Sujeto y predicado. 2026

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By Víctor Villoria

Contenidos del artículo

Relaciones sintácticas: sujeto y predicado en la gramática española

I. Introducción a las relaciones sintácticas fundamentales

1.1. El fundamento aristotélico y los enfoques teóricos contemporáneos

Desde Aristóteles, la división binaria de la oración en sujeto y predicado permanece como un fundamento nuclear en los estudios sintácticos del español. Esta estructura bimembre se ha consolidado en la gramática lógico-tradicional y continúa siendo relevante en la lingüística contemporánea, aunque con matices importantes derivados de nuevas perspectivas teóricas. La preeminencia de esta relación se sustenta en la tradicional relación de predicación: el sujeto designa una entidad de la realidad (persona, cosa o ser abstracto) de la que el predicado dice algo. Sin embargo, la división binaria no es universalmente aceptada; existen secuencias sintácticas sin sujeto o unimembres, denominadas construcciones impersonales, que cuestionan la aplicabilidad universal de este esquema.

Las nuevas tendencias del funcionalismo, especialmente tras las contribuciones de Tesnière y desarrolladas posteriormente en la gramática de casos y la gramática funcional, han desplazado el énfasis del análisis binario tradicional. Estas escuelas conciben la oración como un complejo de actantes o argumentos subordinados inmediatamente al núcleo verbal, rechazando la idea de que el verbo sea un mero predicador del sujeto. Esta reorientación teórica establece que el verbo actúa como centro gramatical indiscutible, mientras que el sujeto constituye un actante más dentro de la estructura oracional, aunque con propiedades particulares que lo distinguen de otros argumentos verbales.

Pese a estas reformulaciones teóricas, la relación sintáctica entre sujeto y predicado sigue siendo considerada estructuralmente preeminente en numerosos estudios lingüísticos de autoridad. Esta pervivencia se fundamenta en lo que algunos autores denominan construcción exocéntrica, que refleja la interdependencia mutua entre ambos constituyentes sin que exista un núcleo que caracterice independientemente la oración. La distinción entre perspectivas funcionales y enfoques más tradicionales representa un debate epistemológico fundamental en la lingüística española contemporánea, donde ambas posturas ofrecen instrumentos analíticos complementarios para la descripción sintáctica.

La semántica generativa, basada en la teoría de casos de Fillmore, ha aportado un modelo alternativo al concebir la oración como una expresión predicativa con uno o varios argumentos. En este modelo, cada argumento mantiene una relación estrecha con el núcleo verbal y recibe una función semántica específica denominada papel temático o rol semántico. Esta perspectiva ha permitido establecer una conexión más rigurosa entre las propiedades sintácticas observables y las funciones semánticas subyacentes, facilitando una descripción más precisa de fenómenos como la transitividad, la impersonalidad y las construcciones alternantes.

II. El sujeto: definición, características formales y tipos

2.1. Definición funcional y criterios de identificación

La gramática tradicional define el sujeto como el agente que realiza la acción indicada por el verbo, una concepción puramente lógica que ha generado problemáticas crónicas en la descripción sintáctica. Este enfoque semántico tropezó invariablemente con la existencia de sujetos no agentivos, esto es, sujetos que carecen de la propiedad [+acción]. Ejemplos como «Se oyeron muchos aplausos», «Jovita tiene un esguince» o «El cartel cuelga de una farola» demuestran que la relación entre sujeto y agencia no es biunívoca, sino que depende de factores como la naturaleza del lexema verbal y el tipo de diátesis. Esta observación ha conducido a la necesidad de reformular las definiciones tradicionales en términos puramente estructurales y funcionales.

Los criterios formales para definir la función sintáctica de sujeto se pueden sintetizar en cinco dimensiones fundamentales. Categorialmente, el sujeto constituye un elemento de naturaleza nominal, que puede realizarse mediante un nombre, un pronombre personal tónico, un demostrativo, un numeral, un indefinido, un interrogativo-exclamativo, un relativo, un sintagma nominal, un elemento nominalizado u una oración subordinada. Estructuralmente, el sujeto gramatical concuerda obligatoriamente con el verbo en las marcas flexivas de número y persona, de manera que cualquier variación en estas propiedades altera necesariamente el sujeto de la oración. Esta concordancia constituye un rasgo distintivo que permite identificar el sujeto incluso cuando aparece elidido, puesto que la forma verbal porta los valores flexivos del sujeto implícito.

Configuracionalmente, el sujeto constituye un nudo inmediato dominado por la oración y mantiene una relación de similitud estructural con el predicado, siendo externo al sintagma verbal. Esta posición externa implica que es el predicado íntegro, no solamente el verbo, el que se predica del sujeto, aunque la función semántica del sujeto se derive necesariamente del verbo. La posición del sujeto en la oración no es fija; varía por razones sintácticas, semánticas, pragmáticas e incluso rítmicas. La tendencia predominante en español es que las oraciones transitivas, declarativas e independientes sitúen el sujeto en posición inicial, considerada la posición no marcada, mientras que otras construcciones como la diátesis media o pasiva refleja evidencian una clara preferencia por la posposición del sujeto.

Desde una perspectiva transformacional, el sujeto puede ser conmutable por pronombres personales tónicos en caso nominativo: yo, tú, él-ella-ello, nosotros, vosotros, ellos-ellas. Esta conmutabilidad constituye un criterio fiable para la identificación del sujeto en muchos contextos. Un rasgo definitorio adicional es que el sujeto nunca se introduce por preposición, ya que la preposición funciona como marca de subordinación sintáctica, incompatible con la función de sujeto. En casos que pudieran parecer vulneraciones de esta regla, como «Hasta Jovita tiene una guitarra española», el análisis riguroso revela que se trata de adverbios o de conjunciones marcadoras de oraciones subordinadas, no de preposiciones genuinas que introducen sujetos.

2.2. La concordancia entre sujeto léxico y sujeto gramatical

La concordancia de número y persona entre el sujeto y los morfemas verbales constituye el rasgo más utilizado y fiable para la identificación del sujeto en oraciones españolas. Esta relación de dependencia fue magistralmente caracterizada por Alarcos, quien estableció la distinción fundamental entre el sujeto gramatical (persona designada por la terminación verbal) y el sujeto léxico o explícito (sustantivo, sintagma nominal o pronombre tónico). A la relación de interdependencia entre ambas manifestaciones la denominó concordancia, conceptualizándolos como dos expresiones de una única función sintáctica, una obligatoria (sujeto gramatical) y otra opcional (sujeto léxico). Este análisis revolucionario permitió explicar fenómenos como el sujeto nulo en español, donde la información referencial se recupera exclusivamente de los morfemas verbales.

