Teoría de los géneros literarios. 2026

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By Víctor Villoria

El género literario. Teoría de los géneros

I. El género y los géneros literarios: paradigma y realización

1.1. Definición de género literario

1.1.1. Los géneros literarios naturales

Los géneros literarios naturales constituyen categorías abstractas y universales que trascienden las particularidades históricas y culturales específicas. Estos géneros responden a actitudes fundamentales de enunciación y referencia, es decir, a la manera precisa en que el autor establece comunicación con el lector a través de su obra. Se fundamentan en los modos básicos de expresión verbal y representan estructuras profundas de la creación literaria que aparecen de manera constante en diferentes contextos temporales y geográficos.

La tradición occidental ha identificado tres géneros naturales principales que constituyen el núcleo de toda tipología literaria: la épica, la lírica y la dramática. Tales categorías engloban las manifestaciones más diversas de la creación literaria y actúan como marcos contenedores de infinitas realizaciones particulares. Su carácter universal las diferencia fundamentalmente de otros sistemas clasificatorios que responden a criterios más históricos, sociológicos o temáticos, que son susceptibles de variación según el período o la cultura.

La validez de esta división tripartita ha sido ampliamente reconocida desde la antigüedad clásica hasta la teoría literaria contemporánea, aunque su interpretación ha experimentado transformaciones significativas. El reconocimiento de los géneros naturales proporciona a la crítica literaria un instrumento analítico esencial para comprender la estructura profunda de cualquier obra, más allá de sus características superficiales o contingentes.

1.1.2. Los géneros literarios históricos

A diferencia de los géneros naturales, los géneros literarios históricos constituyen categorías específicas y concretas que se subordinan jerárquicamente a los géneros naturales, funcionando como realizaciones sincrónicas de estas actitudes básicas de enunciación. Están definidos por características formales y temáticas precisas, delimitadas de manera empírica y convencional. Estos géneros responden a circunstancias culturales, sociológicas e históricas determinadas, y su existencia está íntimamente ligada a contextos temporales específicos.

Los géneros históricos poseen una duración limitada y están sujetos a las transformaciones del sistema literario y del canon estético vigente en cada época. La soneta, por ejemplo, constituye un género histórico que florecerá especialmente en el Renacimiento italiano y español, pero que experimenta reformulaciones sustanciales en períodos posteriores. La novela, en su acepción moderna, es igualmente un género histórico cuya configuración responde a circunstancias sociales, económicas e ideológicas del mundo contemporáneo.

La relación de género-especie entre los géneros naturales y los históricos permite una clasificación jerárquica coherente. Una tragedia griega, por ejemplo, es una realización histórica del género natural dramático, mientras que una novela de formación es una realización histórica del género natural épico. Esta distinción metodológica facilita análisis complejos que integren tanto principios universales como determinaciones históricas.

1.1.3. Los subgéneros literarios

Los subgéneros literarios representan un nivel adicional de especificación y concreción dentro del sistema genérico, caracterizándose por su carácter fundamentalmente adjetivo y parcial. Constituidos por factores semánticos, pragmáticos, estilísticos o formales, estos subgéneros actúan frecuentemente como determinaciones temáticas que refuerzan identidades genéricas preexistentes. Su función principal es la precisión temática dentro de marcos genéricos más amplios, permitiendo la identificación de regularidades específicas dentro de la creación literaria.

A diferencia de los géneros históricos, los subgéneros poseen una duración temporal más limitada y están expuestos de manera más inmediata a las variaciones del sistema literario y a los cambios del canon estético. La balada medieval, el romance picaresco, la novela gótica o la literatura de ciencia ficción constituyen ejemplos de subgéneros que emergen en momentos históricos específicos y que pueden transformarse radicalmente o desaparecer ante cambios culturales significativos.

La identificación de los subgéneros requiere criterios de análisis más refinados y específicos que la distinción entre géneros naturales e históricos. Un estudioso debe considerar aspectos como la configuración estilística particular, la estructura temática recurrente, las convenciones formales características y la función social o ideológica que el subgénero desempeña. Esta complejidad hace que el análisis de los subgéneros resulte particularmente fructífero para la comprensión detallada de la evolución literaria.

