El sintagma verbal y el verbo. 2026

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By Víctor Villoria

El sintagma verbal y el verbo en la gramática española

I. El sintagma verbal y el verbo

Definición funcional del sintagma verbal

El sintagma verbal constituye la unidad funcional más relevante en la estructura oracional del español, formado obligatoriamente por un núcleo verbal que selecciona una serie específica de complementos. Como señalara Fernández Leborans, esta estructura se compone del núcleo y sus argumentos internos o complementos, estableciendo una clara oposición sintáctica con el sintagma nominal que desempeña la función de sujeto u argumento externo. La jerarquía funcional del sintagma determina cómo el predicado organiza y condiciona la arquitectura sintáctico-semántica de la totalidad de la oración, determinando así los esquemas oracionales posibles.

Desde la perspectiva léxica, el núcleo establece simultáneamente referencia a una situación o a un estado particular de cosas, mediante el cual selecciona una serie determinada de complementos constitutivos de la estructura. En la frase «modificaron de ruta», la información léxica se obtiene no únicamente de la situación referida a partir del tema modifica-, sino también del complemento preposicional de ruta, que precisa y amplía significativamente el sentido de la acción. Dentro de la estructura pueden estar incluidos, asimismo, complementos no seleccionados de naturaleza circunstancial o adjuntos que proporcionan información secundaria sobre las circunstancias espacio-temporales del evento.

En el plano gramatical, el lexema contiene referencias esenciales a la flexión modal, temporal y de número-persona, categorías que resultan privativos de esta clase de palabra. En el mismo ejemplo «modificaron de ruta», la flexión incluida en el morfema –ron señala el tiempo de la situación como anterior a la instancia de la enunciación e indica que esa forma se refiere a la tercera persona del plural en congruencia con su sujeto gramatical. La descripción pormenorizada de estas características formales y sus variaciones constituirá objeto central de análisis en los apartados subsecuentes de este tema.

II. La morfología del verbo

2.1. Constituyentes de las formas verbales

El lexema es la categoría gramatical que presenta las mayores variaciones formales en la estructura de la lengua española, característica que permite expresar mediante un único elemento múltiples matices semánticos y gramaticales simultaneados. Los constituyentes fundamentales de la morfología son cuatro: la raíz o lexema, la vocal temática, el morfema de tiempo-aspecto-modo y la desinencia de número-persona. Siguiendo la propuesta sistemática de Alcoba, todas las formas constan de dos elementos principales: el tema, formado por el lexema (cant-, tem-, part-) y la vocal temática que caracteriza la conjugación, y la flexión o desinencia, que compone las marcas de TAM y NP.

El constituyente de número y persona forma un paradigma que se realiza mediante una serie de morfos específicos que aparecen obligatoriamente en las formas personales. Estos morfemas indican la semántica personal (primera, segunda o tercera persona) y el número (singular o plural) en concordancia con los valores correspondientes del sujeto gramatical dentro de la oración. La organización de estos elementos permite establecer un sistema de oposiciones binarias que facilita la identificación de la persona y el número en cada una de las formas personales, garantizando así la congruencia oracional.

El constituyente tiempo-aspecto-modo está formado por una serie de morfos que aparecen obligatoriamente en cualquier forma para señalar diferencias fundamentales de tiempo, aspecto y modo. Se distinguen tres conjuntos principales de morfemas TAM relacionados directamente con los tres temas de la conjugación, aunque en realidad serían posibles únicamente dos paradigmas distintos en muchos casos. La distinción de tres clases de morfemas TAM responde a la diferente distribución del acento y a la naturaleza de la vocal temática, lo que ha permitido hablar de tiempos de tema de presente, de tema de pretérito y de tema de futuro.

La vocal temática constituye un elemento morfoléxico que cumple una función análoga a las marcas flexivas en los nombres, aunque su naturaleza es fundamentalmente distinta. No depende del contexto oracional o enunciativo como los formantes TAM o NP, sino de la conjugación o de la clase de tema a la que pertenece. La marca de esta vocal (a para la primera conjugación, e para la segunda, i para la tercera) permite agrupar los elementos de manera sistemática según su patrón flexivo, constituyendo así el criterio principal de clasificación tradicional.

