Expresión del tiempo, el espacio y el modo.

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By Víctor Villoria

Expresión del tiempo, el espacio y el modo

I. Elementos lingüísticos para la expresión del tiempo

1.1. La temporalidad en el verbo

La expresión lingüística del tiempo constituye un sistema complejo que trasciende la mera categoría verbal, integrando múltiples niveles de análisis gramatical con implicaciones semánticas y pragmáticas profundas. Según García Fernández (1999), el estudio de la temporalidad se sustenta en cuatro ámbitos fundamentales que interactúan de manera sistemática: el tiempo gramatical, el aspecto gramatical, el aspecto léxico y los complementos adverbiales temporales. Esta sistematización permite establecer distinciones cruciales entre el tiempo físico, un continuo uniforme externo al ser humano, y el tiempo lingüístico, categoría deíctica que localiza los eventos en relación con el momento de enunciación establecido como punto cero. Benveniste (1965) estableció la distinción seminal entre tiempo cronológico, regulado por relaciones de simultaneidad y sucesión, y tiempo lingüístico, basado en aquél pero con entidad propia en la organización discursiva. Esta diferenciación resulta fundamental para comprender cómo se organizan las referencias temporales en la lengua, permitiendo que los hablantes sitúen cualquier evento dentro de un marco temporal relativo.

El tiempo lingüístico opera mediante un mecanismo deíctico esencial que constituye la base de toda orientación temporal: toma como punto cero o centro deíctico el momento de la enunciación, permitiendo situar cualquier evento con respecto a esa referencia móvil que varía según el acto comunicativo específico. Esta orientación respecto al origen constituye el rasgo fundamental del sistema temporal español. Las referencias pueden ser de anterioridad (salieron ayer de México), de simultaneidad (están hoy en Oaxaca) o de posterioridad (llegarán a Tijuana mañana), conformando así la estructura de los tres tiempos absolutos clásicos: pasado, presente y futuro. Sin embargo, Rojo y Veiga (1999) proponen una reformulación teórica que considera las relaciones temporales primarias mediante vectores, donde -V representa anterioridad, oV simultaneidad y +V posterioridad, permitiendo establecer conexiones entre formas verbales que mantienen la misma relación respecto al origen del discurso. Este sistema vectorial permite visualizar de manera clara las relaciones entre formas como canto, cantaba, cantaría que mantienen ambigüedades dentro de sistemas tradicionales.

Las relaciones temporales más complejas describen situaciones que mantienen a su vez relaciones de anterioridad, simultaneidad o posterioridad con un punto de referencia secundario que se posiciona de manera diferente respecto al origen. Esta configuración genera los denominados tiempos relativos, característica distintiva de todos los tiempos compuestos, del pretérito imperfecto y del condicional. El caso de «Me comunicaron que llegarían a Tijuana el día siguiente» ilustra perfectamente esta complejidad: comunicaron establece anterioridad respecto del origen, mientras que llegarían marca posterioridad relativa a esa referencia anterior. La correlación temporal o consecutio tempore, estudiada intensamente desde la gramática latina hasta los trabajos modernos de Rojo y Veiga, establece los mecanismos de conexión entre relaciones temporales de eventos diferentes, permitiendo enunciaciones coherentes donde el verbo principal sitúa el punto referencial para las proposiciones subordinadas. Este sistema garantiza que expresiones como «El hombre del tiempo informó que se aproxima un tornado» resulten gramaticales aunque aproxima no concuerde formalmente con informó.

La importancia de comprender la temporalidad en el verbo radica en que permite al hablante situar eventos dentro de contextos precisos, estableciendo relaciones cronológicas que trascienden el mero registro factual. Los sistemas temporales de las lenguas naturales reflejan cómo los hablantes conceptualizan la realidad temporal, organizando eventos según relaciones abstractas que van más allá de la sucesión lineal. La capacidad de expresar tiempos relativos permite al español crear narrativas complejas donde se entrecruzan múltiples perspectivas temporales, facilitando la expresión de pensamientos, deseos, hipótesis y referencias históricas con precisión notable. En textos narrativos, la interacción de tiempos absolutos y relativos genera efectos estilísticos específicos que permiten al escritor crear suspense, ironía y efectos retroactivos de significado.