La variante estándar del español establece la concordancia entre la primera persona singular con el pronombre «yo» y la segunda persona singular con el pronombre «tú». Sin embargo, en territorios muy significativos de Hispanoamérica, la segunda persona singular adopta formas monoptongadas (cantás, temés, partís) que concuerdan con el pronombre «vos», fenómeno conocido como voseo, que ha sido plenamente legitimado por la lingüística moderna como variante válida dentro de la norma culta de amplias regiones. La tercera persona del singular y plural concuerda con pronombres personales como «él», «ella», «ellos», «ellas» o con cualquier otra secuencia pronominal o sustantiva. Como la tercera persona alude a referentes que no son ni el emisor ni el receptor, es compatible con manifestaciones no referenciales de alcance genérico, tales como oraciones subordinadas sustantivas o construcciones de infinitivo en función de sujeto.

Existen múltiples casos de discordancias entre verbo y sujeto que, lejos de constituir errores, representan procesos sintácticos sistemáticos documentados en la lengua de uso. La inclusión del receptor, y a veces del emisor, dentro de un sintagma de tercera persona produce construcciones como «Los alumnos sois casi siempre aplicados» o «Los profesores no somos siempre justos», donde la concordancia verbal se orienta hacia la persona incluida pragmáticamente. Los sujetos colectivos en singular con complemento concuerdan ad sensum (por el sentido) con verbos en plural: «La mayoría de los gimnastas se lesionaron». En esquemas sintácticos copulativos, la concordancia puede establecerse con el atributo en lugar del sujeto: «Eso son chorradas». Los sintagmas nominales múltiples o coordinados concuerdan típicamente en plural, con variaciones en las marcas flexivas cuando tienen diferente referencia personal, frecuentemente con preferencia por la primera persona, seguida de la segunda sobre la tercera.

Un fenómeno sintáctico interesante es la pérdida de determinante en los sintagmas coordinados, que favorece la concordancia en singular: «se ruega silencio y compostura en la cola». Esta variabilidad en los patrones de concordancia refleja una tensión productiva entre principios gramaticales (concordancia formal) y principios semánticos o pragmáticos (concordancia ad sensum), siendo ambos fenómenos completamente regulares dentro de la gramática del español contemporáneo. La documentación de estas variantes en textos de prestigio y su aceptación entre los hablantes cultos las legitiman como parte del sistema lingüístico normativo.

2.3. Tipos de realización del sujeto e impersonalidad

La función sintáctica sujeto presenta tres tipos fundamentales de realización que responden a diferentes grados de manifestación formal. El sujeto explícito o forma plena, como en «Jovita llamó a Pau», aparece presente en la misma oración que el verbo y generalmente presenta un valor referencial específico, salvo en pronombres como «uno» o en construcciones de segunda persona de valor genérico como «abres los periódicos y siempre las mismas noticias». El sujeto implícito o tácito, manifestado en la persona verbal, aparece cuando el núcleo sujetivo se ha extraído a otra oración anterior, formando un sujeto elíptico o sobreentendido que mantiene habitualmente un valor referencial específico vinculado a relaciones de correferencia en el discurso previo. Un caso especial ocurre cuando no puede especificarse el referente del sujeto tácito, produciendo un sujeto no referencial que constituye un signo de impersonalidad sintáctica.

La generatividad moderna ha conceptualizado el sujeto nulo como una categoría vacía denominada «pro» (abreviatura de pronombre), que como cualquier otro sujeto recibe función semántica y marcas formales y de caso. Este análisis ha permitido la integración coherente del español dentro del grupo de lenguas de sujeto nulo, explicando fenómenos que la gramática tradicional calificaba simplemente como «signos de impersonalidad». En oraciones subordinadas con verbos no flexionados —infinitivo y gerundio— el referente del sujeto se recupera a partir de otros elementos de la oración principal mediante procesos bien definidos. El infinitivo y el gerundio concertados recuperan su referente del sujeto del verbo regente: «Jovita deseaba llamar a Pau», «Jovita disfrutaba hablando con él». El referente del sujeto del infinitivo puede también recuperarse del complemento directo del verbo regente: «Jovita invitó a Pau a comer», «Pau vio a Jovita saliendo de casa».

Las clasificaciones semánticas del sujeto proporcionan un nivel de análisis complementario que enriquece la caracterización puramente sintáctica. El sujeto agente realiza la acción verbal («Jovita escribe una carta a Pau»), mientras que el sujeto paciente constituye el receptor de la acción («Jovita fue respondida por Pau»). El sujeto causativo representa la causa de que otro agente realice la acción («Jovita construyó un chalet en Estepona») o actúa de forma indirecta mediante mandato («Jovita no lo construyó sino que lo mandó construir»). El sujeto pseudoagente ejerce una agencia indirecta: «Jovita ha arreglado el coche» cuando en realidad «lo ha llevado al taller». El sujeto experimentador es aquella entidad que experimenta un estado psicológico: «Jovita se lesionó en el gimnasio». El sujeto estativo denota una situación permanente sin cambio: «Jovita se quedó muda». Esta diversidad de funciones semánticas demuestra que la relación entre sujeto y agencia no es determinística, sino que se construye dinámicamente en función de variables semánticas y pragmáticas.

Las oraciones impersonales sin sujeto léxico constituyen un fenómeno sintáctico de considerable complejidad. Las impersonales sintácticas, que carecen genuinamente de una posición temática de sujeto, incluyen oraciones unipersonales con verbos meteorológicos («llueve mucho», «nieva habitualmente»), oraciones existenciales con verbos como «haber», «hacer», «ser», «bastar», «sobrar» («había mucha gente», «hace calor», «es tarde»), y construcciones copulativas impersonales («parece que somos pocos»). Un tipo especial de impersonal sintáctica es la construcción con el se de impersonalidad activa, donde aparece un complemento directo precedido de preposición «a» y el verbo en tercera singular: «se recibe a los padres en horario de tutoría». Las impersonales semánticas o falsas impersonales, que la tradición gramatical incluye en este grupo, incluyen pasivas con sujeto paciente, pasivas reflejas, construcciones de valor genérico con indefinidos, construcciones en tercera persona del plural con verbos de comunicación verbal y de percepción intelectual, y construcciones con oración subordinada sustantiva en función de sujeto gramatical pero en posición nocional de objeto.