1.1.4. El género didáctico-ensayístico

El género didáctico-ensayístico constituye una categoría genérica cuya definición presenta particularidades significativas respecto a los géneros tradicionalmente considerados como poéticos. Se caracteriza como género argumentativo y no ficcional que alberga realizaciones destinadas específicamente a la exposición sistemática de ideas y al tratamiento de materias doctrinales. Lo que fundamentalmente comunica este género persigue objetivos ideológicos, pedagógicos o demostrativos, diferenciándose así de la creación puramente estética.

Uno de los factores definitorios más debatidos del género didáctico-ensayístico sería la ausencia de poeticidad, aunque esta afirmación resulta problemática y sujeta a discusión académica continua. Obras como el Quijote de Cervantes o los ensayos de Montaigne demuestran que la frontera entre la creación imaginativa y la didáctica resulta permeable y problemática. Muchas obras incluidas en esta categoría incorporan elementos estéticos y retóricos de considerable complejidad.

Sus manifestaciones históricas resultan extraordinariamente diversas: la epístola como forma de comunicación intelectual, el artículo periodístico como medio de divulgación de ideas, el diálogo socrático como método argumentativo, el tratado como exposición sistemática de conocimiento, la glosa doctrinal como comentario interpretativo, las memorias como testimonio histórico, el discurso como oración formal. Esta diversidad tipológica refleja la capacidad del género para adaptarse a diferentes contextos culturales y a evoluciones histórico-sociales.

1.2. Perspectiva histórica de la Teoría de los géneros

1.2.1. Antigüedad clásica: Platón, Aristóteles y Horacio

Platón ofrece uno de los primeros sistemas teóricos de clasificación genérica basado fundamentalmente en la enunciación de la diégesis, es decir, en la manera en que el relato se presenta al público. Distingue tres modalidades: la narración simple, cuando el poeta habla sin intermediarios; la narración imitativa, cuando el poeta habla a través de otros personajes; y la narración mixta, que reúne ambas modalidades anteriores. Este sistema tripartito constituye el fundamento de reflexiones posteriores sobre la teoría genérica.

Desde una perspectiva que considera especialmente los modos enunciativos, Platón diferencia las ficciones poéticas por imitación (tragedia y comedia), que constituyen la poesía mimética o dramática; la narración que realiza el poeta (ditirambos), que forma la poesía no mimética o lírica; y la reunión de ambos sistemas (epopeyas), que integra la poesía mixta o épica. Esta categorización platónica resulta particularmente significativa porque establece conexiones entre la forma de enunciación y el efecto producido en la audiencia.

Aristóteles establece el punto de partida de su teorización sobre los géneros en el concepto fundamental de mímesis o imitación, considerándola como el principio explicativo central de toda creación literaria. Según los medios de imitación empleados, según los objetos imitados o personajes representados, y según los modos de imitación utilizados, Aristóteles estructura un sistema coherente de clasificación genérica. Las actitudes básicas de su planteamiento —esencialista, analítico-descriptiva y normativo-preceptista— determinarán la reflexión futura sobre los géneros literarios durante siglos.

Horacio, en su Epístola ad Pisones u Ars poetica, define los géneros literarios a partir de dos características fundamentales que funcionan como criterios definitivos. La función métrica constituye el primer criterio, puesto que cada género se define mediante un metro determinado específico. El tema o contenido funciona como segundo criterio, considerando que cada asunto requiere una forma determinada. Las formas no dramáticas (epopeya, elegía, yámbica, lírica) se diferencian de las formas dramáticas (tragedia, sátira, comedia) siguiendo estos criterios combinados.

1.2.2. La Edad Media

Durante la Edad Media, subsiste una división tripartita de los géneros que permanece ajustada a la clasificación dialéctica de los modos de expresión transmitida desde la antigüedad clásica. Sin embargo, esta estructura teórica convive simultáneamente con una diversificación y asimetría de tipologías que ofrecen un panorama extraordinariamente complejo con múltiples propuestas teóricas concurrentes. La falta de sistemas unificados refleja las transformaciones culturales y sociales profundas que caracterizan este período.

