Contenidos del artículo
ToggleFonética y Fonología: el Sistema Fonológico del Español y sus Variantes Significativas
I. Fonética: Estudio de la Realización de los Sonidos
1.1. Fonética Articulatoria: el Aparato Fonador
La fonética articulatoria constituye la disciplina que estudia los órganos implicados en la producción de los sonidos, concentrándose en el aparato fonador como conjunto integral de cavidades y estructuras óseas y musculares. Antonio Quilis establece una tripartición del sistema articulatorio en tres regiones fundamentales: las cavidades infraglóticas, compuestas por el sistema respiratorio (diafragma, pulmones, bronquios y tráquea), que proporcionan la columna de aire necesaria para la fonación; la cavidad laríngea, ubicada inmediatamente después de la tráquea, que alberga la laringe y las cuerdas vocales; y finalmente las cavidades supraglóticas, integradas por la faringe, las fosas nasales y la cavidad oral, donde se articulan los sonidos característicos de la lengua.
Las cuerdas vocales, dos músculos elásticos situados en el interior de la laringe, desempeñan un papel crucial en la generación de la voz. Entre ellas existe una abertura denominada glotis que regula el paso del aire. Durante la respiración normal, la glotis permanece abierta permitiendo el flujo libre de aire sin obstáculo alguno; sin embargo, cuando se produce la fonación, las cuerdas vocales se aproximan, cerrando la glotis, lo que genera un juego de tensiones y distensiones rápidas al separarse y volver a juntarse. Esta vibración provocada por la columna de aire presionante sobre las membranas genera oscilaciones que constituyen el sonido fundamental o voz. La vibración o ausencia de esta última determina la clasificación de los sonidos en sonoros (cuando las cuerdas vibran) y sordos (cuando no vibran).
La cavidad supraglótica, especialmente la cavidad oral, actúa como cámara resonadora que no mantiene una configuración fija, sino que varía según la disposición de los órganos que la constituyen. Estos órganos se clasifican en móviles —los labios, la lengua, el velo del paladar y la mandíbula inferior— e inmóviles —los dientes superiores, los alvéolos dentarios y el paladar duro. El velo del paladar, también denominado úvula o «campanilla», determina si el aire sale exclusivamente por la boca (sonidos orales) o si también atraviesa la cavidad nasal (sonidos nasales), estableciendo así oposiciones nasales frente a orales fundamentales en el sistema fonológico español.
1.2. Clasificación Articulatoria: Criterios de Diferenciación de los Sonidos
La descripción exhaustiva de los sonidos requiere aplicar una serie de criterios articulatorios que permiten su diferenciación sistemática. El primer criterio, basado en la acción de las cuerdas vocales, divide los sonidos en sordos, donde las membranas no vibran generando ausencia de sonoridad fundamental, y sonoros, donde la vibración laríngea produce el tono característico de la voz. Este rasgo resulta decisivo para distinguir pares mínimos como [p]/[b], [t]/[d] o [k]/[g] en la lengua española.
El segundo criterio, concerniente a la intervención del velo del paladar, genera la oposición entre sonidos orales o bucales, donde el aire sale exclusivamente por la boca adhiriéndose el velo del paladar a la pared faríngea, y sonidos nasales, donde el velo se separa de la pared faríngea permitiendo la salida del aire también por la cavidad nasal. Adicionalmente, Quilis reconoce la posibilidad de sonidos oronasales cuando ambas cavidades están simultáneamente abiertas, aunque este fenómeno es menos común en español. El tercer criterio, el modo de articulación, describe cómo se modifica la columna de aire según el grado de abertura o cierre de los órganos articulatorios: las vocales presentan una abertura completa sin obstáculo, mientras que las consonantes generan estrecheces parciales o totales que clasifican los sonidos en oclusivos, fricativos, africados, nasales y líquidos.
El cuarto criterio determinante es el lugar de articulación, que especifica la región bucal donde los órganos móviles se aproximan o tocan para generar el sonido. En el caso de los sonidos consonánticos, las clasificaciones más comunes distinguen sonidos labiales (articulados con los labios), labiodentales (labio inferior contra dientes superiores), interdentales (lengua entre los dientes), dentales (lengua contra los dientes), alveolares (lengua contra los alvéolos), palatales (lengua contra el paladar duro) y velares (lengua contra el velo del paladar). Estos criterios combinados permiten realizar descripciones precisas de cada sonido del sistema español.
