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ToggleLa estructura de la palabra: Flexión, derivación, composición y organización del léxico español
I. La morfología: disciplina y objeto de estudio
1.1. Concepto y delimitación de la morfología
La morfología constituye una rama esencial de la lingüística cuyo objeto de estudio se centra en la constitución interna de las palabras. Conforme a la definición de André Martinet, se trata de un capítulo de la gramática que se ocupa de las variantes formales de los significantes, esto es, de cómo se organizan y combinan las unidades mínimas portadoras de significado dentro de la estructura léxica de cualquier lengua. Esta disciplina analiza pormenorizadamente la descripción de las unidades significativas que conforman las palabras y las relaciones combinatorias que estas unidades contraen entre sí, proporcionando así un análisis riguroso del componente morfológico del sistema lingüístico.
En su planteamiento metodológico, la morfología se subdivide en dos subsistemas interdependientes aunque diferenciables. La morfología léxica se ocupa de aquellas unidades dotadas de significado léxico o conceptual, mientras que la morfología flexiva se centra exclusivamente en aquellas unidades cuyo significado es de naturaleza puramente gramatical o relacional, incidiendo directamente en la modificación formal de las unidades léxicas. Esta bipartición resulta fundamental para comprender cómo la lengua organiza la información significativa a través de procedimientos sistemáticos y predecibles que toda comunidad de hablantes domina y aplica correctamente.
No obstante, la morfología mantiene estrechas relaciones con otras parcelas descriptivas de la lengua. Su vínculo con la sintaxis resulta tan próximo que Saussure ya advirtió que la distinción entre ambas disciplinas resultaba casi ilusoria, dado que las funciones de un signo se justifican en su forma y viceversa. Igualmente significativas son sus conexiones con la fonología —donde fenómenos como los alomorfos encuentran explicación en razones de combinatoria fonológica— y con el componente léxico-semántico, particularmente en los procesos de derivación que generan nuevas palabras o modifican las existentes.
1.2. La palabra: unidad polémica y definición operativa
La definición de palabra ha constituido históricamente una cuestión problemática en la teoría lingüística. Tradicionalmente se consideraba la palabra como la unidad lingüística más pequeña portadora de significado; sin embargo, desde finales del siglo XVIII los estudios de gramática comparada revelaron que la palabra podía disociarse en unidades significativas menores, como la raíz y las terminaciones flexivas, lo cual cuestionaba radicalmente esta concepción elemental. El desarrollo de la lingüística estructural acentuó esta problemática al proponer que no era la palabra, sino el morfema o el monema —según la terminología de Martinet—, la verdadera unidad mínima portadora de rasgos fonológicos, gramaticales, semánticos y funcionales.
Desde planteamientos funcionales rigurosos, Rodríguez Adrados define la palabra como un signo lingüístico en el que se concitan múltiples rasgos distintivos. Fonológicamente, la palabra presenta una pauta potencial y, en muchas lenguas, un acento único que la unifica. Formalmente, se caracteriza por la presencia de determinados morfemas en posiciones precisas. Distribucionalmente, mantiene un orden fijo e inseparable de sus componentes morfológicos sin admisión de intrusiones. Semánticamente, posee un contenido concebido como totalidad unitaria, no como suma de elementos; funcionalmente, puede clasificarse en categorías definidas por los morfemas que la conforman.
Alarcos Llorach, adoptando un criterio eminentemente descriptivista, sostiene que la palabra es reconocible, sobre todo, como una unidad propia de la lengua escrita, aquello que aparece entre blancos tipográficos. Aceptando esta premisa incuestionable de la realidad psicológica de la palabra para los hablantes alfabetizados, podría definirse operativamente como: segmento de fonemas o letras reconocible por todos los usuarios de una lengua cuya representación escrita va separada por espacios en blanco, útil definición que aúna rigor descriptivo con funcionalidad práctica.
