Expresión de la cantidad, la calidad y el grado. 2026

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By Víctor Villoria

Expresión de la cantidad, la cualidad y el grado

I. Elementos lingüísticos para la expresión de la cantidad

1.1. Los cuantificadores. Su naturaleza categorial

La expresión lingüística de la cantidad constituye un mecanismo complejo mediante el cual los hablantes cuantifican entidades, eventos y propiedades en el discurso. Tradicionalmente, la gramática ha reconocido los cuantificadores como elementos fundamentales en este proceso, aunque su delimitación categorial ha generado considerable debate entre los especialistas. Los cuantificadores se caracterizan por un rasgo semántico distintivo: favorecen la interpretación cuantitativa de los términos a los que modifican, operando sobre sustantivos, frases nominales e incluso enunciados completos. Esta capacidad modificadora los diferencia de otras categorías gramaticales, permitiendo expresar tanto cardinalidades exactas como aproximaciones indefinidas.

Desde una perspectiva categorial, la clasificación de los cuantificadores presenta una complejidad notable. La gramática lógico-tradicional los consideraba determinantes, pero investigaciones recientes establecen que constituyen una categoría sincategoremática independiente, a la que pertenecen elementos pertenecientes a clases distintas: determinantes, adverbios y adjetivos. Esta heterogeneidad categorial responde a que un mismo elemento puede funcionar en múltiples clasificaciones simultáneamente. Marcos Marín (1980) propuso una distinción fundamental entre cuantificadores connotativos (adjetivos calificativos y numerales) y cuantificadores no connotativos (pronombres posesivos, demostrativos, indefinidos y relacionantes), división que resulta operativa aunque no exhaustiva.

La tipología de cuantificadores admite múltiples criterios clasificatorios. Siguiendo a Sánchez López (1999), se distinguen cuantificadores propios, que expresan cantidad de forma explícita, de cuantificadores focales y presuposicionales, que operan implícitamente. Los propios comprenden numerales (cardinales, ordinales, fraccionarios, multiplicativos y distributivos) e indefinidos, que expresan cantidades aproximadas o imprecisas. Los indefinidos universales (todo, cada, ambos, cualquiera) operan sobre extensiones amplias, mientras que los particulares o débiles (alguno, mucho, bastante, demasiado, poco) permiten mayor flexibilidad interpretativa. Adicionalmente, los cuantificadores gradativos o escalares (más, menos, tanto) expresan el grado de cantidad respecto a una escala determinada, estableciendo relaciones proporcionales entre entidades.

Otra distinción relevante opone los cuantificadores intrínsecos, cuya cuantificación se extiende más allá del ámbito sintagmático inmediato (En cada profesor debe explicar bien su tema, cada vincula interpretativamente con el posesivo su), a los cuantificadores no intrínsecos, cuya operación permanece ambigua en relación con su alcance distribucional. Esta caracterización revela que la cuantificación no constituye un fenómeno puramente léxico, sino que interactúa significativamente con la estructura sintáctica y la interpretación semántica global del enunciado.

1.2. Estructuras partitivas

Las denominadas estructuras partitivas constituyen construcciones lingüísticas que denotan una parte de elementos pertenecientes a un conjunto predefinido. Esta caracterización sintáctico-semántica se materializa mediante numerales partitivos específicos (mitad, tercio, tercera parte, cuarto) que establecen relaciones fraccionales con la totalidad. Brucart (1994) define la partitividad como una noción semántica asociada originariamente a los numerales partitivos, aunque su alcance se extiende a ciertos nombres de cantidad como resto, grupo, mayoría y totalidad, que pueden encabezar construcciones análogas sin necesidad de una cuantificación explícita.

Entre los nombres susceptibles de formar estructuras partitivas, la investigación actual reconoce una bifurcación fundamental. Los nombres intrínsecos, obligatoriamente cuantitativos por definición (mayoría, totalidad, mayor parte, mitad, resto), favorecen la concordancia ad sensum o silepsis, mediante la cual el verbo concuerda con el número semántico del conjunto más que con la forma gramatical del sujeto (Una mayoría de alumnos aprobaron la oposición). En contraste, los nombres no intrínsecos presentan lectura partitiva solo en ausencia de determinante definido precedente, como se observa en la contrast entre un grupo de alumnos aprobaron la oposición versus *el grupo de alumnos aprobaron la oposición, donde la definitud cancela la interpretación partitiva.