2.2. Regularidad e irregularidad en los verbos

Las diversas formas se organizan sistemáticamente en tres conjugaciones diferenciadas por su infinitivo: primera con terminación –ar (cantar), segunda con terminación –er (temer) y tercera con terminación –ir (partir). Las conjugaciones regulares mantienen una variación nula o mínima en la raíz a lo largo de todas sus formas flexivas, permitiendo una predicción fácil de cualquier forma a partir del infinitivo. Autores como Busquets y Bonzi han documentado que las conjugaciones regulares representan aproximadamente el noventa por ciento de los elementos españoles, siendo la primera conjugación la más mayoritaria con el ochenta y siete por ciento, hecho que la identifica como la conjugación no marcada o prototípica.

Las conjugaciones irregulares presentan alteraciones que afectan tanto a la estructura de la raíz como a los morfemas flexivos. Estas alteraciones pueden ser de naturaleza parcial, afectando únicamente a ciertas formas y contextos específicos (como en contar con diptongación cuenten, o poner con supresión en pongan), o bien de carácter total, con ausencia de vocal temática en formas específicas (como en pon, cabré, pondré). Un caso especial lo constituyen las irregularidades sustitutivas, donde se utilizan raíces distintas en distribución complementaria según la forma flexiva, ejemplificadas paradigmáticamente en elementos como ser e ir.

La irregularidad de estos elementos procede fundamentalmente de alteraciones en elementos vocálicos, consonánticos o en ambos simultáneamente en el interior de las formas. Las irregularidades habituales incluyen diptongaciones de vocales acentuadas (pensar: pienso), cambios vocálicos (dormir: durmamos), modificaciones consonánticas (hacer: hago), adiciones de elementos (conocer: conozco), supresos formales (hacer: haré) y cambios de vocal por consonante (poner: pondré). Adicionalmente, existen formas defectivas que carecen de una conjugación completa, siendo empleadas únicamente en ciertas formas específicas según su semántica.

Los elementos defectivos, denominados así por carecer de una conjugación completa, tienden a usarse únicamente en ciertas formas determinadas. Formas como atañer, concernir, acontecer, acaecer y ocurrir, que se predican de sujetos inanimados o abstractos, solo se usan en tercera persona (atañe a los profesores, concierne al colegio). Igualmente, elementos como llover, nevar, amanecer y anochecer se restringen a la tercera persona excepto en contextos metafóricos. El elemento soler, empleado como auxiliar de perífrasis de infinitivo con sentido durativo, se restringe al presente (suelo, suela), al imperfecto (solía) y al perfecto compuesto (he solido), representando una defectividad particularizada.

III. El tiempo verbal

3.1. Valores temporales y modales. Usos rectos y dislocados

El tiempo constituye una categoría deíctica fundamental que permite localizar la situación expresada por el sintagma y la oración completa en relación con el momento de la enunciación establecido como origen o punto de referencia. Esta relación temporal puede manifestarse como anterioridad, cuando la situación se ubica antes del momento de habla (salieron ayer de México); como simultaneidad, cuando coincide con el presente (están hoy en Oaxaca); o como posterioridad, cuando se proyecta en el futuro (llegarán a Tijuana mañana). La estructuración de estos tres tiempos absolutos (pasado, presente, futuro) configura el sistema temporal básico del español.

Otras relaciones temporales resultan considerablemente más complejas al describir situaciones que mantienen, a su vez, múltiples relaciones de anterioridad, simultaneidad y posterioridad respecto a un punto de referencia que se relaciona de forma particular con el momento de enunciación. En la oración «Me comunicaron que llegarían a Tijuana el día siguiente», comunicaron indica referencia temporal de anterioridad respecto al origen, mientras que llegarían señala posterioridad con respecto a una referencia anterior al origen mismo. Estos tiempos se denominan tiempos relativos y constituyen la mayoría de las formas compuestas del sistema español.

Las formas presentan fundamentalmente dos tipos de usos diferenciados: un uso recto o habitual representado por realizaciones de indicativo y subjuntivo con significados fijos; y unos usos dislocados o desplazados, estrictamente diferentes del recto, que añaden contenidos modales independientes de la distinción indicativo-subjuntivo. Para clarificar esta distinción, la forma cantaré puede expresar la relación temporal recto de posterioridad (Mañana cantaré en el concierto) o bien dislocarse para expresar incertidumbre presente (Serán las seis [ahora], suposición probable). Estos usos dislocados enriquecen considerablemente el potencial semántico-pragmático del sistema español.

