EL TEXTO NARRATIVO. ESTRUCTURAS Y CARACTERÍSTICAS
Introducción
Es importante que los alumnos conozcan y dominen los textos narrativos, por la importancia que éstos tienen ya desde la infancia (no en vano son los primeros textos que producimos, contando lo que nos ocurre o lo que sucede a nuestro alrededor), pero también en la edad adulta, ya que de texto narrativo podemos clasificar las sentencias judiciales, los dictámenes médicos, los tratados y manuales de estudio, la conversación oral y los textos de los medios de comunicación, además de una parte de la literatura (poemas épicos, fabliaux y enxiemplos, romances, novelas, novelas cortas, fábula, cuento, biografía y memorias), todo ello denominado por E.Steiger “lo épico”.
Los contenidos que esta unidad les ofrecen les permitirán no sólo moldear su criterio crítico frente a las manifestaciones comunicativas propias y ajenas, sino también el conocimiento de recursos para la elaboración de sus textos personales.
Definición de texto narrativo
La narración puede definirse como aquel acto de comunicación en el que lo fundamental es el mensaje, que relata una serie de sucesos que se producen en un tiempo y un espacio determinados y que son plasmados en una organización sintáctica determinada, en la que destaca la importancia que se concede al sintagma verbal, y en especial a su núcleo (uso de verbos de acción y de determinados tiempos verbales, con fuerte carga narrativa)
La narración suele aparecer acompañada de otras formas del discurso (otros tipos de texto) como son el diálogo, la descripción y el comentario.
Estructuras del texto narrativo
El elemento fundamental de toda narración es la acción, ésta se articulará según un tiempo y un espacio concretos.
Autores
El enfoque tradicional de estudio de este tipo de textos propone que la narración se estructura en: Planteamiento o Presentación, Nudo y Desenlace, pero la crítica moderna intenta desentrañar la organización particular de cada manifestación en concreto.
El primer paso en la crítica moderna sobre este aspecto lo dio V. Propp con su obra Morfología del cuento (1928), en ella expone las conclusiones del estudio de 100 cuentos populares rusos, señalando sus elementos constituyentes comunes a modo de secuencia y que a grandes rasgos sería:
- Ruptura de la situación de equilibrio o caída del héroe.
- Compromiso del héroe de restablecer el equilibrio perdido (misión)
- Tribulaciones del héroe
- Restablecimiento del equilibrio perdido (misión cumplida)
- Recompensa del héroe.
Estos elementos pueden articularse aplicando algunas de las 31 funciones que señala y que define como acción de un personaje desde el punto de vista de su significación en el desarrollo de la intriga.
A. Greimas intenta en sus obras un estudio similar al de Propp, pero en este caso habla de actantes (los actuantes en la narración) y de isotopías.
T. Todorov en su Gramática del Decámeron (1973) analiza el nivel semántico, verbal y sintáctico del texto narrativo, siendo este último el más original; en este apartado se interesa básicamente por tres elementos, en su opinión los vertebradores del relato, que son el nombre propio (el agente del relato), el adjetivo (para expresar la cualidad; puede clasificarse como adjetivo de los estados, de las propiedades o de los estatutos) y el verbo (que modifica la situación, de manera que sus contenidos semánticos más comunes serán “falsear”, “desenmascarar”, etc.)
C. Brémond es uno de los estudiosos que más aportaciones ha realizado a la narratología; en su Logique du récit (1973) propone la estructura de una “proposición narrativa” señalado que ha de constar de:
- Conexión sintáctica, para engarzarla con otras proposiciones y crear un texto mayor.
- Proceso o sucesión de hechos.
- Fase del proceso, que puede ser eventual, en el acto o efectiva.
- Evolución voluntaria o involuntaria, que atiende a la intencionalidad de lo que sucede.
- Nombre de las personas (agente y paciente) que intervienen en la acción.
Cada una de estas proposiciones son secuencias elementales que se estructuran, de forma muy general en: Situación inicial (previa a los acontecimientos), proceso de transformación (donde se presenta el acontecimiento que puede desencadenar la acción, la acción que se puede haber desencadenado o no, y la conclusión que puede ser el éxito o el fracaso de la acción producida), y situación final, que a su vez, puede ser la situación inicial de otra secuencia o proposición narrativa.