Existe un segundo mecanismo para la formación de estructuras partitivas mediante nombres de materia, que operan a través de la mediación de un cuantificador (un poco de agua) o un nombre de medida/parte (una rebanada de pan). Estas construcciones presentan una propiedad distintiva: el nombre de materia rechaza la pluralización cuando precede al especificador partitivo (*una rebanada de los panes versus una rebanada de pan). Esta restricción refleja que los nombres continuos o de masa, por su semántica inherente, no admiten segmentación en unidades discretas, requiriendo explícitamente una medida interventora para su cuantificación.

1.3. Relativos, interrogativos y exclamativos

El pronombre relativo cuanto constituye un cuantificador intrínseco de particular importancia en el análisis de construcciones cuantitativas. Fernández Ramírez (1987) lo caracterizaba como un pronombre generalizador que admite dos usos fundamentales: uno como cuantificador universal que modifica sintagmas nominales y legitima proposiciones subordinadas de relativo con antecedente incluido (Se expusieron cuantas alternativas parecieron convenientes), y otro como cuantificador proporcional que expresa cantidades relativas a otras previamente enunciadas. En su función generalizadora, cuanto establece una relación universal análoga a la del cuantificador todo, particularmente cuando no aparece junto a un nombre o cuando la proposición subordinada funciona como sujeto, caso en el cual lo antecede el intensificador todo para reforzar la cuantificación (Todo cuanto contó era falso).

En su uso proporcional, cuanto expresa una cantidad relativa a otra previamente expresada por un cuantificador como tanto, más o menos, estableciendo una proporción explícita entre dos cantidades (Hemos pedido tantos libros cuantos lectores solemos tener). En este contexto, la interpretación de cuanto corresponde a un cuantificador no universal de carácter proporcional, próximo semánticamente a elementos como mucho, poco o demasiado. La construcción proporcional requiere paralelismo estructural entre ambos miembros de la relación, facilitando la elipsis del verbo en el segundo miembro cuando este coincide con el primero.

Los interrogativos cuánto(s) y quién(es) funcionan como cuantificadores no universales con interpretación específica o existencial, permitiendo formular preguntas sobre la magnitud o identidad de subconjuntos particulares (¿Quiénes de nosotros querríamos ir a África?; ¿Cuántos de nosotros querríamos ir a África?). Ambos pueden encabezar oraciones interrogativas indirectas de infinitivo, construcción que amplía su alcance funcional en contextos complejos (No sabemos quiénes ir a África). Paralelamente, existen pronombres exclamativos con significado léxico de cantidad: cuánto y la construcción qué de, que funcionan en contextos expresivos (¡Cuánto ha llovido!; ¡Qué de buenas notas ha tenido!), marcando evaluaciones cuantitativas intensificadas pragmáticamente.

1.4. Los argumentos de cantidad

Los argumentos de cantidad se definen como argumentos cuantitativos específicos seleccionados obligatoriamente por verbos de medida, como durar, tardar, pesar, medir o distar. Estos argumentos carecen fundamentalmente de valor referencial, siendo encabezados típicamente por un numeral (El concierto duró tres horas) o por un cuantificador no universal (Jovita engordó considerablemente). En ciertos contextos, estos argumentos pueden adquirir referencia cuantitativa deíctica cuando establecen comparación con una entidad previamente identificada (Pau pesa lo mismo que el hermano de Jovita). Históricamente, la gramática tradicional clasificaba estas estructuras como complementos circunstanciales de cantidad, mientras que análisis más recientes las reconocen como argumentos intermedios entre el complemento directo y los complementos adverbiales.

La tipología de verbos que seleccionan argumentos de medida es diversa y puede sintetizarse en dos grupos básicos. Los verbos de medida canónicos requieren dos argumentos: un sujeto-tema y un sintagma de medida (El concierto duró tres horas; El viaje costó cincuenta euros). Los verbos de doble uso admiten tanto una lectura canónica de medida como una lectura transitiva: en Pesamos los melocotones pueden entenderse tanto como construcción de medida (Los melocotones pesaron dos kilos, donde el sujeto es lo medido) como construcción transitiva (El frutero pesó los melocotones, donde el sujeto es el agente medidor). Solo la primera lectura conlleva un verdadero argumento de cantidad.

