El sintagma nominal. 2026

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By Víctor Villoria

El sintagma nominal: estructura, clasificación y funciones

I. El sintagma: definición y caracterización. Tipos

1.1. Definición y evolución conceptual

El concepto de sintagma ha experimentado una notable evolución dentro de la teoría lingüística moderna. El estructuralismo saussureano lo definía como una secuencia de dos o más palabras perteneciente al habla, distintamente de las unidades paradigmáticas que constituyen la lengua. Esta distinción entre habla y lengua marcó un hito fundamental en la teoría lingüística del siglo veinte, aunque posteriormente se reconoció que la definición saussureana presentaba limitaciones importantes en su capacidad descriptiva.

El distribucionalismo y el generativismo transformaron la comprensión del sintagma al concebirlo como un constituyente inmediato oracional, es decir, como una unidad sintáctica capaz de desempeñar funciones específicas dentro de la oración. En lugar de enfatizar su naturaleza meramente secuencial, estas escuelas lingüísticas propusieron que el sintagma resulta de la proyección o expansión de una categoría léxica que funciona como núcleo, lo cual permite su segmentación en palabras y su análisis mediante diferentes distribuciones dentro de una secuencia gramatical. Esta perspectiva incorporó criterios estructurales que facilitaban la identificación de sus límites y su relación con otros elementos oracionales.

Radford y otros lingüistas contemporáneos han elaborado una definición más refinada del sintagma como una pauta de construcción disponible a través de las reglas gramaticales de la lengua. Esta formulación enfatiza que el sintagma no constituye una entidad fija, sino una estructura flexible que satisface determinadas propiedades formales y distribucionales. La importancia de esta definición radica en que permite integrar tanto los sintagmas nucleados por categorías léxicas mayores como aquellos formados a partir de categorías gramaticales, ampliando significativamente el alcance descriptivo de la teoría.

Para el generativismo, todos los sintagmas presentan una estructura endocéntrica, esto es, poseen un núcleo al que se subordinan los demás componentes. Contrariamente, el estructuralismo admitía la existencia de sintagmas exocéntricos, particularmente en los casos del sintagma preposicional y determinados sintagmas verbales, cuya distribución no coincidía con la de ninguno de sus constituyentes inmediatos. Esta diferencia teórica refleja perspectivas divergentes sobre la naturaleza fundamental de la composición sintáctica.

1.2. Propiedades y pautas de comportamiento

La identificación de los límites sintagmáticos se establece mediante un conjunto de pautas de comportamiento que actúan como criterios formales de demarcación. La primera de estas propiedades consiste en la distribución como categoría funcional en diferentes contextos oracionales. Por ejemplo, el sintagma nominal puede ocupar la posición de sujeto, complemento directo o término de preposición, manteniendo características estructurales similares en cada contexto. Esta versatilidad distribucional constituye un rasgo definitorio que distingue los sintagmas de las palabras individuales.

La segunda propiedad relevante es la posibilidad de coordinación con otro constituyente equifuncional. Los sintagmas pueden coordinarse mediante conectores como la conjunción copulativa «y» o disyuntiva «o», generando estructuras de igual complejidad sintáctica. Esta capacidad revela la cohesión interna de los sintagmas y su funcionamiento como unidades autónomas susceptibles de ser combinadas en construcciones paralelas. Asimismo, existe la restricción de admitir elementos en su interior únicamente bajo ciertas condiciones sintácticas, lo que impide la intercalación arbitraria de palabras que rompería la coherencia interna del sintagma.

Otra característica fundamental es la sustitución por proformas, es decir, la capacidad de ser reemplazados por pronombres clíticos como lo, la, los, las, o por pronombres tónicos como esto, eso o aquello, así como por relativos o interrogativos. Esta propiedad se relaciona estrechamente con la cohesión textual y permite la omisión del sintagma en posiciones oracionales donde puede ser recuperado contextualmente. La omisión constituye un criterio adicional que refuerza la identificación de los límites sintagmáticos, permitiendo la elipsis en construcciones coordinadas donde el segundo elemento comparte su estructura con el primero.

Respecto a la estructura interna, existe un debate significativo sobre si el análisis sintagmático debe responder al criterio del binarismo, es decir, si los sintagmas se dividen únicamente en dos constituyentes inmediatos en cada nivel de análisis. La mayoría de las escuelas gramaticales contemporáneas adopta este principio, considerando que los adyacentes se adjuntan gradualmente al núcleo en niveles sucesivos, lo que evita estructuras ternarias. Esta restricción contribuye a la simplicidad descriptiva del análisis sintáctico.

1.3. Tipología de sintagmas

La clasificación más ampliamente aceptada en la lingüística hispanista organiza los sintagmas según la categoría léxica del núcleo. Esta tipología distingue el sintagma nominal, formado sobre un sustantivo; el sintagma verbal, cuyo núcleo es un verbo; el sintagma adjetivo, cuyo núcleo es un adjetivo; el sintagma adverbial, nucleado por un adverbio, y el sintagma preposicional, formado por una preposición. Cada uno de estos sintagmas presenta características estructurales particulares que determinan sus propiedades combinatorias y sus funciones sintácticas dentro de la oración.

Las clasificaciones tradicionales han intentado organizar los sintagmas según otros criterios, aunque con menor éxito descriptivo. La distinción entre sintagmas coordinativos y subordinativos atiende a la naturaleza de las relaciones entre constituyentes, mientras que la clasificación según la función semántica diferencia entre sintagmas de función primaria, como sujeto o predicado, y sintagmas de función secundaria, como adverbiales o adjetivos. Sin embargo, estos criterios han resultado menos operativos que la clasificación basada en la categoría nuclear, razón por la cual han sido progresivamente abandonados en los análisis lingüísticos contemporáneos.

El generativismo ha incorporado categorías funcionales o gramaticales como núcleos de sintagmas adicionales, ampliando la tipología tradicional. Así se han reconocido el sintagma determinante, cuyo núcleo es un elemento de determinación; el sintagma cuantificador, el sintagma de grado, el sintagma complementante, y otros. Estos sintagmas funcionales poseen características particularmente relevantes para la sintaxis contemporánea, pues facilitan el análisis de fenómenos que escapaban a la descripción tradicional. A pesar de esta extensión de la categoría, los análisis descriptivos de la lengua española han mantenido preferentemente la tipología basada en categorías léxicas mayores, aunque reconociendo la relevancia teórica de estos sintagmas funcionales.

