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ToggleEl texto argumentativo: estructura y técnicas
I. Naturaleza del texto argumentativo
1.1. Definición y concepto fundamental
El texto argumentativo constituye una tipología textual cuyo propósito comunicativo se cifra en la persuasión y el convencimiento del receptor mediante la exposición ordenada de razones válidas. Conforme señala Miriam Álvarez en sus estudios sobre tipología textual, argumentar implica convencer a un receptor para que adopte una determinada perspectiva ideológica o valorativa respecto de un asunto controvertible. Esta modalidad discursiva se distingue por la implicación directa del receptor, quien no permanece como agente pasivo sino como destinatario activo del proceso de persuasión. A diferencia de otros textos expositivos que se limitan a informar, el texto argumentativo busca generar adhesión intelectual mediante la presentación sistemática de pruebas, ejemplos y razonamientos que sustenten la tesis defendida.
La naturaleza fundamentalmente subjetiva del discurso argumentativo radica en que todo argumento se construye desde una postura evaluativa previa del emisor frente a la realidad. El texto argumentativo no pretende únicamente informar sobre hechos, sino persuadir valorativamente sobre su significación e implicaciones. Esta característica lo diferencia de modo sustancial de los textos puramente expositivos o descriptivos, en los que la intención comunicativa se orienta hacia la transmisión objetiva del conocimiento. En el ámbito de los estudios del discurso, la argumentación se ha considerado desde antaño como una de las modalidades retóricas más complejas, pues requiere tanto del dominio de técnicas discursivas como del conocimiento profundo de los mecanismos psicológicos que rigen la persuasión.
1.2. Técnicas y procedimientos argumentativos
Las técnicas argumentativas constituyen el conjunto de procedimientos discursivos mediante los cuales el emisor canaliza su intención persuasiva. Entre las principales técnicas destaca el razonamiento lógico, fundado en la deducción desde premisas válidas, así como la inducción desde hechos particulares hacia conclusiones generales. El razonamiento silogístico, heredado de la tradición aristotélica, sigue siendo fundamental en la construcción de argumentos rigurosos: si se parte de premisas indubitables, la conclusión que se deduce adquiere fuerza lógica irrefutable. No obstante, en el discurso argumentativo contemporáneo coexisten además argumentos de naturaleza más flexible, tales como el argumento de ejemplo, que ilustra mediante casos particulares la validez de una proposición general, o el argumento de analogía, que establece paralelismos estructurales entre realidades distintas.
Asimismo, las técnicas argumentativas abarcan procedimientos retóricos de índole más afectiva, como la apelación emocional o la invocación de autoridades reconocidas. La técnica de la reductio ad absurdum, que demuestra la invalidez de una posición mostrando sus consecuencias lógicamente insostenibles, representa otra herramienta fundamental en la argumentación. Las técnicas de concesión y refutación, por su parte, permiten al argumentador anticiparse a posibles objeciones, incorporándolas de manera controlada en el discurso para luego demostrar su inconsistencia. En el contexto del español académico, estas técnicas se inscriben en la tradición retórica occidental que remonta a Cicerón y Quintiliano, aunque la actualización moderna de tales procedimientos responde a los principios de la retórica contemporánea y la teoría de la argumentación.
1.3. Principales tipos de argumentos
La clasificación de los tipos de argumentos constituye un aspecto nodal en la teoría de la argumentación, pues permite comprender los mecanismos mediante los cuales se construye la persuasión. El argumento de autoridad se basa en la apelación a figuras reconocidas en un determinado campo del saber, fundamentando la validez de una proposición en la credibilidad y prestigio de quien la sostiene. Este tipo de argumento adquiere especial relevancia en contextos académicos y científicos, donde la invocación de especialistas confiere legitimidad al discurso. El argumento de probabilidad, por su parte, se sustenta en la previsión fundada de que ciertos hechos ocurrirán conforme a patrones regulares observados anteriormente. Este tipo de razonamiento ampliamente utilizado en el discurso político y mediático permite construir predicciones plausibles sobre consecuencias futuras.
