Literatura española del siglo XVIII

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LA LITERATURA ESPAÑOLA EN EL SIGLO XVIII.

         INTRODUCCIÓN.

            Tradicionalmente, se ha presentado el siglo XVIII  español como una época repartida entre dos corrientes monolíticas y diametralmente opuestas: barroquismo y neoclasicismo. El punto de inflexión entre ambas tendencias literarias sería 1737 y la publicación de la celebérrima Poética de Luzán.

            Es tópico también considerar el Barroco dieciochesco como una obsoleta degeneración de las formas y el espíritu áureo. Y considerar el Neoclasicismo una imitación servil, fría y artificiosa de modelos franceses. La resultante de estas dos premisas es la concepción del XVIII español como una época estéril en la historia de las letras españolas, una especie de barbecho entre el Siglo de Oro y el Romanticismo.

            A partir de los años 70 y 80, sin embargo, una serie de estudiosos(Caso, Sebold, Arce), llevarán a cabo una importante tarea de investigación que ha contribuido inestimablemente a elaborar una visión más ajustada del XVIII español. Lejos de la valoración de esta época como un periodo conformado por dos únicas tendencias antagónicas, los citados críticos, analizan el XVIII en profundidad descubriendo categorías estéticas hasta entonces olvidadas que conforman una época más compleja y variada, en lo que a movimientos literarios se refiere, de lo que hasta entonces se había pensado. A grandes rasgos parece necesario diferenciar en la Ilustración española, al menos cuatro tendencias literarias con características bien diferenciadas:

  • Barroquismo: continuación de los cánones del siglo anterior, pero mediante un proceso de simplificación de los artificios propios del siglo precedente. Los principales modelos de dicha corriente son: Quevedo, Calderón y Góngora.
  • Rococó. Tendencia desarrollada sobre todo en la poesía. Caracterizada por una recreación en lo pequeño, la frivolidad, el interés por lo sensorial y cierta carga de amoralidad. Es un movimiento imbuido de la filosofía sensista de Locke e inspirado, en buena medida, en el bucolismo anacreóntico.
  • Literatura ilustrada. Se denomina de este modo a las creaciones literarias que exhiben una militancia en la ideología ilustradada propugnando sus valores y exaltando sus instituciones.
  • Neoclasicismo. Es un intento de clasicismo renovado que toma como modelos a los clásicos castellanos del XVI y a los grecolatinos. Presidido por el ideal estético de la armonía, la serenidad y la perfección.

            Por lo dicho es fácil deducir que literatura ilustrada y neoclásica son categorías diferentes. Es muy habitual encontrarse literatura ilustrada estéticamente alejada del Neoclasicismo, ejemplo eminente es la poesía de un Quintana. Evidentemente, todas estas categorías estéticas no se dan disociadas y es habitual que confluyan en la obra de un mismo autor.

            Realizadas estas aclaraciones preliminares pasemos a realizar un repaso que, forzosamente ha de ser sumario por cuestiones de tiempo, a las principales manifestaciones literarias de los diversos géneros.

         LA POESÍA.

La primera mitad del siglo aparece marcada por la convivencia de unas tendencias poéticas que entroncan tanto en lo formal y en lo temático con los cánones del Barroco; y unas nuevas orientaciones influidas por la ilustración francesa que propugnan en el ámbito de la estética, un retorno a la serenidad y el orden de los clásicos grecolatinos y castellanos del siglo XVI. Ahora bien, la convivencia entre estas dos tendencias no debe entenderse, al menos en un primer momento, en términos de polémica. Puesto que, si bien es cierto que la poesía barroquizante contó con un cauce de expresión propio a través de la Academia del Trípode de Granada, de la que formaron parte dos de los máximos representantes de esta tendencia: J. A. Porcel, y el Conde de Torrepalma. No es menos cierto que ambos poetas formaron parte también de la Academia del Buen Gusto que integraba además a representantes de la tendencia neoclásica, entre ellos a Luzán.

