El texto descriptivo: estructuras y características. 2026

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By Víctor Villoria

El texto descriptivo: estructuras y características

I. La descripción: definición, funciones, tipos y actitudes descriptivas

1.1. ¿Qué es la descripción?

La descripción constituye una modalidad discursiva fundamental en el análisis lingüístico y literario, diferenciándose claramente de otras formas de expresión textual como la narración y la argumentación. Mientras que la narración presenta acciones sucesivas en el tiempo y la argumentación busca persuadir mediante razonamientos lógicos, la descripción se centra en la presentación detallada de cualidades, características y atributos de objetos, personas, espacios o situaciones. Esta modalidad se fundamenta en la apelación a la percepción sensorial del receptor, estableciendo un vínculo directo entre el observador y el objeto descrito a través de la captación visual, táctil, olfativa, gustativa y auditiva.

Desde una perspectiva semiótica, la descripción funciona como un mecanismo de descodificación perceptiva que transforma la experiencia sensorial en lenguaje articulado. El acto de describir presupone un proceso cognitivo complejo mediante el cual el hablante o escritor selecciona, jerarquiza y ordena los rasgos más significativos de su objeto de estudio, rechazando la totalidad caótica de la experiencia para presentar una imagen ordenada y comprensible. Este proceso requiere una intención clara: el descriptante debe conocer qué aspectos del objeto resultan relevantes en función del propósito comunicativo que persigue.

La descripción opera en múltiples registros socioculturales y disciplinares. En contextos científicos y técnicos, la descripción adquiere una función eminentemente denotativa, priorizando la precisión terminológica y la objetividad. En contextos literarios, por el contrario, la descripción se reviste de elementos connotativos, recursos figurados y subjetividad, convirtiéndose en un vehículo privilegiado para la expresión estética. Esta dualidad refleja la naturaleza protéica de la descripción como fenómeno lingüístico: una misma realidad observable puede ser descrita de formas radicalmente distintas según la intención comunicativa del emisor.

1.2. Funciones de la descripción

Las funciones desempeñadas por la descripción en el discurso van más allá de la simple enumeración informativa, revelando una complejidad que justifica su presencia omnipresente en textos de naturaleza diversa. La función referencial o denotativa constituye el soporte fundamental: la descripción ancla el lenguaje a la realidad observable, proporcionando coordenadas espaciotemporales que permiten al lector construir una representación mental del objeto descrito. Sin esta función estabilizadora, la comunicación lingüística carecería de los anclajes necesarios para la transmisión efectiva de significado.

Paralelamente, la descripción desempeña una función estética de primera magnitud, especialmente en contextos literarios. Los escritores utilizan la descripción como instrumento privilegiado para la generación de belleza formal, mediante la selección cuidadosa de palabras, la construcción de imágenes visuales evocadoras y la disposición de recursos retóricos que transforman lo meramente observable en manifestación artística. La sinestesia, la metáfora descriptiva y la comparación literaria ejemplifican cómo la descripción trasciende su función informativa para convertirse en vehículo de experiencia estética.

La función emotiva o connotativa de la descripción revela su capacidad para generar estados afectivos específicos en el destinatario. Mediante la selección discriminada de rasgos peyorativos o laudatorios, la descripción construye valoraciones implícitas que generan efectos emocionales sin necesidad de enunciados valorativos explícitos. Esta función resulta particularmente eficaz en la prosa narrativa, donde la descripción de ambientes, personajes o situaciones establece la atmósfera psicológica que estructura la experiencia lectora del receptor.

1.3. Tipos de descripción

1.3.1. Descripción científica o técnica

La descripción científica y técnica constituye una modalidad descriptiva caracterizada por la prioritización de la objetividad, la precisión léxica y la claridad expositiva. En contextos como la zoología, la botánica, la ingeniería o la medicina, la descripción opera bajo principios rigurosos de selección informativa: solo aquellos rasgos pertinentes para la identificación, clasificación o funcionamiento del objeto resultan incluidos en el discurso. Esta selectividad radical diferencia fundamentalmente la descripción técnica de sus contrapartes literarias.