1.3. Fonética Acústica: Propiedades Físicas del Sonido
La fonética acústica aborda el estudio del sonido en tanto que fenómeno físico susceptible de representación y descomposición en sus elementos constituyentes, recurriendo a conceptos provenientes de la física y a instrumentos tecnológicamente avanzados. El concepto esencial es la onda sonora, que constituye el conjunto de vibraciones que se transmiten en el aire y conforman el sonido perceptible. El tono representa la altura musical de un sonido, dependiendo directamente de la frecuencia de las vibraciones laríngeas; a mayor frecuencia, mayor elevación del tono. El timbre o matiz característico de cada sonido viene determinado por el resonador predominante (bucal o nasal) y establece la diferencia entre sonidos agudos y graves más allá de la altura musical pura, funcionando análogamente a cómo los instrumentos musicales generan timbres diferentes.
La cantidad del sonido, dimensión temporal fundamental, se define como la duración del mismo; todo sonido requiere un mínimo de duración para ser percibido, variando según factores temperamentales, etarios, emocionales y habituales. La intensidad, por su parte, designa el mayor o menor grado de fuerza espiratoria con que se pronuncia un sonido, manifestándose en la amplitud de las vibraciones acústicas. Este parámetro está influenciado por circunstancias emocionales y lógicas que modulan la emisión vocal. La fonética acústica proporciona, merced a la estructura de la onda acústica y a su representación gráfica, los índices acústicos o rasgos distintivos que agrupan en dos conjuntos principales: los rasgos de sonoridad, relacionados con la intensidad y cantidad, y los rasgos de tonalidad, vinculados a factores prosódicos relativos a la altura de la voz.
Los rasgos de sonoridad engloban distinciones como vocálico/no vocálico, consonántico/no consonántico, compacto/difuso, tenso/flojo, sonoro/sordo, nasal/oral, interrupto/continuo, estridente/mate y bloqueado/no bloqueado. Los rasgos de tonalidad, en cambio, establecen oposiciones como grave/agudo, bemolizado/no bemolizado y sostenido/no sostenido. Estos índices acústicos resultan pertinentes para la caracterización de los fonemas del español, permitiendo una descripción exhaustiva del sistema desde la perspectiva del fenómeno físico subyacente.
1.4. Sonidos Vocálicos: Características Articulatorias y Acústicas
Los sonidos vocálicos españoles fundamentales son cinco: [a], [e], [i], [o], [u], aunque la teoría de Quilis reconoce la existencia de aproximadamente diez sonidos vocálicos en la realización del habla cuando se consideran las variantes alofónicas derivadas de los contextos fónicos. La lengua, órgano decisivo en la articulación vocálica, modifica continuamente su posición para reducir o ampliar la cavidad de resonancia. En la articulación de [a], la lengua adopta una posición de reposo mientras que los labios se redondean; en [e] e [i], la lengua se desplaza hacia adelante y se eleva hacia el paladar sin tocarlo, siendo más cerrada en [i] que en [e]; finalmente, en [o] y [u], la lengua se retrae hacia atrás mientras que su parte posterior se eleva hacia el velo del paladar sin establecer contacto.
Desde la perspectiva acústica, los sonidos vocálicos se caracterizan por una mayor abertura del canal bucal comparativamente con los consonánticos, una mayor libertad de la lengua para aproximarse a los órganos bucales, una mayor sonoridad al vibrar las cuerdas vocales de manera más frecuente en una unidad temporal menor, y un tono más elevado que el de las consonantes sonoras, con mayor tensión en su emisión. Su timbre característico depende de la distribución de los resonadores faríngeo y bucal, los cuales amplían o reducen distintas bandas de frecuencia. Desde el punto de vista fonológico, las vocales se oponen fundamentalmente a las consonantes por su capacidad para constituir por sí mismas el núcleo silábico de las palabras, distinguiéndose así como constituyentes centrales del sistema silábico español.
La combinación de sonidos vocálicos genera estructuras silábicas más complejas: los diptongos resultan de la agrupación de dos vocales en una única sílaba, clasificándose en diptongos crecientes, donde la segunda vocal es más abierta ([ia], [ie], [io], [iu], [ua], [ue], [uo], [üe]), y diptongos decrecientes, donde la segunda vocal es más cerrada ([ai], [au], [ei], [eu], [oi], [ou]). El triptongo, menos frecuente, constituye la combinación de tres vocales en una única sílaba, como en formas verbales conjugadas ([sentenciais], [sentenciéis]). La presencia de acento tónico sobre la vocal más cerrada en una posición de diptongo provoca su ruptura, generando un hiato que produce la separación silábica.
1.5. Sonidos Consonánticos: Obstáculos del Flujo Aéreo
En la fisiología articulatoria de los sonidos consonánticos, el factor distintivo esencial radica en que la columna de aire encuentra siempre algún obstáculo en su trayecto, generando estrecheces o cierres que diferencian fundamentalmente estos sonidos de las vocales. La articulación consonántica implica típicamente la intervención de dos órganos articulatorios, raramente tres, pudiendo ser ambos activos y móviles, como en la articulación de [p] donde intervienen ambos labios, o configurarse mediante un órgano activo y otro pasivo, como en [f] donde el labio inferior se articula contra los dientes superiores inmóviles.