            La poesía continuadora del Barroco desarrollada por los citados autores y otros como Eugenio Gerardo Lobo, se caracteriza por la recurrencia a los mitos grecolatinos y su reelaboración mediante un registro poético afín a la sutileza del conceptismo o a la profusa utilización de un léxico latinizante del culteranismo. Con todo se observan en las composiciones rasgos como el gusto por los detalles, lo sensual y la miniatura que de algún modo apuntan hacia la estética del Rococó. Lejos de lo que hasta hace poco se ha considerado esta tendencia barroquizante, no era vista por aquel entonces como una manifestación residual y anacrónica de glorias pasadas, cultivada por unos pocos, sino una tendencia que expresaba, los gustos poéticos de la mayoría.

            Mucho más minoritaria era la naciente corriente neoclásica, de la que se puede decir que antes tuvo una elaboración teórica, a través de la poética de Luzán que una praxis creativa. Aunque la Poética de Luzán data de 1738, habrá que esperar a la 2ª mitad del siglo para que cuajen en la práctica los principios poéticos que promulga.

            En la 2ª mitad de la centuria el Barroco ya se puede considerar superado. La crítica distingue en poesía las siguientes tendencias a las que ya hemos hecho alusión.

  • Poesía Rococó. Inspirada en la poética de Anacreonte, suele desarrollar temas amorosos y eróticos con un habitual recurso a los marcos bucólicos. Es una poesía repleta de sensualidad y presidida por un ideal hedonista, continua búsqueda del placer en la belleza de las cosas pequeñas: poemas al lunar de la amada, al vino, etc… Casi todos los poetas de entonces cuentan con alguna composición en esta línea. Cadalso, Jovellanos y sobre todo, el que ha sido considerado el máximo poeta del XVIII Meléndez Valdés.
  • Poesía ilustrada. Como ya hemos comentado es aquella que se hace eco de un modo explícito de los ideales de la Ilustración. Sus principales manifestaciones tienen en común un contenido grave de índole moral, didáctico o social. Manifestaciones como la sátira social y de costumbres, muy cultivada por Jovellanos A Arnesto. La fábula de contenido didáctico-moral cuyos máximos exponentes fueron Iriarte y Samaniego. Poesía institucional que se dedica a celebrar los ideales e instituciones ilustrados en composiciones que no superan el mero interés arqueológico: Vaca de Guzmán. Existe también una poesía socialmente comprometida con el liberalismo, el progreso y la filantropía, caracterizada en lo formal por un tono sentimental y declamatorio cuyo principal representante es
  • Poesía neoclásica. Se incluiría aquí una poesía ajustada en lo formal a los ideales del Clasicismo sean cuales sean sus contenidos. El máximo representante de esta tendencia son los Moratín.

         EL TEATRO.

Lo que sucede en el ámbito del teatro en la primera mitad del siglo bien puede compararse a lo que hemos comentado en poesía.

            Por ese entonces las obras más representadas y celebradas por el público eran:

  • Autores del siglo XVII con Calderón a la cabeza.
  • Comedias de magia, de santos y de figurón(capa y espada) unos géneros en los que el espectáculo, enriquecido por los últimos avances escenográficos, predomina con claridad sobre el texto. Un teatro de mero entretenimiento y escasos valores literarios.

         Junto a esta tendencia mayoritaria surgen tímidamente las primeras manifestaciones que ponen en entredicho el valor de este teatro y destacan su inadecuación con respecto al espíritu ilustrado. Uno de los primeros disidentes, con Luzán, fue Montiano y Luyando que en un intento de aclimatar a las letras españolas la tragedia neoclásica compone: Ataulfo y Virginia. Dos tragedias de tema histórico nacional ajustadas a los cánones que imperaban en Francia: respeto a las tres unidades, pureza genérica, y bienseance.

            Sin embargo, habrá que esperar a la 2ª mitad para poder hablar de una clara imposición de la dramaturgia neoclásica. Uno de los principales géneros de dicha dramaturgia es la tragedia que se cultiva, casi podríamos decir, de un modo febril. Muchos críticos explican la gran afluencia de obras trágicas, como una reacción patriótica de los intelectuales españoles a unas polémicas declaraciones del dramaturgo francés Du Perron que decretaban la ineptitud de los españoles para el género trágico. Fuese esa o no la razón, el hecho es que prácticamente todos los escritores de entonces tiene en su haber la creación de alguna tragedia. A pesar de todo, no se puede decir que los  resultados fuesen excesivamente brillantes. Si hay que destacar por su calidad alguna de estas tragedias esa es Raquel de García de la Huerta. Pero, ¿Cuáles eran los rasgos definitorios del género trágico?