1.3. Clases de palabras: delimitación paradigmática y sintagmática
La clasificación de palabras en clases o partes de la oración se fundamenta en criterios paradigmáticos y sintagmáticos que permiten identificar qué palabras pueden ocupar una determinada posición sintáctica y qué función cumplen dentro de la estructura oracional. Tal como ejemplifica Lázaro Carreter en la oración «Mi hermano duerme en la cama blanca», cada posición sintáctica constituye un paradigma donde solo pueden aparecer palabras que comparten propiedades sintagmáticas idénticas y desempeñan la misma función sintáctica. La parte de la oración es, en consecuencia, el paradigma de todas las palabras susceptibles de ocupar una posición sintáctica determinada.
Las ocho partes de la oración en español son: el determinante, el adverbio, el nombre, el pronombre, el adjetivo, la preposición, el verbo y la conjunción. Cada una de estas clases presenta características morfológicas, sintácticas y semánticas que las diferencian de las demás. Así, los nombres admiten variación de género y número; los verbos se flexionan según persona, número, tiempo, modo y aspecto; los adjetivos concuerdan con el nombre en género y número; los determinantes carecen de contenido léxico propio. Estas categorías resultan operativas y fácilmente identificables mediante pruebas distribucionales.
Cabe observar que la interjección constituye un caso especial: no se inserta funcionalmente dentro de la oración, sino que constituye por sí misma un enunciado independiente, según señala Alarcos Llorach. Por esta razón, la interjección debe excluirse de la categoría de partes de la oración. Su estatus es diverso del de otras palabras, pues carece de la integración sintáctica que caracteriza a las ocho clases principales reconocidas por la gramática española descriptiva. Esta exclusión refleja una comprensión sofisticada de la estructura sintáctica y funcional del español.
II. La flexión: sistemas de variación gramatical
2.1. Concepto y clasificación de los formantes morfológicos
La flexión constituye la variación que experimenta una palabra para expresar determinadas categorías gramaticales como género, número, tiempo, modo, aspecto y persona. Conforme a la teoría de Marcos Marín, en la estructura de toda palabra aparecen dos tipos de formantes: los formantes constitutivos, que resultan imprescindibles e integran necesariamente el lexema más los morfemas gramaticales (género, número, persona, tiempo, etc.), y los formantes facultativos, que desempeñan una función primariamente de modificación semántica sin ser elementos obligatorios. Estos últimos corresponden a los morfemas derivativos, los segmentos que la gramática tradicional denominaba afijos, ubicados en posición prefija o sufija con respecto a la raíz.
La unidad significativa mínima en que puede descomponerse cualquier enunciado es el morfema, que se obtiene mediante análisis distribucional sin intervención del emisor. Aunque Roca Pons afirma que el morfema constituye casi un axioma de la lingüística moderna, la terminología ha variado según diferentes escuelas. André Martinet propone en su lugar el término «monema», que no se corresponde exactamente con morfema, pues implica una elección particular del hablante. Así, en la construcción «la gran montaña blanca», mientras el análisis morfológico exigiría reconocer múltiples morfemas de género, el planteamiento de Martinet reconocería solo el del sustantivo, eliminando redundancias.
Los términos asociados a la descripción morfológica estructural se organizan jerárquicamente. El morfo designa la realización material concreta de un morfema abstracto: así, el morfema de género se materializa en los morfos -a (femenino) y -o (masculino) en sustantivos como casa y niño. El morfo cero (Ø) representa aquella realización donde el morfema carece de marca formal fónica o gráfica, cuyo significado se indica justamente por esa ausencia, como en casa (singular) frente a casa-s (plural). El alomorfo, por su parte, designa las distintas realizaciones alternativas que adopta un mismo morfema según su distribución fonética, como -s y -es para el plural. Estos conceptos constituyen herramientas analíticas fundamentales para la descripción precisa del sistema flexivo español.