En opinión de este autor, las funciones planteadas por Propp deberían ser fijas (aplicables siempre, como estereotipos) y se clasificarían en:
- Distribucionales, que son del tipo planteado por Propp, en opinión de Brémond, ya que se suceden en el tiempo. Pueden subclasificarse en “cardinales”, que aparecen formando el núcleo del relato, y “catalíticas”, que sirven de “relleno”.
- Integradoras, presentes en el eje vertical del texto y que pueden ser “indicios”, si remiten a significados, o “informaciones”, si ofrecen datos puros.
En ningún caso se trataría de funciones coincidentes con elementos materiales del relato, sino con significados.
Criterio organizativo
Aparte de autores y enfoques, el texto narrativo siempre podrá clasificarse atendiendo al criterio organizativo o de estructura, y en ese sentido podemos hablar de:
- Estructura episódica: Sucesión y yuxtaposición de episodios relativamente aislables, unificados por un protagonista o por personajes centrales comunes. Aparece en las narraciones de viaje y en las de búsqueda y por ello es común en las novelas de caballerías, pastoriles y bizantinas medievales, apareciendo también en el Lazarillo de Tormes, el Quijote y el Persiles, y en Amor y pedagogía de Miguel de Unamuno y en Los trabajos de Urbano y Simona de Ramón Pérez de Ayala.
- Estructura dialogada o dramática: El apoyo básico de la narración es, en este caso, el diálogo, al que se le da tratamiento dramático, a través del uso de pequeñas acotaciones para situar el escenario, los personajes y la mecánica de la acción. Se trata de un acercamiento a las técnicas teatrales, que permiten dar mayor relieve a la confrontación entre personajes frente a la acción, y que sea el propio lector quien descubra a los personajes a través de sus palabras, más que con la mediación del narrador. Esta estructura aparece en Realidad, de Galdós, y en Sin noticias de Gurb de E. Mendoza.
- Estructura abierta: Relacionada con el concepto de novela como proceso. La novela abierta es el proceso que acaba con la propuesta o la posibilidad de continuar, lo cual, a veces, no es más que la consecuencia de que el autor comenzara la narración sin tener claro el final ni cómo transcurriría la narración, pero otras es uno más de los efectos del texto y está aplicada con toda la intencionalidad, como en Rayuela de Julio Cortázar.
- Estructura cerrada: Proceso narrativo en el que el final está previsto y marcado, como en la novela policíaca tradicional como las de la serie Carvahlo de M. Vázquez Montalbán.
- Estructura circular: Novela en la que el desenlace supone un punto de encuentro con el planteamiento o arranque de la acción, como ocurre en cierta manera en el Ulysses de J. Joyce.
- Estructura en simetría: Novela en que se presentan y desarrollan dos o más historias en paralelo, las cuales convergen en un desenlace común o bien siguen un eje temático común como en el libro de memorias de M. Vargas Llosa Como pez en el agua, donde todos los hechos narrados convergen a la explicación del propósito decidido de ser escritor.
- Estructura musical: Novela en que los hechos se estructuran según la organización de una determinada partitura musical, unido generalmente por un leiv-motiv sobre el que se realizan variaciones mediante la adición de elementos recurrentes. Este tipo de estructura aparece en Tristana de Pérez Galdós (Estructura de sonata), pero también en el capítulo IV de La Colmena de C. J. Cela (experiencias sexuales de los personajes, vividas a modo de sinfonía, como si cada uno de ellos representara a uno de los instrumentos que suenan simultáneamente.)
Aparte de todas estas posibles estructuras, debemos hacer mención al “Capítulo” (a veces con otros nombres) como elemento vertebrador de la narración, prácticamente el único hasta el siglo XIX, momento en que las técnicas cinematográficas comienzan a captar la atención de los autores, que incluirán su forma de estructurar la realidad, la secuencia, que permite diferentes montajes, flash-back y efectos a ralentí o cámara lenta.
Características del texto narrativo
Narrador
Función inventada por el autor, para que lleve a cabo el papel de “contador” de la historia. En su relación con los hechos narrados podemos encontrarnos con:
- Narrador omnisciente u olímpico es aquél que conoce todos los aspectos de la materia narrativa: pensamientos, emociones de los personajes, hechos presentes, pasados y futuros, etc. Esta posición también recibe el nombre de “visión por detrás”. Es frecuente que este tipo de narraciones aparezcan completadas con fragmentos descriptivos e incluso opiniones del autor, ya que éste se implica a través del narrador, como ocurre en La Regenta y en la mayoría de las novelas Realistas.