II. El sintagma nominal

2.1. Estructura y componentes fundamentales

El sintagma nominal constituye la expansión o proyección de un sustantivo que actúa como núcleo sintáctico. Su estructura característica incluye un determinante antepuesto al núcleo, cuya función principal consiste en establecer el valor referencial del sustantivo, permitiendo que la entidad designada sea identificable o presentada como nueva dentro del discurso. Además del determinante, el sintagma nominal típicamente incorpora uno o más complementos de naturaleza adjetival o preposicional que restringen, califican o especifican los rasgos del sustantivo nuclear.

Según la perspectiva teórica mayoritaria en los estudios del español, la única parte imprescindible en el sintagma nominal es el sustantivo, que actúa como núcleo obligatorio del cual dependen estructuralmente los demás elementos. El sustantivo impone sus propiedades morfológicas, particularmente género y número, a los componentes que lo acompañan en fenómenos conocidos como concordancia. Así, determinantes y complementos adjetivos contraen acuerdo de género y número con el núcleo nominal, mientras que los complementos preposicionales mantienen relaciones más complejas que van más allá de simples concordancias morfológicas.

Determinantes y complementos funcionan como elementos facultativos del sintagma nominal, lo que significa que pueden omitirse sin que se produzca agramaticalidad fundamental, aunque su ausencia modifique las propiedades interpretativas del conjunto. En ciertos enfoques teóricos contemporáneos, particularmente en los derivados del generativismo, se ha propuesto distinguir entre el sintagma nominal propiamente dicho y un sintagma determinante que tendría mayor jerarquía estructural. Esta propuesta reconoce que el determinante posee importancia sintáctica considerable, ejerciendo funciones referenciales que trascienden la simple modificación nominal.

Es particularmente relevante diferenciar entre sintagmas nominales que incluyen determinante, denominados comúnmente «sintagmas nominales definidos» o sintagmas determinantes, y aquellos carentes de determinante explícito, conocidos como «sintagmas nominales escuetos» o «desnudos». Esta distinción conlleva implicaciones importantes para la interpretación referencial, ya que los nombres con determinante típicamente remiten a entidades específicas e identificables, mientras que los nombres escuetos suelen poseer interpretaciones genéricas o inespecíficas. Las propiedades distribucionales de ambas estructuras varían significativamente, especialmente en posiciones preverbales y como argumentos de ciertos predicados.

III. El sustantivo: tipos y la sustantivación

3.1. Definición y caracterización del sustantivo

El sustantivo se define tradicionalmente como la palabra que sirve para designar personas, animales o cosas con existencia independiente, tanto con referencia real como abstracta. Esta definición de naturaleza principalmente semántica ha sido complementada por criterios morfológicos que destacan la capacidad del sustantivo para variar en género y número, portando morfemas nominales característicos. Asimismo, los criterios sintácticos enfatizan la función del sustantivo como núcleo de sintagmas y su capacidad para ocupar posiciones específicas en la estructura oracional.

Hasta el siglo dieciocho, el sustantivo conformaba con el adjetivo una categoría común denominada nombre, categoría que comprendía elementos que compartían características morfológicas significativas. Esta unidad categorial se ha mantenido vigente en ciertos análisis tradicionales, aunque la lingüística moderna reconoce la necesidad de distinguir ambas categorías por sus distribuciones sintácticas particulares y sus funciones semánticas diferenciadas. No obstante, la frontera entre sustantivos y adjetivos permanece porosa en el español, permitiendo intercambios funcionales a través de procesos como la sustantivación de adjetivos o la adjetivación de sustantivos.

La categoría del sustantivo abarca designaciones de naturaleza extraordinariamente diversa. Incluye objetos físicos perceptibles mediante los sentidos como libro o mesa, cualidades abstractas como belleza o caridad, acciones o procesos como movimiento o agitación, situaciones o propiedades como imaginación o creencia, sentimientos o emociones como alegría u odio, relaciones entre entidades como amigo o vecino, y expresiones numéricas como docena o centenar. Esta heterogeneidad semántica ha motivado que la teoría lingüística moderna busque clasificaciones basadas en criterios distribucionales y funcionales más rigurosos que la mera semántica extensional.

3.2. Tipología sustantiva: clasificaciones fundamentales

Los sustantivos comunes se refieren a objetos designándolos por sus cualidades compartidas, expresando los rasgos semánticos comunes a todos los miembros de su especie, como vegetal o mujer. Por el contrario, los sustantivos propios no designan cualidades de los referentes sino que individualizan un objeto específico dentro de su categoría. Los nombres propios incluyen antropónimos como nombres de personas, zoónimos como nombres de animales, apelativos o títulos, denominaciones de períodos temporales, designaciones de instituciones u organismos y marcas comerciales. Una característica distintiva de los nombres propios es que típicamente no admiten determinante articular ni pueden adoptar morfemas de plural, lo cual refleja su función fundamentalmente referencial.

Los sustantivos concretos designan objetos que existen con independencia de cualquier elaboración intelectual y que son perceptibles materialmente por los sentidos, como coche. En contraste, los sustantivos abstractos requieren aprehensión mediante la inteligencia y dependen de una elaboración mental, como fraternidad o bajura. Esta clasificación lógico-filosófica no permite clasificar con absoluta claridad ciertos sustantivos como viento, semana o luz, cuyos estatutos permanecen ambiguos. Algunos gramáticos han observado que muchos sustantivos abstractos derivan de adjetivos o verbos mediante sufijación con elementos morfológicos como -ad, -ada, -era, -ez, -ancia, -anza, -ción, -encia, -sión, -xión, lo que revela procesos derivacionales subyacentes.

Dentro de los sustantivos concretos se distingue entre sustantivos individuales, que en singular designan una sola cosa como cigarro o dedo, y sustantivos colectivos, que designan una pluralidad o conjunto de elementos considerado como unidad, como alumnado, clero o ejército. Los sustantivos colectivos se consideran determinados desde el punto de vista de la cantidad, aunque gramaticalmente funcionan como singulares. Junto a estos se encuentran los sustantivos indeterminados como conjunto o serie, que poseen valor cuantificativo «de grupo» e influyen en la concordancia del verbo, especialmente cuando van seguidos de un sintagma preposicional como un conjunto de problemas.