III. El predicado y su estructura funcional

3.1. Definición, naturaleza y clases de predicados

El término predicado puede entenderse en dos acepciones complementarias según la perspectiva analítica adoptada. Como predicado léxico, constituye una unidad léxica que selecciona semánticamente una serie de argumentos, determinando así las restricciones sobre qué tipos de entidades pueden ocupar cada posición argumental. Como predicado sintáctico o sintagma verbal, se distingue del sujeto sintáctico en el esquema oracional, funcionando como el complemento funcional del sujeto dentro de la estructura bimembre tradicional. Esta distinción entre predicado léxico y predicado sintáctico permite una separación clara entre propiedades puramente semánticas y propiedades estructurales, facilitando un análisis más preciso de fenómenos complejos como la alternancia de diátesis y la estructura argumental.

El sintagma verbal contiene como núcleo obligatorio un verbo y sus complementos seleccionados semánticamente, aunque puede extenderse a otros complementos no argumentales denominados adjuntos o circunstanciales. El sintagma verbal puede también incorporar verbos auxiliares y marcas de negación como especificadores gramaticales. Esta estructura jerárquica permite distinguir entre un sintagma verbal reducido, formado únicamente por el verbo y sus argumentos obligatorios, y un sintagma verbal expandido, que incluye todos los complementos facultativos. Esta distinción resulta especialmente útil para determinar cuáles elementos son necesarios para la buen formación gramatical de la oración y cuáles son meramente ornamentales desde la perspectiva sintáctica.

La tradición gramatical reconoce dos clases principales de predicados. El predicado nominal se construye con verbos copulativos —específicamente «ser», «estar» y «parecer»— seguidos de un atributo que funciona como verdadero núcleo predicativo. En estos esquemas, el verbo copulativo actúa como una cópula o nexo de unión entre el sujeto y el atributo, proporcionando únicamente información de modo y tiempo, mientras que toda la carga semántica predicitiva recae en el atributo. El predicado verbal de significado pleno se construye con un verbo que conserva su significación léxica íntegra, seguido opcionalmente de complementos que precisan y completan su significación. Los verbos sin complementación presentan una predicación completa, como en «Jovita baila», donde el verbo por sí mismo expresa una acción perfectamente delimitada. Los verbos que requieren de complementos para su significación completa presentan predicación incompleta: «Jovita come kiwis» requiere del objeto directo para completar el significado verbal.

IV. Funciones semánticas, funciones sintácticas y esquemas oracionales

4.1. Papeles temáticos y funciones semánticas en el predicado

El núcleo predicativo verbal asigna a sus argumentos unas determinadas funciones semánticas, también denominadas papeles semánticos, papeles temáticos o roles semánticos, que se distinguen claramente de las funciones sintácticas. Las funciones semánticas más generalizadas en español son las siguientes. El agente constituye una entidad animada, no siempre humana, que realiza la acción manifestada por el predicado: «Jovita escribió un buen examen». La causa representa una entidad animada o inanimada que origina el proceso expresado por el predicado, siendo frecuentemente un argumento causal más que agentivo: «el ruido de los vecinos no me deja dormir». El experimentante es la entidad receptora de una experiencia psicológica denotada por el predicado: «A Jovita le gustan los cuadros de Pau». El tema constituye la entidad afectada o efectuada, objeto de moción o de locación, u objeto no afectado que experimenta el cambio o la acción: «A Jovita le gustan los cuadros de Pau».

El instrumento representa una entidad inanimada, ocasionalmente animada, que actúa como medio para la realización de la acción denotada por el predicado: «Esta grapadora no funciona bien», «Pau ha localizado a Jovita por mí». La meta designa la entidad que constituye el objetivo o destino de la actividad o movimiento, físico o psíquico, expresado por el predicado: «Jovita viaja a Caracas la próxima semana». Cuando el argumento meta tiene referente humano se denomina específicamente destinatario: «Jovita le mandó una nueva carta a Pau». El benefactivo representa una entidad, habitualmente humana, en cuyo beneficio se realiza la acción denotada por el predicado: «Pau compró un regalo para Jovita». La fuente u origen constituye la entidad, frecuentemente una ubicación, de la que origina la actividad o el proceso manifestado por el verbo: «Jovita volvió de Caracas». La locación o ubicación designa la entidad, típicamente una ubicación, en la que se sitúa algo o en la que se realiza la acción, estado o proceso expresado por el predicado: «Jovita reside en Madrid».

La identificación de funciones semánticas es imprescindible para establecer correctamente los argumentos gramaticales que se interpretan en la sintaxis. El verbo «destrozar» selecciona dos argumentos con funciones semánticas específicas: un agente y un tema, que se corresponden respectivamente con un sujeto y un complemento directo en la construcción activa: «Jovita destrozó el coche». Sin embargo, en la construcción pasiva correlativa, la estructura sintáctica se reorganiza sin alterar la asignación semántica fundamental: «El coche fue destrozado por Jovita», donde el tema asciende a la posición de sujeto y el agente se realiza como complemento agente en una posición más periférica. Esta correspondencia entre funciones semánticas y funciones sintácticas no es arbitraria, sino que responde a principios de jerarquía temática que ordenan el mapeo entre significado y forma.

4.2. Esquemas sintáctico-semánticos y valencia verbal

Las relaciones semánticas entre el predicado y sus argumentos se conciben modernamente como esquemas oracionales o moldes sintácticos relativamente independientes de los elementos léxicos específicos que los integran. En una oración cualquiera, es necesario considerar simultáneamente el significado de los elementos léxicos individuales y el significado del esquema oracional como estructura abstracta. El verbo y los otros elementos léxicos seleccionan un sentido particular que reproduce el significado del esquema sintáctico, operando una selección mutua donde el esquema sintáctico también selecciona una acepción específica del verbo y establece una relación particular de los actantes. Este proceso de selección recíproca explica fenómenos como la polisemia y la ambigüedad sintáctica, donde un mismo verbo puede aparecer en múltiples esquemas con significados ligeramente divergentes.

Para el estudio apropiado de la valencia o combinatoria de los verbos es imprescindible considerar diversos aspectos articulados jerárquicamente. La valencia cuantitativa comprende el número de actantes obligatorios y facultativos requeridos por un lexema verbal específico. La valencia sintáctica abarca las funciones sintácticas de los actantes y las categorías gramaticales que pueden realizarlos. La valencia semántica incluye las funciones semánticas específicas de cada actante y las restricciones de selección léxica que condicionan qué tipos de entidades pueden ocupar cada posición. El verbo «decir» ilustra esta multiplicidad: requiere tres actantes (alguien dice algo a alguien), donde el sujeto posee función semántica de agente con restricción de rasgo [+humano], el complemento directo es una verbalización y debe ser una proposición, y el complemento indirecto es un receptor con rasgo [+humano].

