur Gordon Pym.
  • Cooper, El último mohicano.
  • Irving, Cuentos de la Alambra, La leyenda de Sleepy Hollow
  • Hawthorne, La letra escarlata, La casa de los siete tejados y Cuentos de la Nueva Holanda.
  • Pushkin, La hija del capitán, Eugenio Onieguin.
  • Nicolai Gogol, Taras Bulba.
  • Leopardi, Cantos.

@  Internet

 Películas

  • Sentido y sensibilidad (de Ang Lee)
  • Frankenstein (de Keneth Branagh)
  • Remando al viento (de Gonzalo Suárez)
  • El hombre de la máscara de hierro (de Randall Wallace)
  • Onieguin ()
  • El último mohicano (de Michael Mann).
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