2.2. Flexión nominal: género, número y artículo
El nombre o sustantivo, además de su base léxica y los posibles morfemas derivativos, admite morfemas flexivos de género y número que conforman el sistema de flexión nominal. El género, aunque no todo sustantivo lo exprese mediante morfemas, presenta típicamente oposiciones binarias entre masculino y femenino. Las manifestaciones más frecuentes son la oposición -o/-a (niño/niña, hijo/hija), la oposición Ø/-a (pastor/pastora, doctor/doctora), o mediante incremento fónico (rey/reina, alcalde/alcaldesa, poeta/poetisa). Algunos sustantivos carecen de morfema de género explícito y su género depende de los elementos adyacentes como determinantes o adjetivos (artista, taxista, testigo, mártir).
El número constituye un morfema casi consustancial al sustantivo español. Salvo la mayoría de los sustantivos terminados en -s, que presentan una forma indiferenciada en singular y plural (tesis, crisis, lunes), todos los demás distinguen singular de plural mediante formantes distintos en la posición final: Ø para singular frente a -s o -es para plural (calle/calle-s, pared/pared-es, león/leon-es). Estos alomorfos se distribuyen regularmente según la letra precedente: -s se añade tras vocal, mientras -es aparece tras consonante. Existen además sustantivos singularia tantum (que no admiten plural como cariz, salud, sed) y pluralia tantum (que solo admiten forma plural como honorarios, enseres, comestibles) que rompen esta regularidad distributiva.
El artículo, aunque considerado mayoritariamente dentro de los determinantes, es interpretado por Alarcos Llorach como un morfema más del sustantivo separado únicamente por convención ortográfica. Esta función delimitadora del artículo se manifiesta en su capacidad para precisar la denotación del sustantivo, diferenciando significativamente construcciones como sopla el viento (acción específica) frente a sopla viento (acción general). El artículo también explicita el género o el número en sustantivos que no los manifiestan claramente cuando aparecen aislados, como en el trompeta/la trompeta, donde el artículo revela un género explícito que el sustantivo no expresa morfológicamente.
2.3. Flexión adjetival y verbal: categorías complejas
El adjetivo, como el nombre, admite morfemas flexivos de género y número que garantizan la concordancia sintáctica. Las oposiciones resultan análogas a las nominales: -o/-a (bueno/buena, alto/alta), Ø/-a (español/española, creador/creadora). El número también se marca mediante Ø para singular y los alomorfos -s/-es para plural (alto/alto-s, feliz/felic-es). Cabe notar que la gradación del adjetivo —particularmente el grado superlativo absoluto formado mediante el morfema derivativo -ísimo/-a— no constituye un fenómeno flexivo sino derivativo, como tampoco lo es la anteposición del intensificador muy, que tan solo amplifica semánticamente el significado sin alterar la estructura morfológica fundamental del adjetivo.
El verbo presenta el sistema flexivo más complejo del español. A la base léxica se añaden morfemas flexivos de persona, número, tiempo, modo y aspecto que amalgamados en una única desinencia conforman la conjugación verbal. La persona gramatical en el verbo hace referencia a quién afecta la acción designada por el lexema: primera persona al hablante (cantaba), segunda al oyente (cantabas), tercera a quien no interviene en el diálogo (cantaba). En algunos verbos como llover, nevar, granizar, el morfema de persona queda limitado exclusivamente a la tercera, generando verbos auténticamente impersonales. El tiempo verbal designa el momento subjetivo desde el cual el emisor sitúa el proceso verbal, clasificándose convencionalmente en presente, pretérito y futuro, aunque estas categorías admiten subdivisiones más complejas.
El modo verbal expresa la disposición o actitud del emisor ante el proceso verbal: indicativo para enunciaciones presentadas como reales u objetivas, subjuntivo para enunciaciones de naturaleza subjetiva. Este contraste fundamental refleja la perspectiva del hablante sobre la realidad del evento descrito. El aspecto, por su parte, designa el desarrollo interno del contenido verbal: aspecto imperfectivo para procesos enfocados en su transcurso (formas simples excepto pretérito perfecto simple, gerundio), aspecto perfectivo para procesos contemplados como finalizados (formas compuestas, pretérito perfecto simple, participio). Estos cinco morfemas —persona, número, tiempo, modo, aspecto— se amalgaman frecuentemente en un único formante, lo que dificulta la segmentación individual pero facilita la economía lingüística del sistema.