La distinción entre sustantivos contables o discontinuos y sustantivos no contables o continuos posee importante relevancia sintáctica y semántica. Los sustantivos contables designan objetos susceptibles de ser contados discretamente, como cuaderno, tenedor o electricista. En cambio, los no contables, frecuentemente denominados sustantivos de materia, carecen de límites naturales y se perciben como masas homogéneas, como oro, trigo u oscuridad. Los sustantivos contables tienden a construirse obligatoriamente con determinantes y aceptan cuantificadores como cada, cualquier, todo y medio, mientras que los no contables admiten construcciones partitivas como poca leche o un poco de leche, que resultan agramaticales con sustantivos contables.

Finalmente, la clasificación según la animacidad diferencia entre sustantivos que designan seres vivientes, como carnicero, y sustantivos que designan seres inanimados, como puñal. Los sustantivos animados se subclasifican ulteriormente en [+ humanos] como estudiante, o [-humanos] como ave, distinción que posee repercusiones sintácticas relevantes. Ciertos verbos con sujeto animado, particularmente transitivos, requieren complemento directo con preposición, como «Pau asustó a Jovita», mientras que los mismos verbos con sujeto inanimado pueden adoptar estructura diferente, como «A Jovita le asusta la vida».

3.3. La sustantivación: procesos y mecanismos

El fenómeno de la sustantivación ocurre cuando una palabra que no pertenece morfológicamente a la categoría del sustantivo funciona como tal dentro de la oración, asumiendo las funciones sintácticas típicamente propias de los sustantivos. Este proceso de cambio funcional se produce mediante procedimientos formales, principalmente mediante la anteposición de un determinante a la palabra no sustantiva. Este mecanismo permite que adjetivos como interesante o roja, adverbios como bien o aquí, verbos, preposiciones e incluso oraciones completas adquieran capacidad para funcionar como términos de preposición, complementos directos o sujetos.

La sustantivación de adjetivos constituye el proceso más frecuente y productivo. Típicamente se realiza mediante la anteposición de un determinante al adjetivo, como en lo interesante o la roja. Sin embargo, existe debate teórico significativo respecto a si estos casos representan verdadera sustantivación o si implican la presencia de un núcleo nominal elidido. Algunos gramáticos sostienen que el determinante actúa como núcleo verbal de estas construcciones, explicando por qué en sintagmas como la roja, la palabra roja funciona como sustantivo modificado por un adjetivo. Otros investigadores proponen la existencia de un núcleo nominal vacío en estas construcciones, lo que permitiría mantener una estructura binaria consistente.

El infinitivo verbal constituye otro caso prominente de sustantivación, aunque los infinitivos mantienen la capacidad de admitir complementos verbales característicos de su categoría de origen. Así, en expresiones como «leer libros en inglés me gusta», el infinitivo actúa como sujeto oracional conservando simultáneamente sus propiedades de núcleo verbal. Algunos gramáticos incluyen los posesivos, demostrativos, numerales e indefinidos dentro de la categoría pronombre, aunque otros los clasifican como determinantes sustantivados. Estos elementos presentan la capacidad de funcionar como sustantivos cuando aparecen sin acompañar a un nombre, como en «estos son buenos» donde estos actúa como sustantivo.

Es fundamental notar que los procedimientos de sustantivación no se limitan a mecanismos puramente formales. Existen también procedimientos sintácticos mediante los cuales palabras que no son sustantivos asumen funciones propias del sustantivo en la oración. Por ejemplo, oraciones completas pueden ser nominalizadas y funcionar como argumentos oracionales. Así, la sustantivación constituye un fenómeno crucial en la dinámica funcional de la lengua, permitiendo flexibilidad categorial y facilitando la creación de nuevas designaciones sin necesidad de crear nuevas palabras radicalmente distintas.

IV. Determinantes y cuantificadores

4.1. Caracterización general y tipología

Los determinantes constituyen un paradigma cerrado de palabras encargadas de expresar significados fundamentalmente gramaticales como la «determinación» o la «cuantificación». Estos elementos funcionan típicamente como especificadores o determinantes del sintagma nominal, regulando la interpretación referencial del sustantivo y su capacidad para funcionar como argumento oracional. La tradición gramatical diferencia entre el artículo y los llamados adjetivos determinativos, categoría que incluye demostrativos, posesivos, numerales y cuantificadores. El estructuralismo contemporáneo, a su vez, distingue entre determinantes y cuantificadores, aunque existe divergencia entre autores respecto a la inclusión de numerales e indefinidos en una u otra categoría.

La teoría lingüística moderna ha establecido una distinción crucial entre determinantes fuertes y determinantes débiles, clasificación que se fundamenta en sus propiedades distribucionales y semánticas divergentes. Los determinantes fuertes incluyen el artículo determinado, los demostrativos, los posesivos antepuestos y ciertos cuantificadores universales como cada, ambos, todo y qué. Estos elementos poseen capacidad identificativa, es decir, permiten la referencia a entidades específicas e identificables dentro del discurso. En cambio, los determinantes débiles, que comprenden el artículo indefinido, cuantificadores indefinidos como mucho, poco, más, menos, sendos, cualquier, tanto, bastante, demasiado, varios, algún, ningún, otro y cuántos, permiten una interpretación más predicativa que identificativa.

Las restricciones en la aparición de determinantes en ciertos contextos sintácticos no son arbitrarias sino que responden a propiedades semánticas profundas. Con verbos existenciales como haber, particularmente relevante en contextos de presentación de nuevas entidades, el complemento directo no puede ser determinado o específico. Así, resultan gramaticales secuencias como «Hay unos, tres, algunos, muchos, varios, otros, ciertos libros», pero agramaticales construcciones como «*Hay los, mis, estos, todos, ambos, cualquiera, los tres, cada libros». Esta restricción refleja la incompatibilidad semántica entre la función existencial del verbo haber y el carácter identificativo de los determinantes fuertes.