1.2. Los complementos adverbiales temporales

Los complementos adverbiales (CCAA) temporales constituyen un conjunto heterogéneo de unidades que especifican el tiempo y aspecto manifestados morfológicamente en el verbo, funcionando típicamente como CCIR o adjuntos que precisan la información temporal de manera esencial. García Fernández (1999) propone una clasificación exhaustiva de estos complementos según tres criterios convergentes que operan simultáneamente en la lengua. El primer criterio atiende a la relación con la división cultural del tiempo, examinando cómo una cultura específica establece la medida y segmentación temporal, distinguiendo unidades de medida (año, mes, semana, hora) de unidades de calendario, tanto absolutas (acontecimiento histórico) como cíclicas (festividades periódicas, efemérides). El segundo criterio reconoce el vínculo complejo entre complementos temporales y aspectos léxico y gramatical: durativos frente a delimitativos, de marco intervalo frente a de punto. El tercer criterio vincula la manera en que el tiempo gramatical sitúa eventos con la precisión localizadora de los complementos, diferenciando deícticos de anafóricos según su funcionamiento referencial.

La expresión de la temporalidad no se restringe exclusivamente a adverbios simples o locuciones adverbiales, sino que comprende sustantivos precedidos de preposición, unidades sustantivadas y construcciones sintácticas de considerable complejidad estructural. Las preposiciones aportan matices significativos que facilitan el funcionamiento temporal de estas unidades nominales de modo fundamental. La preposición a, por ejemplo, aporta un matiz de puntualidad específica en Te recogerán a las cuatro, marcando exactitud horaria inequívoca. Cuando los sustantivos refieren períodos del día se acompañan de preposiciones a, por y de con interpretaciones específicas: por la tarde denota aproximación temporal, de madrugada especifica período madrugador. Las preposiciones en, durante y por añaden matices durativos claramente diferenciados, especialmente en construcciones temporales futuras: vendrán en agosto señala duración imprecisa, durante esta semana marca límites precisos. Ciertas preposiciones incorporan matices aspectuales o directivos adicionales: aproximación (por, hacia, sobre), posterioridad (para, tras), duración (cuando, mientras). Esta combinación sintagmática realiza funcionalmente la labor de complemento circunstancial de tiempo con versatilidad expresiva considerable.

Los sustantivos de significación temporal presentan la particularidad de poder funcionar como CCIR sin necesidad de mediación preposicional, especialmente aquellos que indican tiempo cronológico con cuantificación precisa (segundo, minuto, hora, día, semana, mes) o imprecisa (tiempo, temporada, momento, rato, instante, vez). Los sustantivos de cuantificación precisa requieren típicamente determinantes que especifiquen referencia (He salido este lunes), mientras que los de cuantificación imprecisa exhiben comportamiento variable. La construcción con verbo hacer en tercera persona de singular seguida de sustantivo temporal constituye un mecanismo especial de considerable importancia: yo leí ese libro hace dos años. Como señala Martínez García (1996), en estas estructuras hace no se comporta como verbo transitivo normal, ya que el sustantivo no puede integrarse mediante clítico correspondiente (*desde los hace versus *desde lo hace). Esta construcción temporal impersonal representa una cristalización particular del funcionamiento gramatical del tiempo, funcionando como medio para expresar duración retrospectiva con referencia al momento de enunciación.