III. Derivación, composición y formación de palabras
3.1. La derivación: procedimiento fundamental de creación léxica
La derivación constituye el mecanismo combinatorio mediante el cual se une uno o más morfemas derivativos a un lexema para modificar o crear nuevas palabras. De la raíz de razón derivan términos como razonable, racional, irracional; del lexema niño se forman niñito, niñera, niñez, niñato. Estos morfemas derivativos, posibles en posición prefija (i-rracional, des-hacer) o sufija (razonable, niñez), transforman significativamente el contenido léxico de la palabra base. Las modificaciones producidas por la derivación pueden ser puramente semánticas, cuando varía únicamente el significado del lexema manteniendo la clase de palabra (niñita conserva el género sustantivo), o funcionales, cuando además de la variación significativa se produce un cambio categorial, como en amor (sustantivo) → amoroso (adjetivo).
Ocasionalmente, los morfemas derivativos no solo producen una variación significativa sobre un lexema compartiendo un referente común, sino que modifican el referente mismo. Ventanilla ejemplifica este fenómeno: el sufijo diminutivo -illa ha perdido su función originaria de reducción de tamaño aplicada a ventana y se ha lexicalizado especializándose para designar realidades distintas —las aberturas de vehículos, oficinas bancarias o sobres— que en ningún caso se amplificarían denominándolas ventanas. De manera semejante, mesilla ha evolucionado desde su función diminutiva para especializarse en la designación de ese mueble específico de dormitorio junto a la cama. Estos procesos de lexicalización derivativa ilustran cómo el sistema morfológico genera innovaciones léxicas que eventualmente cristalizan en nuevas unidades del léxico general.
Los morfemas derivativos se clasifican según su posición y función: prefijos antepuestos a la base (re-, des-, in-), sufijos pospuestos (-able, -ción, -mente), e interfijos o infijos que carecen de significado propio sirviendo únicamente como elementos de transición fonética (pececillo = pec-ec-illo, panecillo = pan-ec-illo, donde -ec- constituye un infijo sin carga semántica). La distinción fundamental entre morfemas derivativos y flexivos radica en que los derivativos crean palabras nuevas o modifican significados léxicos, mientras los flexivos expresan categorías gramaticales necesarias para la integración sintáctica de la palabra en el discurso.
3.2. Composición y parasíntesis: procedimientos sincrónicos de creación
La composición, entendida en la acepción moderna más generalizada, consiste en la unión de dos o más lexemas en una sola palabra (sacacorchos, agridulce, rompeolas, correveidile) o en la unión de dos morfemas libres en una sola palabra (aunque, porque). No cabe identificar como composición la mera combinación de morfema derivativo y lexema, ya que esto produciría una indistinción con la derivación. Tampoco constituye verdadera composición aquella donde los elementos mantienen autonomía ortográfica presentándose como dos palabras distintas, aunque se escriban con guión opcional (coche-cama, mesa camilla). No obstante, ciertos compuestos resultan fronterizos, como guardia civil que pluraliza como guardias civiles o guardiaciviles, ilustrando la transición gradual hacia formas parasintéticas especializadas.
Desde la perspectiva gramatical, los compuestos pueden clasificarse según su pertenencia categorial. Algunos compuestos mantienen la misma clase de palabra que sus constituyentes (agridulce es adjetivo, como agrio y dulce; carricoche es sustantivo). Otros pertenecen a la clase de uno de sus elementos (vinagre es sustantivo aunque proceda de vino más acre; paraguas es sustantivo pese a proceder de para más agua). Finalmente, algunos compuestos adquieren categoría distinta de todos sus componentes (correveidile es sustantivo aunque resultante de verbo más elementos adverbiales). Esta flexibilidad categorial demuestra la productividad sintáctica del mecanismo compositivo.