Es particularmente relevante reconocer que en ciertas posiciones oracionales específicas, los sustantivos pueden aparecer sin determinante explícito, fenómeno denominado ausencia de determinante o sustantivos «escuetos». Esta ausencia obedece a criterios interpretativos, sintácticos o pragmáticos específicos que licencian tales construcciones. En general, la falta de determinante implica una integración del sustantivo con el verbo que forma un predicado complejo, proceso que puede inclusive derivar en la creación de palabras complejas que heredan el significado del verbo, como en el caso de hacer colección que genera el verbo coleccionar.

4.2. El artículo

El artículo constituye un morfema átono independiente, es decir, una palabra carente de acento propio que depende fonéticamente de la palabra que le sigue. Su función principal consiste en actualizar al sustantivo, permitiendo su referencia dentro del discurso sin aportar contenido semántico significativo. En la tradición gramatical española se ha establecido la distinción entre el artículo determinado, representado por las formas el, la, lo, los, las, cuya función consiste en referirse a entidades ya conocidas o previamente mencionadas, y el artículo indeterminado, representado por un, una, unos, unas, que introduce entidades nuevas en el discurso.

No obstante, existe una línea interpretativa importante, iniciada por Bello en el siglo diecinueve, que considera los artículos determinados como variantes átonas del pronombre personal, perspectiva que ha adquirido cierto predicamento en contextos teóricos específicos. Esta postura destaca las funciones referenciales que comparten el artículo y los pronombres. Paralelamente, otra tradición gramatical ha propuesto considerar el artículo indeterminado como una variante de los cuantificadores indefinidos o de los numerales, perspectiva que enfatiza las propiedades cuantificativas de este elemento.

Un grupo importante de lingüistas contemporáneos ha propuesto una redefinición conceptual, distinguiendo entre artículo presentador, que introduce una entidad nueva en el discurso, y artículo reconocedor, que remite a una entidad ya identificada. Esta distinción resulta más funcional que la basada en la dicotomía definido/indefinido, la cual representa una imitación de categorías de la gramática lógica francesa que no se adecúa plenamente a las propiedades del artículo en español. Finalmente, cabe mencionar que la forma un presenta una ambigüedad funcional significativa, pues puede actuar como artículo presentador, como cuantificador indefinido similar a algún, o como numeral opuesto a dos o tres en contextos específicos.

4.3. Los demostrativos

Los demostrativos constituyen elementos deícticos que señalan la situación espacial o temporal del nombre al que determinan en relación con las personas del discurso, particularmente el hablante. Estos elementos presentan variación formal compleja que registra distinciones de género, número y grado de proximidad espacial o temporal con respecto al hablante y al oyente. Las formas proximales este, esta, estos, estas expresan proximidad con respecto al hablante. Las formas de distancia media ese, esa, esos, esas mantienen cierta proximidad relativa. Las formas remotas aquel, aquella, aquellos, aquellas designan alejamiento temporal o espacial más pronunciado.

Además de las variaciones formales registradas, los demostrativos pueden expresar proximidad deíctica, concepto que supera la simple distancia espacial para incluir cercanía textual o conceptual. Por ejemplo, en contextos anapóricos o catafóricos, los demostrativos pueden remitir a elementos del discurso previo o subsecuente. También pueden presentar valor despectivo cuando se posponen al sustantivo, como en expresiones coloquiales «¡vaya con el ministro este!», donde la posposición añade matices de menosprecio o desaprobación. El demostrativo tal y sus variantes tales pueden actuar como demostrativos antepuestos al sustantivo cuando están incluidos en construcciones como tal respuesta, aunque frecuentemente poseen valor demostrativo cuando se emplean de forma aislada.

Es importante destacar que los demostrativos pueden sustantivarse fácilmente, funcionando como pronombres cuando aparecen sin sustantivo que modificar, como en «este es el que te dije» donde este actúa como pronombre demostrativo. Este comportamiento revela la estructura flexible de estos elementos en el sistema determinativo del español y su capacidad para asumir funciones pronominales cuando el contexto lo requiere. La sustantivación demostrativa es particularmente frecuente en procesos anafóricos donde el pronombre recupera un antecedente previamente mencionado.

4.4. Los posesivos y el relativo posesivo cuyo

Los posesivos establecen una relación de posesión o pertenencia entre las personas gramaticales y el sustantivo que determinan. Estos elementos funcionan como determinantes nominales que expresan cuya entidad posee o qué entidad es poseída. Presentan dos sistemas formales divergentes que se corresponden con diferencias funcionales y distribucionales significativas. Las formas átonas y apocopadas, que siempre aparecen antes del nombre (mi/mis, tu/tus, su/sus), son compatibles solamente con los demostrativos, como en la construcción estas mis amigas, donde el posesivo ocupa posición medial.

Las formas tónicas, también denominadas plenas, incluyen mío, tuyo, suyo para un poseedor singular, y nuestro, vuestro para varios poseedores. Estas formas tónicas son compatibles con cualquier otro determinante y típicamente se sitúan después del sustantivo, como en el ejemplo «el libro tuyo». Sin embargo, nuestro y vuestro presentan mayor flexibilidad posicional, pudiendo aparecer tanto antepuestos como pospuestos indistintamente, aunque con diferencias interpretativas. La posposición de los posesivos tónicos generalmente enfatiza la posesión o confiere mayor relieve a la relación posesiva expresada.

El posesivo relativo cuyo, cuya, cuyos, cuyas constituye una forma especial que funciona simultáneamente como posesivo y como elemento relativo. Este elemento es siempre átono, antecede necesariamente al sustantivo y concuerda con él en género y número, como en cuyo padre, cuyos hijos, cuya madre, cuyas hijas. El rasgo fundamental que distingue cuyo de otros posesivos consiste en que añade a su significado posesivo un valor gramatical relativo, estableciendo una conexión con un antecedente sustantivo con el cual no concuerda, sino con el que mantiene una relación sintáctica de poseedor. Esta estructura la hace especialmente útil para construir proposiciones subordinadas de relativo donde se expresa la relación posesiva.

