Literatura europea. Siglos XVI y XVII

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1. El Renacimiento

La Edad Media se da por finalizada cuando entre finales del siglo XIV y principios del XV llega el auge de las ciudades italianas, Florencia, Pisa, Venecia. Es entonces cuando surge el Renacimiento, cuyos rasgos más importantes pueden ser los siguientes:

  1. Mucho más que un movimiento o una moda cultural pasajera, es una concepción de la vida que se manifiesta tanto en las artes, las letras en nuestro caso, como en la política. Supone una nueva mentalidad que se basa en un enorme vitalismo que exalta todo lo humano (de aquí la conocida expresión y lema de “el hombre es la medida de todas las cosas”).
  2. Los protagonistas del Renacimiento tienen una insaciable curiosidad y una enorme confianza en la razón para conocer la verdad. Para ellos, el mundo no es ya una fuente de sufrimientos, de miserias y de resignación, sino un amplísimo espacio para la creación y la felicidad.
  3. Culturalmente, la corriente más importante del Renacimiento fue el “Humanismo“, que sitúa al hombre como centro del cosmos, y redescubre lo humano en el ambiente clásico grecolatino. Autores de la Antigüedad clásica como Platón, Horacio, Ovidio y muchos otros se convirtieron en modelos rescatados por las grandes Universidades y difundidos por toda Europa gracias al revolucionario invento de la imprenta.
  4. Es la gran época de Miguel Ángel, de Leonardo da Vinci; el tiempo de Erasmo de Rotterdam y de la Reforma de Martín Lutero, así como de su contestación católica, el Concilio de Trento.
  5. En España son los años de Garcilaso de la Vega, Fray Luis de León, los místicos Santa Teresa y San Juan o del comienzo del género picaresco, la primera parte del conocido como “siglo de Oro” de la literatura española.

2. Grandes autores y obras del siglo XVI

Italia: Maquiavelo, Castiglione y Ariosto

El primero de los nombres que destacamos es el de Niccola Maquiavelo, autor florentino que nos ha dejado uno de los títulos más universales de nuestra cultura, El Príncipe. Es un tratado político publicado en 1532 y distribuido en cuatro partes: en la primera de ellas nos habla de la creación y protección de los principados; en la segunda trata sobre la Iglesia como Estado; la tercera gira en torno a la defensa militar de las naciones -el autor era un experto en estrategia militar-; y la cuarta, la más famosa, es un emblema del cinismo y de la política desleal, reflejados a través de la figura del “príncipe”, ejemplo de virtud y también del mal, siempre y cuando éste redunde en beneficio del Estado. (De aquí la expresión “el fin justifica los medios” y el adjetivo “maquiavélico” para referir una visión trágicamente realista del hombre).

El segundo personaje es Baltasar de Castiglione, escritor y diplomático –fue, por ejemplo, nuncio papal en España- que escribió una obra paradigmática en su tiempo, El Cortesano, espejo para el estudio y comportamiento de los cortesanos de su época y otras posteriores -algo semejante a un ideal de conducta para cualquiera que tuviera intención de prosperar en los ambientes mundanos-.

El tercero de los autores italianos es Ludovico Ariosto, humanista, político y cortesano, autor del Orlando Furioso (1516), una obra tan extensa como los dos textos homéricos juntos. Se trata de un inmenso poema imaginativo, fantasioso y lleno de magia sobre los más diversos temas procedentes de romances y novelas medievales de caballerías en torno a las guerras de Carlomagno contra los moros, siendo de nuevo Roldán el protagonista -esta vez enamorado y sin juicio, pues su razón escapa hasta la luna-.

Francia: Rabelais y Ronsard

El primero de ellos, religioso y humanista, es el autor de Gargantúa y Pantagruel, una burla satírica de diferentes instituciones (abogados, médicos, religiosos), exuberante en su lenguaje y de gran erudición. Está escrito en torno a narraciones fantásticas, caballerescas, bélicas, protagonizadas por el gigante Gargantúa y su hijo el rey Pantagruel (ávido de conocimientos –v. “pantagruélico”).

                      El segundo es Pierre Ronsard, un diplomático y militar, admirador de Horacio y considerado como el sucesor de Petrarca. Sus obras poéticas, cantos al amor, la patria y la naturaleza, tuvieron una enorme influencia en la lírica francesa y europea de los siglos siguientes.