1.2.1. Los adverbios temporales

La clasificación de los adverbios temporales constituye un aspecto esencial para comprender la estructura aspectual completa del español contemporáneo. Marcos Marín, Satorre y Viejo (1998) distinguen cuatro tipos fundamentales según su función como CCIR de manera organizada y sistemática. Los adverbios de identificación u orientación temporal (hoy, mañana, ayer, anteayer, entonces, ahora, siempre, nunca) sitúan el proceso verbal respecto al pasado, presente o futuro, funcionando independientemente de la coincidencia temporal entre adverbio y forma verbal: Hoy actuaban en Girona expresa paradoja temporal donde el presente del adverbio contrasta con el imperfecto del verbo. Los de matiz temporal (ya, aún, todavía) añaden marcas de fase o aspecto al evento, especializándose en límites temporales. Los de situación temporal (pronto, tarde, temprano) especifican el momento relativo de realización del evento respecto a un parámetro. Los de ordenación temporal (cuando, cuándo) funcionan como operadores de secuenciación. Kovacci (1999) denomina deícticos a los primeros, que consiguen su significado total dentro del contexto enunciativo específico: ayer significa ‘el día anterior al acto de habla’, mientras que entonces requiere situación determinada para su interpretación adecuada.

Entre los adverbios de identificación existen subgrupos diferenciados por su capacidad deíctica y su orientación básica. Los orientados hacia el pasado (ayer, anteayer, anteanoche, antaño) contrastan nítidamente con los orientados hacia el presente (hoy, hogaño) y el futuro (mañana, pasado mañana). Ahora y entonces merecen mención especial por su versatilidad funcional: el primero se orienta al momento comunicativo mismo en contextos presentes (han entrado ahora), mientras que entonces se aleja del acto enunciativo hacia el pasado (entonces vino a casa) o hacia el futuro (entonces será tarde). Algunos adverbios temporales añaden matices modales o aspectuales a su significación temporal base: simultáneamente implica modalidad de tipo sincrónico, súbitamente aspectualidad de comienzo súbito. García Fernández (1999) denomina a estos elementos adverbios de fase, porque denotan fases anteriores, afirmadas o posibles posteriores, como demuestran ejemplos como Los opositores todavía no han empezado el examen, donde todavía marca fase anterior a la realización. Martínez García (1996) prefiere etiquetarlos como adverbios aspectuales por su relación con el aspecto.

1.2.2. Proposiciones subordinadas temporales

Las proposiciones subordinadas temporales establecen relaciones específicas entre el evento de la oración principal y el de la subordinada, configurando un sistema de expresión temporal de gran riqueza expresiva. Las relaciones posibles son tres fundamentales: simultaneidad (Pau salió cuando yo estaba en la terraza), anterioridad (Pau se fue antes de que saliera Jovita) y posterioridad (Pau le escribió una carta después de la discusión). Además de estas relaciones fundamentales, pueden expresar valores matizados de considerable complejidad: sucesión inmediata (Se quita la corbata en cuanto sale de trabajar), reiteración (Dejaba las latas en el suelo según las iban trayendo), distribución (Se me cansan los ojos cada vez que leo por la noche) y duración compleja (Compraba más casas a medida que las iba vendiendo). La heterogeneidad de valores posibles explica la multiplicidad de subordinadores temporales: adverbios (cuando, mientras), conjunciones, locuciones conjuntivas (una vez que, en cuanto, tan pronto como, no bien). El adverbio mientras presenta la particularidad de actuar con autonomía sintáctica: Mientras tú trabajas, yo voy al río frente a Mientras, yo voy al río, donde actúa como incidental.