Los sonidos consonánticos realizados únicamente por órganos pasivos e inmóviles no existen en las lenguas naturales, lo que subraya la necesidad de movimiento muscular para generar la variedad acústica requerida. En la teoría de Quilis, los consonantes se clasifican según su modo de articulación en oclusivos, donde los órganos impiden la salida del aire e inmediatamente generan una explosión al separarse; fricativos, donde la estrechez generada entre los órganos permite que el aire produzca un ruido de fricción continua; africados o semioclusivos, donde al cierre inicial sigue una apertura que se percibe como fricación; nasales, donde el aire canaliza exclusivamente hacia la cavidad nasal; y líquidos, que comprenden laterales, donde el aire sale por los lados de la cavidad oral, y vibrantes, donde la lengua realiza vibraciones entre su ápice y los alvéolos.
Las variantes alofónicas de los consonantes españoles aparecen sistematizadas en el apartado de fonología, donde se especifica el comportamiento de cada fonema según el contexto fónico y la posición dentro de la palabra. La comprensión del comportamiento de estos sonidos consonánticos resulta fundamental para el análisis fonológico posterior, ya que constituye la base empírica sobre la que se construye el sistema abstracto de fonemas y sus funciones distintivas en la lengua.
1.6. La Sílaba: Unidad Fónica de Articulación
La sílaba constituye una unidad fónica formada por la combinación de uno o varios sonidos que se articulan conjuntamente en un único impulso articulatorio, respondiendo a necesidades de carácter físico-fisiológico íntimamente ligadas al proceso respiratorio. Se clasifica como unidad fonética, no fonológica, dado que carece de significación autónoma; su naturaleza es puramente articulatoria y no funcional. En la emisión del habla, los hablantes producen los sonidos mediante una sucesión de impulsos articulatorios, cada uno de los cuales genera una sílaba diferenciada. Así, en la frase «una ciudad dormida», se articulan siete impulsos que producen las sílabas [u-na-ciu-dad-dor-mi-da], siendo cada una unidad de análisis fónico.
La estructura silábica implica tres fases sucesivas: la fase inicial, que transcurre desde el cierre total de los órganos articulatorios hacia una mayor abertura, denominada explosión o intensión; la fase culminante o central, identificada con el núcleo silábico, caracterizada por ser el punto-eje donde se alcanza la máxima abertura, sonoridad e intensidad (también designada tensión); y la fase final, que transita de la abertura hacia el cierre, denominada implosión. Estas tres fases permiten distinguir dos partes netamente diferenciadas en la sílaba: el núcleo o soporte silábico, constituido por la fase culminante y formado habitualmente por una vocal, un grupo polifonemático vocálico, ocasionalmente por una consonante en habla rápida, o por combinaciones de vocal más consonante; y los fonemas asilábicos o parte marginal de la sílaba, zona única donde pueden aparecer las consonantes (de las vocales, solo pueden ocupar posición marginal [i] y [u]).
La delimitación silábica en español está regulada por principios relativamente estables que la Gramática de la lengua española especifica: una consonante entre vocales se agrupa con la vocal que le sigue (a-la, e-so, i-ra); dos consonantes entre vocales se sitúan a uno y otro lado del límite silábico (al-ma, es-te); cuando una oclusiva [p, b, f, t, k, d, g] precede a una consonante líquida [r, l], ambas forman un grupo tautosilábico perteneciente a la misma sílaba (co-bra, co-pla); tres consonantes entre vocales generan dos en una sílaba y una en la siguiente (cons-ta, pers-picaz); cuatro consonantes reparten las dos últimas como grupo tautosilábico (abs-tracto). La clasificación de las sílabas puede realizarse según múltiples criterios: por el número de fonemas que las forman, en monofonemáticas (una sola) y polifonemáticas (dos o más); por la intensidad, en tónicas o acentuadas, que soportan la intensidad del grupo fónico, y átonas o inacentuadas; por el fonema terminal, en libres o abiertas, que terminan en vocal, y trabadas o cerradas, que terminan en consonante.
II. Fonología: Estudio del Sistema de Sonidos Funcionales
2.1. Conceptos Fundamentales de la Fonología
La fonología, disciplina que nace con el Círculo Lingüístico de Praga en 1926, centra su objeto de estudio en los elementos fónicos funcionales, esto es, aquellos sonidos que desempeñan una función distintiva en el sistema de la lengua. Sus fundadores, el príncipe ruso Nikolai Trubetzkoy, autor de «Principios de Fonología» (1973), y el lingüista Roman Jakobson, sentaron las bases más sólidas de la disciplina entre 1933 y 1939. En el estructuralismo europeo, el principio de funcionalidad postula que será unidad de lengua todo elemento que desempeñe una función, independientemente de su naturaleza material o articulatoria.