Otras categorías gramaticales admiten sintagmas de medida con funciones variadas. Los sustantivos que denotan capacidad, fuerza o dimensión (potencia, longitud, altura, duración) aceptan complementos de medida (una capacidad de mil kilos, una altura de dos metros). En el caso de adjetivos y adverbios, los sintagmas de medida aparecen fundamentalmente en estructuras comparativas dentro de escalas definidas (mucho más educado, tres horas más tarde). Solo excepcionalmente el contexto no es comparativo, como en construcciones espaciales o temporales (varios kilómetros río arriba, dos metros por encima del suelo), donde la medida establece un punto de referencia absoluto más que relativo.

1.5. Adverbios de cantidad

Los adverbios de cantidad constituyen una clase heterogénea de elementos que típicamente proceden de adjetivos cuantificadores inmovilizados en los rasgos de género y número. Meilán (1998) propone una clasificación funcional que reconoce varios subtipos operativos. El adverbio así de expresa un grado máximo de la propiedad sobre la cual opera, clasificándose como deíctico cuantitativo. Los adverbios indefinidos (poco, mucho/muy, bastante, demasiado, tanto, todo, bien, recién, harto, algo, apenas, medio, nada, casi) aportan distintos grados de cuantificación sobre las unidades que modifican, operando típicamente como complementos de naturaleza circunstancial. Algunos de estos adverbios se especializan en funciones de adición (además, aparte, encima, también, asimismo, incluso, tampoco), modificando pragmáticamente la fuerza informativa del predicado.

Los adverbios interrogativos tónicos (qué, cuánto, cuán) y el relativo átono cuanto operan en construcciones de modalidad interrogativa y relativa respectivamente. Los adverbios comparativos (tan/tanto, más, menos) expresan relaciones de grado mediante comparación con un término de referencia. Un grupo especial lo constituyen los adverbios incidentales (además, encima, aparte), que ocupan posiciones periféricas en la cláusula e introducen contenidos de naturaleza accesoria. Ciertas locuciones adverbiales, como de miedo, de maravilla, a fondo, a mares, a cántaros, oscilan semánticamente entre la expresión de cantidad y la de modo, utilizándose para denotar una cantidad máxima o un grado extremo.

Existen además locuciones preposicionales formadas por preposición más sustantivo o adjetivo que resultan equivalentes funcionales a adverbios en -mente: por completo, en exclusiva, por entero, a medias, en totalidad, en exceso, en abundancia, en demasía, en absoluto. Algunos sustantivos locativos, temporales o espaciales que se reiteran acompañados de preposiciones o conjunciones (palmo a palmo, metro a metro, horas y horas) se posicionan a medio camino entre la cuantificación y la significación modal, adquiriendo interpretaciones intensificadas. Ciertos adverbios indefinidos cuantitativos acompañados del artículo neutro u otras unidades expresan cuantificación máxima (a lo sumo, a lo más, como mucho, a más tardar) o se relacionan con estimaciones mínimas (a lo menos, al menos, como poco).

1.6. Sustantivos y adjetivos de significación cuantitativa

Cierto tipo de adjetivos expresan cantidad mediante la mediación del artículo neutro lo, construcción que les impide concordar con el sustantivo modificado en género y número. Ejemplos paradigmáticos incluyen lo habitual (que equivale aproximadamente a ni mucho ni poco) o lo frecuente. Los multiplicativos doble y triple, cuando aparecen en singular y precedidos de artículo masculino, funcionan análogamente (Corre el triple que antes, donde la medida se establece mediante comparación implícita con una cantidad anterior). Muchos adjetivos incorporan el sufijo derivativo -mente, transformándose en adverbios con funciones cuantitativas específicas: los de grado mínimo (únicamente, escasamente, exclusivamente, solamente), los de grado máximo (completamente, absolutamente, copiosamente) y aquellos que expresan cantidades aproximadas (aproximadamente).

Al igual que los adjetivos mucho o poco, ciertos adjetivos calificativos (infinito, duro, fuerte, largo, tendido) funcionan como adverbios cuando se inmovilizan en los rasgos de género y número, adquiriendo interpretaciones cuantificativas intensificadas (Le quiere infinito, equivalente a muchísimo). Esta inmovilización gramatical se observa también en estructuras ponderativas altamente idiolectales (Lo pasaron fenomenal, donde fenomenal cuantifica la satisfacción del evento). El adverbio incidental cuantitativo máxime, equivalente semánticamente a sobre todo, permite énfasis selectivo sobre un aspecto particular del enunciado (Te digo esto, máxime sabiendo que estás comprometido). Ciertos sustantivos poseen valor cuantitativo intrínseco sin necesidad de mediación preposicional (Jovita trabaja mogollón, Eso pesa tela), aunque más numerosos son aquellos que con el indefinido un denotan énfasis ponderativo (un bledo, un comino, un pelín, un horror, un puñado, un montón).

