Didáctica de la Literatura. 2026

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By Víctor Villoria

Didáctica de la Literatura. La Educación Literaria

I. La Comprensión del Hecho Literario

1.1. Definición Aristotélica y Perspectiva Amplia de la Literatura

La conceptualización de la literatura como disciplina constituye un aspecto fundamental en la configuración de cualquier propuesta didáctica coherente. Rafael Lapesa, en su influyente obra Introducción a los estudios literarios, define la literatura desde una perspectiva aristotélica como el arte que tiene por instrumento expresivo la palabra. Esta definición, aunque contiene elementos esenciales para delimitar el concepto literario, adolece de una cierta estrechez conceptual que no captura plenamente la amplitud de sentidos y valores que el término posee en la actualidad. Una didáctica moderna de la literatura debe, por tanto, presentar ante los educandos una multiplicidad de enfoques que integren tanto la visión clásica como las aportaciones del pensamiento literario contemporáneo.

La perspectiva ampliada del hecho literario exige considerar la literatura no únicamente como un fenómeno formal o estilístico, sino como un complejo entramado de dimensiones que interactúan entre sí. Esta aproximación multidimensional permite al alumnado comprender la literatura en toda su profundidad, reconociendo que se trata de una manifestación cultural que trasciende la mera combinación de palabras para convertirse en un vehículo de significación múltiple y de transcendencia humana. Así, la labor docente debe orientarse hacia la exposición sistemática de los diversos flancos que caracterizan el fenómeno literario, proporcionando herramientas conceptuales que faciliten tanto su comprensión como su valoración crítica.

1.2. La Literatura como Lenguaje

La literatura, en su dimensión más esencial, constituye un acto de comunicación realizado mediante el lenguaje elaborado, que se diferencia sustancialmente de la lengua común por su enriquecimiento formal y su intención artística. Conforme a la teoría del lingüista Roman Jakobson, la literatura se caracteriza por la predominancia de la función poética, mediante la cual el propio mensaje literario busca la atracción sobre sí mismo, apartándose deliberadamente de la rutina y la cotidianidad para perseguir la expresión original, indita e imprevisible. Este desplazamiento consciente del lenguaje ordinario provoca la sorpresa estética en el lector y genera una experiencia de recepción cualitativamente distinta a la de otros géneros discursivos.

El lenguaje literario se distingue por su carácter connotativo, es decir, por su saturación de términos que poseen significados asociados de naturaleza subjetiva, cuya función primordial es provocar emociones y múltiples sugerencias en el receptor. Además, la literatura se vale de anormalidades y figuras retóricas que actúan en todos los niveles lingüísticos —fónico, sintáctico, semántico y pragmático—, incrementando su capacidad expresiva y su belleza intrínseca. El epíteto, la metáfora, la personificación y otros procedimientos retóricos constituyen manifestaciones del poder creativo del lenguaje, permitiendo que el escritor trascienda las limitaciones del código lingüístico ordinario para alcanzar dimensiones estéticas superiores. La función poética opera, precisamente, en esta reconfiguración del lenguaje como instrumento de belleza y significación.

1.3. La Literatura como Acto de Comunicación Especial

Aunque la literatura comparte con la lengua ordinaria su capacidad de transmitir información e influir en otras personas, constituye un tipo de comunicación extraordinariamente particular en cuanto a su estructura y sus objetivos. En el proceso comunicativo literario, el emisor es el autor —un creador que realiza con el sistema de la lengua un acto propio y singular—, mientras que el receptor es generalmente el lector, quien, a diferencia del receptor de otros mensajes, no posee capacidad de respuesta inmediata ni puede modificar instantáneamente el contenido del mensaje. Este rasgo de unidireccionalidad permanente confiere a la comunicación literaria una característica única en el panorama de los actos comunicativos humanos.

El canal mediante el cual se vehicula la comunicación literaria es, en general, el libro, un producto específico con un diseño característico y sometido a las reglas del mercado cultural. El contexto compartido entre autor y lector es, por definición, inexistente: mientras el autor crea en unas circunstancias históricas, geográficas y psicológicas determinadas, el lector se aproxima al texto desde contextos múltiples y variados, determinados por su estado anímico, su ubicación espacial y su momento histórico. El mensaje literario, por último, es de naturaleza estética, preparado deliberadamente para crear belleza y propiciar el disfrute del lector. La literatura se distancia conscientemente de la lengua común, buscando deliberadamente la originalidad y lo imprevisible, y se caracteriza por su intención de permanecer en el tiempo tal como fue creada, por lo que suele cuidar escrupulosamente la elaboración estructural de sus textos y la disposición de los materiales lingüísticos.

1.4. La Literatura como Vehículo de Conocimiento

La literatura posee un estatuto epistemológico que la sitúa al mismo nivel que otras disciplinas rigurosas de investigación y producción de conocimiento, tales como la física, la biología, la psicología o la pintura. Cada obra literaria aporta una visión específica del mundo, tanto en lo concerniente al universo interior del creador como en relación con la realidad externa referida. Esta capacidad de generar conocimiento artístico se manifiesta de manera particularmente evidente en el género novelesco, que relata acontecimientos como verdades que siempre se integran en un terreno en el cual convergen otras gnosiologías que permiten la explicación objetiva de la naturaleza y la experiencia humana.