Varias circunstancias explican esta situación teórica fragmentada: la creatividad desbordante de los escritores medievales favorecería constantemente la mezcla y la hibridación de géneros en las obras literarias concretas; la transmisión oral predominante de las creaciones propiciaría la ausencia de fijación de los textos y la permeabilidad constitutiva de la obra literaria; además, existiría cierta imprecisión y falta de clarividencia en las aportaciones teóricas de esta época, reflejando una mentalidad menos sistematizadora.

La propuesta más relevante y sistemática proviene de Dante Alighieri con su obra De vulgari eloquentia, que representa un esfuerzo de sistematización genérica significativo. Dante valora factores como la lengua vulgar en contraposición al latín, y establece relaciones entre los tres estilos horacianos —alto, medio y bajo— y sus correspondencias con las formas genéricas específicas. Este enfoque resulta innovador al considerar la lengua vernácula como instrumento válido para la creación literaria de importancia.

1.2.3. Renacimiento (siglos XVI y XVII)

La teorización sobre los géneros literarios durante el Renacimiento marca un punto de inflexión significativo en la historia de la crítica literaria occidental. La bipartición aristotélica de poesía dramática y narrativa se ve sustituida por una tripartición más clara y elaborada que incorpora de manera explícita la poesía dramática, la poesía épica y la poesía lírica como categorías coequales. Esta reformulación refleja una mayor comprensión sistemática de las formas literarias disponibles.

Autores como Sebastiano de Minturno consideran que el sistema de los géneros está compuesto por las clases épica, escénica y mélica o lírica, pero también reconocen la existencia de manifestaciones concretas e históricas propias del período renacentista. Se produce además una jerarquización cuidadosa de los distintos géneros, estableciendo relaciones de superioridad e inferioridad entre ellos. La epopeya heroica, por ejemplo, ocupa una posición privilegiada en esta jerarquía estética.

Las obras fundamentales que codifican esta teorización renacentista resultan ser L’arte poetica (1564) de Sebastiano de Minturno y las Tablas poéticas (1617) de Francisco de Cascales, ambas constituyendo referencias canónicas para la teoría literaria española posterior. Estas obras combinan la herencia clásica con la observación de las prácticas literarias contemporáneas, creando síntesis teóricas que equilibran la normatividad preceptiva con la descripción empírica.

1.2.4. Siglo XVIII: el Neoclasicismo

Durante el siglo XVIII, el género literario se concibe como una especie fija e inmutable, sujeta a reglas específicas y esenciales que operan de manera similar a las leyes naturales. Los preceptos clásicos se convirtieron en el único paradigma legítimo y digno de ser atendido, funcionando como modelo normativo que debía guiar toda creación literaria. Esta mentalidad dogmática y rigurosa caracteriza el pensamiento estético neoclásico.

El fundamento filosófico del Neoclasicismo residía en la creencia de que la razón podía identificar y codificar las leyes que gobernaban la creación artística, de manera similar a como la ciencia moderna identificaba las leyes naturales. Las unidades dramáticas de acción, tiempo y lugar se consideraban no como convenciones culturales sino como principios universales derivados de la naturaleza misma de la dramática. El incumplimiento de estas reglas se consideraba un error tanto lógico como estético.

Los autores relevantes que sistematizaron esta teoría incluyen a Nicolas Boileau con su L’Art poétique (1674), que aunque anterior al siglo XVIII, influyó profundamente en el pensamiento neoclásico español, e Ignacio de Luzán con su Poética (1737), que constituyó el texto normativo fundamental para el Neoclasicismo español. Ambas obras representan la culminación de un pensamiento genérico caracterizado por el normativismo riguroso y la jerarquización estricta de las formas literarias.

1.2.5. Siglo XIX

El siglo XIX marca un cambio radical en la teoría de los géneros con la incursión del Romanticismo y su rebeldía contra las normas establecidas por la teoría clásica. El pensamiento romántico cuestiona fundamentalmente los principios de universalidad y fijeza que habían caracterizado el enfoque neoclásico, introduciendo nociones de originalidad, particularidad y dinamismo en la concepción de los géneros literarios.