La selección modal en subordinadas temporales responde a principios bien definidos que determinan las formas verbales permitidas. Las introducidas por cuando, en cuanto, una vez que exigen subjuntivo cuando se realizan menciones inespecíficas y cuando el hablante no se compromete con la existencia de lo mencionado (Iré cuando dices/Iré cuando digas). Incluso aparece subjuntivo si referencias aluden al pasado o presente: Aquel escritor, cuando lo entrevistaban/entrevistasen, no respondía con corrección. Si las adverbiales refieren acciones futuras o posteriores a un pasado que se establece como referencia temporal, también llevan subjuntivo obligatoriamente: Ven en cuanto comas/Aseguró que vendría apenas terminara la obra de teatro. Sintácticamente, estas subordinadas funcionan como CCIR de predicado, situando en la línea temporal el predicado principal respecto al subordinado (Le escribí un mail en cuanto supe la noticia), aunque pueden modificar también a la oración completa como subordinadas de oración, con mayor independencia sintáctica (Estaba hablando con Jovita cuando de repente apareció Pau acompañado de Victoria). Las proposiciones subordinadas temporales que complementan a la totalidad de la oración se presentan entre pausas, iniciando, concluyendo o insertándose sin dependencia fuerte del núcleo verbal.

II. Elementos lingüísticos para la expresión del espacio

2.1. Los adverbios de lugar y los sintagmas adverbiales locativos

Los elementos lingüísticos que sitúan un determinado proceso verbal en el espacio se denominan construcciones locativas, integrando un subsistema comparativamente simétrico al temporal en su organización fundamental. Meilán (1998) distingue múltiples categorías de estas construcciones: adverbios de lugar precedidos o no de preposición, unidades nominales preposicionales y proposiciones subordinadas adverbiales locativas de funcionamiento paralelo. Dentro de los adverbios de lugar existe una división fundamental entre deícticos y descriptivos. Los adverbios deícticos permiten situar espacialmente la enunciación en relación con las tres personas gramaticales: los no-prospectivos (aquí, ahí, allí) contrastan claramente con los prospectivos (acá, allá). Bello (1847) los denominaba demostrativos de lugar porque se relacionan sistemáticamente con los demostrativos (aquí-en este lugar, ahí-en ese lugar, allí-en aquel lugar). Estos adverbios adquieren significación únicamente dentro de situación determinada: Estaremos aquí unos días contigo. Los deícticos pueden ser complementados por aposiciones especificativas formadas con adverbios descriptivos o unidades adverbializadas: Estuvieron allá arriba; Aquí en la playa no hay quien pare.

Un segundo grupo de adverbios son descriptivos u objetivos, formando parejas antónimas que permiten estructurar espacialmente los referentes: delante/detrás, dentro/fuera, encima/debajo, arriba/abajo, cerca/lejos, alrededor, enfrente, aparte. Estos adverbios sirven para describir una situación en relación con la localización señalada por los sintagmas a los que se refieren, proporcionando coordenadas espaciales relativas. Entre los descriptivos existe un subgrupo significativo de direccionales que apuntan hacia un lugar o ámbito marcado como fin o destino de un movimiento: adelante/atrás, adentro/afuera, arriba/abajo. Los direccionales se combinan típicamente con verbos de movimiento (son dinámicos), mientras que los no direccionales lo hacen con verbos de situación estativa. Los primeros no admiten complementos preposicionales (son intransitivos), mientras que los segundos sí (son transitivos): delante de los ojos, detrás de nosotros. Una diferencia adicional fundamental radica en que los direccionales pueden ser cuantificados (bastante adentro), pero no los no direccionales. Las construcciones locativas cuantificadas pueden incorporar estructuras complejas mediante sintagmas nominales: Vive tres calles más abajo, donde el adverbio direccional se combina con cuantificación métrica.

2.2. Los sustantivos en función de complemento circunstancial de lugar y sus preposiciones

Ciertos sustantivos con significación locativa funcionan como complementos circunstanciales de lugar mediante preposiciones afines léxicamente con la significación verbal. Casi todas las preposiciones incorporan contenido locativo en determinados contextos, quedando excluidas con, sin y según de funciones puramente locativas. En múltiples enunciados complejos coexisten varias preposiciones operando simultáneamente: Se infiltró en la guerrilla hasta las últimas consecuencias, donde en marca localización inicial y hasta señala extensión. Las preposiciones aportan significados específicos diferenciables: en marca situación (Nos veremos en la cafetería); a, para, hacia, hasta indican dirección de movimiento (Se acercó a la terraza); entre…y denota extensión espacial (Se fue a vivir entre Galicia y Portugal). Por señala espacio de desplazamiento o aproximación (Por la playa se corre muy bien; Hicieron una excursión por África); ante, bajo, contra, tras marcan ubicación en puntos fijos (Se detuvieron ante el monumento). Algunas construcciones locativas llevan determinantes que actualizan el sustantivo y lo diferencian de construcciones modales: viaja en un tren (locativo) contrasta claramente con viaja en tren (modal).