  • Tramas ambientadas en la Antigüedad.
  • Respeto de las unidades.
  • Personajes nobles.
  • Verso solemne.
  • Ausencia total de elementos cómicos.

         También se trató de adaptar el género cómico a los preceptos del neoclasicismo. Se buscaba construir un teatro acorde a dichos preceptos que uniese a un contenido didáctico-moralizante, la capacidad para entretener y captar a todo tipo de públicos. Sin ánimo de ser excesivamente categórico, fue Moratín hijo, desde mi punto de vista el único dramaturgo que consiguió dar con la fórmula. El fue, sin duda el máximo dramaturgo de la  época. A su habilidad para encontrar temas que interesasen al público, hay que añadir su habilidad en la construcción de las piezas según los patrones neoclásicos, y su capacidad para incorporar sin estridencias una tesis moral a la trama. Conocidísima y muy estudiada es su comedia El sí de las niñas.

         Otro de los géneros teatrales más peculiares del siglo XVIII fue la llamada comedia lacrimógena, subgénero creada por en Francia por  Diderot y adaptado a la española por Jovellanos en El delincuente honrado. Obra en V actos, escrita en prosa aunque con un lenguaje rebuscadamente poético, de tesis social más basada en un filantropismo sentimental que en la razón.

            Sin embargo, hay que aclarar que ninguno de estos géneros llegó en ningún momento a apoderarse del público español. Fue un género más ligado al siglo anterior el que más éxitos cosechó. Me estoy refiriendo al sainete. El término servía en un principio para designar a cualquier pieza breve que se representase en el entreacto de una larga, era pues, equivalente a entremés. Con la llegada a escena de Ramón de la Cruz, máximo exponente del género, el término pasó a designar a las piezas realizadas a su manera. Fue el sainete un género muy despreciado por los intelectuales renovadores, quienes lo calificaban como: divertimento sin arte para entretenimiento del vulgo.

            Es un género eminentemente cómico, son en realidad antitragedias, no sólo por ofrecer personajes vulgares, lenguaje coloquial y acciones antiheroicas sino por contener críticas y burlas explícitas hacia la tragedia neoclásica. En ocasiones encerraban un desenlace moralizante, pero eran, no obstante piezas pensadas para divertir en las que la caricatura y la parodia son elementos constantes.

         LA PROSA.

En términos generales, se puede decir que la prosa dieciochesca se caracteriza por la disminución de la producción literaria en los géneros literarios más tradicionales como la novela y el auge de manifestaciones más próximas al ensayo que tratan de materias no ficticias. No podía ser de otra manera en una época como la Ilustración cuyo ideal es la utilidad, el pragmatismo y el triunfo de la razón sobre las supersticiones. Se puede decir que, en rigor,  es en esta época cuando el género ensayístico surge en España.

            En la primera mitad del siglo hay que destacar a tres autores: Torres Villaroel, Feijoo y Jose Francisco de Isla.