Esta dimensión cognoscitiva de la literatura se evidencia cuando se examinan los movimientos literarios europeos del siglo XX en relación con los desarrollos científicos simultáneos. Así, resulta comprensible estudiar las vanguardias artísticas de principios del siglo XX como coetáneas de la física cuántica de Max Planck, o contemplar el surrealismo como fenómeno paralelo a las teorías psicoanalíticas de Sigmund Freud. Asimismo, autores como Marcel Proust y Serguéi Eisenstein pueden considerarse investigadores contemporáneos del tiempo en sus respectivas disciplinas artísticas. Esta contemporaneidad epistemológica demuestra que la literatura, lejos de ser un mero ejercicio de imaginación sin anclaje en la realidad, constituye un instrumento válido para la exploración y la comprensión de fenómenos complejos que caracterizan la experiencia humana.

1.5. La Literatura como Hecho Social

Una perspectiva sociológica importante sobre la literatura la concibe como reflejo de las maneras de vivir y comportarse de los grupos humanos que constituyen una sociedad determinada. Autores como György Lukács han enfatizado que la literatura funciona como espejo de la realidad social, capturando en su tejido narrativo las complejidades de la existencia colectiva. Desde este enfoque, la obra literaria no es simplemente un producto individual sino una manifestación de las tensiones, valores y contradicciones presentes en el contexto histórico-social de su producción. Esta perspectiva abre la posibilidad de analizar la literatura como documento sociológico, enriqueciendo considerablemente la experiencia educativa del alumnado.

Otros críticos literarios, por el contrario, enfatizan la dimensión activa de la literatura, considerando su influencia en el comportamiento y la conciencia de los seres humanos. Desde esta perspectiva, la literatura no actúa únicamente como espejo de la realidad sino como fuerza transformadora con capacidad de modificar la sensibilidad y el pensamiento de sus receptores. Autores como Jean-Paul Sartre abogaban por una literatura comprometida —la denominada littérature engagée— que asumiera explícitamente la responsabilidad de contribuir a la transformación social y política de la sociedad. Este enfoque concibe la literatura como instrumento al servicio de la lucha política y social, demostrando así su potencial como agente de cambio cultural e ideológico en comunidades específicas.

1.6. La Literatura como Placer Estético

En el fundamento más profundo de la experiencia literaria reside la categoría del placer estético, elemento que trasciende cualquier consideración meramente instrumental o pedagógica. Los libros son escritos por seres humanos para ser leídos por otros seres humanos, experiencia que genera múltiples reacciones emocionales: gozo, emoción, disgusto o aburrimiento. Cuando el aburrimiento traspasa ciertos umbrales de tolerancia, el lector abandona la lectura, interrumpiendo así el circuito comunicativo. En esta relación entre lectura y abandono reside la esencia de toda literatura: el placer que alguien obtiene leyendo lo que otro ha escrito. Esta verdad fundamental ha permanecido constante a lo largo de distintas épocas históricas, especialmente en la Antigüedad clásica y en aquellos períodos que recuperaban conscientemente la herencia cultural grecorromana.

Ejemplos históricos ilustran la importancia de esta dimensión hedonista de la literatura. Fedro, en el siglo I de nuestra era, escribía en la introducción de sus fábulas: «Dos ventajas ofrece este librito: que provoca la risa, y que al prudente le avisa». La célebre máxima de Horacio, Utili dulci, prodesse et delectare —producir placer y utilidad simultáneamente—, fue adoptada al pie de la letra por escritores de la Ilustración. Tomás de Iriarte concluía su fábula «El jardinero y su amo» con los versos: «La máxima es trillada mas repetirse debe: no escriba quien no sepa unir la utilidad con el deleite». Esta tradición secular demuestra que el reconocimiento de la literatura como vehículo de delectación estética representa una constante en el pensamiento literario occidental.

1.7. La Literatura como Juego

Una dimensión frecuentemente relegada al segundo plano en los análisis literarios es la función lúdica de la literatura, aspecto enfatizado por críticos como Agustín García Calvo, quien ha subrayado reiteradamente este carácter recreativo inherente al acto de crear y de recibir textos literarios. Al examinar minuciosamente textos pertenecientes tanto a la tradición oral como a la de grandes autores literarios, se percibe con claridad ese componente jovial y burlesco que a menudo tiñe la creación literaria. En muchas obras de corte satírico-burlesco o simplemente humorístico, así como en obras de maestros literarios como Francisco de Quevedo, Samaniego o Ramón Gómez de la Serna, se manifiesta esta función lúdica con particular evidencia.

Las greguería de Ramón Gómez de la Serna constituyen ejemplos paradigmáticos de esta dimensión ludista de la literatura. Una de sus más célebres afirmaciones, «El sapo se sabe tan feo que sólo sale de noche», ejemplifica perfectamente cómo el lenguaje literario puede emplearse para jugar con significados y generar efectos de sorpresa mediante la combinación inesperada de conceptos. Esta función lúdica no debe entenderse como una frivolidad, sino como una manifestación legítima de la capacidad humana para transformar el lenguaje en instrumento de imaginación creativa. Reconocer esta dimensión en la enseñanza literaria contribuye a estimular en el alumnado una actitud más desenfadada y placentera hacia la lectura y la creación de textos, contrarrestando la tendencia hacia una recepción excesivamente solemne o académica de la literatura.