2.3. Proposiciones subordinadas locativas

Las proposiciones subordinadas locativas presentan una combinatoria especial que involucra el adverbio relativo donde (átono), el interrogativo dónde (tónico), y los prospectivos adonde y a dónde funcionando en contextos variados. El relativo donde genera dos construcciones diferenciadas según presencia de antecedente claro: Iremos a la casa donde vive Pau (relativa adjetiva con antecedente nominal explícito) frente a Iremos donde vive Pau (subordinada adverbial sin antecedente explícito). En el segundo caso, la proposición puede ser sustituida por preposición + que relativo: Lo encontré en el que tú lo dejaste, demostrando equivalencia funcional. El antecedente puede ser un adverbio deíctico: Corro ahí donde te dije, ampliando posibilidades estructurales. Las subordinadas adverbiales introducidas por donde exigen subjuntivo cuando se realizan menciones inespecíficas y cuando el hablante no se compromete con la existencia de lo mencionado (Bosque et alii, 1999): Ve por donde te indicaron/Ve por donde te indicaran. El adverbio locativo indefinido dondequiera se subordina directamente al verbo oracional, funcionando como antecedente de relativas: Te seguiré a dondequiera que vayas. El relativo donde puede combinarse con preposiciones, afectando de manera diferenciada a la subordinada según sea adjetiva o adverbial. Si la subordinada es adjetiva, la preposición afecta al relativo: El lugar ante donde se citaron estaba tomado. Si carece de antecedente nominal, la preposición afecta a la subordinada adverbial completa: lo detuvieron hasta donde no era posible.

III. Elementos lingüísticos para la expresión del modo

3.1. Adverbios, sintagmas adverbiales y preposicionales

La expresión lingüística del modo o manera constituye un dominio de considerable complejidad, diferenciándose de otros complementos circunstanciales por su proximidad sistemática a la subcategorización verbal. Porto Dapena (1993) apunta que los adverbios de modo formalmente admiten sustitución por ¿cómo? o ¿de qué modo?, caracterizándose así funcionalmente. Kovacci (1999) señala que pueden ser representados por el relativo como y admiten paráfrasis con expresión de modo/manera + adjetivo. Frente a otros complementos circunstanciales, los de modo o manera se han analizado como parte de la subcategorización verbal, situados en ámbito funcional próximo al predicado. La noción de modo es la función semántica más frecuente en adverbios terminados en –mente (González García, 1997), aunque según Dik (1989), la noción de modo está implícita en la mayoría de situaciones no estatales como valor genérico subyacente. Tradicionalmente, se consideran adverbios de modo: así, bien, mal, regular, mejor, peor, deprisa, despacio, como, y la mayor parte de adverbios en –mente. Gómez Torrego (1997) añade igual, cual y según. Otros autores incluyen unidades como aposta, gratis, a priori.