La parasíntesis constituye la combinación simultánea de composición y derivación, aplicando derivativos a palabras compuestas. Al compuesto paraguas se le añade el derivativo -ero formando paragüero; análogamente, vinagrera (vinagr-era), paracaidista (paracaid-ista), hispanoamericano (hispanoameric-ano) resultan de la adición de morfemas derivativos sobre bases compuestas. Existe además otra interpretación, menos generalizada pero válida, que define parasíntesis como la combinación de morfema derivativo + lexema + morfema derivativo cuando no existe palabra con el lexema y solo uno de los dos derivativos, como en aterrizar (ni aterra ni terrizar son vocablos válidos), deshumanizar, amazacotado, sobrenatural, hipoté rmico. Esta última acepción refleja un mecanismo derivativo más restrictivo que evidencia sincretismo entre procesos morfológicos.
3.3. Formación irregular: acrónimos y acortamientos
Más allá de los procedimientos regulares de derivación, composición y parasíntesis existen mecanismos irregulares de formación léxica de creciente importancia comunicativa. Los acrónimos resultan de la unión de elementos de dos o más palabras que combinadas generan nuevo vocablo mediante siglas. Unas veces su formación obedece a la adición de letras iniciales (ONU para Organización de Naciones Unidas; LOE para Ley Orgánica de Educación), otras incorporan componentes más amplios (BANESTO para Banco Español de Crédito). La selección de componentes depende considerablemente de su adaptabilidad a las reglas combinatorias fonéticas de cada lengua, resultando los acrónimos en su mayoría palabras de vida efímera que desaparecen cuando se extingue la realidad que designaban.
Sin embargo, algunos acrónimos logran instalarse establemente en el léxico general, siendo recogidos en diccionarios donde adoptan ortografía ordinaria que difumina su origen. Así sucede con TALGO (Tren Articulado Ligero Goicoechea Oriol), ofimática (oficina informática), OVNI (objeto volante no identificado). Este proceso de lexicalización acronímica se ve refrendado ocasionalmente por la derivación posterior: ugetista (de UGT), cenetista (de CNT), pecero (de PCE), pepero (de PP). Los acortamientos léxicos constituyen otro mecanismo irregular mediante el cual una palabra ya existente ve reducido su significante sin que se produzca modificación de significado o categoría gramatical. Originarios frecuentemente de registros jergales o sectoriales, estos acortamientos se difunden hacia el registro general: bici (bicicleta), tele (televisión), repe (repetido/repetidor), depre (depresión/deprimido), tuto (instituto) ejemplifican esta estrategia.
IV. Organización léxica del español: perspectivas múltiples
4.1. Clasificación del léxico según origen: sustrato, superestrato y adstrato
Criterio milenario de organización léxica es aquel que atiende a la procedencia de cada vocablo, determinando cómo ha llegado cada palabra a formar parte del sistema de la lengua. Este acercamiento, nada inmanente, combina aspectos estrictamente lingüísticos con disciplinas afines como historia y sicología, uniendo lo evolutivo con el reflejo de la cultura en la lengua. Los conceptos fundamentales de sustrato, superestrato y adstrato resultan operativos para este análisis. El sustrato designa los restos supervivientes de una lengua desaparecida al ser sustituida por otra: ejemplificado por los residuos de lenguas ibéricas que persistieron en español al imponerse el latín vulgar. El superestrato indica la influencia dejada por una lengua invasora que no logró imponerse: el de las lenguas germánicas en España, que no consiguieron sustituir definitivamente al latín. El adstrato representa la influencia ejercida por una lengua sobre otra en contacto sin invasión mutua: los influjos entre lenguas peninsulares y castellano, o actualmente el inglés sobre el español.