II. Didáctica de la Literatura: Objetivos, Contenidos y Métodos

2.1. Objetivos Generales y Específicos

2.1.1. Objetivos Generales de la Educación Literaria

Vivimos inmersos en una sociedad fundamentalmente pragmática, caracterizada por la búsqueda del éxito inmediato y de resultados tangibles y cuantificables. En esta escala de valores predominantemente instrumental, la literatura posee un panorama poco prometedor desde la perspectiva del pensamiento utilitarista. Sin embargo, el papel esencial del docente de literatura consiste en presentar a los educandos otras dimensiones de la existencia humana, otras jerarquías de valores centradas en la belleza, el idealismo, la satisfacción derivada de la obra bien ejecutada y la solidaridad. Estas ideas, transmitidas mediante textos literarios significativos, pueden despertar en numerosos alumnos el gusto por la literatura y la sensibilidad estética. Asimismo, resulta imprescindible imprimir a la enseñanza de la Literatura un enfoque radicalmente distinto al que tradicionalmente predominaba, caracterizado por la memorización acrítica de fechas, autores y títulos.

Los objetivos generales que deben perseguirse en la Educación Secundaria Obligatoria y en el Bachillerato incluyen, en primera instancia, perfeccionar el conocimiento y uso del lenguaje, tomando como referencia los textos literarios en tanto que modelos paradigmáticos de expresión. El alumnado debe aumentar considerablemente su capacidad de observación, reflexión, análisis crítico y comunicación, desarrollando simultáneamente la habilidad de reconocer y caracterizar un texto mediante sus rasgos distintivos. Es fundamental que el estudiantado utilice creativamente su capacidad de improvisación, espontaneidad y creatividad, valorando el lenguaje literario como una fuente inagotable de riqueza lingüística. Debe cultivarse, además, el respeto por las opiniones expresadas a través de obras literarias representativas. Otro objetivo capital consiste en que el alumnado disfrute de la lectura y la escritura como formas de comunicación auténtica y como vehículos de enriquecimiento cultural y satisfacción personal.

Adicionalmente, los estudiantes deben desarrollar la competencia necesaria para analizar, comentar y producir textos literarios desde posiciones simultáneamente críticas y creativas, valorando las obras como ejemplificaciones del uso correcto de la lengua y como muestras representativas de la cultura de una comunidad determinada. Resulta asimismo esencial que reconozcan y analicen los elementos y características de los medios de comunicación, desarrollando actitudes críticas ante sus mensajes y comprendiendo la importancia de sus manifestaciones en la comunicación de masas contemporánea. Estos objetivos generales constituyen el marco dentro del cual se inscriben los objetivos específicos, orientados hacia la consecución de competencias concretas y medibles.

2.1.2. Objetivos Específicos por Niveles Educativos

La determinación precisa de los objetivos específicos debe fundamentarse en una concepción del proceso educativo que progrese desde la lectura de textos breves, preferentemente de origen popular y anónimo, hasta alcanzar textos de autor que destaquen por su calidad estética o que conecten con las preocupaciones e intereses auténticos del alumnado. El primer objetivo específico consiste en iniciarse en la escritura creadora para desarrollar la creatividad y la capacidad de manifestación del propio pensamiento mediante el lenguaje escrito. Es fundamental que los estudiantes asimilen completamente el esquema del comentario de textos, distinguiendo entre análisis poético, narrativo, dramático y ensayístico, aplicando posteriormente este esquema a textos concretos. El alumnado debe reconocer y aplicar correctamente los elementos constitutivos de cada género literario, desarrollando la capacidad de disertar críticamente acerca de los temas expuestos en el aula.

Otros objetivos específicos igualmente importantes incluyen la ampliación del conocimiento literario mediante consultas personales en bibliotecas y fuentes especializadas, el seguimiento activo de las explicaciones de clase mediante la toma de apuntes y la elaboración de esquemas, y la lectura sistemática de libros de literatura siguiendo inicialmente esquemas proporcionados por el docente, para posteriormente elaborar esquemas autónomos. Los estudiantes deben ser capaces de disertar sobre las lecturas efectuadas, razonando objetivamente sus opiniones y justificando sus interpretaciones mediante la teoría literaria estudiada. Un objetivo crucial adicional consiste en encuadrar el texto en las coordenadas del autor y ambos en su contexto histórico y sociocultural específico. Finalmente, el alumnado debe desarrollar la capacidad de enfocar fragmentos literarios hacia conexiones posibles con los contenidos de otras asignaturas, fomentando así la interdisciplinariedad como principio metodológico transversal.