El argumento de hecho se fundamenta en datos verificables y evidencias empíricas que respaldan una tesis de manera directa. La acumulación de hechos específicos genera un efecto retórico de solidez argumentativa que resulta particularmente efectivo en textos de naturaleza científica o jurídica. Igualmente, el argumento de comparación establece analogías entre situaciones diversas para demostrar que si una conclusión es válida en un contexto, también lo es en otro contexto estructuralmente homólogo. El argumento de signo o índice, que infiere consecuencias de un hecho observable, constituye asimismo una modalidad frecuente en la prosa argumentativa. Finalmente, el argumento a contrario, que demuestra una tesis mostrando la invalidez de su negación, y el argumento de sacrificio, que concede puntos menores para fortalecer la posición global, completan el repertorio fundamental de tipos argumentativos utilizados en la lengua española.
1.4. Técnicas argumentativas orales
La modalidad oral de la argumentación presenta particularidades que la distinguen sustancialmente de la argumentación escrita, fundamentalmente en lo que respecta a la inmediatez comunicativa y la interacción sincrónica entre emisor y receptor. En el contexto de la oratoria académica y política, el argumentador debe considerar factores como la entonación, los gestos corporales, la mirada directa al auditorio y la gestión del espacio físico como elementos constitutivos del acto persuasivo. La técnica del discurso oral requiere una estructuración especialmente clara de las ideas, pues el receptor no dispone de la posibilidad de releer o reflexionar pausadamente sobre el contenido, sino que debe procesar la información de manera progresiva conforme se desarrolla la alocución.
En la argumentación oral, la premisa argumentativa adquiere importancia crítica, pues constituye el punto de partida desde el cual se procura obtener la adhesión inmediata de los oyentes. Si tal acuerdo sobre los presupuestos iniciales no se alcanza, se produce inevitablemente lo que la tradición retórica denomina litigio, esto es, la discrepancia que imposibilita proseguir el discurso sobre bases comunes. Las técnicas de repetición y paralelismo sintáctico cobran especial relevancia en la oratoria, pues crean efectos de énfasis y memorabilidad que no son necesarios en la argumentación escrita. Asimismo, la modulación del ritmo del discurso, la pausa estratégica y los recursos prosódicos constituyen herramientas fundamentales para mantener la atención del auditorio y reforzar los puntos argumentativos de mayor relevancia.
II. Estructura y características del texto argumentativo
2.1. Concepto de estructura argumentativa y organización del razonamiento
La estructura del texto argumentativo se fundamenta en la necesidad de organizar coherentemente un proceso razonador cuyo fin es conseguir la persuasión de uno o varios receptores. El discurso argumentativo se concibe, en esencia, como un proceso diseñado para convencer, mediante el cual el autor elabora los pasos de ese itinerario discursivo según su valoración de qué estrategia resultará más efectiva ante un auditorio o grupo de lectores específicos. La arquitectura de un texto argumentativo exige, por tanto, claridad y seguridad en la dirección del razonamiento, lo que supone mostrar convicción inequívoca en la idea que se pretende defender y seleccionar adecuadamente los argumentos que se presentan conforme a criterios de pertinencia y eficacia retórica.
En el proceso de razonamiento argumentativo, los argumentos pueden situarse estratégicamente en diversos lugares del discurso para maximizar su impacto persuasivo. Cuando se ubican al comienzo del texto, actúan como punto de partida del razonamiento y configuran las premisas que siempre intentan obtener la adhesión inmediata del oyente o lector. La fuerza de la premisa argumentativa estriba precisamente en lograr el acuerdo inicial del receptor respecto de los supuestos básicos, pues sin tal acuerdo fundacional se produce el litigio discursivo. Cuando los argumentos se colocan en el núcleo del proceso razonador, se presentan como proposiciones o enunciados que mantienen entre sí relaciones lógicas o cuasi lógicas, construyendo argumentos mediante enlaces entre enunciados interrelacionados que tienen la función de fortalecer o corroborar opiniones expresadas con anterioridad.