En el plano de la expresión, a nivel sonoro, el español presenta diversos elementos fónicos funcionales: los fonemas, unidades funcionales por excelencia que distinguen significantes y significaciones (por ejemplo, [boda] frente a [poda]); los acentos, elementos funcionales por su capacidad distintiva que diferencia palabras como [cánto] de [cantó]; y los tonemas o entonaciones, funcionales por su capacidad para marcar el fin o no fin de un mensaje, diferenciando una enunciación de una pregunta o exclamación. En la teoría glosemática de Hjelmslev, el plano de la expresión adopta el término «plano cenemático», dividiéndose sus elementos en constituyentes o cenemas (equivalentes a los fonemas) y exponentes o prosodemas (acentos extensos y tonemas, e intensos y acentos).
Los constituyentes o fonemas se distinguen de los prosodemas por su capacidad de admitir segmentación: en la secuencia [te-da-ré-un-prémio] pueden identificarse segmentos distintos (t-e-d-a-r-é-u-n-p-r-é-m-i-o), mientras que los acentos y tonemas no se parten en segmentos, siendo elementos suprasegmentales que presuponen la base de los fonemas. Esta distinción fundamental entre unidades segmentales y suprasegmentales permite organizar el análisis fonológico en dos niveles: el análisis segmental, que aborda la estructura de fonemas individuales y sus oposiciones; y el análisis suprasegmental, que examina los prosodemas y su función en la delimitación de palabras y frases.
2.2. Concepto y Delimitación de Fonemas
Alarcos Llorach propone la siguiente definición de fonema: «Conjunto de las propiedades fonológicamente relevantes de un complejo fónico». Por complejo fónico entiende el bloque de propiedades físicas articulatorias y acústicas que caracterizan tanto una oposición distintiva como una oposición indistintiva. Así, las características de [g] oclusiva y [g-] fricativa constituyen un complejo fónico donde la oposición es indistintiva, dado que no varía el significado si «goma» se realiza con articulación oclusiva o fricativa; ambas realizaciones pertenecen al mismo fonema /g/. No obstante, dentro del conjunto de características compartidas, aparecen rasgos relevantes que distinguen /g/ de otros fonemas como /k/, /p/ o /l/, específicamente los rasgos sonoro, velar, denso y no líquido.
En consecuencia, en el conjunto de realizaciones [g-g-] existen propiedades fonológicamente relevantes y propiedades irrelevantes, como la fricación en ciertas posiciones. Quilis define el fonema como «la unidad lingüística más pequeña, desprovista de significado, formada por un haz simultáneo de rasgos distintivos». El rasgo pertinente constituye la característica fónica susceptible de diferenciar por sí sola el significado de una palabra o frase, como en la oposición [beso] frente a [peso], donde el rasgo sonoro/sordo es determinante. De ahí que Alarcos afirme que «son los rasgos pertinentes los que aseguran la función distintiva y deben ser las unidades básicas de la fonología». El fonema no es una realidad concreta, sino una abstracción, un conjunto de rasgos pertinentes simultáneos e indivisibles.
La delimitación de fonemas se efectúa mediante dos procedimientos fundamentales: la conmutación y el criterio de distribución. La conmutación consiste en hallar los segmentos mínimos que producen cambio de significante y significación al reemplazar trozos fónicos mínimos. Si ante la secuencia «-adre» conmutamos [p], [m], [l], obtenemos [padre], [madre], [ladre], signos con significaciones distintas, lo que demuestra que /p/, /m/, /l/ son fonemas. Contrariamente, si en «pago» conmutamos [g] oclusiva por [g-] fricativa, ambas producen la misma palabra [pago], luego [g]/[g-] son variantes fonéticas de un mismo fonema /g/. La distribución, por su parte, es el lugar de la palabra donde aparecen los fonemas o sus variantes, permitiendo clasificarlos en centrales —aquellos que por sí solos pueden formar sílabas, como los vocálicos— y marginales —aquellos que requieren combinación con otros, como los consonánticos.