1.7. Oraciones cuantitativas

La expresión de la cantidad a nivel oracional se manifiesta mediante diversos tipos de construcciones subordinadas que integran la cuantificación en su estructura fundamental. Las oraciones adverbiales relativas con el adverbio relativo cuanto implican el verbo y el sujeto de la principal, construyéndose típicamente con un verbo modal concordado con el de la principal (Se alejó de mí cuanto pudo, donde cuanto implica alejarse). Se suele incrementar esta construcción con los cuantificadores neutros tanto y todo, análisis de los cuales como antecedentes sintácticos permanece debatido, aunque su supresibilidad sugiere su función como modificadores de cuanto (Se alejó de mí todo cuanto pudo).

Las oraciones adverbiales relativas con la expresión adverbial lo + que, cuantificada por los comparativos más y menos, permiten expresar grados variables de una propiedad dentro de una escala (Se acercaban lo [más, menos] que podían). Las oraciones adverbiales relativo-comparativas con los adverbios comparativos más, menos y tan/tanto establecen una relación entre dos términos (comparante y comparado) donde el grado de cuantificación es relativo. El relativo que se subordina al cuantificador más/menos más que al verbo directamente, estructura que produce elipsis sistemática del verbo en el segundo miembro cuando coincide con el del primero (Pau trabaja menos que Jovita).

Las oraciones adverbiales relativo-consecutivas con tan y tanto indican consecuencia con valor superlativo respecto a una unidad de carácter sustantivo, adjetivo o adverbial. Formalmente similares a las comparativas de igualdad, sustituyen el como del segundo término de comparación por el que consecutivo, relacionando la subordinada con una unidad intensiva (Sufre tanto que prefiere abandonar). Las oraciones cuantitativas incidentales con adverbios como además, lejos, aparte, encima semánticamente añaden contenido de suma o adición a lo expresado por el verbo principal. Finalmente, otras construcciones cuantitativas operan mediante la expresión adverbial en la medida (en) que, o mediante construcciones temporales impersonales (Hace tiempo que vi esa película), donde hacer + cuantificador/temporales expresa duración o intervalo temporal.

II. Elementos lingüísticos para la expresión de la cualidad

2.1. El adjetivo calificativo

La expresión lingüística de la cualidad constituye uno de los conceptos básicos del análisis lingüístico, junto con la cantidad, la relación y la sustancia. La gramática tradicional relacionaba esta expresión fundamentalmente con los adjetivos, particularmente con los denominados adjetivos calificativos, aunque perspectivas más recientes reconocen que no todos los adjetivos calificativos expresan necesariamente cualidad. Los adjetivos calificativos asignan una propiedad a una entidad de modo caracterizador, pudiendo esa propiedad ser estable (=individual, como en la chica rubia) o transitoria (=episódica, como en la chica cansada). En general, estas construcciones suelen asignar cualidades esenciales que funcionan como rasgos de distinción entre objetos, como la posición de una entidad con respecto a una norma, o las propiedades identificativas que la caracterizan.

El rasgo semántico básico distintivo de los adjetivos calificativos es la posesión de significado de grado (Calvo Pérez, 1986; Demonte, 1999), característica que estudiaremos con detalle en la sección tercera de este tema. Los adjetivos calificativos forman parte de oposiciones léxicas de polaridad, es decir, de pares antónimos que representan los grados extremos de una cualidad o característica (bueno-malo, claro-oscuro, grande-pequeño). La teoría reciente ha establecido que la cualidad expresada por los adjetivos calificativos se divide en tipos semánticos específicos, cada uno de los cuales posee características sintácticas y morfológicas propias. Siguiendo a Dixon (1977) y Demonte (1999), se reconocen las siguientes categorías: dimensión o tamaño, velocidad, propiedad física, color, edad, valoración o evaluación, y aptitudes o disposiciones humanas.