2.2. Estructura explicativa o deductiva
La estructura explicativa o deductiva constituye una de las modalidades más frecuentes en la composición de textos argumentativos, particularmente en ensayos y artículos de opinión. En esta estructura, el autor expone la tesis que defiende al principio del texto, presentándola de manera explícita y clara, y se procede posteriormente a respaldarla mediante una serie ordenada de argumentos que confirman y amplían la proposición inicial. El esquema estructural fundamental responde, pues, a la secuencia: tesis > argumentos. Esta modalidad recibe la denominación de deductiva porque parte de premisas generales lógicamente válidas que pueden aplicarse a casos concretos particulares, permitiendo así deducir una opinión específica. El proceso mental que subyace a esta estructura es la transición de lo general a lo particular, metodología característica del razonamiento científico y académico.
Un ejemplo paradigmático de esta estructura se encuentra en el texto de Fernando Lázaro Carreter titulado «Épica y deporte», donde el autor enuncia desde el principio la tesis según la cual «los juegos deportivos modernos han venido a satisfacer el ansia de presenciar hazañas», para desarrollar a continuación argumentos que demuestran cómo la épica tradicional se ha desplazado hacia el espectáculo deportivo contemporáneo. La ventaja retórica de esta estructura radica en que el lector conoce desde el inicio cuál es la posición del autor, lo que facilita el seguimiento argumentativo y genera mayor claridad expositiva. No obstante, esta modalidad requiere que los argumentos presentados posteriormente sean suficientemente robustos y variados para justificar la tesis inicial, evitando así que el texto degenere en mera reiteración redundante de la proposición fundamental.
2.3. Estructura conclusiva o inductiva
La estructura conclusiva o inductiva representa una modalidad alternativa en la construcción argumentativa donde el autor acumula una serie de argumentos particulares y ejemplos concretos antes de exponer la conclusión o tesis general que estos respaldan. La dirección del movimiento argumentativo se invierte respecto a la estructura deductiva, respondiendo al esquema: argumentos > tesis. En este caso, hablamos de estructura inductiva porque el autor parte de hechos concretos y observables para luego inducir de ellos una ley general que los explique y unifique coherentemente. El proceso mental que caracteriza esta modalidad es la transición de lo particular a lo general, movimiento típico de la investigación empírica y del razonamiento científico orientado hacia la formulación de hipótesis generales desde datos específicos.
Un ejemplo significativo de esta estructura se observa en el fragmento de Victoria Camps titulado «La imaginación ética», donde la autora comienza formulando la pregunta «¿Hay que vivir solo para ser libre?» como punto de partida hacia un análisis pormenorizado que luego desemboca en la conclusión de que ser libre implica «saber y poder responder de uno mismo, esforzarse por mantener una cierta integridad y coherencia». La estrategia inductiva genera un efecto de descubrimiento progresivo que resulta especialmente persuasivo psicológicamente, pues el lector siente que ha llegado a la conclusión de manera autónoma tras considerar las pruebas presentadas. Esta estructura es particularmente eficaz en textos dirigidos a públicos escépticos o críticos, ya que el proceso de acumulación de evidencias actúa como demostración gradual de la validez argumentativa.
2.4. Estructura de doble encuadramiento
La estructura de doble encuadramiento constituye una modalidad compleja que sintetiza elementos de las estructuras deductiva e inductiva anteriormente descritas. En esta configuración, la tesis se expone explícitamente en el comienzo del texto, seguidamente se desarrolla una serie de argumentos que la respaldan, y finalmente vuelve a confirmarse y reafirmarse la proposición inicial mediante una conclusión que retoma y refuerza la tesis original. El esquema estructural fundamental responde, pues, al patrón: exposición de la tesis > argumentos > reafirmación de la tesis. Esta modalidad argumentativa presenta la ventaja de combinar la claridad inmediata de la estructura deductiva con el refuerzo conclusivo característica del argumento inductivo, generando un efecto de solidez y convicción especialmente potente.