Desde la perspectiva de ciertas escuelas gramaticales, particularmente la iniciada por Bello, los posesivos han sido considerados un tipo particular de pronombre personal, teoría que destaca sus propiedades de referencia personal. Otros investigadores contemporáneos, como Picallo y Rigau, clasifican los posesivos como pronombres personales genitivos, posición que enfatiza su conexión con los sistemas pronominales personales. Sin embargo, estas interpretaciones divergen del análisis que considera los posesivos como determinantes propiamente dichos. Lo que resulta evidente es que los posesivos se alejan estructuralmente de los pronombres personales por su capacidad para construirse con artículos y por su variación de género.

4.5. Cuantificadores: numerales e indefinidos

Los cuantificadores delimitan con precisión la extensión cuantitativa del sustantivo que preceden, expresando la cantidad mediante valores que pueden ser exactos, representados por los numerales, o aproximados, típicamente expresados por los indefinidos. Esta categoría constituye un conjunto fundamental dentro de los determinantes del español, cumpliendo funciones cruciales en la especificación del dominio referencial del sintagma nominal.

Los numerales cardinales expresan los números naturales en secuencia: cero, uno, dos, tres, cuatro, y sucesivamente. De todos los adjetivos numerales cardinales, solo dos elementos concuerdan en género con el sustantivo que modifican: la forma uno y una, así como sus combinaciones numéricas, y las centenas desde doscientos hasta novecientos. Así, podemos decir «veintiuna personas» con concordancia de género, pero no «cuatro personas» o «trescientos personas». Los numerales uno y ciento experimentan apocope ante sustantivos masculinos, transformándose en un y cien respectivamente, como en «cien alumnos».

Los numerales ordinales establecen el lugar de orden que ocupa el sustantivo dentro de una serie establecida: primero, segundo, tercero, cuarto, quinto, etcétera. Esta categoría numérica adjetiva se ha contraído significativamente en el uso cotidiano, permaneciendo principalmente en lenguajes técnicos y especializados, y típicamente solo hasta la décima posición. Pueden preceder o seguir al sustantivo con matices diferentes: «el tercer capítulo» enfatiza el orden de manera más directa que «el capítulo tercero». Frecuentemente, los ordinales son sustituidos erróneamente por los cardinales o por los numerales fraccionarios en contextos donde la precisión ordinal sería más apropiada.

Los numerales fraccionarios añaden al sustantivo el concepto de fracción de la unidad. Hasta el número diez, poseen formas idénticas a las de los ordinales, aunque frecuentemente requieren la interposición de ciertos determinantes y van seguidos de la palabra parte. Se unen al sustantivo mediante la preposición de: «la quinta parte de nuestra herencia», «dos terceras partes de los presentes». Para fracciones menores de una décima parte (1/10), se emplean los numerales cardinales con adición del sufijo -avo: por ejemplo, «tres doceavos» representa la fracción 3/12.

Los numerales multiplicativos multiplican el significado del sustantivo que acompañan, presentando únicamente variación de número. Pueden aparecer tanto antepuestos como pospuestos al sustantivo: doble, triple, cuádruple, quíntuple. Este paradigma constituye un conjunto cerrado en la lengua española, sin posibilidad de extensión mediante derivación productiva.

Los cuantificadores indefinidos se subdividen en dos grupos fundamentales según su capacidad referencial. Los cuantificadores universales o fuertes—todo, cada, ambos, cualquier—expresan cuantificación con alcance universal. Solamente todo es compatible con el artículo, aunque típicamente ocupa posición de predeterminante como en «todo el día», aunque también puede posponerse como «léete el libro todo». Cada posee sentido distributivo enfatizando la aplicación individual de la predicación a cada miembro: «dale a cada alumno su libreta». Ambos puede asimilarse a los numerales como expresión de dualidad.

Los cuantificadores indefinidos débiles comprenden un conjunto más numeroso: ningún, algún, mucho, bastante, demasiado, varios, cierto, poco, más, menos, otro, mismo, demás, mero. Algunos autores incluyen además tanto, cuanto, sendos y tal. Estos cuantificadores expresan cantidades aproximadas o parciales del dominio referencial, permitiendo interpretaciones inespecíficas o genéricas que resultan más compatibles con contextos de introducción de nuevas entidades.

4.6. Interrogativos, exclamativos y locuciones determinativas

Los determinantes interrogativos introducen oraciones con sentido interrogativo donde determinan a sustantivos cuya identidad o cantidad está pendiente de precisación. El interrogativo qué se utiliza para objetos inanimados, cuál y cuáles para la selección dentro de un conjunto, cuánto, cuánta, cuántos, cuántas para expresar cantidad. Estos elementos funcionan fundamentalmente para eliminar la imprecisión y obtener información específica mediante la formulación de una pregunta.

Los determinantes exclamativos mantienen estructura paralela a los interrogativos pero funcionan para ponderar expresivamente lo designado por el sustantivo, expresando sorpresa, admiración, indignación u otros sentimientos intensos. La exclamación «¡Cuántos días pasaron sin saber de ti!» expresa admiración o sorpresa ante la cantidad de tiempo transcurrido. Los mismos elementos formales pueden funcionar interrogativamente o exclamativamente dependiendo del contexto entonativo y punctuativo.

Las locuciones determinativas se forman habitualmente mediante la unión de determinantes con la preposición de, particularmente por elisión de un sustantivo cuantitativo intermedio. La expresión «¡La de gente que ha venido!» ejemplifica esta formación, donde implícitamente existe un sustantivo como cantidad elidido. Locuciones como mogollón de, una barbaridad de, infinidad de, un porrón de, multitud de, un montón de funcionan de manera paralela. Otra locución determinativa frecuente es así de, típicamente acompañada de gesto manual del emisor, que resulta sinónima de mucho, mucha, muchos, muchas en contextos coloquiales.

V. Complementos del nombre: sintagma preposicional y nominal

5.1. Clasificación general de los complementos nominales

Los complementos del sustantivo presentan una heterogeneidad tipológica notable que refleja la complejidad de la estructura del sintagma nominal en español. Estos complementos pueden adoptar tres formas sintagmáticas fundamentales: sintagmas adjetivos, sintagmas preposicionales, y sintagmas nominales. Los dos primeros tipos resultan extraordinariamente productivos en la lengua española, generando infinitud de combinaciones. Los sintagmas nominales como complementos presentan restricciones distribucionales más severas, manifestadas particularmente en casos de aposición especificativa.