Los adjetivos de dimensión designan tres dimensiones espaciales de objetos físicos (largo/alto, ancho, profundidad/volumen), siendo polares, donde la forma positiva representa la dimensión (ancho/estrecho). Los adjetivos de velocidad (rápido, lento, veloz) son polares, presentando la forma positiva como no marcada. Los de propiedad física (redondo, ligero, espeso, dulce, duro, fragante, caliente, grave) se refieren a propiedades perceptibles sensorialmente, siendo mayoritariamente polares. Los adjetivos de color incluyen términos básicos (blanco, negro), aproximativos (rojizo, amarillento), compuestos (rojiblanco) y especializados (salmón, mostaza). Los de edad presentan formas generales (viejo, nuevo), especializadas (añejo, anciano) e importadas (rancio, caduco). Los de valoración o evaluativos (bueno-malo, lindo-feo) tienen especializaciones según campos semánticos (sabroso, delicioso para comida) y son graduables. Finalmente, los de aptitudes humanas reflejan capacidades (inteligente) o disposiciones emocionales (sensible, nervioso), siendo frecuentemente usados para calificar metafóricamente eventos u objetos.

La posición del adjetivo calificativo respecto al sustantivo que modifica afecta significativamente a la expresión de la cualidad. Los adjetivos pospuestos especificativos delimitan el conjunto de objetos a los que se refiere la entidad, restringiendo su extensión referencial (En las mesas verdes, excluimos aquellas mesas que no tienen la propiedad de ser verdes). En los antepuestos o explicativos no existe tal restricción: en blanca nieve, no se limita la extensión del nombre, sino que se destaca una propiedad (la blancura) presupuestamente inherente. Esta diferencia de posición entraña consecuencias semánticas profundas: el especificativo pospuesto genera una nueva determinación que individualiza más el referente, mientras que el explicativo antepuesto presenta la cualidad como presupuesta.

2.2. Las proposiciones subordinadas adjetivas

La expresión de la cualidad puede lograrse alternativamente mediante construcciones oracionales denominadas proposiciones subordinadas adjetivas. Estas proposiciones se subordinan a un sustantivo del mismo modo que un adjetivo, funcionando como adyacente nominal. Porto Dapena (1997) señala que las construcciones más relevantes son aquellas que «añaden o simplemente ponen de manifiesto una nota característica de su referente», siendo frecuentemente sustituibles por un adjetivo léxico específico (El opositor que estudia es estudioso). Estas proposiciones se introducen mediante un pronombre relativo (quien, cual, cuanto), un determinante relativo (cuyo) o construcciones con artículo (los que, las que, el que). Los pronombres y determinantes relativos desempeñan simultáneamente dos funciones: la de nexo entre la subordinada y su antecedente, y otra función sintáctica dentro de la subordinada (sujeto, complemento directo, etcétera).

Las proposiciones subordinadas adjetivas expresan cualidad en el interior del sintagma nominal mediante cuatro funciones distintas: como adjetivo atributivo, como adjetivo predicativo, como atributo o predicado nominal, y como adjetivo incidental. Las que funcionan como adjetivo atributivo subordinándose al núcleo nominal admiten dos valores fundamentales. Las proposiciones especificativas complementan a un sustantivo especificando o concretando su significado, pudiendo llevar verbo en indicativo o subjuntivo (El árbol que está viejo deberían cortarlo), y rechazando sintagmas nominales con nombres propios o pronombres personales. Las explicativas añaden una nota explicativa sin delimitar el contenido del sustantivo, van separadas por comas, llevan solo indicativo y rechazan indefinidos (El árbol, que está viejo, deberían cortarlo).

Aletá Alcubierre (1990) observó críticamente que la ecuación tradicional entre especificativa=restrictiva y explicativa=no restrictiva constituye un error conceptual, ya que la significación restrictiva o no restrictiva depende del contexto, no de pausas o entonación. Mediante análisis contextual pueden identificarse cuatro combinaciones posibles: especificativa y restrictiva (Los alumnos que han entregado el trabajo aprobarán); especificativa y no restrictiva (Todavía me escuece la herida que me hiciste); explicativa y restrictiva (Un cáncer, que tenga tratamiento, claro está, se puede curar); y explicativa y no restrictiva (Los ciclistas, que llegaron exhaustos, pasaron el control antidoping). Las proposiciones incidentales funcionan como periféricas, van entre pausas y pueden eliminarse sin afectar la gramática de la secuencia (Los dos escritores, que estaban desanimados, decidieron dejar de escribir).