Para cada valencia cuantitativa existen múltiples configuraciones funcionales posibles, pero no todas son igualmente viables en la lengua. Ciertos esquemas constituyen la forma no marcada o canónica de configurar la estructura sintáctica para cada nivel de valencia, mientras que otros esquemas presentan marcación formal. Los verbos avalentes no seleccionan argumentos y se realizan únicamente como núcleo verbal: «llueve», «amanece». Los verbos monovalentes seleccionan un único argumento, típicamente un sujeto: «trabajar», «llegar». Los verbos bivalentes, más comunes en español, seleccionan dos argumentos en la configuración no marcada sujeto-predicado-complemento directo: «borrar», «hablar». Los verbos trivalentes requieren tres argumentos argumentales: «dar», «prometer». Cada nivel de valencia presenta esquemas alternativos marcados que realizan los mismos argumentos en diferentes configuraciones sintácticas, como en el caso de los verbos psicológicos donde el objeto experiencial ocupa posición postverbal.

4.3. Transitividad en sus dimensiones sintácticas y semánticas

La transitividad ha evolucionado desde una caracterización exclusivamente nocional hacia una consideración fundamentalmente sintáctica. Para la gramática tradicional, la transitividad era una propiedad semántica que poseían ciertos verbos que «transitaban» de un agente a un paciente, de forma que en casos como «Jovita tiene fiebre» no habría transitividad porque Jovita no es un agente y fiebre no es un paciente. La concepción moderna caracteriza la transitividad por la selección de un argumento externo que funciona como sujeto y uno o más argumentos internos complementarios. La transitividad directa se define por la selección de un complemento directo con función semántica de paciente o tema: «Jovita abofeteó a Pau». La transitividad indirecta o preposicional ocurre cuando el verbo selecciona un argumento interno realizado como sintagma preposicional denominado complemento preposicional: «Jovita confía en el perdón de Pau».

La ditransitividad o doble transitividad representa un tipo estructural intermedio donde el verbo se construye con dos argumentos internos que complementan exhaustivamente su significación. Las configuraciones ditransitivas pueden adoptar distintas formas según la naturaleza semántica de los argumentos. La ditransitividad más típica combina un complemento directo con función de tema y un complemento indirecto con función de destinatario: «Pau enseña sus rasguños a Jovita». Otra configuración ditransitiva pareja un complemento directo con función benefactiva y un complemento preposicional temático: «Jovita invitó a Pau a una cena». Una tercera variante combina un complemento directo con función de tema/objeto afectado y un argumento locativo: «Jovita guardó las cartas de Pau en su escritorio». Los verbos psicológicos como «gustar», «divertir», «asustar» presentan una estructura ditransitiva especial donde el sujeto selecciona un papel temático de tema en posición postverbal, funcionando como si fuese un argumento interno: «Me gusta Jovita». Esta reorganización argumentativa ilustra la disociación entre funciones semánticas y posiciones sintácticas.

4.4. Intransitividad: verbos inacusativos e inergativos

La noción de intransitividad, que la gramática tradicional caracterizaba simplemente como la ausencia de complemento directo, se concibe en la actualidad como una propiedad fundamental de los verbos que seleccionan un único argumento, habitualmente un sujeto. La investigación moderna ha revelado una distinción sistemática entre dos clases de intransitivos con propiedades gramaticales claramente diferenciadas. Los verbos inacusativos o ergativos seleccionan un argumento sujeto que recibe función semántica de tema en la posición postverbal de objeto, como posición prototípica no marcada: «ha llegado Jovita». Estos verbos semantizan cambios de estado, procesos no controlados por agente, o eventos de existencia sin participación agentiva. Se pueden subclasificar en verbos de cambio de estado y ubicación («caer», «florecer») y verbos de existencia y aparición («aparecer», «existir», «suceder»). Los verbos inergativos o intransitivos puros seleccionan un argumento sujeto que recibe función semántica de agente en la posición preverbal canónica: «Jovita baila muy bien». Estos verbos semantizan actividades o procesos controlados deliberadamente por la voluntad del agente, distinguiéndose semánticamente de los inacusativos por su carácter de acción voluntaria.

La distinción entre verbos inacusativos e inergativos tiene profundas implicaciones gramaticales que trascienden la mera clasificación semántica. Los verbos inacusativos se comportan como los objetos diretos en construcciones pasivas respecto a las propiedades de concordancia y a la accesibilidad para movimiento sintáctico. En cambio, los verbos inergativos se comportan sistemáticamente como sujetos de transitivos en lo que respecta a estos mismos fenómenos. Esta pauta de comportamiento ha permitido a la lingüística generativa postular que los inacusativos seleccionan argumentos internos elevados a la posición de sujeto mediante movimiento sintáctico, mientras que los inergativos seleccionan argumentos externos directamente. Las propiedades formales de esta distinción resultan especialmente visibles en construcciones complejas con participios y en fenómenos de caso gramatical marcado.

4.5. Copulatividad y esquemas semipredicativos

Los esquemas copulativos constituyen una clase sintáctica especial que se construye exclusivamente con los verbos «ser», «estar» y «parecer», que funcionan como cópulas o nexos de unión entre el sujeto y un predicado nominal. La gramática tradicional, representada por autores como Gili Gaya y la Real Academia Española, considera que el elemento nuclear en estos esquemas es el predicado nominal o atributo, mientras que el verbo copulativo posee significado puramente gramatical. Alarcos, por el contrario, mantiene que el núcleo del predicado es el verbo copulativo, aunque con significado debilitado. Esta discrepancia teórica no es meramente académica, sino que tiene implicaciones reales para la interpretación de la estructura sintagmática.

Entre las construcciones copulativas con «ser» y «estar», diversos autores han identificado una distinción de naturaleza fundamental con raíces en la semántica aspectual. El verbo «ser» aparece característicamente con atributos que expresan una propiedad conceptualizada como permanente o esencial al referente: «Jovita es química». El verbo «estar» se utiliza para expresar una propiedad concebida como transitoria o temporal: «Jovita está cansada». Cuando una propiedad es objetivamente permanente pero se ha originado mediante un cambio sufrido por la entidad designada por el sujeto, «estar» sigue siendo la opción marcada: «está muerto» (resultado de muerte anterior). En ciertos contextos, ambos verbos poseen significado pleno y uso predicativo genuino, no siendo sometidos a la gramaticalización característica de las cópulas: «la fiesta es a las ocho» (identifica hora), «estuvo en el parque todo el día» (localización temporal).