Es fundamental distinguir entre complementos argumentales y complementos adjuntos dentro de los sintagmas preposicionales. Con ciertos sustantivos que poseen estructura argumental heredada de sus correspondientes formas verbales o adjetivas, como reforma o homenaje, los complementos preposicionales son exigidos semánticamente por el significado del sustantivo. La expresión «la reforma del Estatuto por el gobierno gallego» ilustra cómo reforma, sustantivo deverbal, requiere tanto un argumento tema como un argumento agente. Estos sustantivos deverbales o deadjetivales típicamente heredan la estructura argumental del verbo o adjetivo del que proceden, aunque existen numerosos casos donde no existe esta relación morfológica directa.

Los complementos adjuntos modifican a sustantivos que carecen de estructura argumental, incorporando valores semánticos como lugar, manera, instrumento, materia o propósito, que no están requeridos por el núcleo sino por la situación discursiva. Dentro de los adjuntos se pueden distinguir múltiples subtipos: los de posesión alienable como «las calles de Vigo» donde la relación posesiva puede separarse, los circunstanciales como «la llegada de Pau desde Girona» que especifican circunstancias espaciales o temporales, los grupos nominales de clase como «coche de caballos» que especifican una subcategoría, los atributivos como «el pesado del vecino» que atribuyen cualidades, y las aposiciones nominales que modifican el sustantivo mediante otro sustantivo de idéntica categoría.

5.2. Los sintagmas nominales como complementos: aposición

Respecto a los sintagmas nominales que funcionan como complementos de otro sintagma nominal, existe una distinción crucial que incide en el análisis sintáctico. Las aposiciones explicativas no restringen la referencia del sustantivo núcleo, sino que desarrollan una propiedad habitual de este mediante una denominación alternativa. Por ejemplo, en la secuencia «Pau, el novio de Jovita, viaja desde Girona», la aposición explicativa añade información que ya era virtualmente recuperable del contexto. Estas aposiciones típicamente se separan mediante pausas entonativas o mediante signos de puntuación como comas o guiones.

Las aposiciones especificativas, por el contrario, restringen la referencia del sustantivo nucleado, funcionando de manera similar a los complementos preposicionales. En ejemplos como «un viaje relámpago» donde relámpago opera como aposición adjetival especificativa, o en «Jovita Rodríguez» donde el apellido especifica la identidad de la persona nombrada, se produce una restricción del dominio referencial. Igualmente, ciertos complementos nominales con preposición de como «la ciudad de Vigo» o «la calle de Alcalá» funcionan como aposiciones especificativas, tendiendo a generar formaciones léxicas estables o colocaciones altamente convencionales como «hora punta» o «fecha límite».

VI. El sintagma adjetivo

6.1. Caracterización y estructura del sintagma adjetivo

El sintagma adjetivo constituye el complemento más común del núcleo nominal en español. Puede aparecer en forma simple o acompañado de complementos que especifiquen su sentido, aunque típicamente admite cuantificadores o expresiones de grado que modulan la intensidad o magnitud de la cualidad designada. Ejemplos como «apta para el baño» o «bastante amable con los alumnos» muestran cómo el adjetivo puede combinarse con complementos preposicionales que precisan su significado.

La estructura característica del sintagma adjetivo combina un núcleo adjetivo con elementos especificadores y complementos según sus propiedades léxicas particulares. Algunos adjetivos de cualidades físicas como alto, bajo, grande admiten únicamente cuantificadores de grado como muy o demasiado. En cambio, otros adjetivos, particularmente aquellos que designan propiedades más abstractas o relacionales, seleccionan semánticamente complementos preposicionales específicos. Adjetivos como reacio, idóneo, solidario, abundante requieren un régimen preposicional particular: reacio a, idóneo para, solidario con, abundante en.

Es relevante observar que ciertos adjetivos que proceden de verbos mantienen la estructura argumental y el régimen preposicional de sus formas verbales de origen. Así, el adjetivo semejante a mantiene la misma preposición que el verbo asemejar, permitiendo expresiones como «una situación semejante a la del pasado año» que se corresponde con «la situación se asemeja a la del pasado año». En ocasiones, el complemento del adjetivo puede constituir una oración completa, como en «Pau está preocupado por no saber nada de Jovita», donde el complemento infinitivo actúa como objeto de la preposición.

6.2. El adjetivo: forma, clases y posición

Los adjetivos presentan características morfológicas específicas que los distinguen de otras categorías. Amplían o precisan la significación del sustantivo al que acompañan, y generalmente exhiben variación de género en los adjetivos de dos terminaciones como bueno o caro, mientras que los adjetivos de una terminación como alegre o verde permanecen invariables en género. Todos los adjetivos españoles presentan oposición de número entre singular y plural: blanco/blancos, aunque los adjetivos terminados en -s sin acento no presentan marca de plural adicional, como en «un triángulo isósceles».

En posición prenominal, ciertos adjetivos experimentan apocope, es decir, pérdida de una vocal o sílaba final. El adjetivo buen reemplaza a bueno, y mal reemplaza a malo ante sustantivos masculinos singulares. El adjetivo grande se apocopa únicamente en gran cuando precede a sustantivos masculinos o femeninos singulares, aunque no cuando está precedido de más: «gran oportunidad» pero «la más grande oportunidad». El adjetivo santo experimenta apocope solo ante nombres propios masculinos, como en «San Pedro», pero no ante sustantivos comunes ni ante nombres propios femeninos.

El grado constituye una marca formal característica del adjetivo que permite expresar la intensidad o magnitud de la cualidad. La gradación puede realizarse mediante procedimientos léxicos distintos, como en la serie caliente/tibio/frío, o mediante procedimientos morfosintácticos como derivación mediante el sufijo -ísimo o prefijos como super-, perífrasis comparativas como muy alto, o repetición como alto alto. Esta capacidad de gradación es una herencia del latín que se mantiene en los grados comparativo y superlativo, aunque su análisis detallado corresponde al tema específicamente dedicado a las propiedades del adjetivo.