El lenguaje empleado en la descripción científica responde a convenciones terminológicas estandarizadas que garantizan la univocidad del significado. La presencia de términos especializados no constituye un ornamento sino una necesidad funcional: el vocablo técnico preciso comunica información que múltiples palabras comunes no podrían transmitir con igual exactitud. El sujeto descriptivo en textos científicos tiende hacia la eliminación de la subjetividad, adoptando un tono impersonal mediante la utilización de estructuras pasivas y formas verbales que minimizan la presencia del observador.

A nivel sintáctico, la descripción científica privilegia la construcción de períodos oracionales estables, con subordinación clara y evitación de ambigüedades. Las figuras retóricas ornamentales resultan prácticamente ausentes, siendo reemplazadas por estructuras sintácticas funcionales que faciliten la comprensión. Este rechazo a los recursos estilísticos no representa una carencia sino una elección deliberada: la belleza formal del texto científico radica en su claridad estructural y en su precisión conceptual, no en su ornamentación superficial.

1.3.2. Descripción literaria

En contraposición a la descripción técnica, la descripción literaria privilegia la subjetividad, la creatividad estilística y la multiplicidad interpretativa, convirtiéndose en un espacio privilegiado para la expresión artística. El escritor literario posee libertad plena para seleccionar aquellos rasgos que resulten pertinentes según su intención estética, prescindiendo de los criterios de exhaustividad que caracteriza a la descripción científica. Esta libertad selectiva permite la creación de efectos de sentido múltiples y complejos.

La descripción literaria se caracteriza por la abundancia de recursos figurados: metáforas, símiles, sinestesias, metonimias e hipérboles se despliegan en el discurso descriptivo para crear efectos de belleza formal y profundidad connotativa. El lenguaje ordinario se ve transformado mediante la creatividad léxica, generando así innovaciones terminológicas que enriquecen el potencial expresivo de la lengua. La imagen poética resultante frecuentemente trasciende la mera representación referencial del objeto, accediendo a dimensiones simbólicas y abstractas.

La presencia del sujeto observador en la descripción literaria resulta fundamental. A diferencia de la descripción científica, donde el observador intenta borrarse de la representación, en la descripción literaria la perspectiva subjetiva del descriptante constituye el punto de vista desde el cual se organiza toda la información. Esta implicación personal transforma la descripción en expresión de la sensibilidad, imaginación y valores del escritor, permitiendo que cada descripción literaria sea singular e irrepetible.

1.4. Actitudes descriptivas

En el acto descriptivo se revela una fundamental dicotomía entre la actitud objetiva y la actitud subjetiva, categorización que repercute decisivamente en la estructura y el significado del texto resultante. La actitud descriptiva objetiva presupone el distanciamiento del observador respecto al objeto descrito, intentando minimizar la influencia de las valoraciones personales en la representación. El descriptante actúa como un observador neutro que registra características sin juzgar, buscando la máxima fidelidad a la realidad observable.

Esta actitud objetiva encuentra su máxima expresión en contextos científicos y técnicos, donde los criterios de validez del discurso se fundamentan en la capacidad de reproducción de resultados y en la eliminación de variables subjetivas. Sin embargo, es crucial comprender que la objetividad absoluta constituye un ideal regulador más que una realidad alcanzable: incluso en la descripción más científica, la selección de qué rasgos describir implica ya una toma de posición que no puede eliminarse completamente.

La actitud descriptiva subjetiva, por su parte, reconoce explícitamente la implicación del observador en el acto descriptivo, integrando su perspectiva, emociones y valoraciones en la textura del discurso. Esta actitud caracteriza predominantemente a la descripción literaria, donde la expresión de la sensibilidad personal del descriptante se convierte en parte esencial del significado textual. La subjetividad no constituye un defecto a corregir sino una dimensión fundamental de la experiencia estética, permitiendo la creación de una pluralidad de perspectivas sobre la realidad.

