Expresión de la causa, la consecuencia y la finalidad. 2026

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By Víctor Villoria

Expresión de la causa, la consecuencia y la finalidad en la lengua española

I. Expresión lingüística de la causa

1.1. Distinción entre causa real y causa lógica

La expresión de la causalidad representa un concepto relacional fundamental en el análisis sintáctico de la lengua española. Dentro del marco general de la subordinación adverbial, es posible distinguir entre dos tipos esenciales de causalidad: la causa real y la causa lógica. La primera de ellas, denominada también causa del enunciado, se refiere a aquella que se configura como el efecto de algo expresado en la oración principal. Por ejemplo, en la secuencia «Me fui a casa porque estaba disgustado», la causa (estar disgustado) genera directamente el efecto (irse a casa), integrándose ambos dentro del marco semántico de la proposición.

En contraposición, la causa lógica o de la enunciación alude a las razones por las cuales el hablante produce lingüísticamente su enunciado principal. Esta modalidad causal no representa una relación causa-efecto objetiva, sino una deducción inferida por quien profiere el discurso. Observemos el enunciado «Hace calor, porque van en bañador»: en este caso, no es el ir en bañador lo que causa que haga calor, sino que el hablante deduce que hace calor partiendo de la observación de que las personas visten ropas ligeras. Se trata, por consiguiente, de una inversión de los términos efectivos de la causalidad, donde el efecto antecede a la causa en la construcción lingüística.

Tanto en la causa real como en la causa lógica es viable la modalidad explicativa. En estos casos, la causa aparece como información añadida o posterior a lo ya enunciado, sin que la relación causal se presente como elemento originario del significado. El ejemplo «Pau no va a clase, pues está deprimido» muestra cómo la causa (estar deprimido) funciona como explicación de un hecho ya presentado (no asistir a clase), enriqueciéndolo con una justificación que el emisor proporciona secundariamente.

1.2. Construcciones causales sintagmáticas

Las estructuras sintagmáticas que expresan causa se caracterizan por la presencia de una preposición o locución prepositiva de naturaleza causal. La preposición «por» constituye el nexo más frecuente en este tipo de construcciones, aunque también es posible el empleo de la preposición «de» en contextos específicos. La combinación de estas preposiciones con un sustantivo, ya sea en función de suplemento verbal o de complemento circunstancial, asume inequívocamente matices causales. Así, en secuencias como «Se alegró de su llegada» o «Se marchó por aburrimiento», la preposición establece la relación semántica de causalidad entre el verbo y el sustantivo núcleo del sintagma.

El empleo de locuciones causales especializadas potencia la expresión de la causa objetiva. Entre las más frecuentes figuran: «a causa de», «por motivo de», «merced a», «debido a» e «en razón de». Estas estructuras permiten la formación de sintagmas que funcionan explícitamente como complemento circunstancial, tal como se ejemplifica en «Jovita no viene a causa de su disgusto». La determinación del sustantivo mediante un artículo y una subordinada de relativo intensifica aún más el valor causal enfático: «Le deprimió de los disgustos que le dio».

En función incidental, esto es, cuando ocupan una posición extrapredicativa, estas estructuras sintagmáticas permiten un abanico más amplio de preposiciones introdutoras: «con», «sin», «ante», «entre». Esta diversidad prepositiva, favorecida por la movilidad posicional de la función incidental, enriquece el espectro expresivo causal. Así, «Ante tanta reclamación, decidieron suspender la convocatoria» o «Sin resolución, no puedes hacer nada» muestran cómo la disposición extrapredicativa habilita interpretaciones causales que resultarían menos naturales en otras posiciones sintácticas.

1.3. Construcciones causales con formas no personales

El infinitivo, precedido de preposición, genera estructuras causales que funcionan como complemento circunstancial. La preposición «por» resulta mayoritaria en estas secuencias: «Le recriminaron por andar sobre la hierba». La preposición «de» es considerablemente menos frecuente, aunque viable en ciertos contextos: «Se rompió un dedo de jugar al baloncesto». Para que exista indudablemente un sentido causal en estas formaciones, es imprescindible que la acción verbal expresada por el infinitivo sea anterior o simultánea a la del verbo principal, porque de lo contrario se impone una lectura de finalidad: «Me voy a casa por descansar un poco» podría interpretarse como fin más que como causa.