Existe una clase de estructuras fronterizas denominadas esquemas semipredicativos o semiatributivos, que se construyen con un complemento predicativo diferente del atributo tradicional. En estos esquemas, verbos de significado pleno como «resultar» aparecen con adjetivos que funcionan parcialmente como predicados secundarios: «la fiesta resultó entretenida». La naturaleza híbrida de estas construcciones explica por qué los análisis pueden variar según se enfatice el componente verbal o el componente atributivo. Estos esquemas semipredicativos resultan especialmente importantes para comprender la graduación entre estructuras copulativas puras y estructuras transitivas con predicativos, revelando que la categoría de cópula no constituye una clase discreta sino un continuum funcional.

4.6. Esquemas pronominales reflexivos y recíprocos

En español existen esquemas sintácticos pronominales característicos que cuentan con un pronombre átono correferente con el sujeto, denominado pronombre reflejo: «me», «te», «se», «nos», «os». En los esquemas pronominales transitivos reflexivos como «Pau se lava», el sujeto realiza una acción que recae sobre la misma persona que designa. La correferencia obligatoria entre el sujeto y el complemento directo se marca con la aparición del pronombre reflejo correspondiente. Estas construcciones se denominan oraciones reflexivas directas. Cuando el pronombre correferente funciona como complemento indirecto, la reflexiva es indirecta: «Pau se lava las manos», donde la correferencia entre sujeto y complemento indirecto marca la estructura reflexiva.

Un tipo especial de esquemas pronominales transitivos son las construcciones recíprocas, que requieren un sujeto plural o múltiple donde los participantes realizan la acción mutuamente: «Jovita y Pau se odian». Las recíprocas pueden presentar dos variantes estructurales: la directa, donde el pronombre funciona como complemento directo («Pau se acaricia» cuando está con otro), y la indirecta, donde el pronombre funciona como complemento indirecto: «Jovita y Pau se acarician las manos». La interpretación recíproca requiere no solo de la correferencia pronominal sino también de la condición semántica de pluralidad del sujeto, lo que explica por qué construcciones pronominales similares pueden tener interpretaciones radicalmente diferentes según el número del sujeto.

El pronombre correferente con el sujeto puede también aparecer en esquemas pronominales intransitivos: «Pau se arrepintió de lo que había hecho». En estos casos, el pronombre no desempeña una función sintáctica tradicional, sino que marca gramaticalmente la intransitividad de la construcción. El pronombre intranzitivo ayuda además al verbo a mantener su significado léxico y su comportamiento sintáctico, constituyendo los denominados verbos pronominales, que se conjugan siempre obligatoriamente con un pronombre átono correferente. Algunos verbos pronominales intransitivos lo son de forma obligatoria, sin posibilidad de uso no pronominal: «arrepentirse», «quejarse», «atreverse». Otros verbos pueden aparecer tanto en variante pronominal como no pronominal con diferencias semánticas importantes: «levantar» versus «levantarse», «ir» versus «irse», donde la forma pronominal frecuentemente añade una dimensión aspectual de completud o reflexividad.

V. Complementos del verbo: argumentales y no argumentales

5.1. Conceptualización y diferenciación de complementos argumentales versus no argumentales

Dentro del sintagma verbal se distingue una dicotomía fundamental entre complementos argumentales y complementos no argumentales, que trasciende la mera descripción formal para penetrar en las propiedades semánticas y distribucionales de cada tipo. Los complementos argumentales tienden hacia la obligatoriedad, al ser seleccionados específicamente en función del contenido léxico-semántico del verbo que los rige. Su elisión suele provocar la agramaticalidad de la construcción oracional, o al menos produce una oración semánticamente incompleta cuya interpretación queda comprometida. En cambio, los complementos no argumentales o adjuntos son prescindibles por definición, al no ser seleccionados por el significado del verbo. Su presencia o ausencia no altera la viabilidad gramatical de la oración, aunque pueda enriquecer informacionalmente la predicación.

Este contraste puede ilustrarse con la oración: «Jovita dio una carta a Pau en un sobre rojo por la noche en su casa». Los complementos argumentales son el complemento directo «una carta» y el complemento indirecto «a Pau», ambos seleccionados por la estructura temática del verbo «dar». El complemento modal «en un sobre rojo», el temporal «por la noche» y el locativo «en su casa» constituyen complementos adjuntos no argumentales. La supresión de los argumentales produce oraciones anómalas (*»Jovita dio»), mientras que la supresión de los adjuntos mantiene la oración gramaticalmente íntegra («Jovita dio una carta a Pau»). Esta distinción refleja una propiedad fundamental: los complementos argumentales constituyen parte de la estructura sintáctica mínima que satisface las exigencias combinatorias del predicado, mientras que los adjuntos son capas adicionales que proporcionan información circunstancial.

En la sintaxis de los modelos constitutivos-funcionales, la distinción entre argumentos y adjuntos puede expresarse mediante un nivel adicional de análisis que revela la estructura jerárquica subyacente. En esta perspectiva, la oración contiene un núcleo formado por el predicado y los argumentos directamente dependientes, rodeado por una periferia compuesta por los adjuntos. Esta organización multinivel permite observar relaciones directas y explícitas entre los actantes y el predicado, separadas de las modificaciones más periféricas. Diversos estudios han demostrado que esta división jerárquica tiene correlatos en el procesamiento psicolingüístico y refleja propiedades fundamentales de cómo los hablantes organizan la información sintáctica durante la comprensión y producción del lenguaje.

5.2. El complemento directo: propiedades, identificación y funciones semánticas

El complemento directo ocupa la posición sintáctica del argumento interno de mayor cohesión con el verbo, siendo considerado el argumento interno por antonomasia. Denominado también objeto directo en la terminología tradicional o implemento en la nomenclatura alarquiana, el complemento directo se concibe como una entidad —persona, animal o cosa— que resulta modificada o afectada por la acción del verbo. Esta entidad precisa y completa la significación del verbo, llegando a formar con él una unidad sintáctica y semántica indisociable. Los rasgos de identificación formal del complemento directo constituyen un conjunto robusto de criterios que permiten una identificación prácticamente inequívoca en la mayoría de contextos.

