Delmira Agustini. Poemas

AGUSTINI, DELMIRA

El libro blanco. 1907

La musa

 

Yo la quiero cambiante, misteriosa y compleja;

Con dos ojos de abismo que se vuelvan fanales;

En su boca una fruta perfumada y bermeja

Que destile más miel que los rubios panales.

 

A veces nos asalte un aguijón de abeja:

Una raptos feroces a gestos imperiales

Y sorprenda en su risa el dolor de una queja;

¡En sus manos asombren caricias y puñales!

 

Y que vibre, y desmaye, y llore, y ruja, y cante,

Y sea águila, tigre, paloma en un instante.

Que el Universo quepa en sus ansias divinas;

 

Tenga una voz que hiele, que suspenda, que inflame,

Y una frente que erguida su corona reclame

De rosas, de diamantes, de estrellas o de espinas!

 

 

Íntima

 

Yo te diré los sueños de mi vida

En lo más hondo de la noche azul…

Mi alma desnuda temblará en tus manos,

Sobre tus hombros pesará mi cruz.

 

Las cumbres de la vida son tan solas,

Tan solas y tan frías! Y encerré

Mis ansias en mí misma, y toda entera

Como una torre de marfil me alcé.

 

Hoy abriré a tu alma el gran misterio;

Tu alma es capaz de penetrar en mí.

En el silencio hay vértigos de abismo:

Yo vacilaba, me sostengo en ti.

 

Muero de ensueños; beberé en tus fuentes

Puras y frescas la verdad, yo sé

Que está en el fondo magno de tu pecho

El manantial que vencerá mi sed.

 

Y sé que en nuestras vidas se produjo

El milagro inefable del reflejo…

En el silencio de la noche mi alma

Llega a la tuya como a un gran espejo.

 

Imagina el amor que habré soñado

En la tumba glacial de mi silencio!

Más grande que la vida, más que el sueño,

Bajo el azur sin fin se sintió preso.

 

Imagina mi amor, amor que quiere

Vida imposible, vida sobrehumana,

Tú que sabes si pesan, si consumen

Alma y sueños de Olimpo en carne humana.

 

Y cuando frente al alma que sentia

Poco el azur para bañar sus alas,

Como un gran horizonte aurisolado

O una playa de luz se abrió tu alma:

 

Imagina! Estrecha vivo, radiante

El Imposible! La ilusión vivida!

Bendije a Dios, al sol, la flor, el aire,

La vida toda porque tú eras vida!

 

Si con angustia yo compré esta dicha,

Bendito el llanto que manchó mis ojos!

¡Todas las llagas del pasado ríen

Al sol naciente por sus labios rojos!

 

¡Ah! tú sabrás mi amor, mas vamos lejos

A través de la noche florecida;

Acá lo humano asusta, acá se oye,

Se ve, se siente sin cesar la vida.

 

Vamos más lejos en la noche, vamos

Donde ni un eco repercuta en mí,

Como una flor nocturna allá en la sombra

Y abriré dulcemente para ti.

 

Cantos de la mañana. 1910

 

Lo inefable

 

Yo muero extrañamente… No me mata la Vida.

No me mata la Muerte, no me mata el Amor;

Muero de un pensamiento mudo como una herida…

¿No habéis sentido nunca el extraño dolor

 

De un pensamiento inmenso que se arraiga en la vida,

Devorando alma y carne, y no alcanza a la flor?

¿Nunca llevasteis dentro una estrella dormida

Que os abrasaba enteros y no daba un fulgor?…

 

¡Cumbre de los Martirios!… ¡Llevar eternamente,

Desgarradora y árida, la trágica simiente

Clavada en las entrañas como un ardiente feroz!…

 

¡Pero arrancarla un día en una flor que abriera

Milagrosa, inviolable!… ¡Ah, más grande no fuera

Tener entre las manos la cabeza de Dios!

 

 

Fue al pasar

 

Yo creí que tus ojos anegaban el mundo…

Abiertos como bocas en clamor… Tan dolientes

Que un corazón partido en dos trozos ardientes

Parecieron… Fluían de tu rostro profundo

 

Como dos manantiales graves y venenosos…

Hornos a fuego y sombra tus pupilas!… tan hondas

Que no se desde donde me miraban, redondas

Y oscuras como mundos lontanos y medrosos.

 

¡Ah tus ojos tristísimos como dos galerías

Abiertas al Poniente!… Y las sendas sombrías

De tus ojeras donde reconocí mis rastros!…

 

Yo envolví en un gran gesto mi horror como en un velo,

Y me alejé creyendo que cuajaba en el cielo

La medianoche húmeda de tu mirar sin astros!

 

 

El rosario de Eros. 1924

 

Cuentas falsas

 

Los cuervos negros sufren hambre de carne rosa;

En engañosa luna mi escultura reflejo,

Ellos rompen sus picos, martillando el espejo,

Y al alejarme irónica, intocada y gloriosa,

Los cuervos negros vuelan hartos de carne rosa.

 

Amor de burla y frío

Mármol que el tedio barnizó de fuego

O lirio que el rubor vistió de rosa,

Siempre lo dé, Dios mío…

 

O rosario fecundo,

Collar vivo que encierra

La garganta del mundo.

 

Cadena de la tierra

Constelación caída.

 

O rosario imantado de serpientes,

Glisa hasta el fin entre mis dedos sabios,

Que en tu sonrisa de cincuenta dientes

Con un gran beso se prendió mi vida:

Una rosa de labios.

 

Serpentina

 

En mis sueños de amor, ¡yo soy serpiente!

Gliso y ondulo como una corriente;

Dos píldoras de insomnio y de hipnotismo

Son mis ojos; la punta del encanto

Es mi lengua… ¡y atraigo como el llanto!

Soy un pomo de abismo.

 

Mi cuerpo es una cinta de delicia,

Glisa y ondula como una caricia…

 

Y en mis sueños de odio, ¡soy serpiente!

Mi lengua es una venenosa fuente;

Mi testa es la luzbélica diadema,

Haz de la muerte, en un fatal soslayo

Son mis pupilas; y mi cuerpo en gema

¡Es la vaina del rayo!

 

Si así sueño mi carne, así es mi mente:

Un cuerpo largo, largo de serpiente,

Vibrando eterna, ¡voluptuosamente!