3.2. Formas de indicativo

En el indicativo español existen cinco formas simples (canto, cantaré, cantaba, cantaría, canté) y cuatro formas compuestas funcionales (he cantado, habré cantado, había cantado, habría cantado), siendo la forma hube cantado prácticamente obsoleta en el español contemporáneo. Las formas canto, canté y cantaré suponen la manifestación de realizaciones básicas de presente, pretérito y futuro respectivamente, pudiendo combinarse cada una con diferentes matices de contenido aspectual: puntualidad (El portero abre ahora mismo el museo), duración (Jovita prepara las oposiciones), proceso general (El río Miño fluye al Atlántico) e iteración (Todas las mañanas cojo el coche a las siete y media).

La relación temporal de presente puede aplicarse en ciertos contextos a procesos que contienen una referencia de anterioridad, como cuando se comunica información previamente recibida (Tu hijo pregunta si irás hoy al fútbol). Asimismo, la relación de futuro puede expresarse no solo a través de cantaré sino también mediante canto en su uso denominado presente profuturo, en contextos provistos de localizadores de posterioridad (mañana marchamos a Palma de Mallorca), que hacen innecesaria la forma futura explícita. En las realizaciones había cantado, cantaba, cantaría, el punto origen se sustituye por una referencia anterior a ese punto, estableciendo correlación temporal entre formas dependientes.

En indicativo existen dos casos principales de dislocación temporal diferenciados: primero, formas cuyo uso recto presenta realización temporal básica de posterioridad (cantaré y cantaría) pueden expresar relación de presente (ahora estarán en casa) con rasgo de incertidumbre característico; segundo, realizaciones temporales básicas correspondientes al uso recto de anterioridad pueden expresar posterioridad introduciendo oposición entre irrealidad y no irrealidad (En estos momentos estaría orgulloso de ti frente a está orgulloso). Ocasionalmente, la forma cantaría puede sustituirse por cantaba (Si pudiera, te lo gestionaría/gestionaba hoy mismo), con matiz de formalidad en el primer caso y coloquialidad en el segundo.

3.3. Formas de subjuntivo

Entre las formas de subjuntivo actual figuran cante y cantara/cantase, siendo la forma cantare y su compuesta prácticamente ausentes de la conjugación moderna al haber sido mayoritariamente sustituidas por cante en la mayoría de contextos o por canto en las prótasis condicionales con si. Conviene enfatizar la equivalencia gramatical fundamental entre las formas en –ra y las formas en –se, siendo las primeras equivalentes a las segundas aunque lo contrario no siempre sea posible, dado que las formas en –ra conservan ciertos empleos propios del indicativo arcaico. Las distinciones temporales en subjuntivo son considerablemente menores que en indicativo, especialmente en lo concerniente a la expresión de la posterioridad.

La forma cante expresa dos relaciones temporales básicas: presente (Quizá venga hoy) y futuro (Acaso solucionemos esa situación en el futuro). Por el contrario, cantara/cantase indica tres relaciones temporales distintas: co-pretérito (No pensé que salieran mis números en la lotería), pos-pretérito (No supuse que hiciesen el examen antes de la hora) y pretérito (El testigo niega que el vecino se tirase a propósito por el balcón). Esta distribución refleja la complejidad semántica de las formas pretéritas de subjuntivo, que requieren concordancia temporal específica con los elementos de la oración principal.

Los usos dislocados del subjuntivo están relacionados primordialmente con la transferencia de las formas cantara/se desde su uso recto de pospretérito hacia presente con contenido gramatical característico de irrealidad (Ojalá en estos momentos el profesor viniera/se a clase). Además, estas dos formas pueden expresar relaciones de futuro (Ojalá el profesor viniera/se mañana), copretérito (Me confesó que ojalá el profesor viniera/se en aquellos momentos a clase) y pospretérito (Me confesó que ojalá el profesor viniera/se al día siguiente a clase), aunque con confluencia notable con los usos rectos en los matices de improbabilidad e irrealidad semántica.

3.4. Las formas compuestas

Los tiempos compuestos constituyen formas secundarias caracterizadas por su naturaleza retrospectiva en relación al punto de referencia señalado por los tiempos simples correspondientes. Estas formas se construyen con el auxiliar haber más el participio invariable del elemento principal, estructura que permite expresar la anterioridad de una acción con respecto al punto temporal establecido por la forma simple. Así, he hecho, hube hecho, habré hecho expresan anterioridad y posterioridad respectivamente en relación con el punto central que cada forma simple manifiesta en su relación temporal, creando un sistema de doble estratificación temporal muy característico del español.