Con el infinitivo se forman, asimismo, estructuras causales intensivas que guardan relación con la cuantificación enfática. Estas secuencias intervienen en combinaciones donde aparecen las preposiciones «de» o «por» junto al cuantificador «tanto»: «Estamos agotados de tanto estudiar». El infinitivo precedido de preposición forma también predicaciones secundarias en función incidental, modalidad en la que otras preposiciones pueden competir con «por», especialmente la secuencia de la preposición «a» con artículo: «Por escuchar demasiado a sus amigas, Jovita se ha equivocado»; «Al suspenderse la conferencia, fuimos al cine».

Los gerundios y los participios presentan un comportamiento sintáctico diferente: ambos pueden participar únicamente de la función incidental, nunca precedidos de preposición. El gerundio admite bien un sujeto propio, bien un elemento correferente con otro de la predicación principal. Como señala la doctrina especializada, el valor causal no se desprende de la estructura en sí, sino de la relación semántica entre las dos predicaciones enfrentadas: «Trabajando hasta tan tarde, no durará mucho» puede interpretarse tanto como causal como condicional. Con el participio, la secuencia tiende naturalmente a una interpretación causal, facilitada por su valor de tiempo pasado y perfecto: «Aplaudido por todo el auditorio, decidió continuar su discurso».

1.4. Construcciones causales oracionales

Las estructuras causales oracionales expresan la causa, el motivo o la razón mediante una proposición subordinada introducida por conjunciones o locuciones conjuntivas especializadas en este valor. La conjunción «porque» forma el nexo mayoritario en la expresión de la causalidad oracional. Diversos gramáticos han propuesto segmentaciones de esta conjunción, considerándola una combinación de la preposición «por» y la conjunción «que», tesis que encuentra respaldo en la conmutación: «Estoy aquí porque tengo hambre» equivale a «Estoy aquí por eso». Otros nexos causales incluyen las conjunciones «que» y «pues», los adverbios «como» y «cuanto», así como locuciones tales como «puesto que», «pues que», «a causa de que» y «como quiera que».

La doctrina gramatical establece una clasificación fundamental entre causales integradas y causales periféricas o extrapredicativas. Las primeras pertenecen al ámbito de la predicación, suelen ir pospuestas al verbo principal («Jovita no llamó a sus amigas, porque estaba cansada») e indican la causa de lo expresado en la oración principal, realizando la función de complemento circunstancial. Las segundas funcionan como complementos de la enunciación, se distinguen por una pausa gráfica o entonativa («Como estaba disgustada, Jovita no llamó a sus amigas») e indican el motivo de lo que dice o piensa el hablante, complementando un ámbito oracional más amplio que el de la proposición principal.

Existe, además, una distinción adicional entre estructuras causales sustantivas, que admiten sustitución por un sustantivo o pronombre («He venido porque me habéis llamado» = «He venido por eso»), y construcciones que funcionan como complemento circunstancial o como modificador oracional, sin permitir tal sustitución por sustantivos, pronombres o adverbios. En ciertos contextos, junto al significado causal coinciden otros sentidos, como el condicional, constituyendo lo que la doctrina denomina circunstanciales causales hipotéticas: «He llamado por si necesitabas algo».

II. Expresión lingüística de la consecuencia

2.1. Construcciones consecutivas coordinadas y yuxtapuestas

Las formaciones consecutivas expresan la consecuencia de una acción, circunstancia o cualidad indicada en la oración principal. Estos mecanismos de expresión se bifurcan en dos modalidades fundamentales: las estructuras consecutivas sin elemento intensificador y las que incluyen un intensificador. Las primeras, denominadas construcciones consecutivas no intensivas, no constituyen secuencias subordinadas en sentido estricto, sino que forman parte de oraciones coordinadas. Su naturaleza coordinada se evidencia en que pueden llevar verbos en imperativo, circunstancia que jamás ocurre en la subordinación genuina: «Ya has estudiado mucho, con que descansa un poco».