El léxico patrimonial constituye todas las palabras que transitaron del latín al castellano durante el proceso de diferenciación de las lenguas románicas peninsulares entre los siglos VIII y X, continuándose esta evolución en épocas posteriores. Mayoritariamente heredero del latín que evolucionó progresivamente, incorporó voces de lenguas prerrománicas (páramo, arroyo), términos griegos (obispo, palabra), palabras germánicas (guerra, espuela, blanco). Buena parte de este acervo sufrió modificaciones fonéticas y semánticas intensas que lo alejaron de la forma original, mientras otros mantuvieron formas próximas al latín clásico, denominándose cultismos (espíritu, cavidad), o experimentaron modificaciones menos intensas quedando en estadio intermedio, los semicultismos (milagro, siglo, regla) que revelan parcialmente su etimología.
Los préstamos constituyen voces procedentes de lenguas distintas incorporadas al vocabulario castellano. Su introducción obedeció a dos causas principales: la necesidad de nombrar nuevas realidades para las que no existía voz patrimonial, o el prestigio social superior que en determinadas épocas gozaron otras lenguas cuyos vocablos reemplazaron a los castellanos preexistentes. El castellano acumula abundancia de préstamos árabes (almacén, atalaya, berenjena, tahona, tabique, azulejo) como herencia de ocho siglos de presencia peninsular. Durante los siglos XVI-XVII afluyen préstamos italianos (escopeta, fragata, escorzo, capricho). La colonización americana incorpora vocablos indígenas (tabaco, maíz, canoa, patata, caucho). A partir del siglo XVIII proliferan galicismos (galante, chaqueta, pantalón, burocracia, bolsa). Desde el XIX abundan anglicismos (club, bloque, jersey, esmoquin, cóctel, váter), incrementándose significativamente en la actualidad. Préstamos menores proceden del catalán (papel, faena, clavel), gallego (vigía, carabela, corpiño), vasco (boina, chabola, ascua).
4.2. Organizaciones léxicas preestructurales y tradicionales
La clasificación alfabética constituye el procedimiento de organización léxica menos interesante desde perspectiva lingüística aunque de máxima utilidad práctica para usuarios de la lengua, evidenciándose en diccionarios generales y especializados. Los diccionarios especializados restringen definiciones a áreas de interés específico incluyendo vocablos altamente especializados omitidos en diccionarios generales. Una excepción notable la ofrece el Diccionario ideológico de la lengua española de Julio Casares, organizado según criterios asociativos o conceptuales adaptados exitosamente a partir de modelos foráneos (thesaurus en inglés, diccionario de Boissière en francés). Su sección analógica se adecúa considerablemente a esas organizaciones léxico-semánticas preestructurales donde se atiende a realidades designadas por palabras más que a relaciones entre significados. Los diccionarios de sinónimos y contrarios se aproximan, según Eugenio Coseriu, a puntos de vista funcionales casi estructurales aunque implícitamente formulados.
4.3. Teoría de campos: primeros enfoques estructurales
La teoría de campos constituye el primer ensayo consciente de establecer método sistemático para estudiar relaciones léxico-semánticas desde el propio significado. Desarrollada por investigadores suizos y alemanes en las décadas de 1920 y 1930, sus máximas repercusiones provinieron de los campos conceptuales de Trier (1934) y las relaciones léxico sintagmáticas de Porzig (1934). La teoría de campos conceptuales de Trier, continuada por Weisgerber y colegas, parte de la comparación diacrónica entre la configuración de campo léxico en momento T1 con la estructura del mismo campo en momento T2 dentro de ámbito conceptual idéntico. Esta metodología permite demostrar desplazamientos significativos, supresiones y creaciones léxicas que ocurrieron en ese ámbito. La ampliación de significado de un lexema supone, por ejemplo, el estrechamiento significativo de lexemas adyacentes, reflejando cómo campos semánticos constituyen sistemas dinámicos sometidos a cambios históricos.