El pretérito perfecto compuesto (he hecho) señala que una acción se realiza antes del punto de referencia pero en régimen de simultaneidad de ese punto con el momento del habla, manteniéndose integrada con el presente actual (Hoy ha viajado a París). Como tiempo del ámbito presente, puede emplearse con valor de anterioridad al futuro (el año que viene ya he firmado el contrato con la Universidad), en prótasis de oraciones condicionales (Si ya habéis firmado contrato, podréis proponer un proyecto) u en oraciones completivas de elementos de percepción (Cuando sepa que he explicado todo el tema, comenzaré con la parte práctica).

El pretérito pluscuamperfecto (había hecho) representa una relación temporal que depende semántica y sintácticamente de tiempos del pasado (Apenas había entregado el examen, se puso a corregirlo). El pretérito anterior (hube hecho) es prácticamente obsoleto en español moderno, siendo sustituido por el pluscuamperfecto. El futuro perfecto (habré hecho) resulta poco frecuente en la lengua actual, empleándose con valor de anterioridad a hechos anteriores al momento del habla con matiz probabilístico (Habrá venido ayer). El condicional perfecto (habría hecho) se utiliza para hipótesis, conjetura e incertidumbre referidas al pasado, aunque está siendo sustituido gradualmente por el ante-copretérito de subjuntivo en la lengua hablada contemporánea.

IV. El aspecto

4.1. Aspecto flexivo

El aspecto constituye una categoría no deíctica fundamental que proporciona información sobre el proceso interno y el desarrollo de la acción, diferenciándose claramente del tiempo en que se localiza la situación. Se distinguen dos tipos principales de aspecto que mantienen interrelaciones y en ocasiones interferencias significativas: el aspecto flexivo, determinado por las marcas flexivas, y el aspecto léxico o Aktionsart, vinculado a la semanticidad inherente de los elementos. Para Coseriu, la información que aporta el aspecto en lenguas romances se reduce a acepciones secundarias del significado temporal, aunque esta posición resulta debatida por la lingüística contemporánea.

El aspecto flexivo es una categoría que muestra el desarrollo interno de la acción a partir de las marcas flexivas, permitiendo diferenciar acciones acabadas o perfectivas (Jovita ha trabajado, Jovita trabajó) de acciones inacabadas o imperfectivas (Jovita trabaja, Jovita trabajaba). Todas las formas compuestas y el pretérito perfecto simple incluyen la expresión del final de la acción como completada: son formas de aspecto perfectivo. Todas las formas simples, excepto el pretérito perfecto simple, presentan aspecto imperfectivo puesto que no incluyen el cierre o término de la acción, manteniendo abierto el proceso temporal.

4.2. Aspecto léxico y aspectualidad

El aspecto léxico tiene relación directa con el significado semántico de los elementos mismos y se determina según tres factores fundamentales: la estatividad, la duración y la telicidad. Sobre la base de una clasificación antigua de Vendler, Dowty establece cuatro tipos aspectuales: estados (saber, tener, pertenecer, conocer), actividades (correr, trabajar, dormir), realizaciones o efectuaciones (matar, romper, crecer) y logros (descubrir, llegar, empezar). De Miguel distingue además aspectualidad cualitativa (desarrollo estático o dinámico, delimitado o no, ingresivo o resultativo) de aspectualidad cuantitativa (durativa o puntual, simple o múltiple).

El aspecto posee una naturaleza fundamentalmente composicional, viéndose afectado por múltiples factores: el sujeto gramatical, los complementos, los modificadores adverbiales de tiempo y lugar, la negación y la información temporal-aspectual de la flexión. Así, el evento denotado por fumar no está delimitado léxicamente: no precisa acabar para tener lugar. Sin embargo, fumar denota evento delimitado cuando se construye con complemento directo específico (fumar un cigarro), donde el evento termina con el fin del objeto. De Miguel señala que la aspectualidad constituye un sistema de naturaleza híbrida donde intervienen factores tanto semánticos como sintácticos, creando interacciones complejas entre varios niveles de la estructura lingüística.

V. El modo

El modo constituye una categoría fundamental que indica la visión o actitud que mantiene el hablante respecto a la acción expresada. Desde perspectivas gramaticales diversas, gramáticas tradicionales, estructurales y funcionales han coincidido en reconocer que el modo refleja la posición psicológica del locutor ante lo enunciado. Gutiérrez Araus ha sistematizado estas actitudes en tres modalidades principales: si el hablante contempla la acción como cierta o se muestra neutral, utiliza indicativo (Mi hermana Jovita habla mucho con los vecinos); si manifiesta dudas presentándola como incierta, hipotética, deseada o no experimentada, recurre a subjuntivo o condicional (Mi hermana Jovita quizá hable demasiado).