2.3. Oposiciones Fonológicas y Estructura del Sistema
Las oposiciones fonológicas constituyen la estructura fundamental del sistema, permitiendo clasificar los tipos de relaciones que establecen los fonemas entre sí. Según la base de comparación compartida, las oposiciones pueden ser bilaterales, cuando la base es exclusiva de dos miembros opuestos (por ejemplo, /k/ frente a /x/, únicos con base velar-sorda-oral-no fricativa/fricativa), o multilaterales, cuando la base se repite en otros miembros del sistema (como en /e/ frente a /u/, donde la base vocal se da también en /a/, /i/, /o/). Según el papel que desempeñen en el sistema los rasgos diferenciales, las oposiciones resultan proporcionales cuando la relación entre dos fonemas es idéntica a la de otra u otras oposiciones (como /p/~/b/, /t/~/d/, /k/~/g/, todas contrastando en sonoridad), o aisladas cuando la relación no se encuentra en ninguna otra oposición (como /r/~/l/).
Según la relación entre los miembros, las oposiciones pueden ser privativas, cuando un miembro se caracteriza por la presencia y otro por la ausencia del mismo rasgo (como /b/~/m/, donde la diferencia es ausencia/presencia de nasalidad, siendo /m/ el miembro marcado); graduales, cuando dos miembros se caracterizan por grados diferentes del mismo rasgo (como /i/~/e/~/a/ en apertura creciente); o equipolentes, entre miembros equivalentes que no pertenecen a ninguna de las categorías anteriores (como /t/~/k/). Finalmente, según la amplitud de distribución, las oposiciones resultan constantes si funcionan en cualquier posición de la palabra (como /s/~/θ/), o neutralizables cuando la validez diferencial cesa en determinadas posiciones (como /r/~/r-/, que solo funciona en posición intervocálica). La neutralización constituye el fenómeno por el cual un fonema pierde sus propiedades distintivas en posiciones específicas, generándose así los archifonemas.
III. Descripción del Sistema Fonológico Español Contemporáneo
3.1. Sistema Vocálico Español: Cinco Fonemas Fundamentales
Los fonemas vocálicos del español se definen por rasgos distintivos articulatorios y acústicos, presentando características diferenciadas que los distinguen de los consonánticos. El sistema español contemporáneo cuenta con cinco fonemas vocálicos fundamentales: /i/, /e/, /a/, /o/, /u/. El fonema /i/ se articula como sonido alto y anterior, presentando rasgos acústicos de ser vocálico, no consonántico, no compacto, difuso y agudo, realizándose ortográficamente mediante las grafías «i» o «y». Cuenta con dos alófonos en distribución complementaria: [ĩ] (alto, anterior, nasal) cuando precede a pausa y consonante nasal o se encuentra entre dos consonantes nasales, como en [ĩnstánte] (instante), y [i] (alto, anterior, oral) en otros contornos fónicos.
El fonema /e/ presenta articulación media y anterior, con rasgos acústicos de vocálico, no consonántico, no compacto, no difuso, no grave y no agudo, representándose gráficamente con la letra «e». Produce dos alófonos en distribución complementaria: [ẽ] (medio, anterior, nasal) en contextos nasales específicos y [e] (medio, anterior, oral) en posiciones restantes. El fonema /a/ constituye el sonido más abierto y central, siendo único entre las vocales al presentar rasgos densos en la clasificación acústica, con características de vocálico, no consonántico, compacto, denso, no grave y no agudo. Se realiza como [ã] (bajo, central, nasal) en contextos nasales y [a] (bajo, central, oral) en otros entornos. El fonema /o/, medio y posterior, presenta rasgos no difuso, no compacto y grave, alterando entre [õ] (nasal) y [o] (oral) según el contexto. Finalmente, /u/, el único sonido alto y posterior, mantiene rasgos de difuso, no compacto y grave, con realizaciones alofónicas [ũ] (nasal) y [u] (oral).
El triángulo vocálico representa gráficamente la posición de la lengua en la cavidad bucal durante la articulación, mostrando a /i/ en la posición anterior-superior, /e/ en anterior-media, /a/ en central-inferior (eje vertical máximo), /o/ en posterior-media y /u/ en posterior-superior. Estos cinco fonemas vocálicos pueden aparecer en cualquier posición de la palabra (inicial, media, final) y pueden combinarse en diptongos y triptongos, formando estructuras silábicas más complejas. Su carácter de constituyentes centrales del sistema hace que las vocales sean imprescindibles para la formación de cualquier sílaba en español, distinguiéndose fundamentalmente de los consonantes en su capacidad para formar núcleos silábicos autónomos.