Georg Wilhelm Friedrich Hegel estructura la tradicional tripartición de lírica, épica y dramática basándose en la dialéctica de la relación sujeto-objeto, ofreciendo una interpretación profundamente innovadora. La lírica sería el género subjetivo donde predomina la expresión del yo lírico; la épica constituiría el género objetivo donde prevalece la presentación del mundo externo; y la dramática sería el género subjetivo-objetivo donde se equilibran ambas perspectivas.

Víctor Hugo, en su prólogo al drama Cromwell, defiende el polimorfismo del arte y asegura que la comedia y la tragedia, lejos de ser categorías eternas, son distintas e históricamente determinadas. Ferdinand Brunetière propone una visión orgánica de los géneros considerándolos como entidades vivas provistas de significado inherente y nada arbitrarias. Según su teoría, el género literario, como los organismos biológicos, nace, crece, alcanza su madurez, envejece y finalmente muere o se transforma en nuevas formas. Esta perspectiva evolutiva aporta una comprensión dinámica de la historia literaria que contrasta profundamente con el estatismo neoclásico anterior.

1.2.6. Siglo XX

El siglo XX se caracteriza por la multiplicación de perspectivas teóricas sobre los géneros, rechazando las síntesis unificadas que habían prevalecido en épocas anteriores. Benedetto Croce se opuso directamente a las ideas organicistas de Brunetière, argumentando que lo esencial en la creación artística radica en el binomio fundamental de intuición-expresión. Para Croce, la categorización genérica resulta secundaria respecto a la capacidad creativa del artista individual.

Emil Staiger concibe los géneros como entidades permeables y fluidas, prefiriendo hablar de categorías y actitudes antes que de géneros como entidades fijas. Roman Jakobson propone un modelo estructural donde cada género literario podría definirse por la coexistencia de la función poética del lenguaje con alguna otra función específica: la función poética junto con la función representativa produce la épica; la función poética con la función expresiva genera la lírica; la función poética con la función conativa determina la dramática.

György Lukács ofrece una clasificación genérica que está mediatizada por circunstancias biológicas, históricas o sociales del contexto de creación. Su enfoque resulta particularmente productivo para el análisis de la novela moderna, considerada como forma característica de la modernidad burguesa. Estos enfoques diversos del siglo XX reflejan el reconocimiento de la complejidad inherente a cualquier sistema de clasificación genérica y la necesidad de flexibilidad conceptual.

II. Tipología de los géneros literarios

2.1. Los géneros poético-líricos

Los géneros poético-líricos constituyen la manifestación más diversa y elaborada de la creación literaria en lengua castellana, abarcando formas que van desde la antigüedad clásica hasta la experimentación contemporánea. Estas formas comparten la característica fundamental de la expresión subjetiva y la predominancia de la función expresiva del lenguaje, aunque presentan diferencias significativas en su estructura formal, extensión y función social. El aforismo funciona como forma brevísima de concentración sapiencial; la canción como composición para acompañamiento musical; la égloga como diálogo pastoril idealizado.

La oda representa una de las formas más nobles de la lírica, caracterizada por el tono elevado, la expresión solemne y la amplitud temática que permite abordar desde asuntos filosóficos hasta celebración de personajes ilustres. El soneto constituye la forma métrica más perfecta y equilibrada de la tradición lírica occidental, con su estructura de catorce versos distribuidos en dos cuartetas y dos tercetas, dominando especialmente en el Renacimiento español. La elegía, caracterizada por el tono melancólico y la expresión del duelo, permite la meditación sobre temas como la muerte, la ausencia o la pérdida.

Formas como el epigrama, el himno, el madrigal, el villancico, el idilio, el epitafio, el epitalamio, la balada, la fábula y el romance completan un panorama extraordinariamente rico de posibilidades expresivas. La anacreóntica permite la expresión lúdica y sensual siguiendo el modelo de Anacreonte; la serranilla representa una forma medieval característica de la literatura castellana; el romancero constituye una tradición narrativa de enorme importancia en la cultura española. Esta pluralidad de formas refleja la capacidad de adaptación de la lírica a contextos históricos y sociales diversos.