2.2. Contenidos de la Enseñanza Literaria

El estudio de la Literatura constituye un elemento transversal que no debe ser abandonado en ninguno de los bloques temáticos propuestos en la división de contenidos del área de Lengua y Literatura. No obstante, existe un bloque temático específico en ambas etapas educativas —la Educación Secundaria Obligatoria y el Bachillerato— dedicado casi exclusivamente a la Literatura, cuyos contenidos están determinados por la legislación educativa vigente. En la Educación Secundaria Obligatoria, los contenidos específicos de Literatura se agrupan en el bloque temático número tres, conteniendo las siguientes subdivisiones: la literatura como producto lingüístico y estético; la literatura como instrumento de transmisión y creación cultural y como expresión histórico-social; los autores y obras relevantes de los períodos literarios; los géneros literarios y sus obras representativas. Los contenidos de Literatura en Bachillerato deben girar, según la normativa ministerial, en torno a diversos núcleos temáticos centrados en el texto literario como hecho cultural.

En el nivel de Bachillerato, los contenidos se organizan de manera más sofisticada en torno a núcleos temáticos específicos que incluyen la caracterización del discurso literario como fenómeno comunicativo y estético, como cauce de comunicación y transmisión cultural. Se requiere, asimismo, una reflexión profunda sobre las condiciones sociales de producción y recepción de los textos literarios. Los estudiantes deben adquirir información sistemática sobre saberes, instrumentos y técnicas para la selección, lectura e interpretación de textos literarios, familiarizándose con fuentes de información bibliográfica, historias de la literatura y metodologías de análisis textual. Los contenidos incluyen, además, las formas literarias clásicas —narración, poema, teatro, ensayo— junto a los subgéneros más importantes y los componentes esenciales de cada uno. La narración abarca manifestaciones destacadas de la literatura narrativa, la novela en la época contemporánea —incluyendo la novela realista y su evolución en las primeras décadas del siglo XX—, así como la narrativa hispanoamericana de la segunda mitad del siglo XX. Las técnicas narrativas constituyen un contenido central, incluyendo elementos como la acción, la historia frente al discurso, la estructura narrativa, el punto de vista, el espacio, el tiempo de la acción, de la escritura y de la lectura, la caracterización de personajes, la lengua y el estilo.

2.3. Métodos de Enseñanza Literaria

2.3.1. Claves Procedimentales Básicas

El campo de la metodología didáctica de la literatura se encuentra inmerso en una discusión extraordinariamente fecunda que, aunque todavía en pleno desarrollo, ha generado resultados de significativa importancia para la pedagogía literaria. Las claves procedimentales y estratégicas para la enseñanza efectiva de la literatura parecen estar suficientemente claras en los estudios más recientes del campo. La primera clave consiste en una atención rigurosa a la lectura con una triple intencionalidad: formativa, informativa y recreativa. La segunda clave radica en la interpretación sistemática de textos literarios pertenecientes a todas las épocas históricas y géneros literarios disponibles. Esta interpretación debe atender simultáneamente al contenido informativo de cada texto, a su forma expresiva y a los contextos específicos en los que se produce.

Otras claves procedimentales fundamentales incluyen la identificación minuciosa de las técnicas y estructuras presentes en los textos de cada género literario, seguida del estudio y valoración crítica del lenguaje literario en su especificidad. El reconocimiento de las relaciones existentes entre los textos literarios y el entorno histórico, social y cultural de su producción constituye otra clave esencial. Es imprescindible, asimismo, que el alumnado sea capaz de formular un juicio crítico argumentado sobre los textos literarios analizados, sustentando sus valoraciones en evidencia textual y en marcos teóricos apropiados. Finalmente, la producción creativa de textos literarios pertenecientes a los distintos géneros debe considerarse como objetivo fundamental, entendiendo que la verdadera comprensión de la literatura se alcanza cuando el estudiante logra ser, a su vez, creador de textos literarios.

2.3.2. Propuesta A: Procedimientos por Géneros Literarios

Una de las propuestas metodológicas más influyentes corresponde al estudio desarrollado por Luis Álvarez Aranguren en 1992, que abarca toda la etapa de Educación Secundaria y se estructura en torno a la división de los contenidos conceptuales en tres bloques fundamentales: poesía, novela y teatro. Para el bloque de poesía, Álvarez Aranguren propone una división tripartita de procedimientos. El primero incluye historia de la literatura con lectura y crítica de textos representativos: Mio Cid, Berceo, el Romancero, Garcilaso, Lope de Vega, Góngora, Bécquer, Rubén Darío, entre otros. La segunda parte comprende teoría literaria aplicada mediante la elaboración de diferentes comentarios sobre textos de esos autores, la búsqueda sistemática de figuras literarias y la aplicación práctica a versos y estrofas, incorporando licencias poéticas. La tercera dimensión incluye técnicas de expresión: uso correcto en escritos de signos de puntuación y acentos, técnica para tomar apuntes y práctica de debates y exposiciones orales.