Las modalidades del enunciado pueden clasificarse en tres tipos diferenciados: aserción, interrogación y apelación, cada una poseyendo un contexto entonativo y prosódico específico. El sistema español mantiene restricciones particulares respecto al empleo de ciertos modos: por ejemplo, no son posibles formas de subjuntivo como núcleos oracionales independientes dentro de modalidades interrogativas (*¿Cómo lo desearas?), pero sí cuando funcionan como núcleos de oraciones dependientes (¿Quieres que te lo diga?). En oraciones independientes, el subjuntivo solo admite modalidades desiderativas o dubitativas (Posiblemente, Jovita vaya a Estocolmo).

La modalidad apelativa es privativa del imperativo, modo que solo se utiliza en una perspectiva temporal de presente afirmativo, restringido a segunda persona singular o plural (Ven a casa mañana / Venid a casa mañana), siempre con posibles pronombres enclíticos (Díselo a Jovita). De incumplirse alguno de estos requisitos, aparecen necesariamente formas de subjuntivo (No vengas a casa mañana / No se lo digas a Jovita). Alarcos ha manifestado que es realmente el subjuntivo el que asume valor enfático de apelación, especialmente en primera y tercera persona (Veámoslo / Hágase tu voluntad).

El indicativo constituye el modo de la aserción y de declaraciones, empleándose preferentemente con elementos de percepción (Veo que Jovita está cansada) o de comunicación (Dijo que Jovita estaba cansada). El subjuntivo aparece cuando se niega la aserción (No veo que Jovita sea antipática), en expresiones de deseo con valor hipotético de futuro (Deseo que Jovita lo pase bien) o en valoraciones de hechos (Es bueno que Jovita se divierta). La selección entre indicativo y subjuntivo en subordinadas depende de factores semánticos y sintácticos específicos: sentir modifica su semántica según el modo (Siento que está haciendo calor: percepción; Siento que esté haciendo calor: desagrado).

VI. La diátesis verbal

La diátesis o voz hace referencia a la relación semántica que mantienen los elementos y los diferentes participantes de la acción, relación que se marca mediante elementos sintácticos y morfológicos específicos. Devís ha precisado que voz y diátesis no son estrictamente equivalentes como conceptos: la voz constituye una categoría morfológica mientras que la diátesis es una categoría semántico-sintáctica de mayor alcance. Desde las primeras gramáticas griegas se ha mantenido la distinción tradicional de tres voces con marcas lingüísticas propias: activa (asociada a actividad), pasiva (relacionada con experiencia o pasión) y media (híbrido entre activa y pasiva, más próxima semánticamente a la pasiva).

La voz activa es la voz no marcada del español, donde el sujeto sintáctico designa el agente o experimentador de la acción (Jovita escribió un libro). En esta diátesis no existen marcas específicas que la diferencien formalmente; es la ausencia de marca la que caracteriza la activa. La estructura sintáctico-semántica permite al elemento mantener su rección y selección argumental canónica. En la voz pasiva, el sujeto se refiere al paciente de la situación recibiendo la acción (El libro fue escrito por Jovita), presentando una estructura formal caracterizada obligatoriamente por la perífrasis ser + participio. Esta estructura permite transponer roles semánticos sin alterar la información fundamental de la acción.

Dentro del sistema pasivo español existe una estructura especial denominada pasiva refleja o con se (Se tratan fotografías en ordenador). Estas oraciones coinciden con la pasiva perifrástica en la presencia de sujeto gramatical y lectura semántica (algo ha pasado), pero carecen de agente explícito. Pese a la ausencia de morfología específica, existe en español una voz media que expresa un proceso afectando al sujeto, incluyendo oraciones pasivas construccibles únicamente con se y sujeto nocional implícito (Esta camisa rosa se lava muy bien a mano). A diferencia de pasivas, las oraciones medias necesitan modificadores adverbiales modales o instrumentales obligatorios. Para ciertos autores estas oraciones constituyen una submodalidad media-pasiva específica.