Portugal: Camoes

Las letras lusas dejaron en el siglo XVI uno de los mayores tesoros de nuestra cultura, Los Lusíadas (1572) de Luis de Camoes, un magnífico poema épico que trata del viaje de Vasco de Gama desde las costas africanas hasta la India, luchando contra todo tipo de obstáculos –se enfrenta incluso a los mismísimos dioses del Olimpo-, obteniendo el premio de un regreso en compañía de las ninfas. La obra combina historia y leyenda y busca la exaltación del heroísmo portugués, enaltecido sobre los hombres, la naturaleza y los dioses.

3. William Shakespeare

A caballo entre los siglos XVI y XVII se encuentra la vida y la obra de una de las cimas literarias universales, el poeta y dramaturgo William Shakespeare (el “poeta de poetas”, como le llamó Antonio Machado).

Su época es la del llamado “teatro isabelino” (tiempos de la reina Isabel I de Inglaterra), de influencias clásicas (Séneca, Plutarco), italianas, y de leyendas o Historia propiamente nacionales de Inglaterra y Escocia. Las obras se representaban en teatros semejantes a los “corrales” españoles, espacios de forma circular, sobre un escenario sin decorados situado a su vez sobre un patio que hacía las veces de platea para la gente sencilla (los “malolientes” de The Globe). A su alrededor se disponían unas galerías desde las que presenciaban las representaciones los nobles y adinerados.

Era un teatro con ricos vestuarios, un teatro para todas las clases sociales, poderoso en la palabra, el gesto y el movimiento. Un arte al margen de las reglas clásicas, en el que se mezclaban tragedia y comedia, lo grotesco con lo sublime, lo pastoril y lo fantástico, lo truculento y lo histórico.

El más genial de sus autores, pero no el único, fue William Shakespeare (1564-1616), nacido en Stratford-on-Avon. Hijo de un próspero comerciante, inició los estudios de los autores clásicos en su localidad natal y ejerció de aprendiz del oficio paterno. En 1592 aparece ya en Londres (dicen que huyendo de su tierra por algún asunto de caza furtiva) y empieza su labor en los teatros: desde guardián de caballos de los espectadores y traspunte de las obras, hasta llegar a actor, autor e incluso empresario de su propia compañía en el teatro The Globe en 1599.

Su obra completa nos deja una poesía de magnífica perfección (los Sonetos) y 37 obras teatrales intensas, modélicas, patrimonio siempre vigente de las letras universales. Son textos que mezclan prosa y verso, tragedia y comedia –los más variados personajes trágicos llenos de adversidades junto a los “clown” o “fool”-, textos repletos de sentencias de tipo filosófico, propuestas cínicas y desvergonzadas, contrapuntos cómicos sobre momentos de verdadero drama humano.

Dividimos su producción teatral en tres grupos:

  1. Comedias de corte novelesco, con origen italiano: amor y celos, enredos y malentendidos, llenos de vida y fantasía. Aquí están La fierecilla domada, El sueño de una noche de verano y La tempestad.
  2. Dramas históricos sobre turbulentos y conflictivos asuntos nacionales y luchas dinásticas (Enrique VI o Ricardo III) o bien de “tema romano”, desarrollando personajes de las clásicas Vidas paralelas de Plutarco (Julio César, Antonio y Cleopatra, Coriolano).
  3. Las grandes tragedias, en las que el genio creador de Shakespeare desarrolló algunos de los más inolvidables temas y caracteres de todos los tiempos, con personajes cuya condición humana alcanzó universalidad. Aquí se hallan Romeo y Julieta, Hamlet, Otelo, Macbeth y El rey Lear.

De las cuatro primeras de estas obras inmensas por su fuerza, su perfección formal, la intensidad de sus diálogos y monólogos, ambientes y sobrecogedora energía, desarrollaremos brevemente su argumento.

Romeo y Julieta

Escrita en 1597, es una de las tragedias amorosas más universalmente conocidas de todos los tiempos.