1.5. Fases del proceso descriptivo

El proceso descriptivo, en su complejidad operativa, se descompone en cuatro fases sucesivas que el descriptante debe dominar para lograr una comunicación efectiva: observación, selección, ordenación y presentación. La observación constituye la operación previa e indispensable, presupponiendo el ejercicio activo de los cinco sentidos en tanto que canales de conexión con el mundo exterior. Observar no se reduce, empero, a la mera captación sensorial pasiva; requiere el análisis intelectual y la valoración reflexiva del objeto observado, integrando la experiencia sensorial inmediata con la comprensión conceptual.

La fase de selección de detalles adquiere importancia capital, ya que la totalidad de los detalles observados resultaría caótica e improductiva para propósitos comunicativos. El descriptante debe ejercer una discriminación rigurosa, reteniendo aquellos rasgos que delimitan la imagen que, como escritor, desea transmitir a sus lectores. Esta selección no es azarosa sino deliberada: si el propósito es generar una impresión negativa del objeto, la descripción abunda en rasgos peyorativos y omite las cualidades positivas que pudieran contradecir la intención comunicativa.

La ordenación y estructuración de los detalles seleccionados representa un momento crítico donde la falta de orden transmitiría al receptor una imagen confusa y caótica, anulando los efectos buscados. Finalmente, la presentación o disposición de los detalles constituye la culminación del ejercicio descriptivo, donde aflora la habilidad lingüística del descriptante mediante la selección de palabras y expresiones que se ajusten óptimamente a la naturaleza del objeto. Esta fase requiere el dominio de técnicas prácticas como la elaboración de borradores, el acceso a diccionarios especializados y el conocimiento de obras maestras literarias descriptivas.

II. Estructuras Principales de la Descripción

2.1. Estructura lineal

La estructura descriptiva lineal constituye una de las modalidades más accesibles y utilizadas, caracterizándose por la presentación sucesiva y ordenada de los elementos que componen el objeto descrito. En esta estructura, los rasgos se presentan mediante procedimientos de yuxtaposición y coordinación, ofreciendo al lector la impresión de una enumeración metódica de datos y características. Este procedimiento resulta particularmente eficaz en descripciones de carácter inventarial o cuando el propósito comunicativo requiere la claridad expositiva.

Un ejemplo paradigmático de estructura lineal lo constituye el celebérrimo retrato de Melibea que Fernando de Rojas incluye en La Celestina. En este fragmento renacentista, la descripción procede de manera estrictamente ordenada, iniciando por los cabellos y descendiendo en sucesión lógica hacia los rasgos faciales y corporales. La enumeración minuciosa: «cabellos», «ojos verdes», «pestañas luengas», «nariz mediana», «boca pequeña» ejemplifica cómo la estructura lineal permite la acumulación de detalles sin ambigüedad interpretativa.

Este procedimiento estructural prevalecía en contextos literarios renacentistas, donde la ordenación rigurosa de elementos respondía a principios estéticos de proporción y jerarquía. Sin embargo, la estructura lineal trasciende su contexto histórico, permaneciendo vigente en descripciones de objetos, espacios y procesos donde la claridad secuencial resulta prioritaria. El riesgo inherente a esta estructura radica en la posibilidad de generar un efecto de monotonía o catalogación desprovisada de profundidad emocional.

2.2. Estructura de lo general a lo particular (y viceversa)

Este procedimiento estructural representa un nivel mayor de sofisticación compositiva, requiriendo del descriptante la trazado de un plan definido que dote de jerarquía a los datos presentados. La estructura deductiva, de lo general a lo particular, establece inicialmente una visión panorámica del objeto para luego descender hacia detalles específicos progresivamente. Este movimiento produce un efecto de acercamiento gradual que facilita la comprensión progresiva del lector.

El fragmento «El buitre ha puesto su nido en el café» de Ignacio Aldecoa ejemplifica magistralmente esta estructura. La descripción inicia con una impresión visual global del café: «Las cristaleras del café siempre estaban sucias», para luego particularizar en los seres que lo pueblan, caracterizando con detalle al «viejo camarero arterioesclerótico» y sus movimientos específicos. El movimiento de lo general a lo particular permite la construcción de una atmósfera coherente antes de introducir los detalles individualizados.