Báez (1994) clasifica los adverbios de modo en actitudinales (expresan cómo sucede el suceso desde perspectiva del hablante o evaluador) y no actitudinales (indican cómo sucede el suceso en sí considerado). González García (1997) desgaja de los adverbios de modo aquellos que indican punto de vista, modalidad y temporalidad, considerando solo los sustituibles por la paráfrasis manera/modo/forma adjetivo. Marcos Marín, Satorre y Viejo (1998) distinguen entre adverbios de modo propiamente dichos (así, bien, mal, regular, deprisa, despacio) y adverbios relativos (como, cómo). Kovacci (1999) extrae de los adverbios de modo los nocionales o de punto de vista (técnicamente, gramaticalmente), los evaluativos (afortunadamente, desgraciadamente) y los relacionados con modalidad (probablemente, posiblemente). Ciertos verbos exigen obligatoriamente adverbios de modo o construcciones funcionalmente equivalentes: (com)portarse, desenvolverse, desempeñarse requieren bien, mal, correctamente; vestir requiere elegantemente, bien; tratar demanda bien, mejor; pronunciar exige claramente, correctamente.

3.2. Construcciones oracionales modales

Las proposiciones subordinadas modales funcionan como complementos circunstanciales del verbo principal dentro de oraciones compuestas, siendo adverbiales si pueden sustituirse por adverbio de modo. Deben distinguirse cuidadosamente de subordinadas que modifican sustantivos o adverbios, donde como introduce relativas: No he visto el modo como lo resolvió. El nexo más habitual es el adverbio relativo como, a veces en unión de conjunciones si o que formando nexo complejo (Gómez Torrego, 1997): Encontré a Jovita como si estuviera enfadada/Hizo como que no comprendía. La construcción como si constituye la modal hipotética, analizable como doble subordinación con verbo elidido: Actúa como (actuaría) si no le importara nada. Existe paralelismo fundamental entre adverbiales modales y comparativas de igualdad: en ambas se ponen en relación dos cantidades o intensidades; Habla tanto como habla un loro podría ser comparativa (habla con la frecuencia de un loro) o modal (habla muy rápido). En muchas subordinadas modales es factible la aparición de antecedente: Contestó tal como te imaginas/Contestó tan mal como te imaginas.

Funcionan como nexos de proposiciones subordinadas modales los adverbios según, conforme, cual y la locución tal y como: Escribimos el informe según me recomendasteis, Hemos resuelto el problema conforme lo acordamos, El vecino se ruborizaba cual tomate, Le respondieron tal y como se lo dijimos. Según Gómez Torrego (1997), el verbo de la subordinada puede elidirse siempre que sea recuperable: escribimos el informe según dictan los cánones. El nexo cual está circunscrito al lenguaje literario. Las subordinadas modales pueden modificar la totalidad de la oración, apareciendo separadas por pausas en posición periférica: Como estaba previsto, la obra se representó. Ciertos giros con infinitivo expresan contenidos modales: los atletas corrían a morir, a todo meter. Construcciones con preposición sin + infinitivo presentan polisemia compleja con matices de polaridad negativa y coincidencia: Se fueron a la cama sin cenar, Estuvieron varios días sin comer, El canario sigue sin cantar. Estas construcciones alcanzan valor predicativo con verbos como estar, continuar, llevar, quedar, seguir, ampliando significativamente el paradigma de expresión modal.

Las construcciones de gerundio presentan variedad modal considerable en la lengua española contemporánea. Pueden aparecer en pasivas perifrásticas con gerundio referido a complemento agente (Esa novela fue escrita por Sampedro pensando en su nieto), en construcciones reflejas o impersonales sin elemento nominal referencial (Se limpió el estanque aprovechando la sequía), en construcciones activas con referencia clara a sujeto u objeto indirecto (Jovita se pone morada comiendo rosquillas), o sin referencia nominal alguna con interpretación genérica (El dolor desparece tomando un calmante). Ciertos gerundios modales se introducen mediante como aproximativo (Vendió las acciones como previendo la bajada de la bolsa). Este adverbio puede aparecer con gerundios predicativos incorporando valor modal (Pau camina como dando saltitos). La multiplicidad de mecanismos modales refleja la riqueza expresiva del español para matizar la manera de realización de eventos, permitiendo al hablante especificar aspectos fundamentales del desarrollo de acciones y procesos con precisión considerable. Este sistema refleja la importancia cognitiva y comunicativa de la modalidad en la lengua natural.