El campo sintáctico o relaciones léxico sintagmáticas de Porzig se fundamenta en relaciones significativas entre pares de lexemas sintagmáticamente ligados (perro-ladrar, cabello-rubio, lamer-lengua). Los dos lexemas contraen relación significativa esencial descubriendo restricción de lexemas en contacto cuya significación difícilmente se describe fuera de esa relación. Se trata de restricciones sintagmáticas entre lexemas que prueban cómo el significado depende del entorno. Aunque la teoría de Porzig resultaba al principio contraria a la de Trier, resultó finalmente complementaria. Las investigaciones del francés G. Matoré (1953) adoptan línea distinta estudiando el campo nocional de Art y Technique hacia 1765 mediante configuración asociativa donde la asociación de vocablos se establece por similitud o contigüidad sin basarse en rasgos distintivos, sin confirmar estructura lingüística estricta, persiguiendo fin sociológico que Coseriu categoriza como lexicología de norma más que de sistema.
4.4. Semántica estructural: campos léxico-semánticos modernos
En 1964, Bernard Pottier inaugura con su trabajo Hacia una semántica moderna la semántica plenamente estructural y la teoría rigurosa de campos semánticos. Elaborada conforme a criterios funcionalistas empleados para establecer unidades fonológicas, estudia significado desde su inmanencia frente a estudios anteriores que lo hacían desde la realidad o referente externo. El semema o significado correspondiente a un lexema está formado por una serie de semas o rasgos distintivos mínimos de significado que por oposición permiten deslindar diferencias significativas entre lexemas próximos, análogamente a los rasgos que definen fonemas. Semejante al archifonema en fonología, establece archisemema o rasgo significativo común a una serie de lexemas. Así, silla diferénciase de sillón por carecer de [brazos], mientras banqueta diferénciase de silla por carecer de [respaldo].
El significado de lengua se organiza en subsistemas pequeños que integran otro subsistema superior, este a otro más amplio, configurando jerarquía estructurada. Dentro de cada pequeño subsistema, el significado de cada lexema diferénciase de otro por sus rasgos opositivos idénticamente a la diferenciación de fonemas. La configuración de rasgos fonéticos varía entre lenguas; análogamente, el significado responde a características sémicas diferentes en su estructuración. El conjunto de semas correspondiente a un único lexema en una lengua puede repartirse entre varios lexemas en otra lengua distinta y viceversa, ilustrando la relatividad semántica entre sistemas lingüísticos. Este enfoque estructural proporcionó avances notables e incluso aplicaciones prácticas provechosas, aunque su énfasis en rasgos mínimos resultó con el tiempo insuficiente para explicar aspectos complicados del significado real.
4.5. Perspectivas posestructurales: significado contextual y prototipicidad
La teoría estructural de campos léxico-semánticos, pese a notables hallazgos e incluso aplicaciones prácticas provechosas, entró en fase de casi total abandono hace ya tiempo. Ese conjunto de rasgos mínimos se reveló insuficiente para explicar el complicado aspecto del significado según juicio de no pocos lingüistas. Los planteamientos posestructurales desplazaron el enfoque del significado de lexemas aislados, conforme Pottier lo hizo, hacia análisis contextual del significado. Así, el significado de un lexema no se define por una serie de rasgos sino por afinidades e incompatibilidades que contrae con otros de la lengua. Se considera además que los rasgos de significado no dan cuenta de características reales de objetos sino de la imagen que una cultura asocia a un lexema, denominándose prototipos estos núcleos de significado desde los cuales se pueden designar mediante el mismo lexema a otros seres, cosas, ideas teniendo afinidad con el prototipo original.