El criterio más fiable de identificación es la capacidad de recuperación contextual mediante un pronombre clítico de acusativo con congruencia de género y número: «lo», «la», «los», «las». Cuando el complemento directo se omite informacionalmente, puede ser recuperado por estos clíticos sin necesidad de la forma léxica completa. La presencia explícita del clítico acusativo excluye típicamente la aparición del complemento léxico en posición postverbal, aunque en construcciones de dislocación a la izquierda donde el complemento directo ocupa la posición de tema o tópico, se produce obligatoriamente la duplicación o copresencia del clítico: «Los libros los entregó hace una semana». Un fenómeno notable es el leísmo, donde la sustitución pronominal por los clíticos dativo «le» o «les» genera construcciones consideradas no estándar en la norma castellana estricta, aunque ampliamente generalizadas en muchas regiones: «Jovita vio a Pau» / «Jovita le vio» (leísmo de objeto personal animado).

El complemento directo puede ir precedido de la preposición «a» bajo condiciones semánticas y pragmáticas específicas. La preposición «a» marca característicamente un complemento directo con referente animado, determinado e individualizado, con una tendencia clara a asociarse a sujetos que presentan función semántica de agente: «Jovita vio a Pau en la calle». En ciertos contextos, la preposición actúa simplemente como marca de discriminación y diferenciación visual entre el sujeto y el complemento directo: «La simpatía supera a la descortesía». Desde una perspectiva semántica, el complemento directo puede recibir diversas funciones temáticas: paciente («Jovita abroncó a Pau»), tema («Pau tiene un problema»), objeto efectuado («Jovita pintó un bodegón») u objeto afectado («Jovita rompió las cartas de Pau»). Estas variedades semánticas ilustran que la función sintáctica de complemento directo es compatible con múltiples funciones temáticas.

Las categorías gramaticales que pueden realizar la función de complemento directo son extraordinariamente diversas. Las realizaciones más típicas son sintagmas nominales precedidos o no de determinante artículo. Pronombres de todas las clases pueden funcionar como complemento directo. Infinitivos y oraciones subordinadas sustantivas introducidas por la conjunción «que» o por pronombres interrogativos pueden ocupar la función de complemento directo: «Jovita lamentó que Pau no se disculpara», «No sabes cuánto me pagaron». Como fenómeno periférico pero bien documentado, ciertos sintagmas adverbiales en función de complemento cuantitativo o argumento intermedio con verbos como «medir», «pesar», «durar», «costar», «valer» ocupan la función sintáctica de complemento directo: «Jovita mide casi uno setenta». Un rasgo distinctive fundamental del complemento directo es que puede funcionar como sujeto gramatical en la transformación a voz pasiva: «Jovita transmitirá la decisión pronto» > «La decisión será transmitida pronto por Jovita». No obstante, esta capacidad de pasivización no es universal; ciertos verbos con complemento directo no admiten esta conversión pasiva: «Jovita tiene un problema» > «*Un problema es tenido por Jovita».

5.3. El complemento indirecto: caracterización, funciones y límites

El complemento indirecto constituye un argumento verbal que presenta características estructurales y distribucionales claramente diferenciadas respecto a otros complementos. Denominado objeto indirecto en la nomenclatura tradicional y simplemente complemento en la clasificación alarquiana, el complemento indirecto modifica indirectamente al verbo y directamente al sintagma verbal completo formado por el verbo y el complemento directo: «Jovita dio un beso a Pau». En construcciones sin complemento directo, ciertos complementos indirectos modifican directamente al verbo sin mediación de un argumento interno: «A Jovita le molestan las bromas de Pau». El complemento indirecto se introduce típicamente mediante el índice preposicional «a», que es la marca más característica de esta función, aunque con variantes en contextos especiales.

El complemento indirecto posee la capacidad de pronominalizarse mediante los clíticos dativo «le» y «les». Además, acepta las formas pronominales que presentan sincretismo entre casos dativo y acusativo: «me», «te», «se», «nos», «os». Una característica sintáctica importante es la posibilidad de la duplicación clítico-forma plena, donde aparecen simultáneamente tanto el clítico dativo como el sintagma preposicional completo: «Le dije a Pau que se fuera». En esta construcción, el sintagma preposicional suele ser prescindible desde una perspectiva meramente sintáctica, aunque semánticamente puede aportar énfasis o clarificación referencial. Semánticamente, el complemento indirecto presenta características restrictivas: típicamente exhibe el rasgo [+animado], generalmente [+humano], y recibe funciones semánticas específicas como destinatario o beneficiario. El complemento indirecto refiere a nociones semánticas bien definidas: afección (cambio de estado del beneficiario), posesión, interés personal y dirección de movimiento o intención.

Dentro de los complementos indirectos se distinguen formas argumentales, seleccionadas obligatoriamente por el verbo, y formas no argumentales, añadidas al núcleo predicativo. Los complementos indirectos argumentales expresan la meta u origen con verbos de transferencia, comunicación e influencia: «entregar», «decir», «vender». Expresan el beneficio o perjuicio en dativo benefactivo: «Le escribí un ejercicio a mi hijo». Marcan la posesión en dativo posesivo: «Le rompí las cartas a Pau», aunque algunos autores lo consideran no argumental. Expresan la experiencia en dativo experimentante con verbos pseudoimpersonales: «agradar», «alegrar», «gustar». Indican suficiencia e insuficiencia en dativos de suficiencia: «bastar», «convenir», «importar», «incumbir», «urgir». Los complementos indirectos no argumentales pueden ser dativos aspectuales asociados a eventos télicos: «Jovita se leyó todo el periódico», o dativos éticos que expresan interés personal en la acción: «Jovita me lo leyó entero».

Existen complementos que pueden superficialmente parecer complementos indirectos sin serlo realmente. Los complementos no argumentales introducidos por la preposición «para», aunque acepten en algunos contextos la pronominalización dativa, funcionan estructuralmente de forma diferente: «Jovita solicitó una habitación para Pau» vs. «Jovita le solicitó una habitación al director del hotel para Pau», donde «le» refiere al director, no a Pau. Los complementos de persona introducidos por la preposición «de», conmutables por clíticos dativos, tampoco constituyen complementos indirectos genuinos: «escaparse de alguien» > «se le escapó». Tampoco son complementos indirectos los complementos proposicionales que expresan finalidad: «Jovita escribió una carta de despedida para que la lea Pau». El uso de pronombres de acusativo «la», «las», «lo», «los» en lugar de dativo constituye los fenómenos vulgares de laísmo («*Jovita la contó a su amiga su relación con Pau») y loísmo («*A Pau lo han dicho que no hable con Jovita»), considerados desviaciones de la norma estándar.