Los nexos conjuntivos más habituales en estas secuencias son «con que» y «luego», aunque otras locuciones conjuntivas como «así que», «de manera que» y «de modo que» también participan de esta función. La Academia denomina a estas conjunciones como ilativas, puesto que actúan como enlaces extraoracionales que manifiestan una consecuencia. Así, «Vas a una gran ciudad, luego no te despistes» ilustra cómo la conjunción conecta dos proposiciones de nivel sintáctico equivalente. Cabe mencionar que ciertos adverbios como «pues», «por lo tanto» y «por consiguiente» funcionan asimismo como conectores que expresan relaciones de consecuencia lógica o deducción.

Las formaciones consecutivas yuxtapuestas mantienen la relación semántica de consecuencia sin necesidad de un conector explícito, asumiendo la conexión a través de la entonación y la pausa. En la escritura, este tipo de estructuras se marca frecuentemente mediante punto y coma o punto: «Vas a una gran ciudad, no te despistes». La diferencia entre coordinación y subordinación en estos casos puede resultar compleja, por lo que la teoría gramatical ha señalado que la pausa entonativa constituye el elemento delimitador fundamental. Adicionalmente, ciertos enunciados expresan relación lógica de consecuencia mediante locuciones adverbiales («por lo tanto», «por consiguiente», «en consecuencia», «así pues») o adverbios («pues», «así»), que pueden alterar su posición dentro del enunciado.

2.2. Construcciones consecutivas subordinadas (intensivas)

Las formaciones consecutivas subordinadas más frecuentes son las denominadas de intensidad. Estas expresan la consecuencia o deducción de algo y se introducen mediante el nexo «que», sustentado en un intensificador que puede ser un adverbio como «tanto» o «tan», un determinativo como «tanto» (con sus variantes) o «tal», o un indefinido como «cada» o «un». Ejemplo paradigmático: «Es tan simpático que a todos le cae bien». La proximidad sintáctica entre construcciones consecutivas y comparativas ha sido señalada por la doctrina: «Jovita estaba tan contenta que daba gusto verla» (consecutiva) contrasta con «Jovita estaba tan contenta como su madre» (comparativa).

Dentro de las formaciones consecutivas intensivas, es posible distinguir entre la consecutiva de intensidad propiamente dicha («Jovita es tan agradable que da ganas de estar siempre con ella») y la denominada consecutiva de manera («Jovita decidió aquello de manera que no molestara a nadie»). El elemento intensificador modifica sintácticamente diferentes categorías gramaticales: un sustantivo («Escribió tantos artículos sobre el mismo tema que era un especialista»), un adjetivo («Jovita es tan agradable que da ganas de estar siempre con ella»), un adverbio («Hablaba tan deprisa que no la entendíamos») o un verbo («Corría tanto que no había manera de seguirlo»). En todos estos casos, el elemento modificado permanece integrado en el segmento principal de la oración.

La relación de causalidad que sostiene estas formaciones obliga a establecer una correlación temporal y de dependencia entre los modos verbales de la oración principal y subordinada. Como norma general, el verbo subordinado no puede expresar un tiempo anterior al indicado por el verbo principal, sino únicamente simultaneidad o posterioridad. Respecto al modo, si el verbo principal va en indicativo, también aparece en indicativo el subordinado («Lloró tanto que no nos dejó dormir»); si va en imperativo o subjuntivo, el subordinado adopta la forma de subjuntivo («Dale tantas respuestas como te pida»); y si el verbo principal va negado, debe aparecer el subjuntivo en la subordinada («No hay novela tan lamentable que no podamos aprovechar algo»).

2.3. Otras construcciones consecutivas y pseudoconsecutivas

Existen formaciones consecutivas con «que», pero sin intensificador alguno, que complementan directamente al verbo como cualquier complemento circunstancial: «Habla que da gusto». En otros contextos, la estructura consecutiva modifica a un sustantivo dentro de una oración copulativa, funcionando como atributo: «Jovita está que rabia». Estas últimas pueden ser analizadas como oraciones adjetivas más que como auténticas de relativo. De igual manera, es viable que una estructura consecutiva funcione como predicativo si el verbo no es exclusivamente atributivo, caso en el cual se refiere al sujeto («Pau venía que trinaba») o al complemento directo («Le dieron el libro que se rompía»).