III. Elementos lingüísticos para la expresión del grado

3.1. Adjetivos y adverbios graduables

El grado constituye la capacidad de expresar una misma propiedad o dimensión en distintas medidas cuantificadas. Los adjetivos y adverbios que poseen esta capacidad se denominan adjetivos y adverbios graduables, mientras que las palabras empleadas para expresar el grado se llaman expresiones de grado. Estas últimas incluyen adverbios (muy, poco, sumamente), procedimientos morfológicos (como el sufijo -ísimo) y construcciones sintácticas (como las estructuras comparativas o consecutivas: más rápido que Pau; tan sabroso que lo volvimos a probar). Solo aquellos adjetivos y adverbios cuyo significado denota propiedades que pueden darse en distintas medidas son graduables. Entre los adjetivos, únicamente los calificativos son graduables, dado que no indican solamente una propiedad, sino que se asocian a una escala de magnitudes variable según los sustantivos predicados.

Entre los adverbios, son graduables los de manera, lugar, tiempo y frecuencia que denotan dimensiones espaciales, temporales o iterativas susceptibles de variación. Los adverbios de manera bien y mal, así como aquellos derivados de adjetivos calificativos graduables (muy claramente/muy claro), admiten gradación. Los adverbios de lugar y tiempo como cerca, lejos, arriba, abajo, dentro, adentro, antes, después, pronto, tarde, temprano marcan dimensiones espaciales o temporales respecto a un punto de referencia. Los adverbios de frecuencia como habitualmente, frecuentemente aluden a cantidad de repeticiones. Ciertos factores léxicos, morfológicos o sintácticos impiden la gradación: si el elemento denota ya grado máximo (fatal, maravilloso, infinito) o lleva prefijo negativo in- (*muy infundadas). Inversamente, ciertos adjetivos relacionales pueden reinterpretarse como calificativos y así hacerse graduables por razones culturales (una canción muy española).

Semánticamente, los adjetivos y adverbios graduables presentan una serie de propiedades distintivas. La vaguedad caracteriza el hecho de que no se asigna un valor de verdad a las oraciones que contienen estos elementos: en Jovita es baja, la verdad del enunciado depende de la clase de comparación y el estándar con el que se relacione. La ordenación del dominio implica que estos elementos ordenan el conjunto de individuos sobre los que se aplican en forma de escala. La indeterminación semántica puede provocar ambigüedad interpretativa: en Jovita es muy liberal, el adjetivo admite varias interpretaciones según la dimensión aplicada, cosa que no ocurre con adjetivos como alto, bajo o amarillo. Las oposiciones polares generan comportamientos sintácticos y semánticos específicos. Finalmente, la mensurabilidad permite que ciertos adjetivos y adverbios se asocien a dimensiones mensurables (dos días más tarde, un año más viejo, tres centímetros más largo).

3.2. La expresión sintáctica del grado

3.2.1. Expresiones de grado cuantitativas

Las expresiones de grado cuantitativas miden el intervalo entre el valor de referencia marcado por la expresión de grado y el valor estándar dentro de una escala gradual. Las expresiones muy, bastante, suficientemente, demasiado, en exceso, de sobra, harto, bien, algo, un tanto, un poco, un pelín y medio sirven para medir ese intervalo, aunque añaden matices significativos y pragmáticos que valoran de diferente forma la magnitud a la que hacen referencia. Estas expresiones comparten la propiedad de medir un intervalo positivo o por encima del valor estándar, mientras que escasamente, nada y poco miden un intervalo negativo o por debajo. El valor semántico de cada expresión depende de criterios graduativos internos: muy y bastante indican suficiencia, demasiado marca exceso, algo y un poco marcan insuficiencia moderada, nada y poco marcan insuficiencia extrema.

3.2.2. Los elativos

Los elativos constituyen expresiones que señalan grado extremo, término equivalente al superlativo absoluto de la tradición gramatical. Tienen naturaleza cuantitativa pero añaden una apreciación cualitativa, valorando el grado de la propiedad o dimensión como el mayor esperable según convenciones sociolingüísticas. Son incompatibles con expresiones de grado cuantitativas (*una silla sumamente demasiado cara) o comparativas (*más feo con ganas que tú), pero aceptan expresiones exclamativas y consecutivas intensivas (¡Lo simpática que estuvo hoy Jovita!). Los procedimientos para expresar grado elativo son muy variados. Los sintácticos incluyen adverbios en -mente como increíblemente, tremendamente, enormemente, y modificadores como en extremo, al máximo, de verdad, de veras, sobremanera, sin medida, en demasía. Los morfológicos comprenden sufijos -ísimo y -érrimo (paupérrimo, libérrimo), aunque con restricciones: no los aceptan adjetivos relacionales (*familiarísimo), situacionales (*anteriorísimo), sustantivos adjetivados (*naranjísima), adjetivos cultos griegos (*sagacísimo), ni muchos terminados en -ío, -io, -eo, -uo, -ico, -ante, -(i)ente.