5.4. El complemento preposicional: naturaleza, caracterización y subtipos

El complemento preposicional constituye un argumento verbal introducido obligatoriamente por una preposición específica, que ocupa una posición estructural semejante al complemento directo y precisa necesariamente la referencia léxica del núcleo verbal. La gramática tradicional lo subsumía como una subclase del complemento directo bajo la denominación complemento de régimen preposicional o verbal. Alarcos estableció una importante innovación al separar el complemento preposicional del complemento circunstancial más general, etiquetándolo como suplemento. Posteriores refinamientos en la propuesta alarquiana han resultado en las denominaciones de objeto preposicional y en la actual nomenclatura de complemento preposicional, marcando así su carácter fundamental de argumento seleccionado.

El complemento preposicional presenta una serie de características formales distintivas que lo separan nítidamente de otros complementos. A diferencia del complemento directo, no admite pronominalización mediante clíticos de acusativo, sino que requiere sustitución por un sintagma formado por la preposición y un pronombre tónico: «Jovita estaba hablando de Pau» > «Jovita estaba hablando de él». El complemento preposicional tiende a ser obligatorio en la estructura oracional; su supresión puede llevar a agramaticalidad o alteración dramática del significado. Suele aparecer pospuesto al núcleo verbal, aunque en construcciones interrogativas o en tópicos puede anteponerse. El complemento preposicional se caracteriza por la rección preposicional ejercida por el verbo: cada verbo que selecciona un complemento preposicional requiere una preposición específica («creer en», «pensar en», «discutir de»), no permitiendo sustituciones preposicionales sin cambios de significado. El complemento preposicional puede realizarse mediante sustantivos, pronombres, nominalizaciones, infinitivos u oraciones subordinadas sustantivas.

La tipología de complementos preposicionales, según la propuesta de Alarcos refinada por Rodríguez Espiñeira y López Meirama, incluye varios subtipos. El complemento preposicional propio o directo constituye el más altamente gramaticalizado, con preposición fijada normativamente y gran cercanía al complemento directo sin poder coincidir con él: «hablaban de música». El complemento preposicional indirecto se construye obligatoriamente junto a un complemento directo: verbos como «alternar», «decir», «juntar» requieren ambos complementos. El complemento preposicional locativo o inherente, conmutable por adverbio o que realiza el locativo abstracto mediante pronombre tónico, expresa ubicación espacial o abstracta: «Los celtas habitaban en castros». El complemento preposicional concordado o de carácter atributivo posee una naturaleza híbrida, particularmente entre complemento preposicional y atributo, demostrando concordancia de género y número: «Pau estuvo de médico en Caracas», «El muchacho pasaba por tonto».

Debido a que el complemento preposicional se realiza típicamente como sintagma preposicional o sintagma adverbial, ciertos gramáticos han propuesto subdividir los complementos preposicionales en dos subfunciones diferenciadas. El suplemento (denominación de Alarcos 1968 y posteriores referencias) constituye aquello donde el término de la preposición es conmutable por un pronombre tónico, con el sentido de la preposición fuertemente orientado por la relación argumental con el verbo: «pensaba en Jovita» > «pensaba en ella». El complemento adverbial, según la propuesta de Rojo, constituye un constituyente valencial conmutable por adverbio o sintagma adverbial, donde el sentido de la preposición está débilmente orientado por la relación adverbial con el predicado: «Residen en Vigo» > «residen aquí». Esta distinción refleja grados diferentes de integración del complemento preposicional en la estructura temática del verbo.

5.5. Complementos circunstanciales: adjuntos y funciones semánticas

Los complementos circunstanciales, denominados aditamentos en la nomenclatura alarquiana, constituyen complementos adjuntos o no argumentales que permiten encuadrar las circunstancias contextuales en las que se desarrolla la acción, estado o proceso expresado por el verbo. Su carácter constitutivamente opcional no implica, sin embargo, que puedan aparecer indiscriminadamente en cualquier contexto verbal. Existen restricciones formales y semánticas bien definidas que condicionan la aparición de cada tipo específico de complemento circunstancial. Los verbos de naturaleza estadía o estativa como «saber» tienden a excluir los complementos circunstanciales de manera (¿»Jovita sabe química muy alegremente»?). Algunos complementos circunstanciales de modo, lugar o tiempo son selectivamente determinados por ciertos verbos: «vestir» y «tratar» seleccionan complementos modales específicos («vestir elegantemente», «tratar con discreción»), mientras que «colocar» requiere un complemento locativo («colocar en la mesa») y «durar» selecciona complementos temporales («durar toda la mañana»).

Los complementos circunstanciales tienden a ocupar posiciones periféricas en el sintagma verbal, alejados del núcleo verbal y los argumentos. Presentan una diversidad considerable de funciones semánticas que varían en su grado de integración con la predicación. La función de manera describe cómo se realiza la acción: «Jovita corre lentamente». El complemento instrumental especifica el medio o herramienta mediante el cual se realiza la acción: «Jovita escribe con pluma estilográfica». La función de compañía indica quién acompaña al agente: «Jovita llegó con su hermano». La función de finalidad o propósito expresa la meta intencional de la acción: «Jovita estudió para el examen». La función de causa establece la razón o causa de la acción: «Jovita se alegró por la noticia». La función de lugar sitúa espacialmente la realización de la acción: «Jovita trabajó en la biblioteca». La función de tiempo sitúa temporalmente la acción: «Jovita llegó ayer por la tarde». Algunos autores incluyen funciones adicionales como materia («Jovita pintó su cuadro con óleo») e inclinación u oposición («Jovita peleó por su intimidad»).

Categorialmente, los complementos circunstanciales pueden realizarse mediante sintagmas preposicionales, sintagmas adverbiales, sintagmas nominales o oraciones subordinadas adverbiales. Muchos complementos circunstanciales son sustituibles por adverbios que expresan la misma función semántica: «Jovita corre con alegría» / «Jovita corre alegremente». Esta sustituibilidad no es universal; algunos complementos circunstanciales no admiten equivalentes adverbiales. Una característica importante de los complementos circunstanciales es su potencial multiplicidad: una misma oración puede contener simultáneamente varios complementos circunstanciales sin que se produzca agramaticalidad: «Jovita va todos los días con sus amigos al gimnasio» (frecuencia temporal, compañía, destino locativo). Esta capacidad de acumulación refleja que los complementos circunstanciales funcionan como capas añadidas a la estructura predicativa central.