- Narrador testigo es aquél que informa de los hechos que suceden cercanos a él, puesto que son los únicos que conoce. Una modalidad de este tipo de narración es la Behaviourista, conductista o objetivista, que no se permite entrar en la conciencia de los personajes y se limita a analizar y relatar sus acciones. El mejor ejemplo de novela conductista en lengua española sea posiblemente El Jarama, de Sánchez Ferlosio.
- Narrador implícito sería un tipo de narrador situado por encima del omnisciente, el cual se pemitiría incluso saltar la barrera que separa acción narrada y realidad, y daría advertencias o se codearía con el lector para exclamarse de la acción que está narrando. Encontramos algún ejemplo en La Colmena de Camilo José Cela.
- Narrador-acorde, presente, según Gonzalo Sobejano, en algunas de las novelas de Delibes. Este narrador acompasa su relato al ritmo que marcan los actos de sus personajes, como ocurre en La partida, La mortaja o Los santos inocentes.
- También las voces de los personajes pueden ser narrador, lo cual nos abre el abanico de posibilidades y de perspectivas desde la que relatar unos hechos. La perspectiva es un elemento narrativo que ha cobrado gran importancia en la narrativa del siglo XX. Básicamente podemos encontrar textos narrados desde un único punto de vista (perspectiva única, como en Reivindicación del conde don Julián de J. Goytisolo) o desde varios (perspectiva múltiple, como en Volavérunt)
Personas de la narración
Muy relacionado con las perspectivas debemos tener en cuenta la persona gramatical desde la que se narra, así podemos clasificar los relatos en:
- Narración en primera persona, dando la perspectiva del “yo”, lo cual concede subjetividad y expresividad y tensión dramática. La subjetividad transmitida mediante este recurso es clara y auténtica. Existen varios tipos:
- Si el “yo” coincide con el personaje principal estaremos ante una narración autobiográfica, de carácter retrospectivo y abierta por naturaleza, ya que el autor-narrador está vivo y la historia narrada continuará hasta su muerte, aunque no esté narrada todavía.
Uno de los mejores ejemplos de narración autobiográfica en la literatura española es la novela picaresca, en la que destaca El Lazarillo de Tormes, en ésta encontramos la variante de “novela epistolar” donde la autobiografía se realiza a través de la voz del personaje, eliminando así la parte correspondiente al narrador; pero también lo son los diarios íntimos, como el Diario íntimo, de Miguel de Unamuno, o el Diario de un cazador, de Miguel Delibes, las confesiones como el Libro de mi vida, de Santa Teresa de Jesús, y las memorias, como Confieso que he vivido de P. Neruda y La arboleda perdida de R. Alberti.
Aunque es un recurso poco frecuente, también podemos encontrar biografías en las que el narrador, por su afinidad con el protagonista de la acción, emplea la primera persona, así refuerza la credibilidad y verosimilitud de los hechos narrados, como ocurre en Cela, mi padre, de Camilo José Cela.
- Si coincide con un personaje secundario estaremos ante algo muy parecido al narrador-testigo; en este tipo de narración la subjetividad es menor. Suele ser frecuente en las novelas de viajes y en las crónicas, como en Verdadera historia de la conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo.
- Narración en segunda persona, dando el punto de vista del “tú”, que permite realizar una introspección en la vida interior personaje, a la vez que se describen los hechos. El primer texto que empleó íntegramente este tipo de persona narrativa es La modificación, de M. Butor (1957), y más tarde se ha ido aplicando parcial o totalmente en algunas novelas españolas como Tiempo de silencio, de Martín Santos, Habitación para un hombre solo, de Serrano Poncela, o Juan sin Tierra, de J. Goytisolo, si bien es un recurso más común en las novelas hispanoamericanas, como en La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes.
- Narración en tercera persona, dando el punto de vista de el “él/ella” es la más objetiva de las tres perspectivas citadas hasta aquí, puesto que el narrador se distancia de los hechos narrados. Esta es la perspectiva más frecuente desde la antigüedad y la más empleada en la novela realista decimonónica, ya que el distanciamiento entre el narrador y los hechos garantiza la verosimilitud, pero también en otros textos como El señor presidente, de Miguel Ángel Asturias, en la narrativa histórica o con intención historiográfica (incluidas las biografías)
Para G. Genette las personas de la narración son las “voces” del relato, y pueden clasificarse de la siguiente manera:
Desde dentro | Desde fuera | |
Narrador-personaje | Homodiegético/ Intradiegético | Homodiegético/ Extradiegético |
Narrador no-personaje | Heterodiegético/ Intradiegético | Heterodiegético/ Extradiegético |
Personajes
Son elementos básicos de la estructura del relato, que pueden aparecer como sujetos o como objetos de la acción del mismo.