Un ejemplo paradigmático de doble encuadramiento se encuentra en el texto de Miguel Delibes titulado «Un mundo que agoniza», donde el autor enuncia en el inicio que «la naturaleza ya está hecha, es así», proposición que sostiene a lo largo del texto mediante diversos argumentos sobre la imposibilidad y la inutilidad de modificar la naturaleza substancialmente, para volver a afirmar la tesis central en el cierre del texto donde señala cómo el «hombre-supertécnico» actúa sobre la naturaleza «desvalijándola y envileciéndola». La reiteración estructurada de la tesis inicial confiere al argumento una solidez argumentativa reforzada, ya que el lector ha presenciado el desarrollo demostrativo completo que justifica la proposición inicial. Esta estructura resulta particularmente efectiva en ensayos y artículos donde se pretende consolidar una posición controvertible mediante pruebas exhaustivas.
2.5. Estructura de reiteración lineal
La estructura de reiteración lineal representa una modalidad argumentativa de configuración más flexible y menos esquemática que las modalidades anteriormente descritas. En esta estructura, la tesis no se formula de manera directa ni concentrada en un único lugar del discurso, sino que se reparte y distribuye a lo largo de una serie de afirmaciones relacionadas que se repiten con variaciones a lo largo del desarrollo textual. Los argumentos se intercalan también de manera libre y flexible, sin seguir un orden estrictamente lógico o jerárquico. Esta modalidad se produce especialmente cuando las proposiciones que se defienden son complejas, multifacéticas o difíciles de sintetizar en una oración sencilla, requiriendo por tanto un desarrollo progresivo y expansivo de sus múltiples dimensiones.
Un ejemplo significativo de reiteración lineal se halla en el texto de José Antonio Marina titulado «El tole tole de la tolerancia», donde el autor aborda el concepto de tolerancia desde múltiples ángulos y perspectivas sin formular una tesis única y concentrada, sino mediante una exploración reflexiva que reitera y problematiza el concepto conforme avanza el discurso. Marina comienza interrogándose sobre la naturaleza de la tolerancia, para proseguir con definiciones etimológicas (tolerar = soportar), continuar con ejemplos de lo que no debe tolerarse (lo bueno, lo malo), e incorporar perspectivas históricas sobre el origen del concepto en la lucha contra la intolerancia. La estructura de reiteración lineal genera un efecto de profundización progresiva en la comprensión del tema, permitiendo abordar aspectos complementarios sin necesidad de subsumir todo el razonamiento bajo una tesis única y cerrada. Esta modalidad resulta especialmente apropiada para la exploración ensayística de cuestiones fundamentales de carácter filosófico o conceptual.
2.6. Características formales y lingüísticas del texto argumentativo
Los textos argumentativos se caracterizan por la presencia de rasgos formales distintivos que confieren al discurso una arquitectura clara, ordenada y coherente. Entre las características formales más relevantes destaca la importancia crítica del orden, entendido como la disposición lógica y efectiva de los argumentos según su peso persuasivo, la coherencia textual que garantiza la relación significativa entre los distintos segmentos discursivos, y el párrafo como unidad fundamental de estructuración del contenido. Cada párrafo suele organizarse en torno a una idea central o proposición temática que se desarrolla y amplifica mediante explicaciones, ejemplos o argumentos subsidiarios. Esta estructuración paragrafiada facilita significativamente la comprensión progresiva del discurso argumentativo.