Los prefijos requete-, super-, hiper-, mega-, ultra- expresan elativos pero son incompatibles con otras expresiones de grado (*muy superelegante). Los procedimientos léxicos y fraseológicos incluyen adjetivos como fatal, magnífico, colosal que expresan cualidad en grado sumo, así como superlativos sintéticos cultos óptimo, pésimo, máximo, ínfimo, supremo (correspondientes a bueno, malo, grande, pequeño, pequeño, bajo y alto). Existen expresiones preposicionales asociadas a adjetivos como feo con ganas, repetido hasta la saciedad, honrado a carta cabal, que se han lexicalizado con valor intensificador. Otro procedimiento consistente en añadir a adjetivos una frase introducida por hasta expresando resultado extremo (enamorado hasta los huesos, valiente hasta morir). Las comparativas prototípicas usan un término comparado que pragmáticamente se asocia al prototipo de grado extremo (Más feo que Picio, Más tonto que Abundio).

3.2.3. El grado comparativo

La estructura comparativa tradicional se compone de dos elementos fundamentales: el núcleo, cuantificado por más, menos (comparativas de desigualdad) o tan/tanto, igual de, artículo + mismo (comparativas de igualdad); y el punto de referencia o coda, introducido por que, de o como. Las construcciones comparativas pueden aparecer en el interior de una oración simple (No creo que Pau sea una persona más propensa a la mentira que a la verdad) o de una oración compuesta (Pau confía más en Jovita que en Victoria), donde el núcleo de la comparativa es siempre un verbo. Gutiérrez Ordóñez (1994) clasifica estas proposiciones en propias (llevan la conjunción que: Jovita confía más en Pau que en Victoria) y relativas (llevan de + artículo + relativo: Pau tiene más cara de la que parece).

Las construcciones comparativas se clasifican en desigualdad y igualdad. La desigualdad admite matices: de superioridad (Jovita llegó más cansada que Pau) o inferioridad (Su casa está más arreglada de lo que imaginaba). La igualdad puede ser cuantitativa (tan/tanto…como/cuanto, artículo + mismo…que) o cualitativa (tal…como, igual…que). La estructura de la coda frecuentemente reproduce elementos del primer miembro para economía lingüística, produciéndose elipsis sistemática del verbo cuando coincide: Jovita escribe más correos electrónicos a sus amigos que Pau (que escribe a sus amigos). La RAE (1973) entiende que funciona la elipsis, pues en la coda no se reproducen todos los términos del primer elemento, aunque se sobreentienden.

La presencia de la coda comparativa está asociada a la particularidad semántica de las expresiones de grado comparativas: denotan un grado definido por su relación respecto de otro grado dentro de la misma escala. Gutiérrez Ordóñez (1994) denomina estructuras pseudocomparativas aquellas que formalmente parecen comparativas pero no expresan comparación: Es listo más que trabajador; En la vida hay más hombres que Pau. El español conserva restos del comparativo morfológico latino: comparativos sintéticos como mayor, menor, mejor, peor, poseyendo las mismas propiedades que las construcciones analíticas. Los adverbios antes (=más pronto) y después (=más tarde) también se comportan como comparativos sintéticos, siendo incompatibles con más o menos (*menos peor).

3.2.4. Interrogativos y exclamativos de grado

Las oraciones exclamativas e interrogativas parciales que ponderan o exclaman el grado de adjetivos utilizan elementos específicos para expresar esta función. El interrogativo-exclamativo qué permite expresar grado extremo (¡Qué triste es Pau!; ¿Qué triste es?). La construcción cómo…de marca interrogativamente (¿Cómo es de alta Jovita?) la magnitud de una cualidad. La secuencia lo…que expresa intensidad de manera exclamativa (¡Lo guapa que está Jovita!). Estas construcciones guardan relación con la expresión de la cantidad, corroborando la conexión que existe entre ambas manifestaciones lingüísticas. Una estructura similar pero con bajo uso en el español peninsular es cuán (¡Cuán agradable es Victoria!), que sí es frecuente en variedades americanas. Los términos tan y más con la preposición de se usan en oraciones exclamativas directas para señalar grado extremo (¡Victoria es de/más/tan lista…!).