2.2. Los géneros épico-narrativos

Los géneros épico-narrativos se caracterizan fundamentalmente por la predominancia de la función representativa del lenguaje y por la presentación de acciones, personajes y mundos que trascienden la mera subjetividad del autor. La epopeya constituye la forma más antigua y noble de este género, representando las hazañas de héroes legendarios o históricos mediante una narración de considerable amplitud y solemnidad. Las epopeyas medievales, como el Poema de Mio Cid en la tradición española, constituyen obras fundacionales que expresan la identidad cultural de pueblos y períodos.

La epopeya renacentista experimenta transformaciones significativas respecto a sus antecedentes medievales, incorporando elementos de la poesía épica clásica greco-romana mientras mantiene características propias de la época. La leyenda, el milagro y el exemplum constituyen formas narrativas breves que circulaban especialmente en contextos medievales, frecuentemente con intención didáctica o edificante. La facecia representa la narración de anécdotas cómicas o burlescas de considerable brevedad.

El cuento constituye una forma narrativa de extensión variable que permite la presentación de historias completas con economía de medios. La novella, forma italiana de considerable importancia en la tradición literaria occidental, representa historias de mediana extensión con mayor complejidad que el cuento. El roman constituye la forma romance característica de la Edad Media. La novela moderna, en sus múltiples variantes (novela picaresca, novela sentimental, novela histórica, novela realista, novela modernista), representa la forma narrativa característica de la modernidad, capaz de abordar la complejidad psicológica de personajes y la multiplicidad de perspectivas sobre la realidad.

2.3. Los géneros teatrales

Los géneros teatrales se definen por su carácter performativo y por su destinación a la representación escénica ante una audiencia presente. La tragedia constituye la forma teatral más noble de la tradición occidental, presentando el enfrentamiento de personajes de rango elevado contra fuerzas superiores que conducen frecuentemente a un desenlace catastrófico. Las tragedias griegas de Esquilo, Sófocles y Eurípides representan el modelo canónico que ha influido en toda la creación teatral posterior.

La comedia, en contraste con la tragedia, presenta personajes de condición ordinaria enfrentados a conflictos que típicamente se resuelven de manera festiva o ridícula. El auto sacramental constituye una forma teatral característica de España, particularmente durante los siglos XVI y XVII, que presenta temas religiosos mediante una estructura alegórica. El paso constituye una forma dramática breve y cómica de considerable vivacidad.

El entremés, el sainete y la farsa completan el panorama de formas teatrales menores de carácter fundamentalmente cómico. La loa funciona como prólogo teatral destinado a presentar la obra principal y captar la benevolencia del público. La ópera representa la síntesis de música y drama que alcanza particular importancia en la tradición italiana aunque con manifestaciones significativas en otras culturas. La zarzuela constituye la forma teatral española característica que combina elementos dramáticos con música y danza, alcanzando gran popularidad especialmente durante los siglos XIX y XX. Estas formas diversas reflejan la capacidad del teatro para adaptarse a diferentes contextos sociales y a las evoluciones del gusto público.

2.4. Los géneros didáctico-ensayísticos

Los géneros didáctico-ensayísticos abarcan un conjunto extraordinariamente variado de formas caracterizadas por su intención comunicativa doctrinales, informativas o argumentativas. El diálogo constituye una forma antigua de considerable tradición que permite la presentación de múltiples perspectivas mediante el intercambio verbal de personajes. Las utopías representan construcciones imaginativas de sociedades ideales que permiten la crítica indirecta del orden existente mediante la proyección de alternativas.

La miscelánea, la glosa doctrinal y el tratado constituyen formas caracterizadas por la sistematización de conocimiento o de interpretaciones textales. La literatura apotegmática permite la expresión concentrada de máximas de sabiduría práctica. El ensayo constituye la forma moderna característica de reflexión personal sobre temas diversos, combinando rigor argumentativo con libertad expresiva. El artículo periodístico funciona como forma breve de divulgación de ideas mediante medios de comunicación de masas.