3.2. Sistema Consonántico: Diversidad de Modos y Lugares de Articulación
Los fonemas consonánticos españoles se organizan según la clasificación de Quilis en cinco grupos principales: oclusivos, nasales, fricativos, africados y líquidos. El grupo de consonantes oclusivas incluye /p/, /b/, /t/, /d/, /k/, /g/, donde el aire es completamente obstruido. El fonema /p/ (oclusivo, bilabial, sordo) presenta un único alófono [p] en posición prenuclear, neutralizándose en posición posnuclear. El fonema /b/ (bilabial, sonoro) alterna entre [b] (oclusivo) cuando va precedido de pausa o consonante nasal y [β] (fricativo) en otros contornos. /t/ (oclusivo, dental, sordo) mantiene alófono único [t] en posición prenuclear. /d/ (dental, sonoro) oscila entre [d] (oclusivo) tras pausa, nasal o /l/, y [ð] (fricativo) en otros contextos. /k/ (oclusivo, velar, sordo) presenta alófono [k] en prenuclear y neutralización en posnuclear. /g/ (velar, sonoro) alterna entre [g] (oclusivo) tras pausa o nasal y [γ] (fricativo) en otros entornos.
Las consonantes nasales comprenden /m/, /n/ y /ñ/. El fonema /m/ (nasal, bilabial, sonoro) presenta un único alófono [m] en posición silábica prenuclear. /n/ (nasal, alveolar, sonoro) se realiza como [n] en posición prenuclear, mostrando gran versatilidad alofónica en posición posnuclear según el contexto. /ñ/ (nasal, palatal, sonoro) posee un único alófono [ɲ] en prenuclear. En posición final de sílaba, /m/ y /n/ se neutralizan, generando siete alófonos nasales diferentes según la consonante siguiente, demostrando cómo la distribución condiciona la realización concreta de los fonemas. Los fricativos españoles incluyen /f/, /θ/, /s/, /ŷ/ y /x/, donde el aire genera fricción. /f/ (fricativo, labiodental, sordo) mantiene alófono único [f]. /θ/ (fricativo, interdental, sordo), representado por «c» o «z» en ortografía, es central en la distinción entre zonas de distinción y seseo. /s/ (fricativo, alveolar, sordo) realiza [s] estable en casi todos los contornos. /ŷ/ (fricativo, palatal, sonoro), escrito «y» o «hi+vocal», alterna entre realizaciones africadas y fricativas. /x/ (fricativo, velar, sordo) mantiene alófono [x].
El único fonema africado es /ĉ/ (africado, palatal, sordo), representado ortográficamente por «ch», con alófono único [ʧ]. Las consonantes líquidas comprenden /l/, /ɫ/ (representado como «ll»), /r/ y /r-/. El fonema /l/ (lateral, alveolar, sonoro) presenta múltiples alófonos según contexto: [l,] (dental) ante oclusivas dentales, [l.] (interdental) ante /θ/, [l¸] (palatalizado) en coda prepalatal, y [l] (alveolar) en otros entornos. /ɫ/ (lateral, palatal, sonoro) mantiene alófono único [ʎ] en prenuclear. /r/ (vibrante simple, apicoalveolar) y /r-/ (vibrante múltiple, apicoalveolar) establecen la única oposición vibrante significativa en intervocálica, neutralizándose en coda silábica, donde emerge el archifonema /R/. Este sistema tan elaborado de consonantes, con sus múltiples alófonos y neutralizaciones, refleja la complejidad de la estructura consonántica del español.
3.3. Distribución de Fonemas y Restricciones Posicionales
La distribución de los fonemas españoles obedece a restricciones posicionales que determinan dónde cada fonema o sus variantes pueden aparecer. Los fonemas vocálicos, clasificados como centrales, pueden ocupar cualquier posición de la palabra: inicial (ara, era, iba, ola, urde), medial (álamo, alegar, avisa, atolón, apuro) y final (aurora, leve, alhelí, mano, avestruz). Pueden adoptar múltiples estructuras silábicas mediante combinaciones mutuas que generan diptongos y triptongos, y pueden formar palabras autónomamente como elementos simples (a, e, o) o en combinación (ay, hoy, hay). Los consonantes, clasificados como marginales, no pueden formar palabras sin combinarse con vocales, presentando distribuciones altamente restrictas.
En posición inicial de palabra, prácticamente toda consonante puede iniciar palabra, con la única excepción notable de /r-/, que requiere la grafía «rr» para indicar la geminación en interior o la posición inicial tras prefijo con «r». El fonema palatal /ñ/ aparece escasamente en inicial. En posición final de palabra, solo aparecen /d/, /θ/, /s/, /l/, /r/, /n/, siendo excepción /x/ y /k/ en préstamos. La posición final excluye completamente la combinación de múltiples consonantes. En posición interna de palabra, las posibilidades son máximamente complejas, permitiéndose todo tipo de consonante, incluso /r-/ y /r/ en oposición significativa tras vocal (caro/carro). Únicamente en interior de palabra aparecen /ɫ/ e /ŷ/ ante /i/. En final de sílaba interna, aparecen fonemas y archifonemas, permitiéndose combinaciones especializadas regidas por restricciones que definen qué fonemas consonánticos pueden coocurrir.