A nivel lingüístico, el texto argumentativo se distingue por la presencia prominente de marcadores discursivos que garantizan la unidad textual y explicitan las relaciones lógicas entre proposiciones. Conectores causales como «por tanto», «en consecuencia», «luego»; conectores concesivos como «aunque», «si bien», «no obstante»; conectores de ejemplificación como «por ejemplo», «a saber», «verbigracia»; y conectores de ampliación como «además», «asimismo», «igualmente», conforman un repertorio fundamental que articula el discurso argumentativo. La utilización de estructuras sintácticas complejas, con subordinaciones múltiples y coordinaciones elaboradas, permite expresar relaciones lógicas sofisticadas y matizadas. Igualmente, la modalización mediante adverbios epistémicos como «probablemente», «indudablemente», «sin duda», expresa el grado de certeza con que el argumentador sostiene sus proposiciones, factor crítico en la construcción de la credibilidad discursiva.
III. Elementos y rasgos distintivos
3.1. Características formales específicas
Las características formales del texto argumentativo trascienden la mera estructuración lógica para abarcar aspectos de presentación material y distribución visual del contenido que refuerzan la efectividad persuasiva. La disposición espacial del texto, incluyendo la segmentación en párrafos, la utilización de títulos y subtítulos orientadores, y en contextos contemporáneos la incorporación de elementos tipográficos destacados, contribuye significativamente a facilitar la asimilación del discurso argumentativo por parte del receptor. La extensión controlada de los párrafos resulta fundamental, pues párrafos excesivamente largos dificultan la progresión del pensamiento mientras que párrafos demasiado breves fragmentan innecesariamente la continuidad argumentativa.
En la tradición académica española, especialmente en contextos de oposiciones y evaluación universitaria, la presentación formal del texto argumentativo sigue convenciones establecidas que incluyen márgenes regulados, interlineado específico, y tipografía clara. El orden jerárquico de las ideas se refleja asimismo en la estructura de títulos y epígrafes, configurando así una arquitectura visual que anticipa al lector la complejidad argumentativa de cada sección. Los géneros textuales que integran argumentación, tales como ensayos, artículos de opinión y reseñas críticas, mantienen formatos reconocibles que permiten al receptor identificar rápidamente la naturaleza persuasiva del texto e iniciar la lectura con expectativas apropiadas respecto del contenido y la intención comunicativa.
3.2. Rasgos lingüísticos y textuales
A nivel lingüístico propiamente dicho, el texto argumentativo se caracteriza por la utilización sistemática de recursos que amplifican el impacto persuasivo del discurso. La precisión léxica constituye un requisito fundamental, pues la selección de palabras debe responder a criterios de exactitud semántica que eviten ambigüedades o imprecisiones capaces de debilitar el argumento. La terminología especializada, cuando resulta pertinente, confiere autoridad y credibilidad al discurso argumentativo. Las figuras literarias retóricas como la antítesis, que destaca contrastes mediante la yuxtaposición de términos opuestos, y el paralelismo sintáctico, que refuerza la retención mediante la reiteración de estructuras análogas, funcionan como potentes instrumentos de énfasis argumentativo.
La modalización del texto argumentativo, mediante la cual el emisor expresa su actitud respecto de las proposiciones enunciadas, resulta igualmente determinante. El empleo de verbos de opinión como «considero», «pienso», «sostengo», y la utilización de construcciones que expresan probabilidad o certitud, configuran la posición enunciativa del argumentador. En el español académico, la preferencia por construcciones pasivas o impersonales en ciertos contextos (especialmente en textos científicos) contrasta con el empleo de la primera persona más frecuente en ensayos y artículos de opinión, modalidad que varía conforme a convenciones genéricas específicas. La cohesión textual, garantizada mediante la anáfora pronominal, la sinonimia controlada y el uso de hiperónimos, asegura que el texto argumentativo mantenga una continuidad semántica que facilita el seguimiento del razonamiento por parte del lector.