La escena se localiza en la italiana ciudad de Verona, dividida en dos bandos enemigos y representados por las familias de los Capuleto y los Montesco. Julieta pertenece a los primeros y Romeo a los segundos, pero entre ellos se desata un profundísimo y fatídico amor que traspasa las barreras y convenciones (“mi único amor nacido de mi único odio”), y termina en un secreto compromiso matrimonial. No obstante, Romeo acaba matando a Teobaldo, un pariente de su prometida, y se ve en la obligación de ser desterrado a Mantua, separándose de Julieta, lo cual significa para el enamorado poco menos que la muerte. Mientras, Julieta será oficialmente comprometida con Paris, por mandato de su familia. Para evitar un enlace no deseado, un matrimonio forzado, la joven toma un brebaje que la dejará dormida durante un tiempo –semejando estar muerta-, de manera que pueda ser trasladada al mausoleo familiar, donde habrá de reencontrarse secretamente con Romeo. Cuando éste conoce el destino de su amada, creyéndola fallecida, corre a Verona y contempla el cuerpo desfallecido de Julieta. Y allí mismo se encuentra y mata a Paris. Romeo, abatido, se envenena y muere. De repente despierta Julieta de su largo sueño, contemplando a los dos muertos. Entonces decide suicidarse con la daga de Romeo. Las familias rivales, finalizada la tragedia, deciden acabar sus enfrentamientos y erigir dos estatuas representando el amor de la fatídica pareja.

Hamlet

Escrita en 1601 ó 1602, desarrolla una antigua leyenda danesa en el castillo de Elsinor. Es la “tragedia de la venganza”, protagonizada por el triste príncipe Hamlet, joven cínico y de amargo humor, aparentemente enloquecido (“no estoy loco, sino loco por astucia”, dirá) desde la misteriosa muerte de su padre.

En cinco actos apasionantes se desarrolla un drama humano de inmensas dimensiones: (I) Hamlet se muestra ausente y alterado a causa de la reciente muerte de su padre, el rey que llevaba el mismo nombre, y por el rápido matrimonio de su madre viuda con el nuevo monarca Claudio. Sospechando y recelando de todo y todos, inmerso en funestos presagios, Hamlet conoce la aparición nocturna de un fantasmal espectro semejante a su padre. Sin embargo, su amor por Ofelia (hija del cortesano Polonio) parece sosegar su atribulado carácter. (II) Pero el príncipe no “mejora” ante los ojos ajenos. Peor aún, manifiesta su repulsión por quienes le rodean, por su propia tierra incluso, que más parece una cárcel (“algo huele a podrido en Dinamarca”), y sólo pensará en la venganza, llena de dudas (el monólogo del “ser o no ser, esta es la cuestión…”), que se empieza a fraguar con la entrada en escena de unos actores que representan una obra cuyo tema es un asesinato (III). El monarca huye al ver la representación, lleno de remordimientos y de culpa callada. Incluso su madre, con quien Hamlet mantiene una tensa relación, se arrepiente de los hechos pasados (descubriendo que el rey y ella misma son responsables del regicidio). Hamlet se aleja de Ofelia, mata accidentalmente a Polonio y recibe de nuevo la presencia del espectro paterno. (IV) El príncipe dolorido se aleja de Dinamarca pero su ausencia no elimina la tragedia de la corte danesa: Ofelia se suicida, ahogándose; y llega al reino Laertes, hermano de la anterior, exigiendo venganza por las dos muertes familiares. (V) Y ésta se produce en un trágico desenlace: Hamlet regresa de su retiro y conoce la muerte de Ofelia, viéndose obligado a luchar con Laertes. Mientras combaten, el rey prepara una pócima contra el príncipe, pero quien bebe es la reina, que muere. Y también morirá Laertes. Hamlet matará al rey y, mortalmente herido, beberá de la copa envenenada.

Otelo

Otelo o “El moro de Venecia”, de 1604, simboliza la tragedia de los celos (“el monstruo de los ojos verdes que se divierte con la vianda que nutre; … un monstruo que engendra y nace de sí mismo”).

Comienza la trama en Venecia, presentando al afamado y valeroso Otelo, que sirve con lealtad al Dux veneciano. El moro está comprometido y casado en secreto con la bellísima Desdémona, hija de un noble del lugar. Y junto al moro se encuentra Yago, su colaborador y también reciente enemigo, que fingirá ser uno de sus mejores apoyos cuando su única intención es tomarse venganza por una aparente humillación padecida.

Otelo capitanea las fuerzas venecianas hasta Chipre, donde lucha y vence al turco. La felicidad y buen destino del moro con su esposa se verá constantemente empañada, sin embargo, con las miserables y pérfidas insinuaciones que Yago va deslizándole, consiguiendo que dude de todos y en especial de su propia esposa, cegando al poderoso Otelo con los más peligrosos e irresistibles celos, manipulándole hasta que el engañado moro no soporta la presión y acaba matando a Desdémona. Al darse cuenta de su criminal acción, Otelo se mata. Sólo queda con vida el perverso Yago, descubierto y preso por sus compañeros.