3.4. Rasgos Prosódicos: Acento y Entonación
Los prosodemas o unidades suprasegmentales del español operan a dos niveles funcionales distintos: a nivel de palabra, el acento; a nivel de oración o enunciado, los tonemas. El acento constituye un prosodema intenso suprasegmental que no es descomponible en segmentos, realizándose sobre los mismos mediante un refuerzo de la intensidad espiratoria. La sílaba que en una palabra recibe el acento se denomina sílaba intensiva o tónica, mientras que las restantes son átonas o no intensivas. El acento desempeña funciones distintivas, diferenciando significados de palabras (hacia/hacía, límite/limité, tiro/tiró); constitutivas, diferenciando palabras portadoras de significado (sustantivos, verbos, adjetivos) de palabras vacías (artículos, preposiciones); y expresivas, mediante las que el hablante refuerza sílabas según su intención comunicativa.
La entonación o tonema constituye un prosodema extenso suprasegmental que consiste en una línea melódica significativa, operando al nivel de la frase completa. Su función fundamental es diferenciar significados de mensajes: el mismo enunciado «Te daré un premio» recibe interpretaciones distintas según sea enunciación, pregunta o exclamación, determinado por la curva melódica. Los grupos de intensidad son conjuntos de sílabas no intensivas que se apoyan en una sílaba intensiva dentro del grupo, mientras que los grupos fónicos constituyen conjuntos de palabras entre pausas conceptuales. Estos grupos fónicos experimentan variaciones en su curva melódica organizadas en tres ramas: rama inicial, que termina en la primera sílaba acentuada; rama central, que mantiene altura tonal entre la primera y última sílaba acentuada del grupo; y rama final, que comienza en la última sílaba acentuada. La rama final posee valor fonológico máximo, ya que sobre ella recae el tonema que determina el significado del mensaje. Tomás Navarro Tomás distingue cinco tonemas en español: cadencia (descendente, afirmación), semicadencia (descendente en pausa intermedia), anticadencia (ascendente, no conclusión), semianticadencia (ascendente en pausa) y suspensión (nivel mantenido).
IV. Perspectiva Diacrónica: Evolución del Sistema Fonológico Español
4.1. Evolución del Sistema Vocálico desde el Latín
El sistema vocálico español tiene su origen en el latín clásico, que disponía de diez fonemas vocálicos distinguidos por tres dimensiones: abertura, localización y cantidad (duración). Este rico sistema se simplificó paulatinamente en la evolución hacia las lenguas románicas. En el latín vulgar se produjo una desfonologización de la cantidad, es decir, la cantidad dejó de ser rasgo distintivo, provocando simultáneamente una reducción de los grados de abertura. Los romances catalán y portugués mantuvieron parcialmente este sistema con un número mayor de vocales; el castellano, en cambio, distinguió muy pronto únicamente tres grados de abertura, con la desaparición efectiva de /e/ y /o/ cerrados del latín.
La eliminación de estos grados intermedios se compensó mediante el surgimiento de diptongos: donde el latín poseía /ẹ/ (cerrado) y /ẹ:/ (largo), la evolución castellana produjo /i/ para los casos cerrados, mientras que antes de /e/ abierto se desarrolló el diptongo /ie/. Análogamente, /ọ/ cerrado evolucionó a /u/, mientras que antes de /o/ abierto surgió /ue/. El sistema perdió definitivamente estos grados intermedios cuando los diptongos /ie/ y /ue/ se identificaron completamente con los fonemas /i/ y /u/, aunque conservando su estructura diptongal cuando aparecían bajo ciertas condiciones prosódicas. Este proceso se completó ya en la Edad Media, estableciendo el sistema moderno de cinco vocales que persiste hasta la actualidad. La reducción de grados de abertura estuvo condicionada también por la fonologización del acento: el acento latino, ligado originariamente a la cantidad silábica, se independizó al perderse el rasgo distintivo de cantidad, transformándose en rasgo intensivo que realzaba las sílabas tónicas sobre las átonas, haciendo más difícil mantener distinciones de apertura en sílabas átonas.
4.2. Evolución del Sistema Consonántico: de la Romania Medieval a la Modernidad
El sistema consonántico español experimentó transformaciones más complejas y graduales que el vocálico, especialmente entre los siglos XVI y XVII, cuando comienzan a perfilarse las características del sistema moderno. Los cambios más significativos afectaron a los fonemas fricativos y sibilantes, provocados principalmente por la desfonologización de oposiciones que habían caracterizado el sistema medieval. Los fonemas /ŝ/ y /ẑ/ (fricativas predorsales sordas y sonoras) se desfonologizaron, pasando a realizaciones de /ŝ/, y posteriormente se transfonologizaron, dando origen al fonema /θ/ (fricativa interdental sorda) que caracteriza a la España septentrional. Simultáneamente, la oposición /s/ y /z/ experimentó una desfonologización que redujo ambos a /s/, fenómeno conocido como seseo, característico de amplias zonas de España y América.