3.3. Marcadores discursivos y conectores argumentativos
Los marcadores discursivos, también denominados conectores textuales u operadores argumentativos, constituyen un sistema fundamental para la articulación lógica del texto argumentativo, permitiendo que el receptor comprenda las relaciones entre proposiciones y siga el desarrollo del razonamiento de manera clara y ordenada. Estos elementos funcionales, que pueden ser adverbios, locuciones conjuntivas o incluso estructuras sintácticas complejas, operan como guías cognitivas que orientan la interpretación del discurso. Los conectores de causa («porque», «puesto que», «ya que») establecen relaciones de causalidad entre enunciados. Los conectores de consecuencia («por lo tanto», «en conclusión», «de ahí que») señalan el resultado lógico de premisas anteriores. Los conectores concesivos («aunque», «si bien», «con todo») incorporan información que contrasta con lo esperado pero sin negar el argumento principal.
Adicionalmente, los conectores de adición («además», «asimismo», «incluso», «por si fuera poco») permiten ampliar y reforzar argumentos mediante la acumulación de pruebas complementarias, mientras que los conectores de contraposición («en cambio», «contrariamente», «por el contrario») establecen relaciones antitéticas entre proposiciones para generar efectos de contraste argumentativo. Los conectores de ejemplificación («por ejemplo», «a saber», «verbigracia», «así pues») concretan proposiciones abstractas mediante casos específicos que facilitan la comprensión. Los conectores ordenadores («en primer lugar», «en segundo término», «finalmente») estructuran visiblemente el discurso conforme a una jerarquía temática. La densidad y variedad de estos marcadores resulta crítica para mantener la coherencia textual sin incurrir en la redundancia excesiva que agotaría la paciencia del lector.
IV. Aplicaciones y contextos de uso
4.1. Géneros textuales argumentativos
Los textos argumentativos no constituyen una categoría única y homogénea, sino que se manifiestan mediante una multiplicidad de géneros textuales específicos, cada uno con características formales y pragmáticas propias conforme a su función social y su contexto de producción. El ensayo representa probablemente la modalidad más frecuente en contextos académicos, caracterizándose por su extensión variable, su estructura flexible, y su pretensión de abordar un tema desde una perspectiva personal aunque fundamentada argumentativamente. El artículo de opinión, género típico del periodismo contemporáneo, presenta argumentos sobre cuestiones de actualidad con la intención de influir en la opinión pública, caracterizándose por su brevedad relativa y su inmediatez temática respecto de los eventos de la realidad social.
La reseña crítica, mediante la cual se analizan obras literarias, cinematográficas o artísticas con la intención de formular un juicio valorativo justificado, constituye otro género argumentativo fundamental en contextos culturales. El discurso político, tanto en su forma parlamentaria como en contextos de campaña electoral, aporta ejemplos paradigmáticos de argumentación en contexto oral. La publicidad y el marketing contemporáneo constituyen asimismo campos donde la argumentación persuasiva alcanza dimensiones sofisticadas mediante la combinación de recursos lingüísticos, visuales y sonoros. En el ámbito jurídico, los alegatos y escritos procesales representan géneros altamente especializados donde la argumentación responde a convenciones muy específicas y donde la precisión y la coherencia son condiciones absolutamente indispensables para la eficacia discursiva.
4.2. La persuasión y el convencimiento en el discurso argumentativo
La finalidad última del texto argumentativo es conseguir la adhesión intelectual del receptor mediante el convencimiento de la validez de la tesis defendida. Es crucial distinguir conceptualmente entre persuasión y convencimiento, nociones que, si bien próximas, responden a mecanismos cognitivos diferenciados. La persuasión opera fundamentalmente a nivel emocional y afectivo, utilizando recursos retóricos que apelan a los sentimientos, los valores y las creencias del receptor. El convencimiento, por su parte, se fundamenta en la presentación de razones lógicamente válidas que el receptor es capaz de evaluar racionalmente y que generan en él una transformación cognitiva respecto de la cuestión controvertida. El texto argumentativo más efectivo suele combinar ambos mecanismos de manera equilibrada, presentando argumentos sólidos que convencen racionalmente al tiempo que se apela estratégicamente a valores compartidos que persuaden emocionalmente.