3.2.5. Otras expresiones de grado

Ciertos sintagmas de medida constituidos por un numeral más un sustantivo que denota una unidad de medida pueden aparecer con adjetivos o adverbios comparativos (Una mesa dos centímetros más alta que la tuya). La construcción así de, construida con el adverbio de manera así, posee un valor cuantitativo de grado indicando la medida exacta de la cualidad denotada (Victoria es así de espléndida). Esta construcción ha influenciado la formación de expresiones similares para expresar grado máximo en contextos coloquiales: la tira de cansado, la hostia de agradable, la leche de enfadado. Cierta interpretación de grado posee el adverbio relativo según cuando le sigue un adverbio o adjetivo precedido de la preposición de (Según es de borde Pau, no creo que vuelva a hablar con Jovita). Esta construcción demuestra la importancia que tiene la preposición de en las construcciones de grado, funcionando como marca de intensificación, y muestra cómo los procesos gramaticales interactúan dinámicamente en la expresión lingüística de los grados de intensidad.

3.3. El superlativo

En este apartado se analizan los denominados superlativos relativos de la gramática tradicional, distintos de los superlativos absolutos o elativos ya estudiados. Los superlativos relativos marcan una cualidad en grado sumo que individualiza una entidad o una propiedad dentro de un conjunto específico (Jovita es la becaria más influyente de la clínica). Los superlativos absolutos marcan esa cualidad en grado sumo sin referencia a un grupo restrictivo. Los superlativos relativos nominales están formados por los siguientes elementos: una entidad que va a ser individualizada en el punto más alto de una escala dentro de un conjunto específico (la becaria); una propiedad graduada que individualiza la entidad (más influyente), expresada mediante más, menos, comparativos sintéticos (mayor, menor, mejor, peor) o ciertos adjetivos elativos (máximo, mínimo, ordinales primero/último, adjetivos único y principal); y un conjunto que funciona como restrictor (de la clínica), presente en forma de sintagma preposicional con de seguido de sintagma nominal definido o proposición de relativo (Jovita es la becaria más influyente que conozco).

Existen superlativos adverbiales y adjetivales con estructura formal similar a los nominales, donde la diferencia estriba en que se individualiza el grado más alto de una propiedad o dimensión (Quiero una tienda de campaña la más grande posible; Tuvo que rehacer el trabajo lo más rápidamente posible). Esta significación los aproxima a los elativos o superlativos absolutos. El análisis de estas construcciones revela la complejidad que entraña la expresión del grado en español, mostrando cómo fenómenos sintácticos, semánticos y pragmáticos interactúan para crear sistemas graduativos sofisticados que permiten a los hablantes expresar matices de intensidad y relatividad con precisión, reflejando la riqueza expresiva de la lengua española en el ámbito de la gradación.


Bibliografía

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Hernanz, María Lluïsa y Brucart, Josep María: La sintaxis. 1. La oración simple. Crítica, Barcelona, 1987. Manual de referencia sobre sintaxis oracional simple, con secciones dedicadas a argumentos de medida y cuantificación en contextos predicativos diversos.

Meilán García, Antonio Jesús: Construcciones locativas y cuantitativas. Arco/Libros, Madrid, 1998. Monografía que sistematiza la teoría de la cuantificación oracional, con análisis de construcciones adverbiales relativas, comparativas y consecutivas que incorporan expresiones de cantidad.

Sánchez López, Cristina: «Los cuantificadores: clases de cuantificadores y estructuras cuantificativas». En Bosque, I. y Demonte, V., Gramática descriptiva de la lengua española. Espasa-Calpe, Madrid, 1999. Análisis comprehensivo de la naturaleza categorial de los cuantificadores, sus clasificaciones tipológicas y las construcciones sintácticas en que participan.

Sánchez López, Cristina: El grado de adjetivos y adverbios. Arco/Libros, Madrid, 2006. Estudio moderno sobre expresión del grado en español, sintetizando investigación previa y proporcionando análisis detallado de elativos, comparativas, superlativos y expresiones graduativas variadas.

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    Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Lengua y Literatura actualmente JUBILADO.
    Mí último destino fue la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevaba más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho fui asesor en varios centros del profesorado y me dediqué, entre otras cosas, a la formación de docentes; trabajé durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante estuve en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.

    Ahora, desde este retiro, soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo materiales útiles para el área de Lengua castellana y Literatura. ¡Disfrútala!

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