Macbeth

Esta tragedia data de 1607 y desarrolla el funesto propósito de la ambición y del poder destructor.

Comienza con un fantasmagórico encuentro del noble Macbeth con unas brujas que le auguran su inminente destino de rey. Y éste dará a conocer a su esposa, la ambiciosa Lady Macbeth, el augurio de las viejas, tomándoselo ella como algo personal e instigando a su marido a que mate al rey actual, que ha de alojarse en su castillo durante una noche. La noche del crimen, la esposa droga a los guardianes reales y Macbeth asesina al monarca, sin que haya sospechas cuando se descubre su cadáver por la mañana.

Macbeth será coronado pero al poco comenzará sus contrariedades: en primer lugar matando a su viejo amigo Banquo, que conocía el destino previsto por las brujas (desde entonces el espectro del muerto le acompañará). Poco después la diosa terrible Hécate aconsejará a las brujas que han de cambiar el destino del nuevo rey. Y por último surgirán algunos nobles excluidos y dispuestos a derrocar al rey con un ejército que disponen desde Inglaterra.

El criminal soberano buscará de las brujas un nuevo augurio favorable, pero no obtendrá sino un enigma como respuesta: “Macbeth nunca será vencido hasta que el gran bosque de Birnam suba marchando”. Confiado por el incierto presagio, el rey seguirá eliminando a sus enemigos (“Escocia no puede llamarse nuestra madre sino nuestra tumba”). Pero los enemigos del rey se ponen en marcha y sitian su castillo (camuflados los soldados bajo los arbustos). Lady Macbeth muere enloquecida, llena de remordimientos que la corroen (ante sus ojos aparece siempre una mancha de sangre que nunca desaparece). El rey es derrotado y decapitado.

4. John Milton

Autor inglés inmortalizado por el célebre poema épico El Paraíso perdido, Milton ocupa un lugar en la literatura anglosajona parangonable sólo al de Shakespeare. Estudió en la Universidad de Cambridge y, tras renunciar a una vocación religiosa por oposición a la jerarquía anglicana, se dedicó al estudio de los clásicos griegos y latinos y de obras de historia política y religiosa. A partir de 1640, este período formativo dio paso a una prolífica actividad como prosista político y adalid de la soberanía popular y de la libertad de conciencia y de expresión. Partisano de la causa parlamentaria durante la revolución de Cromwell, el poeta abogó en 1649 por la ejecución del rey Carlos I y, pese a haber perdido la vista en 1652, desempeñó luego diversos cargos públicos en el “Commonwealth” que reemplazó a la monarquía. Con el advenimiento de la Restauración, en 1660 fue encarcelado durante varios meses y salvado de peores castigos por sus admiradores. Por esta época, comenzó también a componer mentalmente y a dictarle a diversos auxiliares los diez tomos en verso libre de El Paraíso perdido, el testimonio definitivo de su maestría artística, su capacidad creadora y su estatura intelectual.

La publicación del cosmogónico poema, en 1667, inauguró el último período glorioso de su obra. Caracterizado en la vida pública por su gentileza tanto como por sus arrebatos de ira, Milton se describió más de una vez a sí mismo como un hombre amargado por el infortunio matrimonial, la ceguera y la mala salud y, sobre todo, por el fracaso de sus ideales políticos. Su legado, reconocido ya en su día como genial, ejerció una influencia perceptible en la poesía de todo el siglo XVIII y fue reclamado como precursor del Romanticismo por los poetas malditos del XIX.

El Paraíso perdido

El Paraíso perdido representa la cumbre de la poesía épica escrita en lengua inglesa. Su autor empezó a componerlo tras haber perdido la vista. Su concepción mental, dictado y corrección se prolongaron durante un lustro tras la Restauración de Carlos II en 1660. Los diez tomos en verso libre de la obra fueron publicados en 1667.

El poema narra la historia cosmogónica de la rebelión de Lucifer contra Dios, su caída a los infiernos, y la posterior caída en la tentación de Adán y Eva, expulsados a su turno del Jardín del Edén. La tradición de esta historia dentro de la literatura y la mentalidad europeas constituye el punto de partida de Milton, quien, inspirándose sobre todo en La Eneida de Virgilio, transforma el relato elemental del Génesis en un vasto universo poético en el que la grandeza heroica y la compleja gramática de la épica clásica se aúnan al realismo dramático y a la ironía compasiva del autor ante el destino de los hombres. Este destino trágico, que comporta para Milton la búsqueda esperanzada de un paraíso interior en el mundo terrenal, se proyecta como núcleo temático del poema a través del enfrentamiento cosmogónico entre Dios y Satanás, el cielo y el infierno, la luz de la bondad y las tinieblas de la arrogancia y el egoísmo.