Esta misma división tripartita se aplica al estudio de la novela. La historia de la literatura abarca obras fundamentales como Don Juan Manuel, El Lazarillo, Cervantes, Clarín, Benito Pérez Galdós, Pío Baroja, Camilo José Cela, Carmen Laforet, Miguel Delibes y otros autores canónicos. La teoría literaria se concretiza mediante la realización de comentarios textuales sobre los autores anteriores, la aplicación del género épico a sus escritos y el análisis detallado de elementos propios de la narrativa, incluyendo la aplicación de técnicas narrativas y recursos estilísticos específicos. Las técnicas de expresión se centran en el uso correcto de tiempos verbales, en la distinción entre leísmo, loísmo y laísmo, y en la aplicación rigurosa de reglas ortográficas. Para el apartado de teatro, los procedimientos comprenden historia de la literatura con lectura y crítica textual de obras de dramaturgos como Lope de Vega, Tirso de Molina, Calderón de la Barca, José Zorrilla, Jacinto Benavente, Carlos Arniches, Federico García Lorca y Buero Vallejo. La teoría literaria incluye comentarios de textos teatrales aplicando la teoría a obras concretas, conocimiento de términos técnicos como escena, cuadro, acto, jornada, auto, monólogo, soliloquio, diálogo y mutis. Las técnicas de expresión enfatizan el uso correcto de entonación y pausas, lecturas dialogadas, y composición de pequeñas obras dramáticas.

2.3.3. Propuesta B: Procedimientos Exhaustivos

Una propuesta significativamente más exhaustiva y metodológicamente sofisticada proviene de Carmen Barrientos Ruiz-Ruano, quien estructura su enfoque para la Educación Secundaria Obligatoria distinguiendo explícitamente entre el primer y segundo ciclo. La propuesta de Barrientos distribuye los contenidos en seis bloques fundamentales: género narrativo, género poético en verso, género poético en prosa, género dramático, ensayo y otros géneros. El valor singular de esta propuesta radica en que proporciona una serie detallada de procedimientos aplicables a cada uno de estos bloques genéricos. Los procedimientos incluyen, en primer lugar, la lectura e interpretación de textos literarios pertenecientes a cada género, con la intención explícita de comprender el funcionamiento de sus elementos constitutivos. Esta fase inicial comprende varias subdivisiones: análisis del contenido informativo, estudio de la forma expresiva del contenido, y contextualización de la obra literaria. La propuesta incluye también la comparación sistemática de textos y la proposición de obras literarias para lectura e interpretación adecuadas al nivel educativo.

Para el género narrativo específicamente, Barrientos propone una ejemplificación detallada que incluye análisis del contenido informativo —argumento, idea principal o tema, ideas secundarias—, contenidos nocionales y circunstanciales, y contenido ideológico cuando corresponda. La forma expresiva del contenido abarca la forma de expresar los elementos configurativos de la acción narrativa, línea argumental, personajes, lugar y ambientación histórica. La estructura del género narrativo se estudia mediante análisis de las partes del texto, orden de los acontecimientos y tipos de secuencias. Las técnicas narrativas constituyen un componente crucial: tipo de narrador, punto de vista, actitud del narrador, y tiempo de la ficción. Las características morfosintácticas incluyen clases de palabras utilizadas, tipos de oraciones, registros empleados por personajes y giros idiomáticos. Las características del vocabulario atienden a rasgos semánticos, significados contextuales y lenguajes específicos. Finalmente, se consideran los usos sociales del lenguaje presentes en el texto y los procedimientos retóricos y estilísticos operativos en la palabra, en la frase, en el nivel semántico y de pensamiento.

2.4. El Comentario de Textos Literarios

2.4.1. Concepto y Finalidad del Comentario

No es posible avanzar en la exposición didáctica de la literatura sin aludir a lo que constituye, posiblemente, la estrategia metodológica más efectiva para entender y valorar los textos literarios: el comentario de textos. Este procedimiento debe concebirse como una actividad que reconoce que el texto literario constituye una fuente de información que se activa únicamente cuando entra en contacto vital con el receptor. El significado del texto no reside únicamente en la página impresa sino que se genera en la interacción entre el texto y la competencia del lector. El texto literario nos pertenece de una cierta manera a todos nosotros en la medida en que lo recreamos con nuestra lectura y nuestra comprensión específica. Un texto leído en un momento determinado por un alumno específico puede suscitar sensaciones y valoraciones novedosas que difieren sustancialmente de las que el mismo lector habría experimentado en momentos anteriores. Cada texto, por tanto, exige un receptor vitalmente activo, capaz, mediante la comprensión profunda, de crear un texto nuevo, diferente del original pero articulado sobre su estructura fundamental.

La finalidad última del comentario de textos radica en generar una respuesta crítica del lector. Carmen Gil y Luis Moliner sintetizan este proceso complejo en un esquema que integra cinco operaciones mentales fundamentales: interpretar, reflexionar, valorar, relacionar y generar. La operación de interpretar supone acercar al texto las posibilidades de comprensión antes de someterlo a un análisis riguroso. Reflexionar implica analizar minuciosamente, sometiendo las unidades del lenguaje a estudio sistemático. Valorar significa hallar tanto su importancia intrínseca —en términos de composición, originalidad, información y expresividad— como su importancia extrínseca en relación con un contexto más amplio. Relacionar implica descubrir afinidades y diferencias con otros textos, hallar analogías en diferentes corrientes literarias y establecer conexiones. Este proceso de comprensión cristaliza cuando el alumno emite una respuesta crítica propia, lo que constituye evidencia de su participación activa y consciente en el proceso de comunicación literaria.