E. Forster en su estudio sobre narratología distingue dos tipos de personajes:
- Personajes diseñados o planos, definidos por un trazo o elemento característico básico que no lo abandona ni cambia a lo largo de la narración. Este tipo de personajes tiende hacia la caricatura y suelen ser frecuentes en los textos populares como las novelas de tesis.
Una variante del personaje plano es el tipo, que no se transforma ni es un “ser” individual sino la representación de una colectividad o de un modo de conducta determinado, por lo que son frecuentes en el teatro de costumbres.
- Personajes modelados o redondos, presentan gran complejidad, puesto que son representados con múltiples rasgos característicos y pueden transformarse psicológica o socialmente a lo largo de la narración.
Otro criterio de clasificación de personajes se fija en el predominio del personaje como individuo (protagonismo individual) o como colectivo (narraciones corales); en general la novela coral es un “invento” moderno, hasta el siglo XIX las novelas presentaban como protagonista a un individuo, pero una parte de la literatura del siglo XX, muy influida por las corrientes psicoanalítica, existencial y marxista, reacciona contra esta tendencia, y presenta a un héroe indefenso frente a las circunstancias, como los protagonistas de los relatos kafkianos (El proceso, La metamorfosis,…), el cual se irá diluyendo en el grupo social, auténtico protagonista de relatos de la década de los ’50 en España (La Comena, de C. J. Cela o El Jarama, de Sánchez Ferlosio)
Son muchas y muy variadas las técnicas que permiten la caracterización de personajes:
- Uso de técnicas descriptivas
- La palabra del propio personaje
- La acción o movimiento y la reflexión (lo que leen, sueñan, comen, escriben…)
Espacio narrativo
El conflicto narrativo no sólo puede sustentarse en relaciones entre personajes, sino también en la relación del personaje con su entorno o espacio.
El entorno suele ser un factor determinante en el moldeado psicológico, social y moral de un individuo, y por tanto, también de un personaje narrativo, siempre que queramos otorgarle verosimilitud, es por ello que debe tener un valor por sí mismo y ser factor de cohesión de las secuencias narrativas. Podemos clasificarlo en:
- Interiores o exteriores, los primeros suelen ser apropiados para peripecias personales, mientras los segundo aparecen como más adecuados para conflictos sociales o colectivos. Son abundantes los espacios interiores en El desorden de tu nombre, de J. José Millás y los interiores en Los pájaros de Bangkok, de M. Vázquez Montalbán. Sobre esta distinción espacial, no debemos olvidar la preferencia que los autores realistas y costumbristas decimonónicos tenían los cafés (espacios exteriores)
- Urbanos o rurales, entre los textos narrativos con espacio urbano podría señalarse La ciudad de los prodigios, de E. Mendoza, y entre los segundos, Las ratas, de M. Delibes.
- Reales o simbólicos. Son muchos los autores cuya única pretensión, al describir o narrar sobre el espacio, es mostrarlo tal como es (Ocurre con autores realistas como Galdós en Fortunata y Jacinta, o P. Baroja en La busca) aplicando cierto afán de denuncia o documental, pero también hay quien concibe y describe el espacio cargado de significados, como el “Macondo” de G. García Márquez en Cien años de soledad, un microcosmos que representa la historia de Colombia y de la Humanidad entera.
Tiempo
Dentro del estudio de la narración podemos establecer la distinción en dos tipos de tiempo:
- Interno o textual es la organización cronológica de los hechos narrados.
- Externo o histórico es el tiempo real al que se refiere la narración.
- De la aventura, es la disposición u orden que el narrador concede a los hechos; permite flash-back o proyecciones en el futuro, intercalado de elementos, digresiones, abandono de episodios, intermedios, paralelismos, etc.
- De lectura o tiempo necesario para que el lector medio realice la lectura de la obra.