La clasificación de los adjetivos ha generado debate considerable en la tradición gramatical. La distinción tradicional entre adjetivos calificativos y determinativos ha sido cuestionada por gramáticos como Marcos Marín, quienes sostienen que existe únicamente un tipo de adjetivos, los calificativos. Otras clasificaciones más matizadas, como la de Lapesa, diferencian entre valorativos, descriptivos y de relación o pertenencia. La tipología de adjetivos contemporánea más aceptada distingue entre calificativos caracterizadores de propiedades físicas, adverbiales que mantienen relaciones semánticas con adverbios, y relacionales que vinculan el sustantivo con un ámbito específico.

6.3. Modificadores y complementos del adjetivo

Un número significativo de adjetivos admite modificadores o especificadores de grado que modulan la intensidad de la cualidad expresada. El cuantificador muy constituye el modificador de grado más frecuente en español, como en «Pau es muy antipático». Ciertos autores han propuesto la existencia de sintagmas especializados nucleados por elementos de grado como tan, cuánto, qué, cuya función específica consiste en modular la extensión de la cualidad. Similarmente, se han reconocido sintagmas cuantificadores nucleados por más y menos que operan sobre la magnitud relativa.

Con los denominados adjetivos aspectuales, que expresan estados alcanzados o procesos susceptibles de completarse como limpio, maduro, sucio, los especificadores de grado operan distinctivamente. En estas construcciones, los modificadores como completamente actúan directamente sobre el núcleo adjetivo sin expresar genuinamente grado comparativo: «completamente maduro» indica fase avanzada más que intensidad de cualidad. El modificador muy en estos casos deja de expresar grado propiamente dicho para indicar una fase avanzada en el proceso significado por el adjetivo.

Los adverbios de dominio o punto de vista, como políticamente, moralmente, operativamente, funcionan como especificadores que contextualizan la cualidad dentro de un dominio específico: «políticamente inadmisible» especifica que la inadmisibilidad se predica desde la perspectiva política. Igualmente, los adverbios de tiempo y frecuencia como normalmente, frecuentemente actúan como especificadores del adjetivo. Los adjetivos que designan cualidades físicas de objetos como alto, gordo, pequeño, admiten únicamente complementos preposicionales no argumentales de manera: «es demasiado alto para mí». Sin embargo, existe un grupo importante de adjetivos que seleccionan semánticamente un complemento particular, requiriendo la introducción de una preposición específica dictada por el significado del adjetivo.

VII. Complementos oracionales del nombre

7.1. Proposiciones subordinadas sustantivas

Existen dos tipos fundamentales de complementación oracional de un sustantivo: mediante proposiciones subordinadas sustantivas y mediante proposiciones subordinadas de relativo o adjetivas. Las proposiciones subordinadas sustantivas pueden clasificarse en dos categorías según su naturaleza sintáctica y semántica. Las subordinadas argumentales resultan requeridas por sustantivos que poseen estructura argumental, típicamente derivados de verbos transitivos, como miedo, insistencia, seguridad, deseo. La construcción «la insistencia de Pau en que él no tiene la culpa» ejemplifica cómo el sustantivo insistencia requiere una proposición subordinada que exprese el contenido de la insistencia.

Las proposiciones subordinadas sustantivas adjuntas, en cambio, aparecen con sustantivos que fundamentalmente carecen de estructura argumental como mesa, libro o piedra. Estas construcciones resultan particularmente próximas a las aposiciones nominales, pues el núcleo puede ser suprimido sin producir agramaticalidad fundamental: «se dice que Pau va a volver con Jovita» ejemplifica cómo la proposición subordinada puede funcionar de manera autónoma. En estas construcciones, la preposición que subordina la oración suele ser de, la menos marcada del español, razón por la cual han recibido la denominación de aposiciones en ciertos análisis gramaticales.

7.2. Proposiciones subordinadas de relativo

Las proposiciones subordinadas de relativo funcionan como adyacentes de un sustantivo dentro del sintagma nominal, sustantivo que se convierte en el antecedente de la secuencia relativa. Estas proposiciones se introducen típicamente mediante un pronombre relativo como quien o cual, un adverbio relativo como donde o cuando, un determinante relativo como cuyo, o construcciones con artículo seguido del relativo como los que o las que. Ejemplos como «el chico que te regaló el collar» o «el bar donde quedamos» ilustran estas construcciones fundamentales.

En la gramática tradicional se han equiparado las proposiciones subordinadas de relativo con las proposiciones subordinadas adjetivas, pero es evidente que esta equiparación no es total, pues existen funciones del adjetivo en las que no puede encontrarse una oración de relativo equivalente. Por ejemplo, en función de atributo oracional, los adjetivos pueden aparecer pero las proposiciones subordinadas de relativo generalmente no. Los pronombres, determinantes y adverbios relativos desempeñan en sus proposiciones dos funciones sintácticas simultáneas: funcionan como nexo que une la proposición subordinada con el antecedente, y simultáneamente desempeñan otra función dentro de la proposición subordinada.

Se distinguen dos tipos fundamentales de proposiciones subordinadas de relativo según posean o carezcan de antecedente explícito. Las subordinadas con antecedente se clasifican según el modo como modifican al sustantivo. Las especificativas o restrictivas complementan al sustantivo, con el que forman un grupo fónico unificado, restringiendo su significado mediante la proposición: «el árbol que está en la plaza deberían cortarlo». Las explicativas o incidentales, en cambio, añaden información explicativa sin delimitar el contenido del sustantivo, separándose mediante comas para formar grupo fónico propio: «el árbol, que está en la plaza, deberían cortarlo».

Las proposiciones subordinadas de relativo sin antecedente realizan funciones propias de un sintagma nominal nominalizadas, como sujeto, complemento directo, complemento indirecto o término de preposición. Pueden introducirse mediante un artículo seguido del relativo que, como en «ese es el que te dije», o por los relativos quien/quienes, cuanto/cuanta/cuantos/cuantas que operan sin antecedente expreso. Estas construcciones relativas sin antecedente representan casos donde la proposición completa funge como sintagma nominal, llevando a cabo funciones tipicamente nominales dentro de la estructura oracional superior.