La obra, de enorme influencia en la poesía de todo el siglo XVIII, fue ensalzada en el XIX por románticos como Shelley, quienes adoptaron a Milton como el primer gran poeta maldito.

5. Molière

A lo largo del siglo XVII francés se crea el llamado “teatro clásico”, un arte solemne de gustos aristocráticos que sigue las normas clásicas (los “preceptos aristotélicos”: obras de cinco actos que separan los géneros y estilos) dentro del llamado “buen gusto” literario. Entre los autores más representativos se encuentran Racine (autor de tragedias de corte grecolatino como Fedra y Andrómaca) y Corneille (autor de Le Cid, una versión teatral trágica sobre el personaje épico castellano).

Pero quien más destaca es el autor de comedias Jean-Baptiste Poquelin (1622-1673), más conocido por su seudónimo de Molière. Hijo de un tapicero de la corte francesa, tuvo una esmerada educación entre los jesuitas, y ya desde los veinte años se dedicó a las actividades teatrales. Tras años de formación y diferentes viajes por provincias, regresó a París y obtuvo la protección personal del monarca Luis XIV, con el título de “comediante titular del rey”.

Molière es el creador de una comedia de caracteres cuya intención es criticar las costumbres de su tiempo. Con ironía, y comicidad satiriza los vicios y defectos de sus contemporáneos, combatiendo excesos ridículos de su tiempo (“corregir a los hombres, divirtiéndoles”) a través de la presentación de tipos como el avaro, el hipócrita, el pedante, el misántropo o el pretencioso.

De sus obras destacamos, especialmente, tres:

  • Tartufo. Escrita, representada y más tarde prohibida entre 1664 y 1669. Su protagonista, que da nombre a la obra, simboliza al hipócrita de pietismo cínico y falsa devoción, que se hace sibilinamente con los intereses y personalidad de Orgón, un padre de familia que ve en Tartufo a un “hermano” y no a un impostor (“Esas gentes, cuya alma, al interés sumisa, de la devoción hacen oficio y mercancía“). El impostor se va haciendo con las riendas familiares hasta obtener la herencia y ser depositario de comprometedores documentos, sin que el ingenuo Orgón se dé cuenta de la realidad. Acusado por otros familiares, Tartufo se defenderá con falso arrepentimiento, aunque finalmente será detenido por la justicia, que desde hace tiempo le persigue por episodios semejantes.
  • Don Juan. Ejemplo universal del personaje libertino y mujeriego, impío y soberbio, capaz de amenazar a toda persona e institución, y finalmente condenado al infierno. Se basa en la figura de El Burlador de Sevilla, obra del dramaturgo español Tirso de Molina.
  • El enfermo imaginario. En esta obra el aprensivo Argán hace todo lo posible por ser el centro de atención semejando cualquier dolencia y mal, sin darse cuenta de que otros se aprovechan a su costa; y sólo es atendido con sinceridad y comprensión por su hija. En una de estas representaciones murió Molière en escena, cuando ejercía el papel de protagonista.

 Lecturas recomendadas

  • Maquiavelo, El Príncipe (selección, especialmente de la edición de Austral Espasa-Calpe).
  • William Shakespeare: Romeo y Julieta, Otelo, El mercader de Venecia, Macbeth, Julio César, El rey Lear, Hamlet, El sueño de una noche de verano.
  • Moliere: Tartufo, El enfermo imaginario.
  • Charles y Mary Lamb, Cuentos de Shakespeare

@  Internet

http://www.theplays.org/hamlet (The works of W. Shakespare).

* http://www.allshakespare.com/plays/hamlet/index.php (Shakespeare Hamlet Guide).

* En Cine (Kenneth Branagh) www.geocities.com/fiver_1/hamlet.html (Hamlet (Kenneth Branagh) Movie Links).

 Películas

  • El tormento y el éxtasis (Carol Reed)
  • Un hombre para la eternidad (Fred Zinnemann)
  • Elizabeth (Secar Kapur)
  • Shakespeare in love (John Madden)
  • Macbeth (Orsen Welles)
  • Hamlet (versiones de Keneth Branagh y Franco Zeffirelli)
  • Cromwell (Ken Hughes).

 

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