En el registro coloquial, aparecen formaciones consecutivas realizadas mediante frases hechas que funcionan como unidades sintácticas con valor intensificador: «corre que se las pela». Ciertos enunciados exclamativos compuestos por un primer elemento interrogativo («qué», «quién», «cuál», «dónde», «cuándo», «cómo») o por el intensivo «si», seguido de una conjunción «que», integran una secuencia donde se mezclan valores consecutivos, causales y finales: «¡Qué le pasará, que ni quiere hablar!».

Las estructuras causales-consecutivas, según la doctrina, constituyen una especie de paráfrasis de las consecutivas de intensidad: «De tanto que corrió aquel día tuvo que ir a un fisioterapeuta». Estas formaciones van introducidas por la preposición «de» y una estructura enfática encabezada por «como» o «que». El esquema «de + (lo) + adjetivo/adverbio + que/como» aproxima la significación causal, generalmente introducida por «de», a otras secuencias de sentido análogo como «debido a» o «a causa de»: «Se marchó de la casa de los disgustos que le dieron» equivale a «Se marchó de la casa a causa de los disgustos que le dieron». Dentro de estas estructuras inclusive se incluyen variantes formadas por «de + infinitivo»: «De tanto reír le echaron de clase».

III. Expresión lingüística de la finalidad

3.1. Concepto fundamental y clasificación general

Una expresión final es aquella que expresa lingüísticamente el fin o propósito con el que se realiza una acción: «Jovita llamó para que le dejases dinero». La finalidad supone una intencionalidad que la distingue de conceptos próximos como destino o meta, que carecen de esa dimensión volitiva. En consecuencia, la finalidad se halla asociada exclusivamente a hechos volitivos ejecutados por agentes animados. La clasificación de estas formaciones ha evolucionado significativamente en la historia de la lingüística hispanista. Mientras que las gramáticas latinas las consideraban complementos circunstanciales, la Academia las incorporó a las oraciones subordinadas adverbiales en su edición de 1973. No obstante, ciertos autores las han ubicado dentro de las subordinadas sustantivas, puesto que funcionan como términos de preposiciones como «para».

En español es posible expresar finalidad mediante diversas estructuras sintácticas: preposición («para», «a», «por») más infinitivo; oraciones subordinadas sustantivadas mediante la conjunción «que» y posteriormente adverbializadas gracias a preposiciones («para», «a», «por») o a locuciones especializadas («a fin de que», «con objeto de que», etc.), en las que aparece obligatoriamente el subjuntivo. Siguiendo la clasificación elaborada por Galán, las formaciones finales pueden dividirse en seis categorías distintas: estructuras finales puras («Te llamo para que sepas a qué atenerte»); formaciones finales con el objetivo como utilidad («Esta llave me valdrá para romper el regalo»); estructuras finales con objetivo como consecuencia («Te sobran ganas para hacer ese examen»); formaciones finales con objetivo como contraste («Quedarán en mi casa para salir pronto al día siguiente»); estructuras finales con objetivo como deseo («Se lo voy a decir para que no hablen mal de mí»); y formaciones finales de duda-causa («Date prisa a ver si lo vemos»).

Las preposiciones que comúnmente preceden a las estructuras finales son «para», «por» y «a», siendo «para» la más habitual. Junto a estas preposiciones simples, existen numerosas locuciones finales de empleo más restringido o formal: «a fin de», «al objeto de», «con objeto de», «a efectos de», «al efecto de», «con miras a», «en aras de», «con vistas a», «con tal de», «en orden a». Muchas de estas locuciones presentan un alto grado de gramaticalización en su componente nominal, lo que implica su invariabilidad formal o limitación a variaciones de número y determinante. En ciertos contextos arcaizantes o muy formales, es viable el empleo de la conjunción «que» para introducir formaciones finales, especialmente cuando el verbo de la oración principal es imperativo o un verbo de ruego o deseo: «Entrégame tus peticiones, que las haga llegar al alcalde».

3.2. Construcciones finales oracionales y control de sujetos

Cuando la finalidad es expresada mediante una oración con verbo en forma personal, este aparece necesariamente en subjuntivo. Esta distribución modal concuerda la orientación prospectiva de la formación final con la naturaleza virtual inherente a los morfemas de subjuntivo. La necesidad de correlación temporal obliga a que el verbo subordinado no anticipe tiempos anteriores al verbo principal, sino únicamente simultaneidad o posterioridad. Así, si el verbo principal está en pasado, la subordinada adopta el pretérito de subjuntivo («Le regaló un anillo para que se lo diese a su madre»); si está en presente, la subordinada toma presente de subjuntivo («Le regala un anillo para que le dé a su madre»).