La construcción del ethos discursivo, noción derivada de la retórica clásica que alude a la imagen de credibilidad y autoridad que el emisor proyecta mediante su discurso, constituye un factor determinante en la efectividad argumentativa. El receptor tiende a aceptar argumentos procedentes de un emisor al que percibe como competente, íntegro y honesto, mientras que rechaza argumentos de fuentes que le parecen dudosas o interesadas. La tonalidad del discurso argumentativo debe mantener una equilibrio delicado entre la firmeza necesaria para expresar convicción y la apertura suficiente para no aparecer como dogmático o intolerante. En contextos académicos y de evaluación, como son los exámenes de oposición o pruebas universitarias, la capacidad de argumentar de manera rigurosa, coherente y bien estructurada constituye una competencia fundamental que diferencia al candidato competente del que no ha alcanzado los estándares requeridos.
Bibliografía
- Álvarez, Miriam: Tipos de escrito II: exposición y argumentación. Arcos Libros, Madrid, 2001. Obra fundamental que clasifica los tipos textuales relacionados con la argumentación y proporciona un análisis detallado de las características lingüísticas y estructurales que definen el texto argumentativo en la tradición española.
- Lázaro Carreter, Fernando: Diccionario de términos filológicos. Gredos, Madrid, 1968. Referencia esencial para la terminología filológica que permite precisar conceptos como argumentación, persuasión y convencimiento en el contexto del análisis textual riguroso.
- Camps, Victoria: La imaginación ética. Seix Barral, Barcelona, 1983. Ensayo filosófico que funciona como paradigma de la argumentación reflexiva sobre cuestiones éticas fundamentales, ilustrando de manera eminente la estructura inductiva en el discurso argumentativo.
- Delibes, Miguel: Un mundo que agoniza. Editorial Planeta, Barcelona, 1975. Ensayo de carácter ecológico que ejemplifica la estructura de doble encuadramiento mediante la reiteración de una tesis central respaldada por argumentos que progresivamente adquieren fuerza persuasiva.
- Marina, José Antonio: La pasión del poder. Anagrama, Barcelona, 1997. Obra de reflexión ética que ilustra la estructura de reiteración lineal mediante una exploración temática progresiva de conceptos complejos sin subordinación a una tesis única cerrada.
- Plantin, Christian: La argumentación. Historia, teorías, perspectivas. Espasa Calpe, Madrid, 1998. Tratado comprehensivo sobre la teoría de la argumentación que sitúa el análisis del texto argumentativo en la perspectiva de la retórica clásica y la lógica contemporánea.
- Portolés, José: Marcadores del discurso. Arco Libros, Madrid, 1998. Monografía especializada que proporciona un análisis sistemático de los conectores y marcadores textuales que articulan el texto argumentativo, fundamental para comprender la cohesión discursiva.
- Ciapuscio, Guiomar Elsa: Tipos textuales. Eudeba, Buenos Aires, 1994. Obra que propone una clasificación sistematizada de los tipos textuales incluyendo análisis pormenorizado de las características pragmáticas y lingüísticas del texto argumentativo.
- Reyes, Graciela: La pragmática lingüística. El uso del lenguaje. Editorial Montesinos, Barcelona, 1990. Análisis desde la pragmática lingüística de los mecanismos mediante los cuales el texto argumentativo logra sus objetivos persuasivos mediante la manipulación estratégica de los recursos discursivos disponibles.
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Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Lengua y Literatura actualmente JUBILADO.
Mí último destino fue la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevaba más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho fui asesor en varios centros del profesorado y me dediqué, entre otras cosas, a la formación de docentes; trabajé durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante estuve en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.Ahora, desde este retiro, soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo materiales útiles para el área de Lengua castellana y Literatura. ¡Disfrútala!
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