2.4.2. Modelo I: Correa Calderón y Lázaro Carreter

La bibliografía sobre el comentario de textos es extraordinariamente abundante, presentando una variedad considerable de modelos metodológicos. Esta variedad se encuentra plenamente justificada, ya que es cierto que cada texto exige su propio comentario específico. No obstante, como iniciación al comentario de textos, resulta pertinente presentar dos modelos ampliamente conocidos y de demostrada eficacia. El primer modelo proviene de Evaristo Correa Calderón y Fernando Lázaro Carreter, quienes en su influyente obra Cómo se comenta un texto literario presentan el comentario como una explicación ordenada del texto, estructurada en seis fases secuenciales. La primera fase corresponde a una lectura atenta del texto, fundamental para captar sus significados básicos. La segunda fase, la localización, requiere precisar qué lugar ocupa ese texto dentro de la obra a la que pertenece, situándolo en el contexto de la producción del autor. La tercera fase implica la determinación del tema, que debe ser clara, breve y exacta, capturando la idea central del texto.

Las tres fases restantes del modelo de Correa Calderón y Lázaro Carreter incluyen, cuarto, la determinación de la estructura, analizando la composición del texto y sus apartados constitutivos. Quinto, el análisis de la forma, que procede partiendo del tema identificado previamente, reconociendo que los rasgos formales de un texto constituyen la manifestación concreta del tema. Los elementos estilísticos, las figuras retóricas, la estructura sintáctica y otros procedimientos formales se estudian en su relación orgánica con la temática del texto. Finalmente, la conclusión implica realizar un balance de todas las informaciones recabadas e integrar una impresión personal argumentada, síntesis que permite al analista comunicar su comprensión global del texto. Este modelo, aunque estructuralmente de factura clásica, ha tenido una difusión extraordinaria entre estudiantes de literatura, precisamente porque ofrece una estructura ordenada y sistemática de aproximación al texto que puede aplicarse con flexibilidad a materiales diversos.

2.4.3. Modelo II: Gonzalo Sobejano

Todas las propuestas de comentario que se encuentran en los cuatro tomos de El comentario de textos, publicados por Editorial Castalia, merecen consideración especial, y muchas de ellas podrían adoptar como modelo metodológico. De estos tomos, y por su claridad sistemática, merece particular atención la propuesta de Gonzalo Sobejano, que posteriormente aplicó al comentario de un fragmento de La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín». Sobejano concibe que tres fases fundamentales integran el estudio riguroso de un texto literario. La primera fase, denominada de información sobre el texto, constituye una actividad receptiva que abarca tres operaciones específicas: fijar la autenticidad del texto y su procedencia, obtener una comprensión completa y matizada de lo que el texto dice, y determinar su participación en la totalidad de la obra a la que pertenece.

La segunda fase corresponde a la interpretación del texto, que comprende una operación coordinadora única pero que integra simultáneamente cuatro aspectos fundamentales: captar la actitud y el tema contenidos en el texto, analizar la estructura profunda y la arquitectura del texto, investigar el lenguaje específico y los procedimientos expresivos utilizados. Esta fase de interpretación exige del analista una integración de múltiples operaciones analíticas en un proceso unitario de comprensión. Finalmente, la tercera fase corresponde a la valoración del texto, que incluye tres momentos articulados: descubrir la esencia simbólica del texto y sus significados últimos, reconocer su sentido histórico-social específico, y apreciar el valor poético del texto como realización artística de un creador que trabaja dentro de los límites y posibilidades de un género literario concreto. Este modelo de Sobejano, más sofisticado que el de Correa Calderón, permite una comprensión más profunda de los mecanismos mediante los cuales el texto literario genera significado y valor estético.

III. La Educación Literaria

3.1. Valores Inherentes a la Educación Literaria

La lectura, interpretación y valoración rigurosa de obras literarias supone la contribución de una serie significativa de valores que el alumno debe necesariamente apreciar y comprender en profundidad. El primer valor corresponde al enriquecimiento de la competencia lingüística. La exposición sistemática a textos literarios de calidad amplía considerablemente el caudal de vocabulario, giros sintácticos, frases idiomáticas y estructuras gramaticales de los que el estudiante dispone, recursos que luego aplicará en futuras necesidades expresivas propias. Un segundo valor fundamental radica en el afianzamiento de la personalidad y el desarrollo de las facultades críticas del estudiante. Cuando el alumno comprende que debe adoptar un talante crítico y emitir juicios de valor bien argumentados sobre textos literarios, desarrolla simultáneamente su capacidad de evaluación crítica en otros contextos. Un tercer valor incluye el acceso a la cultura del pueblo en el que fue concebida la obra literaria, logrando de este modo un enraizamiento más profundo en la colectividad en la que la literatura se ha originado.

Otros valores igualmente importantes constituyen la educación literaria. La literatura constituye una excelente plataforma para el aprendizaje de otros saberes, desempeñando un papel interdisciplinar de primera magnitud. La interdisciplinariedad de la literatura permite establecer conexiones significativas con la Historia, la Geografía, la Filosofía y las ciencias naturales. Un quinto valor reside en la comprensión de la relación íntima entre literatura y vida. La literatura no es una creación aislada sino que refleja ambientes, costumbres, modos de ser característicos de épocas y comunidades. También refleja un paisaje espiritual, un conjunto de creencias, valores y, sobre todo, una personalidad creadora individual. La educación literaria facilita la apreciación de valores estéticos y la creación de una sensibilidad hacia las cosas bien hechas, hacia la belleza en sus múltiples manifestaciones. Finalmente, un valor de considerable importancia es la creación de una conciencia social, una preocupación genuina por los problemas humanos y una comprensión empática de las diversas realidades humanas representadas en las obras literarias.