5.6. Atributos y complementos predicativos: predicación secundaria

La función de atributo constituye una función sintáctica específica relacionada estructuralmente con los predicados nominales que presentan un verbo copulativo semánticamente vacío. Esta función se caracteriza por una serie de propiedades formales y semánticas que la distinguen de otros complementos. El atributo, como parte del núcleo mismo del predicado nominal, selecciona activamente los rasgos semánticos del sujeto, de forma que el adjetivo «pensativa» funcionando como atributo exige que el sujeto refiera necesariamente a un ser humano capaz de estados mentales: «Jovita está pensativa». Categorialmente, el atributo puede realizarse como sintagma adjetival, adverbio de modo, sintagma preposicional, sintagma nominal e incluso como oración subordinada subordinada: «Jovita es química», «Jovita es así», «Pau parece de Barcelona», «Pau parece el profesor de baile», «Jovita está que rabia». El atributo realizado mediante adjetivo o sustantivo concuerda obligatoriamente con el sujeto en género y número: «La casa de Pau es hermosa», donde «hermosa» concuerda con el sujeto femenino singular «casa».

Los verbos atributivos o copulativos que pueden seleccionar un atributo incluyen «ser», «estar», «parecer» y «semejar» según la formulación tradicional, aunque la gramática generativa y funcional amplía esta clase a pseudocopulativos como «quedar», «resultar», «seguir», «hallarse», «ponerse», que funcionan en esquemas semipredicativos. Cuando el contenido léxico del atributo es ya conocido del contexto, el atributo puede adoptar la forma del pronombre átono neutro de tercera persona «lo»: «Jovita es guapa» > «Jovita lo es». Esta sustitución es posible con «ser», «estar» y «parecer», pero no con los verbos pseudocopulativos: «Jovita se volvió arisca» / «*Jovita se lo volvió». Con el verbo «ser», se construyen construcciones ecuativas que igualan las referencias del sujeto y el atributo: «Pau es el profesor de baile» / «El profesor de baile es Pau». Estos esquemas ecuativos exhiben una propiedad especial: la intercambiabilidad de sujeto y atributo sin alterar la verdad semántica de la proposición.

El complemento predicativo expresa una cualidad o estado que se predica secundariamente del sujeto o del objeto directo en relación al evento manifestado por el verbo principal: «Jovita bailaba satisfecha», «La nombraron solista». Esta estructura bifuncional implica que el complemento predicativo modifica simultáneamente a uno de estos dos elementos nominales y también al verbo, proporcionando información tanto sobre el participante como sobre las circunstancias del evento. Aunque como el atributo asigna cualidades a un sustantivo y concuerda con él, el complemento predicativo acompaña típicamente a verbos de significación léxica plena, no a cópulas semánticamente debilitadas. El complemento predicativo puede ser argumental, seleccionado por el verbo: «la nombraron delegada», o no argumental, añadido opcionalemente: «el café lo tomo frío». Los predicativos no seleccionados léxicamente se clasifican como descriptivos, expresando propiedades transitorias: «Jovita bailó desganada». Los predicativos pseudoresultativos están orientados hacia el desenlace resultativo de la acción: «Pau quiere pintar el coche malva».

Los predicativos seleccionados léxicamente aparecen en construcciones transitivas complejas o cláusulas mínimas con verbos epistémicos, volitivos y de orientación prospectiva: «Noté a Jovita muy deprimida», donde la cláusula mínima es «a Jovita muy deprimida». Aparecen también en cláusulas con verbos causativos: «Jovita, con aquella carta, hizo a Pau un desgraciado». Funcionan en cláusulas con verbos soporte o de apoyo: «La toman por tonta». Y se construyen con verbos pseudocopulativos como «hallarse», «encontrarse», «permanecer», «andar», «ir», «continuar», «quedar», «seguir»: «Jovita anda disgustada». Los complementos predicativos están sometidos a restricciones semántico-aspectuales importantes: los verbos estativos no admiten predicativos (*»Jovita sabe química muy alegre»). Los verbos de evento (actividad, realización y logro) solamente admiten predicados descriptivos, no resultativos: «Jovita acabó el baile satisfecha». Categorialmente, el predicativo puede realizarse como sintagma adjetival, sintagma nominal, sintagma preposicional, sintagma adverbial, gerundio, infinitivo o participio: «Jovita respondió nerviosa», «la considero mi única amiga», «la vi con mal gesto», «esa luz me gusta allí», «vi a Jovita saliendo del banco».

5.7. El complemento agente en construcciones pasivas

El complemento agente constituye un complemento especial que aparece característicamente en las construcciones pasivas, designando la entidad que realiza la acción del verbo. A pesar de su carácter claramente actancial, la tradición gramatical ha experimentado persistentes dificultades para asignar apropiadamente el complemento agente dentro de sus esquemas clasificatorios. Alarcos, coherente con su negación de la existencia de una voz pasiva genuina en español, analizaba el complemento agente como un sintagma preposicional integrante de un atributo complejo, enfoque que refleja su rechazo a la dicotomía activa-pasiva. El complemento agente típicamente aparece introducido por la preposición «por» como marca preposicional no marcada: «Pau fue convencido por Jovita». Sin embargo, es habitual también la construcción con la preposición «de» en esquemas estativos resultantes de estados permanentes: «aborrecido de todos». Esta variación preposicional refleja características aspectuales: «por» introduce agentes en procesos o eventos, mientras que «de» aparece en estados o cualidades.

El complemento agente en la construcción pasiva representa formalmente la reorganización de la estructura argumental del verbo activo. En la oración activa «Jovita construyó la casa», el verbo «construir» selecciona dos argumentos: un agente (sujeto) y un tema (complemento directo). En la correspondiente pasiva «La casa fue construida por Jovita», se produce una reestructuración donde el tema se promueve a la posición de sujeto y el agente se traslada a una posición más periférica introducido por preposición. Esta reorganización refleja que la pasiva no constituye una mera permutación de elementos, sino una restructuración profunda de la jerarquía argumental. El complemento agente puede, en ciertos contextos, ser omitido completamente de la construcción pasiva: «La casa fue construida en 1950», donde la información agentiva se considera extraída del contexto o pragmáticamente irrelevante.


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    Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Lengua y Literatura actualmente JUBILADO.
    Mí último destino fue la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevaba más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho fui asesor en varios centros del profesorado y me dediqué, entre otras cosas, a la formación de docentes; trabajé durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante estuve en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.

    Ahora, desde este retiro, soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo materiales útiles para el área de Lengua castellana y Literatura. ¡Disfrútala!

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