Este procedimiento resulta especialmente frecuente en acotaciones teatrales, donde la descripción del escenario requiere precisamente este movimiento desde la espacialidad global hacia los detalles escénicos. Leandro Fernández de Moratín en El sí de las niñas describe primero la naturaleza general del espacio («posada de Alcalá de Henares») y luego pormenoriza sus características arquitectónicas («cuatro puertas de habitaciones», «mesa en medio», «ventana de antepecho»).

2.3. Estructura temporal

La estructura descriptiva temporal introduce un eje cronológico fundamental que permite organizar los materiales descriptivos según su proximidad o lejanía temporal respecto al momento de enunciación. Este procedimiento puede caracterizarse como deductivo (presente hacia pasado) o inductivo (pasado hacia presente), permitiendo al descriptante la flexibilidad de perspectiva temporal necesaria para efectos significativos específicos.

Cuando el descriptor opta por la estructura temporal deductiva, presenta inicialmente la experiencia, persona o ambiente según el aspecto que ofrece en el presente del acto escritural, para luego retroceder hacia la contemplación de estados anteriores. Este movimiento temporal genera un efecto de rememoración mediante el cual el pasado se evoca como refuerzo o contraste respecto a la realidad presente. Inversamente, la estructura temporal inductiva inicia desde un estado pasado para progresar hacia el presente, permitiendo la construcción narrativa de transformaciones y evoluciones temporales.

La eficacia pragmática de esta estructura radica en su capacidad para crear efectos de profundidad histórica o de cambio procesual. Particularmente en contextos literarios donde interesa la representación de degradación, transformación o contraste entre estados, la estructura temporal proporciona el andamiaje conceptual necesario. La consideración del elemento temporal en la descripción transforma una simple enumeración de rasgos en una representación que integra la dimensión histórica de los fenómenos.

2.4. Estructura circular

La estructura descriptiva circular constituye un procedimiento más complejo y sofisticado, caracterizado por el retorno del discurso al punto de partida después de haber efectuado un recorrido exploratorio. Este movimiento cíclico crea un efecto de cierre estructural donde la conclusión descriptiva se enlaza con el inicio, generando una sensación de totalidad y plenitud compositiva.

La estructura circular funciona mediante la creación de marcos que encierran la descripción: se inicia con una impresión global o una característica central, se desarrollan múltiples aspectos particulares, y finalmente se retorna a la imagen inicial, frecuentemente enriquecida o transformada por el conocimiento adquirido durante el recorrido descriptivo. Este procedimiento produce efectos de simetría y equilibrio que resultan particularmente gratos desde perspectivas estéticas.

En contextos literarios, la estructura circular permite la creación de motivos recurrentes que refuerzan la coherencia temática. La reiteración controlada de elementos descriptivos iniciales crea vínculos intertextuales dentro del mismo texto, facilitando la percepción de unidad compositiva. Este procedimiento revela la sofisticación del pensamiento descriptivo, elevándolo desde la simple enumeración hacia la construcción de estructuras significantes complejas.

2.5. Estructura recurrente

La estructura recurrente en la descripción se caracteriza por la reiteración sistemática de patrones lingüísticos y temáticos que refuerzan determinados aspectos del objeto descrito. Mediante la repetición controlada de sintagmas, estructuras sintácticas o asociaciones léxicas, el descriptor logra un efecto de intensificación y énfasis que trasciende la mera información transmitida.

Este procedimiento opera a múltiples niveles lingüísticos simultáneamente. A nivel léxico, la reiteración de determinadas palabras o campos semánticos crea redes asociativas que orientan la interpretación del lector. A nivel sintáctico, la repetición de estructuras oracionales similares genera un ritmo descriptivo que puede reforzar estados emocionales específicos. La anáfora y la epífora constituyen recursos particulares de estructura recurrente que generan efectos de énfasis y musicalidad.