3.2. Los Caminos para Llegar a la Literatura

El objetivo básico de la educación literaria se reduce, conforme se apuntaba anteriormente, a que el alumno lea con profundidad y sea capaz de comprender, disfrutar y juzgar una obra literaria. Para lograr este objetivo complejo, resulta imprescindible acertar en múltiples aspectos: en la elección de textos adecuados a la edad y madurez cognitiva del alumno, en las estrategias de presentación más efectivas, en el aprovechamiento de otras vías y medios conocidos por el alumno para conectarlo con la literatura, etc. Es evidente que es posible plantear diversas estrategias para despertar el interés del estudiante por la literatura. Una consideración importante es que España es un país en el que se lee comparativamente poco, y frecuentemente el libro es sustituido por otros medios audiovisuales como la televisión. Por consiguiente, resulta fundamental utilizar todos los recursos metodológicos disponibles para aprovechar su potencial incitador en el acercamiento a la literatura. Algunos instrumentos específicos de la educación literaria incluyen, en primer lugar, la literatura infantil, tanto oral como escrita, especialmente la poesía popular. Gloria Fuertes es una de las autoras más destacadas que ha compuesto poesía de esta naturaleza, con varios volúmenes de reconocida calidad.

Otros instrumentos metodológicos valiosos incluyen el cuento realista y maravilloso, que puede encontrarse seleccionado adecuadamente en la Antología de la literatura infantil española de Carmen Bravo Villasante. Las piezas teatrales breves, que pueden ser leídas y representadas en el aula —pasos, entremeses y otros géneros breves— constituyen recursos particularmente efectivos. El teatro en el aula debe ser una actividad permanente adaptada en cada momento a las capacidades y posibilidades expresivas del alumnado específico. La selección de cada obra debe atender a criterios cuidadosos de extensión, temática, personajes y otros factores dependientes del ciclo educativo. El proceso de leer, memorizar e interpretar actúa como una vía original y lúdica de aumentar la capacidad expresiva del alumno y aproximarlo a la literatura de manera orgánica. La asistencia a representaciones teatrales constituye otro camino efectivo; los profesores no deben desaprovechar las ocasiones de acercar a los alumnos a representaciones teatrales de calidad apropiada a su edad. Las buenas obras dramáticas generalmente generan respuesta positiva en los espectadores.

Las visitas literarias constituyen otro instrumento de considerable valor pedagógico. En la mayoría de ciudades españolas, y de manera especialmente notable en ciudades como Madrid, existen diversos itinerarios relacionados con la vida y obra de grandes autores de la literatura nacional. Es muy probable que estas visitas, adecuadamente preparadas o realizadas con guías especializadas, despierten entre los alumnos un interés que posteriormente los conducirá a la lectura de obras literarias de esos autores. La audicción de textos literarios mediante discos, cintas grabadas y otros soportes audiovisuales proporciona a los alumnos un conocimiento inicial de textos populares o de autores concretos. Por escaso valor artístico que puedan tener algunas de estas versiones, suelen incitar a un conocimiento más profundo de la obra literaria. La elaboración de recitales de poesía, al igual que el teatro en el aula, supone un esfuerzo intelectual y artístico considerable que pone ante los alumnos textos literarios en toda su belleza cuando son recitados en voz alta con adecuada entonación. Finalmente, la producción de textos literarios actúa como medio excelente para que los alumnos accedan a una comprensión más profunda de la literatura. Una actividad particularmente efectiva consiste en la realización de un periódico escolar, un medio de comunicación creado en la escuela por los propios alumnos bajo la orientación del docente. Tanto si adopta la forma de periódico mural como de publicación impresa, puede incluir secciones de creación literaria y crítica literaria, estimulando así el desarrollo de un espíritu crítico y objetivo en el alumnado.

3.3. La Literatura y los Medios de Comunicación de Masas

Una realidad que ningún profesor responsable puede perder de vista es que la televisión, el vídeo, la música y otros medios audiovisuales llenan una proporción muy significativa de la vida de los adolescentes. Investigaciones sociológicas demuestran que muchos niños y jóvenes permanecen tantas horas frente al televisor como en las aulas de la escuela. Si esa es la realidad ineludible, entonces el docente debe aprovecharla para extraer de ella toda su virtualidad pedagógica potencial. Dentro de las clases de literatura debe implementarse el uso de la prensa, la radio, el cine y otros medios de comunicación de masas para fomentar genuinamente el gusto por la lectura, las creaciones estéticas y la expresión de las vivencias personales. El cine, considerado como un medio específico, constituye un vehículo mediante el cual el valor de una obra literaria se advierte frecuentemente de manera nueva cuando se contempla alguna película basada en un guión que procede de dicha obra literaria. Con frecuencia surge la comparación de cómo se percibe la novela como lector y cómo se percibe cuando está puesta en imágenes cinematográficas.