VII. Las formas no personales del verbo

7.1. El infinitivo

Los infinitivos, gerundios y participios constituyen las formas no personales o no flexivas, ya que carecen de morfemas de persona y tiempo. Por esta característica esencial, no mantienen relaciones de concordancia con el sujeto ni manifiestan referencias temporales autónomas como las formas personales. Estas formas no pueden constituir oraciones independientes excepto en casos muy particulares, para lo que requieren obligatoriamente un auxiliar en perífrasis (Jovita se puso a escribir una novela) o un elemento principal (Jovita trató de escribir una novela). El infinitivo posee una doble naturaleza nominal y particular que lo diferencia sustancialmente de las restantes formas no personales.

El infinitivo presenta forma simple (cantar), forma compuesta (haber cantado) y voz pasiva (ser cantado), configurando un paradigma complejo. Como carece de marcas flexivas de tiempo, persona y número, las obtiene habitualmente de la forma principal de la oración de la que depende (En Jovita desea dejar el tabaco, el infinitivo obtiene sus características temporales de desear). Esta correlación temporal no se cumple si la forma principal es un elemento de percepción, donde el infinitivo subordinado se concibe como simultáneo (El administrativo oyó a Jovita comentar su currículum). La ausencia de marcas de número-persona no impide que establezca relaciones concordancia implícitas con un argumento interpretable como sujeto.

El infinitivo puede realizar funciones nominales equivalentes a sustantivos: de sujeto (Conviene madrugar durante el año), complemento de elemento (Acordaron retrasar la reunión) o complemento de nombre (La decisión de desalojar el instituto ha sido apresurada). Como elemento nominal, puede construirse con determinantes (Se oía muy cerca el alegre cantar de Jovita) y mantener complementos genitivos con valor de sujeto (Se oía el zumbar de las abejas) o modificadores adjetivos (El dulce lamentar de dos pastores). Sintácticamente, el infinitivo admite complementos predicativos (Caminar descalzo es bueno para los pies) que tienen como referente el sujeto tácito, demostrando su valor oracional latente.

De los infinitivos pueden depender proposiciones subordinadas interrogativas indirectas (Hay que preparar cómo convencer a Jovita) o relativas (Jovita no tenía nada que hacer). Los infinitivos se construyen frecuentemente como proposiciones adverbiales precedidas de preposiciones (sin, por, para, tras, de, antes de, después de) que funcionan como nexos subordinantes similares a los de oraciones flexionadas (Antes de salir / Antes de que salgamos). Particularmente relevante es que infinitivos pueden presentar sujetos explícitos en posición casi siempre posverbal (De seguir Jovita así, no mejorará su situación), prueba evidente de su capacidad oracional inherente.

7.2. El gerundio

El gerundio es morfológicamente particular aunque frecuentemente funcione como adverbio, es decir, como modificador del elemento o de la oración, y en ocasiones como adjetivo predicativo, actuando como modificador conjunto del elemento y del sustantivo. Morfológicamente presenta marcas flexivas de aspecto y tiempo (cantando y habiendo cantado) mediante el afijo –ndo, permitiendo expresar simultaneidad (Jovita me lo comentó saliendo del gimnasio) o anterioridad (Me lo comentó habiendo salido del gimnasio). Sintácticamente pueden construirse con complementos regidos y pueden llevar sujeto en contextos específicos donde el referente es distinto al principal (Los amigos de Jovita fueron cantando canciones de protesta durante toda la marcha).

El gerundio ha sido tradicionalmente analizado con criterios más valorativos que descriptivos, primando la distinción entre empleos correctos e incorrectos. Entre los usos considerados incorrectos figuran el llamado gerundio adjetivo, que modifica directamente al nombre (chica sabiendo cocina), y el gerundio de posterioridad, que sitúa una acción posterior a la de la oración principal (Confesó aquel secreto, arrepintiéndose poco después). Las construcciones con gerundio se dividen según posean naturaleza oracional (Jovita redactó su tesis aun estando en docencia) o no oracional (Jovita redactó su tesis dudando).

Los gerundios modificadores oracionales presentan libertad posicional, sujeto propio pospuesto, forman perífrasis con haber, llevan complementos temporales y admiten negación distinta a la principal. Los gerundios modificadores particulares presentan posposición, no llevan sujeto, no forman perífrasis, no llevan complementos temporales y no admiten negación diferenciada. Dentro de los modificadores particulares se distinguen gerundios predicativos que modifican elemento y sujeto/objeto (Los amigos de Jovita bailan arrastrando los pies) y gerundios adjuntos que afectan solo al elemento (Los amigos bailan poniéndoles salsa). Las características de gerundios adjuntos los aproximan a modificadores oracionales, resultando en ocasiones difíciles de distinguir.