VIII. Orden de constituyentes y funciones del sintagma nominal

8.1. Orden de los elementos dentro del sintagma nominal

El orden lineal de los constituyentes dentro del sintagma nominal no es arbitrario sino que responde a principios sintácticos y pragmáticos específicos. Con los denominados especificadores—determinantes, cuantificadores y adjetivos pseudodeterminativos—el orden lineal refleja una jerarquía precisa que sigue una secuencia típicamente reconocida. Los determinantes fuertes como artículos determinados, demostrativos y posesivos antepuestos ocupan la posición más periférica. Los cuantificadores y adjetivos pseudodeterminativos ocupan posiciones sucesivas. Este orden jerárquico no es flexible y responde a restricciones profundas sobre la combinatoria de estos elementos.

Con los complementos del sustantivo, particularmente los sintagmas adjetivos y los sintagmas preposicionales, el orden lineal refleja una progresión de menor a mayor longitud o «pesantez» estructural. Los adjetivos, que típicamente constituyen unidades menos extensas, ocupan posiciones más próximas al sustantivo. Los sintagmas preposicionales, que frecuentemente incorporan mayor complejidad estructural, tienden a ocupar posiciones finales: «esos manuales incomprensibles sobre la teoría de las supercuerdas». Las proposiciones subordinadas de relativo especificativas siempre ocupan la posición final del sintagma nominal, tras todos los demás complementos.

Esta tendencia a situar los constituyentes más largos al final del sintagma nominal responde a dos principios complementarios. En primer lugar, existe una tendencia discursiva de codificación mediante la cual los elementos más cortos reciben interpretaciones sintácticamente más complejas si se colocan tras un complemento más extenso. En segundo lugar, los elementos más largos suelen constituirse como portadores de información nueva o remática, circunstancia que licencia su posposición. Existe una excepción notable con los sintagmas preposicionales de «clase» que especifican subcategorías, donde puede obviarse esta regla general: «un coche de caballos precioso» donde el adjetivo puede posponerse.

8.2. Funciones sintácticas del sintagma nominal

El sintagma nominal puede desempeñar un amplio elenco de funciones sintácticas dentro de la oración, funciones que se establecen sobre la base de su distribución y sus relaciones con otros elementos oracionales. La función más prototípica es la de sujeto, donde el sintagma nominal expresa la entidad acerca de la cual se predica algo: «Pau toca la guitarra» donde Pau constituye el sujeto. En posición de complemento directo, el sintagma nominal expresa la entidad afectada por la acción verbal: «Jovita escondió la guitarra de Pau».

El sintagma nominal puede funcionar como término de un complemento indirecto o complemento preposicional, expresando la entidad beneficiaria u orientatoria de la acción verbal: «le llevó un regalo a un sobrino de Pau» o «carece de suficiente dinero». Como complemento nominal, el sintagma nominal modifica a otro sustantivo: «la guitarra de la hermana». En función de aposición, el sintagma nominal se adjunta a otro sintagma nominal para proporcionar información especificativa o explicativa: «Pau, el cantante de Jarabe de palo, no toca más». Como atributo, el sintagma nominal designa una propiedad o identificación del sujeto en oraciones copulativas: «Pau es el cantante de Jarabe de palo».

Existe además la función de complemento predicativo, donde el sintagma nominal funciona como adyacente que proporciona información adicional sobre el complemento directo o el sujeto: «eligieron a Pau el mejor cantante del año». Las funciones semánticas constituyen los papeles significativos más profundos que los elementos realizan dentro de una expresión, como agente, paciente, experimentador, beneficiario, locativo. El estudio pormenorizado de estas funciones semánticas se aborda en el tema específicamente dedicado a las funciones sintácticas del sintagma nominal, tema donde se examinan con mayor detalle las implicaciones semánticas de cada función sintáctica.


BIBLIOGRAFÍA

Alarcos Llorach, E.: Gramática de la lengua española. Espasa Calpe, Madrid, 1994. Análisis estructural del sistema gramatical español que ha servido de referencia fundamental para la descripción de sintagmas nominales en la tradición hispanista.

Bosque Muñoz, I.: Gramática descriptiva de la lengua española (ed. con V. Demonte). Espasa, Madrid, 1999. Obra de consulta exhaustiva que proporciona análisis detallados de la estructura nominal, complementos, adjetivos y determinantes con perspectiva contemporánea.

Fernández Leborans, M. J.: Los sintagmas del español. I. El sintagma nominal. Arco/Libros, Madrid, 2003. Estudio monográfico dedicado al análisis integral del sintagma nominal español con énfasis en las estructuras determinantes y su funcionamiento referencial.

Marcos Marín, F., Satorre, F. J. y Viejo, M. L.: Gramática española. Síntesis, Madrid, 1998. Presentación sistemática de la estructura gramatical del español con apartados específicos sobre categorías nominales, determinantes y complementación.

Alcina Franch, J. y Blecua, J. M.: Gramática española. Espasa Calpe, Madrid, 1975. Obra clásica que mantiene vigencia por su tratamiento sistemático de categorías sintácticas y su análisis de fenómenos nominales particulares.

Real Academia Española: Esbozo de una nueva gramática de la lengua española. Espasa-Calpe, Madrid, 1973. Documento fundacional que estableció muchas de las categorías descriptivas utilizadas en la lingüística hispanista contemporánea para el análisis de sintagmas nominales.

Demonte, V.: «El adjetivo: clases y usos. La posición del adjetivo en el sintagma nominal». En Bosque, I. y Demonte, V.: Gramática descriptiva de la lengua española. Espasa, Madrid, 1999. Capítulo especializado en las propiedades sintácticas y semánticas de los adjetivos dentro del sintagma nominal.

Escandell Vidal, M. V.: Los complementos del nombre. Arco/Libros, Madrid, 1995. Monografía específicamente dedicada al análisis de complementos del sustantivo, incluyendo sintagmas preposicionales y proposiciones subordinadas.

Eguren, L.: «Pronombres y adverbios demostrativos. Las relaciones deícticas». En Bosque, I. y Demonte, V.: Gramática descriptiva de la lengua española. Espasa, Madrid, 1999. Análisis profundo de los elementos deícticos dentro de la determinación nominal con énfasis en sus propiedades referenciales.

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    Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Lengua y Literatura actualmente JUBILADO.
    Mí último destino fue la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevaba más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho fui asesor en varios centros del profesorado y me dediqué, entre otras cosas, a la formación de docentes; trabajé durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante estuve en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.

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