Estas formaciones finales funcionan invariablemente como complemento circunstancial dentro de la oración compleja, por lo que jamás adquieren un sentido final cuando ocupan la posición de función incidental o extrapredicativa. Doctrinariamente se ha señalado que tampoco se mantiene el contenido de finalidad cuando el segmento preposicional no comparte la misma modalidad oracional que la oración principal: «Hoy me dejaron salir pronto, ¡para que no protestara!», donde la entonación exclamativa distorsiona la interpretación final canónica. Por regla general, las formaciones finales se posponen al verbo principal, aunque es viable su tematización en contextos específicos, incluso ocupando la posición inicial: «Para dárselo a tu madre no necesito ayuda».

Cuando se emplean formas no personales, únicamente el infinitivo simple puede expresar finalidad, puesto que denota un tiempo en potencia o no transcurrido, es decir, una acción virtual. No cabe, por el contrario, el infinitivo compuesto, que manifiesta anterioridad a otra acción. No existe diferencia sustancial entre formaciones finales oracionales y las que llevan infinitivo; la alternancia entre ambas se produce en función de determinadas condiciones sintagmáticas vinculadas al control y la correferencia de sujetos.

3.3. Construcciones finales con la preposición «para»

La preposición «para» forma el nexo más frecuente en la expresión de las formaciones finales. La alternancia entre verbo personal e infinitivo está directamente condicionada por la correferencia de sujetos. El infinitivo se emplea cuando existe identidad sujetal entre la oración principal y la subordinada: «Jovita estudia para olvidarse de Pau». Por el contrario, la formación final oracional (con verbo en forma personal) aparece cuando se marca un sujeto distinto al del verbo principal: «Jovita estudia para que Pau no la llame». Esta distribución responde a un principio fundamental de economía lingüística: la forma más sintética (infinitivo) se utiliza cuando la información redundante se puede elisionar, mientras que la forma más explícita (verbo personal) aparece cuando existe modificación o diferencia sujetal.

En estructuras con complemento directo de persona, se producen modificaciones significativas entre la formación con verbo personal y con infinitivo. El complemento directo de la oración principal podría presentar correferencia con el sujeto del infinitivo, permitiendo una sustitución: «La empresa le mandó al banco para recoger dos cheques» puede transformarse en «La empresa le mandó al banco para que recogiese dos cheques». Empero, esta alternancia no es factible cuando tanto el sujeto como el complemento directo podrían ser agentes del infinitivo, viéndose obligados entonces al verbo en forma personal: «Los jefes lo expedientaron para que cumpliese sus funciones» (*«Los jefes lo expedientaron para cumplir sus funciones»).

Con complemento indirecto en la oración principal, las variaciones siguen patrones similares. Cuando la correferencia es posible tanto con el sujeto como con el complemento indirecto, se emplea la estructura oracional para marcar la no correferencia y el infinitivo para indicar la correferencia: «Me dio un caramelo para que me marchara / para marcharme». En cambio, se pueden utilizar ambas formas cuando la correferencia se da entre el complemento indirecto y el verbo de la formación final: «Le regaló un coche para que fuese a la facultad / para ir a la facultad». Con verbo principal imperativo, lo habitual es la forma personal en la formación final, marcando la no correferencia: «Llama a Jovita para que no te eche en cara que no lo hiciste».

3.4. Construcciones finales con las preposiciones «por» y «a»

En el caso de la preposición «por», su sentido final no resulta siempre evidente, puesto que la distinción entre significación causal y final depende de contextos semánticos específicos. Las formaciones con «por + infinitivo» se consideran finales cuando la secuencia incorpora la significación de posterioridad u orientación al futuro propia de estas estructuras. En tales casos, el uso de «por» y «para» resulta equiparable en valor: «Le hice una confesión por / para ganarme su confianza». Estas secuencias engloban matices de finalidad, causalidad y volición entrelazados. El sentido causal se impone si se pierden algunos de estos rasgos o si aparece la forma compuesta del infinitivo, imposibilitando el empleo de «para»: «Le insultan por (*para) decir la verdad». Con verbo en forma personal, el modo verbal permite distinguir entre significación causal (indicativo) y significación final (subjuntivo): «Rezan por que vengan sanos y salvos» (final) frente a «Rezan porque vienen sanos y salvos» (causal).