Las fricativas palatales /sˇ/ y /zˇ/ sufrieron un proceso similar, desfonologizándose para reducirse a /sˇ/, y tras experimentar un proceso de velarización, transfonologizándose finalmente en /x/ (fricativa velar sorda). La oposición /f/ y /v/ (representada como /ƀ/) perdió su carácter distintivo cuando /v/ pasó a ser un alófono de /b/, con realizaciones fricativas [β] que convergían acústicamente con la fricativa labiodental [v], aunque en el castellano la /v/ ortográfica no genera una fricativa labiodental sino una fricativa bilabial. El sonido /h/ espirado, cuya naturaleza fonológica resulta controvertida en la diacronía castellana, dejó de pronunciarse en la mayoría de posiciones, aunque en algunas variedades dialectales persisten realizaciones aspiradas. Para el siglo XVII puede considerarse cuajado el sistema consonántico moderno, si bien han emergido posteriormente ciertas tendencias hacia la igualación de /ɫ/ (lateral palatal) e /ŷ/ (fricativa palatal), aunque la norma ortográfica mantiene estas distinciones.
BIBLIOGRAFÍA
- Alarcos Llorach, Emilio: Fonología española. Gredos, Madrid, 1983 (edición corregida y aumentada). Obra fundamental para la comprensión de los principios estructurales del sistema fonológico español y su análisis desde la perspectiva del estructuralismo europeo, con énfasis en el concepto de oposición fonológica.
- Hidalgo Navarro, Antonio y Quilis Merín, Margarita: Fonética y fonología españolas. Tirant lo Blanch, Valencia, 2004 (segunda edición). Manual contemporáneo que sintetiza los avances en el estudio fonético acústico del español, proporcionando clasificaciones detalladas de los sonidos españoles según el Alfabeto Fonético Internacional.
- Mariner, Sebastián: Fonética latina. Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1962. Obra esencial para la comprensión de la evolución diacrónica del sistema fonológico español desde sus orígenes latinos, incluyendo análisis contrastivo de sistemas consonánticos históricos.
- Martínez Celdrán, Eugenio: El sonido en la comunicación humana: Introducción a la fonética. Octaedro, Barcelona, 1996. Introducción accesible pero rigurosa a los conceptos fundamentales de la fonética acústica, con abundantes ejemplos de aplicación al español.
- Navarro Tomás, Tomás: Manual de pronunciación española. Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1967. Trabajo clásico que estableció los estándares para la descripción articulatoria de los sonidos españoles, con especial atención a los fenómenos prosódicos y de entonación.
- Quilis, Antonio: Principios de fonología y fonética españolas. Arco/Libros, Madrid, 2002 (cuarta edición). Síntesis magistral de los principios fonológicos españoles, combinando perspectivas articulatorias, acústicas y funcionales con aplicaciones prácticas a la transcripción.
- Quilis, Antonio: El comentario fonológico y fonético de textos: Teoría y práctica. Arco/Libros, Madrid, 1988 (segunda edición). Manual práctico imprescindible para la realización de transcripciones fonéticas y fonológicas rigurosas, con ejercicios ejemplares de análisis de textos literarios españoles.
- Quilis, Antonio: Tratado de fonología y fonética españolas. Gredos, Madrid, 1999 (segunda edición). Tratado exhaustivo que integra análisis diacrónico y sincrónico, con tablas clasificatorias de fonemas y alófonos según criterios articulatorios y acústicos.
- Real Academia Española: Esbozo de una nueva gramática de la lengua española. Espasa-Calpe, Madrid, 1991. Documento normativo fundamental que establece los criterios para la clasificación de sonidos españoles y su representación ortográfica, constituyendo referencia obligatoria para estudios de fonética normativa.
- Trubetzkoy, Nikolai S.: Principios de fonología. Cincel, Madrid, 1973. Obra fundacional de la fonología moderna, traducida al español, que presenta los conceptos teóricos del Círculo Lingüístico de Praga, con aplicación a diversos sistemas lingüísticos incluido el español.
Pulsa para más...
Te interesará para tus clases.
Autor
-
Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Lengua y Literatura actualmente JUBILADO.
Mí último destino fue la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevaba más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho fui asesor en varios centros del profesorado y me dediqué, entre otras cosas, a la formación de docentes; trabajé durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante estuve en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.Ahora, desde este retiro, soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo materiales útiles para el área de Lengua castellana y Literatura. ¡Disfrútala!
Ver todas las entradas