La eficacia pragmática de la estructura recurrente radica en su capacidad para crear obsesiones temáticas dentro del discurso. Mediante la reiteración insistente de determinadas características, el descriptor logra que ciertos aspectos del objeto descrito adquieran relevancia psicológica desproporcionada a su importancia objetiva, generando así efectos de significación que trascienden lo literal.

III. Procedimientos Lingüísticos y Gramaticales

3.1. El adjetivo

El adjetivo constituye sin discusión la piedra angular de la construcción descriptiva, funcionando como el instrumento privilegiado mediante el cual el descriptor confiere cualidades al objeto de su atención. Esta centralidad del adjetivo en la descripción responde a su función sintáctica fundamental: el adjetivo opera como modificador que precisa, matiza y enriquece la significación del sustantivo, permitiendo la construcción de imágenes específicas y diferenciadas.

La clasificación funcional del adjetivo distingue entre adjetivos calificativos propiamente dichos, que expresan cualidades intrínsecas o valorativas, y adjetivos determinativos (demostrativos, posesivos, numerales, indefinidos) que actualizan la referencia del sustantivo. En la descripción literaria, los adjetivos calificativos predominan ampliamente, permitiendo la creación de caracterizaciones complejas y matizadas que van más allá de la simple denominación. La selección precisa del adjetivo resulta crítica: la diferencia entre «día gris» y «día ceniciento» o «día desolado» no es meramente terminológica sino que implica transformaciones profundas en la significación global.

El descriptor debe evitar el uso de adjetivos vagos, imprecisos o contradictorios que generen imágenes confusas. La acumulación descontrolada de adjetivos produce hipocorísmo descriptivo más que enriquecimiento significativo. La maestría descriptiva radica en la selección discriminada de aquellos adjetivos cuya precisión semántica garantiza la construcción de la imagen deseada, frecuentemente mediante el empleo de adjetivos perceptivos que apelen directamente a la sensorialidad del lector.

3.2. El sustantivo

Mientras que el adjetivo proporciona la cualidad, el sustantivo actúa como soporte léxico fundamental sobre el cual se construye la descripción. La precisión terminológica en la selección de sustantivos resulta crítica para la eficacia descriptiva, particularmente en contextos donde la exactitud referencial adquiere primacía. La diferencia entre «casa», «mansión», «caserío», «villorrio» o «choza» no constituye mera variación estilística sino que implica transformaciones radicales en la construcción de la realidad representada.

En descripciones científicas y técnicas, la función nominalizadora del sustantivo adquiere importancia capital, ya que la precisión conceptual depende directamente de la exactitud terminológica. Los términos especializados funcionan como condensadores de significación que comunican información compleja de manera concentrada. En descripciones literarias, inversamente, la selección de sustantivos menos obvios o convencionales permite la creación de efectos de extrañamiento que refrescan la percepción ordinaria.

La sustantivación de conceptos abstractos mediante procesos de nominalización permite la incorporación de dimensiones significativas complejas en el discurso descriptivo. El giro descriptivo «la amarillez de la tarde» transmite información que la simple adjetivación «tarde amarilla» no alcanza a comunicar con igual riqueza. La riqueza sustantival de una lengua determina en parte su capacidad descriptiva, estableciendo los límites y posibilidades del pensamiento descriptivo mismo.

3.3. Las formas verbales

Las formas verbales en el discurso descriptivo merecen atención singular, ya que aunque la descripción literaria tiende hacia la generación de efectos de estatismo y simultaneidad, las formas verbales no desaparecen sino que se seleccionan con cuidado estratégico. Los tiempos verbales imperfectivos—el pretérito imperfecto y el copretérito—dominan en la descripción, ya que expresan acciones de duración indeterminada y aspecto iterativo o habitual que generan efectos de permanencia.