Importantísimo para la buena estructuración temporal del relato es la Consecutio temporum, en este sentido, E. Benveniste en su artículo Les relations de temps dans le verbe français diferenciaba en el sistema verbal francés los tiempos de la historia (o de la enunciación), que incluye todos los tiempos predominantemente narrativos, como el aoristo o indefinido, el imperfecto y pluscuamperfecto y lo que este autor llama el “prospectivo”; y los del discurso, que corresponderían en general a los presentes y tiempos “perfectos”.
En esta misma línea, H. Weinrich propone dos listas verbales diferenciadas para lo que denomina “mundo narrado” (correspondiente al tiempo de la historia) y “mundo comentado” (correspondiente al tiempo del discurso); la primera lista o grupo temporal I contiene el presente, el pretérito perfecto compuesto, el futuro imperfecto y perfecto y las perífrasis aspectuales ingresiva, terminativa y durativa; mientras que en grupo temporal II se incluirían el resto de los tiempos (Pretérito perfecto simple, pret. imperfecto y pluscuamperfecto, pret. anterior e indefinido, condicional simple y compuesto y las perífrasis aspectuales durativas y terminativas). Este autor constata como en las lenguas romances, y en el castellano, concretamente, los tiempos fundamentales del reloto o del mundo narrado son el pretérito imperfecto y el pretérito indefinido, si bien puede producirse un predominio del tiempo presente, a causa de lo que ha dado en llamar “metáfora temporal” (presente histórico para otras teorías) en la que lo importante dejan de ser los hechos sino la pretensión de que éstos mantengan una estrecha relación con el presente del lector.
Estilos narrativos
El estilo directo permite introducir en la narración la voz del personaje, sin intermediarios, lo cual otorga al texto una gran carga de imaginación. Muchas de las novelas conductistas lo emplean en un alto porcentaje, ya que ello les permite aportar la perspectiva del personaje, pero además, al no existir verba dicendi, ésta aparece caracterizada como auténtica y se carga de tensión narrativa, como ocurre en Cinco horas con Mario.
El estilo indirecto supone la aparición de un intermediario entre las palabras de los personajes y el lector, éste aporta verba dicendi y con ellos la perspectiva objetiva, distanciada y serena, si bien, puede haber lugar para la ironía y el humor, como en El laberinto de las aceitunas, de E. Mendoza.
Si al estilo indirecto le eliminamos los verba dicendi, esta perspectiva objetiva del narrador se interioriza en la mente del personaje, donde se funde con la suya. Carmen Bobes, en Teoría general de la novela, define el monólogo interior como un discurso sin receptor, puesto que su emisor no lo pronuncia sino que se limita a pensarlo sin interrupciones ni estructuración previa.
Leopoldo Alas, Clarín, fue el primer crítico en reconocer la técnica del monólogo interior en una novela en castellano, en concreto en La desheredada de Galdós. Este crítico señalaba ya entonces que se trataba de una técnica aprendida de los novelistas franceses (Zola y Flaubert), que consistía en sustituir las reflexiones del autor sobre el asunto y la narración por las del personaje, pero no a través de un monólogo sino de forma interiorizada, como si el autor estuviera en la mente del personaje y transcribiera sus pensamientos. Más tarde este estilo de narración recibirá el nombre de “subterráneo hablar de la conciencia”.
El origen de la técnica narrativa del monólogo interior se halla en los planteamientos de Eduard Dujardin en 1887, este autor lo definía como el habla ni dicha ni escuchada, a través de la que el personaje expresa sus sentimientos más íntimos e inconscientes, sin sujetarlos a una estructura lógica de pensamiento y por tanto con una estructura sintáctica simple, que provocan el efecto de que estamos ante los pensamientos tal como surgen de la mente.
A partir de la acertada utilización de esta técnica por J. Joyce en Ulysses, se han efectuado numerosos estudios, tanto sobre la forma literaria (flexibilidad discursiva, y uso del estilo libre) como sobre su aspecto psicológico, que parece ser el que más atrae en el mundo anglosajon, no en vano denominan a este estilo narrativo “stream of conciousness” (=arroyo o fluir del inconsciente)
Otras formas de expresión
Es muy difícil encontrar narraciones “puras”, lo más frecuente es la “contaminación” de los textos narrativos con otros modelos textuales, como la descripción, el diálogo, los comentarios e incluso la lírica.
Las descripciones intercaladas en los textos narrativos permiten trazar con precisión rasgos esenciales de los personajes y del espacio-tiempo en que la acción se sitúa. La abundancia de fragmentos narrativos es una característica de la novela realista francesa o nouveau roman, cuyo principal representante es Emile Zola.