Los prototipos constituyen núcleos de significado desde los cuales irradian usos metafóricos, metonímicos y analógicos que amplían la denotación léxica permitiendo la designación de realidades diversas manteniendo familiaridad semántica con el prototipo central. Este modelo explicativo resulta más adecuado para comprender extensiones significativas, como cuando la palabra pata designa extremidad animal, pata de mueble, o pata de ajo (coxa), reflejando extensión prototípica desde el núcleo significativo. Las perspectivas posestructurales reconocen, además, importancia central del contexto, registro, comunidad lingüística en la determinación del significado, superando insuficiencias de modelos netamente sémicos precedentes que ignoraban estas dimensiones pragmáticas.
BIBLIOGRAFÍA
Alarcos Llorach, Emilio: Gramática de la lengua española. Espasa-Calpe, Madrid, 1994. Obra fundamental que establece los criterios modernos para la descripción gramatical del español desde perspectiva estructural, proporcionando análisis riguroso de morfología, sintaxis y sistema de flexión verbal que ha influido decisivamente en la enseñanza reglada.
Alvar Ezquerra, Manuel: La formación de palabras en español. Arco Libros, Madrid, 1999. Manual especializado que sintetiza los procedimientos de derivación, composición y parasíntesis del español con abundantes ejemplos prácticos, resultando imprescindible para la comprensión de mecanismos generativos de neologismos léxicos.
Coseriu, Eugenio: Principios de semántica estructural. Gredos, Madrid, 1979. Tratado fundamental para el entendimiento de la semántica moderna que integra perspectivas estructurales con reflexión sobre limitaciones de rasgos distintivos mínimos, abriendo camino a concepciones contextuales posteriores.
Geckeler, Horst: Semántica estructural y teoría del campo léxico. Gredos, Madrid, 1994. Monografía exhaustiva que desarrolla la teoría de campos semánticos desde fundamentos teóricos rigurosos, proporcionando aplicaciones sistemáticas a la lengua española con especial atención a relaciones paradigmáticas y sintagmáticas.
Hernández Alonso, César: Gramática funcional del español. Gredos, Madrid, 1996, 3.ª edición. Obra que armoniza enfoque funcionalista europeo con descripción exhaustiva del sistema morfológico español, facilitando comprensión integrada de cómo la estructura morfológica se vincula con funciones comunicativas efectivas.
Lang, Mervyn F.: Formación de palabras en español. Cátedra, Madrid, 2005. Manual accesible que aborda derivación, composición y mecanismos irregulares de formación con énfasis en productividad morfológica actual, resultando especialmente útil para estudiosos de la génesis y evolución de neologismos contemporáneos.
Marcos Marín, Francisco: Curso de gramática española. Cincel, Madrid, 1987. Compendio que sistematiza análisis de estructura morfológica distinguiendo formantes constitutivos de facultativos, proporcionando ordenación conceptual clarificadora de complejidades del sistema flexivo español con especial rigor terminológico.
Martinet, André: Elementos de lingüística general. Gredos, Madrid, 1984, 3.ª edición. Clásico fundacional que introduce el concepto de monema frente a morfema, revolucionando la comprensión de la unidad mínima significativa e influyendo decisivamente en teorías posteriores de análisis morfológico sistemático.
Pottier, Bernard: Hacia una semántica moderna. Gredos, Madrid, 1976. Obra inaugural de semántica estructural rigurosa que establece conceptos de semema, sema y archisemema, originando campo de investigación que ha dominado estudios léxico-semánticos hasta la reciente entrada en revisión crítica.
Real Academia Española: Gramática descriptiva de la lengua española. Espasa-Calpe, Madrid, 1999. Compendio exhaustivo que sintetiza investigación lingüística contemporánea sobre español, proporcionando descripción minuciosa de sistemas flexivos y derivativos con referencia a variantes dialectales y diacrónicas del castellano peninsular e hispanoamericano.
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Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Lengua y Literatura actualmente JUBILADO.
Mí último destino fue la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevaba más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho fui asesor en varios centros del profesorado y me dediqué, entre otras cosas, a la formación de docentes; trabajé durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante estuve en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.Ahora, desde este retiro, soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo materiales útiles para el área de Lengua castellana y Literatura. ¡Disfrútala!
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