Cuando la adaptación cinematográfica posee calidad considerable, se puede realizar un estudio comparativo fructífero entre la obra literaria y su versión fílmica. Aunque pocas veces la adaptación cinematográfica supera completamente la experiencia lectora, el ejercicio resulta útil porque el alumno percibe el valor superior de la literatura. El director y crítico Pere Gimferrer, en su estudio sobre este tema, opina que el cine no debe mimetizar simplemente los recursos literarios sino alcanzar un resultado análogo, mediante recursos fílmicos propios, al obtenido por la literatura. Gimferrer cita muchas películas magníficas, como Lo que el viento se llevó o Con él llegó el escándalo, cuyo original literario deja mucho que desear desde el punto de vista del gusto artístico. La prensa escrita constituye otro medio a explorar didácticamente. El uso de la prensa en el aula no debe reducirse únicamente al ámbito de la producción de periódicos escolares, sino que debe servir para que el alumno, mediante la lectura y comentario de diarios y revistas, pueda estar pendiente de la actualidad y mantener contacto con temas relacionados con la lengua y la literatura.

Constituye un ejercicio pedagógico valioso que el profesor comente ocasionalmente las novedades literarias o los estrenos teatrales interesantes a través de la prensa especializada. Asimismo, resulta sumamente útil comentar en clase artículos de prensa redactados por grandes autores literarios como Francisco Umbral o Juan José Millás, autores que demuestran en sus columnas de prensa una calidad de escritura excepcional. La radio constituye un medio mediante el cual se ejercita principalmente el lenguaje oral, al tiempo que se desarrolla la imaginación individual del oyente. Una de las actividades que se pueden llevar a cabo consiste en la audicción en directo o grabada de un programa radiofónico sobre temas literarios. Un aprovechamiento más directo consiste en simular en el aula un estudio de radio y elaborar un guión radiofónico sobre un autor literario específico, actividad que mejora simultáneamente el conocimiento del autor, la dicción y expresión oral del alumnado, y el conocimiento del lenguaje específico de la radio.

La televisión representa un medio más complejo desde el punto de vista didáctico. El profesor Fernando Lázaro Carreter expresa cierto pesimismo respecto a la posibilidad de compatibilizar la lectura con la dependencia televisiva: «Aunque la compatibilidad entre electrocomunicación y lectura sea declarada y hasta sostenida por los especialistas, basta con ver el bosque de antenas que crece en los tejados de cualquier ciudad y hasta cualquier aldea, para interpretarlo como una rendición». Es cierto que los adolescentes muestran propensión considerable a la dependencia de la televisión, lo que genera en ellos una pasividad que menoscaba todo esfuerzo intelectual superior y que no sólo les resta tiempo dedicado a la lectura sino que los predispone negativamente para el esfuerzo que requiere leer. No obstante, no debe subestimarse completamente el potencial de la televisión como medio auxiliar importante. En este campo alcanza un papel cada vez más relevante el vídeo como instrumento para analizar obras o fragmentos literarios y para estimular el poder creativo del alumnado. El cómic, relacionado tanto con la literatura infantil como con el inicio de la lectura, constituye una manifestación de la literatura de la imagen. La ilustración, en un principio, y posteriormente el cómic, crean un mundo que, o bien potencia el valor de la palabra impresa o bien, por degradación, la sustituye. El cómic resulta útil cuando ayuda a la comprensión de obras literarias; muchas novelas de aventuras han encontrado su expresión más accesible a través del cómic. Finalmente, la publicidad presenta conexiones evidentes con la literatura. El lenguaje publicitario es extraordinariamente rico en la utilización de figuras retóricas que expanden su ámbito fuera de la literatura: metáforas, hipérboles, interrogaciones retóricas, comparaciones y aliteraciones. Por otro lado, los mensajes publicitarios poseen un rasgo consustancial a la literatura: la connotación, el conjunto de significados asociados a una palabra. El análisis de anuncios publicitarios en clase puede contribuir a resaltar estas conexiones y a fomentar en los alumnos un espíritu crítico respecto a la publicidad, así como a reflexionar con sensatez sobre el lenguaje.


Bibliografía

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  • Espinosa González, Ángel y Vidanes Díez, Juan. La ordenación básica de la educación secundaria obligatoria. Madrid, Escuela Española, 1991. Obra normativa que establece los contenidos mínimos y estructura curricular de la enseñanza literaria en la educación obligatoria española.
  • García Hoz, Víctor (editor). Enseñanza de la Lengua y la Literatura en la Educación Secundaria. Madrid, Rialp, 1992. Compilación de contribuciones especializadas sobre didáctica literaria que proporciona múltiples perspectivas y enfoques metodológicos contemporáneos.
  • Gutiérrez, José y Hertfelder, Christoph. Cómo estudiar literatura. Guía para estudiantes. Barcelona, Vicens-Vives, 1989. Guía práctica orientada al alumnado que proporciona procedimientos concretos y herramientas de análisis para el estudio autónomo de textos literarios.

Autor

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    Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Lengua y Literatura actualmente JUBILADO.
    Mí último destino fue la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevaba más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho fui asesor en varios centros del profesorado y me dediqué, entre otras cosas, a la formación de docentes; trabajé durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante estuve en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.

    Ahora, desde este retiro, soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo materiales útiles para el área de Lengua castellana y Literatura. ¡Disfrútala!

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