Los fragmentos dialogados permiten intervenir a los personajes directamente en la labor de narrar y otorgan a la acción un mayor nivel dramático, y los fragmentos comentados permiten al lector “oir” la voz del autor que interrumpe la acción y la hace más densa al aportar vocabulario abstracto.
No es muy frecuente, pero se dan casos de fragmentos líricos intercalados en los textos narrativos, los cuales refuerzan la expresividad o son el contrapunto humorístico a la acción, como ocurre en algunos fragmentos de El Quijote.
Narratario y lector
Narratario es el destinatario de la narración, que puede coincidir con el lector real, pero que en ocasiones es un lector implícito al que el narrador dirige su relato como el “Vuestra Merced” al que dirige la carta-relato Lázaro de Tormes en El Lazarillo
Junto a éste, la narratología moderna ha comenzado a otorgar cierta importancia al lector, si bien, ya desde el nouveau roman francés se le pedía una colaboración activa y consciente para componer e imaginar aquello que el autor sólo menciona o plantea como enigma.
Presencia de los textos narrativos en la vida cotidiana
La narración es una tipología textual básica en los medios de comunicación, son narración las noticias, los reportajes y las crónicas periodísticas, y también aparecen en la conversación oral.
La noticia es un texto periodístico de carácter informativo que nos narra un hecho caracterizado por su inmediatez temporal con respecto al receptor y su expectativa de impacto.
La agencia americana de noticias Associated Press indica el texto de una noticia debe estructurar su información de forma triangular:
- Titular o lead que avanza el contenido de la noticia para captar la atención del lector.
- Entrada o entradilla con los datos más importantes de la noticia.
- Cuerpo de la noticia, donde se desarrolla lo expuesto en el titular y en la entrada, siguiendo la norma no escrita por la que la información ha de plantearse siguiendo el orden de las 5 Wh- anglosajonas What?, Who?, When?, Where?, Why?, a las que se puede añadir How?, si bien, no suele darse respuesta a todos estos interrogantes a través de la noticia, debido a su inmediatez.
El reportaje viene a completar la noticia, es una narración informativa hecha con cierta distancia temporal con respecto a los hechos narrados, por lo que no tiene el obstáculo de la inmediatez y puede permitirse dedicar más tiempo a recopilar información que conteste a todos los interrogantes planteados (las 5 Wh-) y a redactar el texto. En este texto se permite cierto grado de subjetividad que no aparece en la noticia, donde el periodista se debe limitar a exponer los hechos, puesto que además de la información puede expresar las opiniones de los protagonistas e incluso puede apoyarlas o completarlas con imágenes o gráficos.
La crónica, etimológicamente debe ser entendida como el intento por narrar los hechos sucedidos entre dos fechas, pero en la actualidad se trata de la mezcla narración de información y opinión en la que aparecen combinados el texto narrativo y el valorativo. Supone una cierta continuidad en el tema tratado (siempre el mismo) o en la persona que las realiza puesto que lo hace con cierta regularidad y para ello se sirve de un estilo directo, llano y personal.
Muchos de los actos de habla son narraciones sobre hechos cotidianos, por lo que podemos hablar de un tipo de texto narrativo oral al que designaremos anécdota, y que según la R.A.E. es el relato breve de un hecho curioso que se hace como ilustración o entretenimiento. Como todo relato, ha de ser fiel a las características de los textos narrativos, si bien introduce variaciones por su carácter oral, que lleva implícita la brevedad, la improvisación y la economía lingüística.
En este tipo de discurso oral son frecuentes las apelaciones al receptor, tanto como manifestación de la función fática del lenguaje como también para aproximarle o hacerle partícipe de la narración, estas apelaciones suelen realizarse a través del nombre propio o de nombres familiares e incluso hipocorísticos, se designa a otros y a otras realidades a través de complementos nominales y predicativos y las localizaciones tanto temporales como espaciales suelen ser vagas o toman como referencia elementos propios del mundo conocido por los hablantes (fechas del calendario eclesiástico, estaciones del año, etc.)
En la conversación oral convive el estilo directo y el indirecto y el nivel de lengua suele ser coloquial, que permite la flexibilidad necesaria para lograr la economía de lenguaje necesaria para la comunicación ágil, a la que contribuye también el período corto en la construcción oracional.