7.3. El participio

El participio es un derivado particular que asume funciones típicamente adjetivas en la estructura oracional. Habitualmente presenta terminaciones –ado, –ido (cantado, comido), aunque existen casos de formas irregulares (hecho, roto, visto, dicho) con cierta tendencia hacia la regularización (prender: preso/prendido; encender: enceso/encendido). Inmovilizado en la forma masculina singular, el participio forma parte integra de todas las formas compuestas (he cantado, habría cantado). Como los adjetivos, cuenta con variación de género y número y posee morfemas de grado (tan avanzado, muy avanzado), pudiendo sufrir procesos de sustantivación (el citado, la citada, lo citado).

Sintácticamente, el participio funciona como modificador de sustantivo (hojas del árbol caídas), atributo de elemento (Jovita es honrada) o predicativo (Jovita venía muy fatigada de la excursión). Puede admitir complementos variados (es una mujer preocupada por su trabajo) manteniendo así su naturaleza particular inherente. Es habitual que forme construcciones absolutas con función de modificador oracional, casi siempre antepuesto (Terminada la reunión, el decano fue nuevamente interpelado). En esa estructura el participio concuerda necesariamente en género y número con el otro elemento, manteniendo interdependencia funcional dentro de estructura pasiva con valor habitualmente temporal (Oído el veredicto, los acusados se derrumbaron) o concesivo menos frecuentemente (La obra, si bien arreglada por experto, resultó aburrida).

VIII. Las perífrasis verbales

8.1. Perífrasis verbales de infinitivo

Una perífrasis verbal se forma cuando dos o más elementos se unen constituyendo un único núcleo predicativo (Jovita tiene que estudiar más). El primer elemento, denominado auxiliar, contiene las marcas flexivas de número-persona y tiempo-aspecto-modo (tiene), mientras el segundo, principal o auxiliado, aparece como forma no personal (estudiar). Sobre el principal recae la información semántica en su totalidad, siendo él quien determina los complementos y argumentos de la construcción. Según el tipo de elemento principal empleado, las perífrasis clasifican en perífrasis de infinitivo, gerundio y participio, aunque es posible también la existencia de estructuras complejas de auxiliaridad múltiple (tendremos que volver a comenzar el trabajo).

Las perífrasis de infinitivo tienen como elemento principal un infinitivo y pueden ser directas (debes estudiar) o indirectas, realizándose la unión entre elementos mediante preposición (acaba de sonar) o conjunción (tienes que cantar). Las clasificaciones tradicionales distinguen perífrasis modales, que expresan la actitud del hablante sobre la acción: modales de obligación (deber, tener que, haber de, haber que) y modales de probabilidad (deber de, poder con diversos significados). Se admiten también perífrasis con sujeto inanimado u omitido (lograr, conseguir, intentar, tratar de, querer). Las perífrasis aspectuales indican fases internas de la acción: incoativas (empezar a, comenzar), comienzo repentino (ponerse a, echar(se) a), inminencia (estar a punto de), repetición (volver a), frecuencia (soler, acostumbrar), acción acabada (acabar de, terminar de) e acción interrumpida (dejar de, parar de, cesar de).

Existen perífrasis cuyo significado no es fijo, expresando relaciones semánticas variadas: aproximación (esa casa viene a valer cuatrocientos mil euros), logro (no he llegado a saber por qué), casualidad (acertó a adivinar la calle). Es fundamental diferenciar las perífrasis de las locuciones particulares, grupos de palabras donde al menos una es particular (caer en la cuenta, darse cuenta, echar de menos, echar a perder, dar a conocer), que componen conjuntamente un núcleo predicativo sin admitir segmentación en elementos auxiliares y principales. Gómez Manzano clasifica como temporal la perífrasis futuro (ir a + infinitivo), que merece consideración especial por su frecuencia y complejidad funcional en español contemporáneo.

8.2. Perífrasis verbales de gerundio

Las perífrasis de gerundio expresan una acción en pleno desarrollo o fase de desarrollo progresivo, características semánticas que distinguen estas construcciones de las perífrasis de otros tipos. Son todas ellas de naturaleza inmediata porque no necesitan elementos de unión entre el auxiliar y el gerundio subordinado. Los elementos más habituales en estas construcciones perifrásticas son andar, estar, ir, llevar, venir, seguir, continuar, presentando cada uno matices aspectuales específicos que enriquecen la expresión del proceso particular. Ejemplos como estoy esperando al autobús o andan revolviendo en mis cosas ilustran la variedad de significados posibles con estas construcciones fundamentales del español.