La epístola representa la forma epistolar que permite la comunicación intelectual entre corresponsales, adquiriendo en ocasiones considerable importancia literaria. Las memorias constituyen testimonios autobiográficos que documentan experiencias personales frecuentemente de relevancia histórica. La biografía presenta la vida de personajes destacados de manera narrativa. La historiografía sistematiza el conocimiento histórico mediante métodos rigurosos de documentación y análisis. El discurso funciona como oración formal destinada a contextos cívicos, académicos o ceremoniales. Esta multiplicidad de formas demuestra la capacidad del género didáctico-ensayístico para adaptarse a intenciones comunicativas diversas.


BIBLIOGRAFÍA

  • Alighieri, Dante: De vulgari eloquentia. Edición de Enrique Francés Causelo, Tecnos, 1989. Tratado medieval que sistematiza la teoría de géneros mediante la distinción de estilos horacianos y su relación con las formas genéricas específicas, reconociendo la validez de la lengua vernácula como instrumento literario.
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  • Boileau, Nicolas: L’Art poétique. Edición de Martino, Paris, 1969. Tratado neoclásico fundamental que codifica los preceptos clásicos y establece las reglas normativas que prevalecerían en la teoría literaria del siglo XVIII español.
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  • Cascales, Francisco de: Tablas poéticas. Edición de Benito Brancaforte, Analecta Malacitana, 1997. Sistematización renacentista de la teoría de géneros que equilibra la herencia aristotélica con la observación de prácticas literarias españolas contemporáneas.
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  • García Berrio, Antonio: Formación de la Teoría Literaria Moderna. La tópica horaciana en Europa. Libros Pórtico, 1977. Investigación comprehensiva sobre la evolución de la teoría genérica desde la antigüedad clásica hasta la modernidad, prestando atención especial a la influencia de Horacio en la tradición occidental.
  • Hegel, Georg Wilhelm Friedrich: Lecciones de Estética. Traducción de Enrique González Díez, Akal, 1989. Exposición sistemática de la dialéctica estética que estructura los géneros literarios según la relación sujeto-objeto, ofreciendo una interpretación profundamente innovadora de la tripartición genérica.
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  • Jakobson, Roman: Teoría del lenguaje poético. Traducción de Estela Maribel Riesco, Siglo XXI, 2003. Formulación estructuralista de la teoría de géneros basada en las funciones del lenguaje, permitiendo la identificación de géneros mediante la coexistencia de la función poética con otras funciones lingüísticas específicas.
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  • Platón: República (Libro III) y Ión. Traducción de Antonio Gómez Robledo, Universidad Nacional Autónoma de México, 2000. Fundamentación de los modos enunciativos (narración simple, imitativa y mixta) que determinan la clasificación de géneros literarios en la tradición platónica.
  • Plata Prats, Gabriel: Teoría de los Géneros Literarios. Editorial Síntesis, 1996. Manual comprehensivo que presenta la evolución histórica de las teorías genéricas desde la antigüedad hasta la contemporaneidad, proporcionando un análisis crítico de las principales posturas teóricas.
  • Pozuelo Yvancos, José María: Poética de la Composición. Análisis de textos autobiográficos. Edhasa, 1994. Estudio especializado que analiza la teoría de géneros desde la perspectiva de la escritura autobiográfica y la composición textual, revelando la complejidad de las categorías genéricas en la práctica literaria contemporánea.
  • Staiger, Emil: Conceptos fundamentales de poética. Traducción de Jaime Ferreiro, Rialp, 1966. Propuesta teórica que concibe los géneros como categorías permeables y fluidas, privilegiando la noción de actitudes genéricas sobre definiciones rígidas de géneros como entidades fijas.

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    Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Lengua y Literatura actualmente JUBILADO.
    Mí último destino fue la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevaba más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho fui asesor en varios centros del profesorado y me dediqué, entre otras cosas, a la formación de docentes; trabajé durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante estuve en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.

    Ahora, desde este retiro, soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo materiales útiles para el área de Lengua castellana y Literatura. ¡Disfrútala!

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