La preposición «a» presenta un sentido ligeramente diferente al de «para», manifestando un matiz locativo que puede convertirse en nocional para expresar finalidad. En la mayoría de los casos es sustituible por «para», aunque no viceversa. Presenta un alto grado de fosilización, tanto en perífrasis como en verbos que rigen suplemento. Las secuencias iniciadas por «a» tienden a estar subcategorizadas por el verbo principal, empleándose especialmente con verbos de movimiento («salió a hablar con sus alumnos»), con verbos de traslación implícita («se quedó a revisar los exámenes») o verbos posicionales («se sentó a redactar un escrito»). Ciertos autores consideran finales las formaciones introducidas por «a» que se forman con verbos que indican movilidad direccional o suspensión del movimiento previo: acudir, levantar, sacar, desviar, parar («Paramos a ver los animales»).

Cuando se utiliza el infinitivo con «a», existe regularmente correferencia sujetal entre los dos verbos: «Salgo a pasear». De igual modo, se emplea el infinitivo si la correferencia se produce entre el complemento directo o indirecto y el sujeto lógico del infinitivo: «Me invitaron a ver una obra de teatro»; «Le envié a pedir un presupuesto». En este último caso, aunque es posible el subjuntivo («Le envié a que pidiese un presupuesto»), la forma infinitival resulta más natural. Con la estructura final «a que» es obligatoria la correferencia entre algún elemento de la oración nuclear y de la subordinada, porque de lo contrario las secuencias resultan agramaticales: *«Le envié a que pidiéramos una subvención».

3.5. Otras construcciones finales y pseudofinales

Existen formaciones que, aunque formalmente participan de la estructura final, pierden su valor final genuino, incorporan significaciones que lo difuminan o asumen valores próximos. En estructuras de «para + infinitivo» u oración subordinada en función incidental (extrapredicativa), pueden aparecer contenidos concesivos o condicionales, anulando completamente el sentido final: «Para que me regañe, prefiero no decírselo». Asimismo, se elimina el sentido final cuando una formación preposicional con «para» realiza una función de modificador oracional. La explicación de tal fenómeno radica en que la finalidad supone un proceso realizado con determinada intención, por lo que la subordinación lingüística de la formación final debe estar asociada necesariamente a un verbo.

Merece especial atención el caso de estructuras pseudofinales que modifican elementos nominales y pierden casi totalmente su valor final, reduciendo su significación al de «cualidad de un objeto» o «destino»: «Necesito gafas para ver de lejos». Otras secuencias con «para que» carecen de valor final cuando dependen de un elemento intensivo, pues tienden a formar una correlación consecutiva enfatizada: «¡Tanto trabajar para no tener ahorrado ni un euro!». De igual modo, las que incorporan un «como» expletivo dentro de una secuencia que funciona como modificador nominal de ciertos cuantificadores («Es bastante listo como para no dejarse engañar») o como atributo («¡Es como para matarlo!») pierden el auténtico sentido de finalidad.

Con ciertos núcleos verbales, en lugar del sentido de «finalidad» aparece el de «utilidad» u «objetivo funcional». Esto ocurre particularmente con estructuras como «servir», «ser apropiado», «ser útil», o con el verbo «ser» sin atributo: «Este regalo es para ayudar a Jovita». En las formaciones preposicionales con «para» cuyo núcleo es un sustantivo, el sentido final se disipa completamente, siendo reemplazado por otros como el de «destino», «objetivo», «meta» e incluso «destinatario» si el referente es una persona: «Recitaré para el público». Esta transformación semántica se debe a que los sustantivos, al denotar realidades concretas y no virtuales, tienden a ser contemplados como objetivos o metas concretas temporales, locales o personales más que como finalidades intencionales.


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    Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Lengua y Literatura actualmente JUBILADO.
    Mí último destino fue la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevaba más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho fui asesor en varios centros del profesorado y me dediqué, entre otras cosas, a la formación de docentes; trabajé durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante estuve en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.

    Ahora, desde este retiro, soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo materiales útiles para el área de Lengua castellana y Literatura. ¡Disfrútala!

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