Bibliografía

  • Báez, Violeta: Las formas en –mente en una teoría fenomenológica integrada en el acto de hablar, la expresión y el esquema oracional. LEA XVI/2, 1994. Análisis fundamental que sistematiza la teoría fenomenológica de los adverbios modales y su integración en el esquema predicativo del español, proporcionando base teórica sólida para investigaciones posteriores.
  • Benveniste, Émile: El lenguaje y la experiencia humana. En Problemas del lenguaje. Sudamericana, Buenos Aires, 1965. Obra clásica de mayor relevancia que establece la distinción fundamental entre tiempo físico, cronológico y lingüístico, base teórica para toda investigación temporal posterior en la lingüística moderna.
  • Bosque, Ignacio et alii: Lengua castellana y Literatura II, 2º Bachillerato. Akal, Madrid, 1999. Manual de referencia que integra análisis descriptivos de las proposiciones subordinadas temporales, locativas y modales con claridad pedagógica y rigor teórico equilibrado para estudiantes de cualquier nivel.
  • García Fernández, Luis: Los complementos adverbiales temporales. La subordinación temporal. En Bosque, I. y Demonte, V., Gramática descriptiva de la lengua española. Espasa, Madrid, 1999. Análisis exhaustivo de complementos temporales y proposiciones subordinadas temporales con clasificación triple según relación cultural, aspectual y temporal del verbo con contexto enunciativo.
  • González García, Luis: El adverbio en español. Universidade da Coruña, 1997. Estudio monográfico comprehensivo que proporciona tipología completa de adverbios, diferenciando adverbios modales propiamente dichos de los nocionales y de punto de vista con claridad sistemática.
  • Kovacci, Ofelia: El adverbio. En Bosque, I. y Demonte, V., Gramática descriptiva de la lengua española. Espasa, Madrid, 1999. Obra monumental de consulta imprescindible que sistematiza la clasificación semántica y sintáctica de adverbios, incluyendo distinciones entre nocionales, evaluativos y de modalidad.
  • Marcos Marín, Francisco; Satorre, Florentino J. y Viejo, María Luz: Gramática española. Síntesis, Madrid, 1998. Gramática de síntesis de considerable utilidad que proporciona clasificaciones operativas de adverbios temporales, locativos y modales, diferenciando según funcionalidad en complementos circunstanciales.
  • Martínez García, Hortensia: Construcciones temporales. Arco/Libros, Madrid, 1996. Monografía especializada en análisis detallado de construcciones temporales, subordinadas de predicado y de oración, con atención especial a mecanismos de subordinación temporal y valores aspectuales.
  • Meilán García, Antonio Jesús: Construcciones locativas y cuantitativas. Arco/Libros, Madrid, 1998. Análisis integral de construcciones locativas, adverbios de lugar, sustantivos locativos y proposiciones subordinadas locativas con enfoque funcional de considerable detalle técnico.
  • Porto Dapena, Álvaro: El complemento circunstancial. Arco/Libros, Madrid, 1993. Estudio definitorio que caracteriza minuciosamente los complementos circunstanciales modales mediante su sustituibilidad por interrogativas ¿cómo? y ¿de qué modo? como criterio funcional fundamental.
  • Rojo, Guillermo y Veiga, Alexandre: El tiempo verbal. Los tiempos simples. En Bosque, I. y Demonte, V., Gramática descriptiva de la lengua española. Espasa, Madrid, 1999. Reformulación teórica fundamental que propone clasificación de tiempos verbales mediante vectores de relación temporal, superando esquemas tradicionales de manera innovadora.

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    Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Lengua y Literatura actualmente JUBILADO.
    Mí último destino fue la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevaba más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho fui asesor en varios centros del profesorado y me dediqué, entre otras cosas, a la formación de docentes; trabajé durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante estuve en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.

    Ahora, desde este retiro, soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo materiales útiles para el área de Lengua castellana y Literatura. ¡Disfrútala!

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