El imperfecto español «había», «brillaban», «se extendían» proporciona al discurso descriptivo su característica textura de simultaneidad y coexistencia. El presente narrativo, en contextos más contemporáneos, produce efectos similares de inmediatez y simultaneidad. Por el contrario, los tiempos perfectivos como el pretérito indefinido expresan acciones puntuales y cerradas que resultan incompatibles con la construcción de efectos descriptivos duraderos.

El verbo copulativo «ser» y sus variantes «estar», «parecer» resultan privilegiados en la descripción, ya que expresan cualidades, localización y apariencia sin implicar cambio o acción. El abuso de verbos de contenido genérico—«haber», «hacer», «ir»—debe evitarse mediante el recurso a verbos más precisos y connotativamente ricos que contribuyan simultáneamente a la descripción. La fórmula «el cielo estaba azul» resulta menos descriptivamente rica que «el azul del cielo se desplegaba», donde la nominalización y la metáfora contribuyen simultáneamente al efecto descriptivo.

3.4. El período oracional: yuxtaposición y coordinación

La estructura sintáctica del período oracional en descripciones revela elecciones fundamentales respecto a la organización del discurso descriptivo. La yuxtaposición, procedimiento mediante el cual se presentan oraciones simples en contigüidad sin conectores explícitos, genera un efecto de acumulación y paralelismo que refuerza la impresión de enumeración. Este procedimiento permite la creación de ritmos ternarios o binarios que generan efectos de musicalidad.

La coordinación, mediante la cual oraciones se vinculan explícitamente mediante conectores («y», «pero», «o»), establece relaciones de equidad entre los elementos coordinados. La coordinación mediante conjunción copulativa «y» permite la construcción de andamiajes descriptivos donde elementos discretos se integran en totalidades coherentes. La coordinación adversativa «pero» introduce matices que permiten la construcción de complejidades descriptivas: «los ojos verdes pero apagados» expresa una tensión significativa no reductible a la simple yuxtaposición.

El período oracional complejo, mediante el empleo de subordinación, permite la construcción de relaciones jerárquicas donde determinados elementos adquieren primacía sobre otros. La oración subordinada adjetiva permite la expansión indefinida de caracterizaciones: «el viejo camarero que arrastraba la pierna mala» incorpora información descriptiva mediante dependencia sintáctica. La maestría descriptiva se manifiesta en la selección estratégica entre estos procedimientos sintácticos según los efectos buscados.

3.5. Recursos retóricos

Más allá de los mecanismos gramaticales, la descripción literaria se enriquece mediante el empleo de recursos retóricos y figuras literarias que transforman el lenguaje ordinario en vehículo de experiencia estética. La metáfora descriptiva permite la transferencia de cualidades entre órdenes de realidad distintos, generando imágenes sorprendentes: «ojos verdes como lagunas» no constituye meramente una comparación de colores sino una integración de la mirada con espacialidades naturales.

La sinestesia, figura que combina percepciones sensoriales de órdenes distintos, resulta particularmente eficaz en descripciones literarias: «voces doradas», «silencio azul», «frío estruendo» generan efectos de extrañamiento que refrescan la percepción ordinaria. La comparación o símil explícita («como») permite la construcción de asociaciones significativas que enriquecen la comprensión del objeto descrito mediante referencias a analogías conocidas.

La hipérbole descriptiva mediante la exageración de rasgos crea efectos de énfasis que pueden generar tanto efectos cómicos como sublimes. La enumeración caótica o el asíndeton (omisión de conectores) crean efectos de acumulación vertiginosa. La metonimia, mediante la cual se sustituye el objeto por algo relacionado con él, permite economías expresivas cargadas de significación. Estos recursos, empleados magistralmente, elevan la descripción ordinaria hacia la categoría de expresión artística digna de perpetuación.


BIBLIOGRAFÍA

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    Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Lengua y Literatura actualmente JUBILADO.
    Mí último destino fue la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevaba más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho fui asesor en varios centros del profesorado y me dediqué, entre otras cosas, a la formación de docentes; trabajé durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante estuve en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.

    Ahora, desde este retiro, soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo materiales útiles para el área de Lengua castellana y Literatura. ¡Disfrútala!

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