8.3. Perífrasis verbales de participio

Las perífrasis de participio expresan fundamentalmente una acción contemplada en su resultado, enfatizando el estado o consecuencia de la acción más que el proceso mismo. No existe un inventario cerrado sobre los elementos que admiten participio como forma auxiliada, aunque tener y llevar son los más habituales (tengo acabados los trabajos, llevo gastado cuatro bolígrafos este año), permitiendo expresar resultados acumulados o efectos parciales. Otros autores incluyen elementos como andar, dar por, estar y hallarse en construcciones perifrásticas de participio, ampliando el repertorio de posibilidades expresivas que estas estructuras ofrecen al español contemporáneo.

IX. El sintagma adverbial

El sintagma adverbial resulta de la expansión de un adverbio que a veces admite complementación en forma de sintagma preposicional o cuantificadores: cerca de la plaza, más arriba. En otros casos se postula una aposición dentro de la estructura sintagmática. En las gramáticas descriptivas se distingue entre adverbios léxicos (calificativos: bien, mal, adverbios en –mente: felizmente; locativos: encima, arriba; temporales: antes, temprano; modales: quizá, acaso) y adverbios pronominales (deícticos locativos: aquí; temporales: hoy; modales: así; relativos: donde, como, cuando; interrogativos: dónde, cómo, cuándo; cuantitativos: poco, bastante).

A la categoría adverbio se adscriben además expresiones multipalabra denominadas locuciones adverbiales (a oscuras, a menudo, del todo, por completo), ciertos sintagmas nominales de carácter temporal (esta semana, el año pasado) y construcciones de nombre más adverbio del tipo cuesta arriba. La función sintáctica prototípica del sintagma adverbial es la de complemento circunstancial (Jovita llegó a casa muy tarde). Pero puede realizar otras funciones: como argumento locativo (Pau vive allí), predicativo (Encontré todo patas arriba), modificador oracional (Seguramente, Pau dice la verdad), modificador de adjetivo (Es francamente sincero), modificador de adverbio (Jovita habló suficientemente claro), modificador de sustantivo (el entonces novio de Jovita) y complemento de preposición (me gustan las novelas de antes).


BIBLIOGRAFÍA

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  • Bosque, Ignacio y Demonte, Violeta (editores): Gramática descriptiva de la lengua española. Espasa, Madrid, 1999. Obra enciclopédica de referencia obligada en lingüística española contemporánea, conteniendo capítulos especializados sobre aspectos, tiempos, modos, diátesis y perífrasis que representan el estado del arte en la investigación gramatical española.
  • Cartagena, Nelson: «Los tiempos compuestos». En Bosque, I. y Demonte, V.: Gramática descriptiva de la lengua española, Espasa, Madrid, 1999, pp. 2935-2975. Análisis profundo de las funciones semánticas y sintácticas de los tiempos compuestos con especial énfasis en relaciones de anterioridad retrospectiva y correlación temporal.
  • De Miguel, Elena: «El aspecto léxico». En Bosque, I. y Demonte, V.: Gramática descriptiva de la lengua española, Espasa, Madrid, 1999, pp. 2979-3060. Estudio sistemático que distingue aspectualidad cualitativa y cuantitativa, integrando perspectivas semánticas, sintácticas y composicionales sobre la estructura aspectual.
  • Fernández Leborans, María Jesús: Los sintagmas del español. II. El sintagma verbal y otros. Arco/Libros, Madrid, 2005. Monografía especializada que proporciona descripción detallada de la estructura interna del sintagma, sus componentes fundamentales y relaciones funcionales con otros sintagmas oracionales.
  • Rojo, Guillermo y Veiga, Alejandro: «El tiempo verbal. Los tiempos simples». En Bosque, I. y Demonte, V.: Gramática descriptiva de la lengua española, Espasa, Madrid, 1999, pp. 2867-2934. Propuesta fundamental basada en relaciones temporales primarias mediante vectores, que permite comprender la estructura sistemática del tiempo español superando limitaciones de clasificaciones tradicionales.

Autor

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    Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Lengua y Literatura actualmente JUBILADO.
    Mí último destino fue la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevaba más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho fui asesor en varios centros del profesorado y me dediqué, entre otras cosas, a la formación de docentes; trabajé durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante estuve en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.

    Ahora, desde este retiro, soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo materiales útiles para el área de Lengua castellana y Literatura. ¡Disfrútala!

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