  • Torres, es sin género de dudas el prosista más ligado a la cultura del Barroco, tanto es así, que hay quien califica su estilo de Barroco manierista. Su obra más conocida es su biografía: Vida, ascendencia… Durante un tiempo una parte de la crítica la clasificó como la última obra picaresca. Se ve, efectivamente, en algunos pasajes la inspiración picaresca, pero es evidente que Torres no fue, ni se presenta en la obra como un marginal. Parece más adecuado considerarla con J. Marichal un ejemplo de autobiografía burguesa, en la que el autor orgulloso de sí mismo narra como ha alcanzado su ascenso socio-económico y se defiende de sus enemigos presentándose como un selfmademan. Otra obra destacable es su Visiones y visitas de Torres con Quevedo, un homenaje a los Sueños de Quevedo, en la que ofrece una sátira de la sociedad de Madrid. De carácter satírico, eran también los prólogos de sus almanaques con predicciones astrológicas y ejemplifican uno de los primeros casos de la literatura de consumo en nuestro país.
  • Es la máxima figura de esta primera mitad del siglo, todos sus escritos obedecen a una misma intencionalidad: buscar la verdad a través de la razón y la experiencia. Su principal obra es Teatro crítico universal, compuesta por 8 volúmenes y 118 discursos. Aparecerá después como continuación Cartas eruditas y curiosas. En ellas trata de temas científicos, políticos, filosóficos y doctrinales. Su cometido es siempre el mismo, desterrar del lector el error, las falsas creencias y las supersticiones. Su ideal estético es la escritura clara, natural y exacta. Busca la sencillez elegante de los clásicos.
  • José Francisco de Isla. Es el padre de la mejor novela de este siglo. Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas. En su época la obra gozó de un gran éxito y suscitó una fuerte polémica que terminaría con su prohibición. En ella se satiriza y critica la superstición, la falsa piedad, los métodos de educación del clero y la jerga barroquizante de los predicadores. Desde el punto de vista estilístico presenta el defecto de incorporar demasiadas digresiones doctrinales que asfixian la acción, ya de por sí bastante tenue.

         De la prosa en la segunda mitad del siglo hay que destacar como figuras eminentes a Cadalso y a Jovellanos.

         La obra más conocida de Cadalso son, sin duda, las Cartas Marruecas. Surgen como réplica a las Cartas Persianas de Montesquieu que ofrecían de nuestro país una visión depauperada y caricaturesca. Contrariamente a lo que podría esperarse, la obra del gaditano no es un panegírico patriotero y complaciente de España, sino una visión crítica pero realista y ajustada de nuestra política, historia y costumbres. Para otorgar a la obra una mayor sensación de objetividad se adopta una postura perspectivista, las cartas se cruzan entre tres personajes uno español y dos extranjeros: Gazel, Nuño y Ben beley.

            El estilo es claro, preciso de gran agilidad y con un vocabulario perfectamente accesible. Esto ha contribuido con otros méritos a que sean las Cartas una de las obras dieciochescas más apreciadas en la actualidad. En una línea totalmente opuesta están las Noches Lúgubres, inspiradas en la literatura sepulcral de Young y consideradas prerrománticas por una buena parte de la crítica. Otros discrepan situándolas más bien en la órbita del sentimentalismo que ya hemos observado en el drama lacrimógeno o en la poesía de Quintana.

            La obra en prosa de Jovellanos pertenecería por sus fines e intenciones, más bien al ámbito de la historia, la política o la economía. Sin embargo, la calidad de su estilo la hace interesante desde el punto de vista literario. En este sentido destacan sobre todo Las cartas a Ponz (sabrosas descripciones del paisaje, gentes y costumbres de Asturias), su Diario y la Descripción del Castillo de Bellver.

            Finalmente, es obligatorio consignar en este epígrafe dedicado a la prosa dos manifestaciones de gran importancia en el XVII:

  • El periodismo. Surge entonces y es un canal de máxima trascendencia en la difusión de la cultura ilustrada. Las primeras publicaciones con una considerable repercusión social surgen en la 2ª mitad del siglo. Nifo es el pionero del periodismo en nuestro país, entre las publicaciones que sacó a la luz: Diario noticioso. Pero, sin duda, el periódico que hoy en día nos resulta más interesante es El Censor, de Cañuelo y Pereira, por lo que tiene de testimonio crítico de las costumbres de entonces. Fue en su día una especie de pequeña enciclopedia popular que aunaba los dos preceptos horacionos de Prodesse/Delectare.
  • La prosa erudita. Fue cultivada con una profusión hasta entonces desconocida, en un intento de imitar el enciclopedismo francés. Mayans y Siscar estudia y divulga a los autores áureos. P. E. Flórez, La España Sagrada, historia eclesiástica. Forner, en sus Exequias de la lengua española defiende e ilustra la lengua española que según el se encuentra en su lecho de muerte. Martín Sarmiento: Memorias para la historia de la poesía y poetas castellanos.

 

Autor del documento: Miguel Castro Vidal

           

           

           

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