Expresión de la duda, la hipótesis y el contraste. 2026

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By Víctor Villoria

Expresión de la duda, la hipótesis y el contraste en la lengua castellana

La comprensión de los mecanismos expresivos para la manifestación de la duda, la hipótesis y el contraste constituye uno de los aspectos fundamentales del análisis lingüístico en el ámbito de la lengua española. Estos fenómenos, adscritos al nivel de la modalidad oracional y a los procesos de subordinación adverbial, revelan la capacidad del sistema lingüístico para matizar y relativizar los contenidos proposicionales en función de la intención comunicativa del hablante. El presente estudio examina las diversas manifestaciones de estas categorías desde una perspectiva que integra el análisis morfológico, semántico y sintáctico, proporcionando una visión comprehensiva de las estructuras que permiten expresar grados de certeza, condiciones hipotéticas y relaciones contrastivas.

I. Expresión de la duda

1.1. Construcciones de duda

La duda constituye, según la definición proporcionada por la Real Academia Española, la suspensión o indeterminación del ánimo entre dos juicios o decisiones respecto a un hecho o noticia determinada. En el plano de la expresión lingüística, esta modalidad epistemológica se vehicula a través de estructuras que se sitúan en posición intermedia entre los enunciados rigurosamente afirmativos y los netamente negativos, permitiendo al hablante matizar su grado de certidumbre sobre lo expresado. Así, la estructura «Quizá mañana vayamos al campo» refleja una suspensión deliberada del juicio acerca de la realización del evento futuro. Las formaciones de duda mantienen una relación estrecha con dos de las modalidades fundamentales de las funciones del lenguaje formuladas por Bühler: la modalidad expresiva, manifestada mediante estructuras dubitativas y de probabilidad, y la modalidad apelativa, representada por formaciones interrogativas.

Los recursos gramaticales para la expresión de la duda se distribuyen entre diferentes niveles del sistema morfosintáctico. El modo subjuntivo constituye el indicador modal más paradigmático para expresar duda absoluta, como se observa en ejemplos tales como «Tal vez hayan salido las notas», donde la forma del subjuntivo perfecto subraya la irrealidad e incertidumbre del enunciado. Sin embargo, en contextos donde la duda se manifiesta con menor intensidad, resulta posible el empleo del indicativo, como en «Tal vez han salido las notas», estructura que mantiene una relación menos marcada con la expresión de la incertidumbre. Los adverbios conceptuales o nocionales de duda constituyen elementos morfológicamente invariables que poseen significado pleno y funcionan como indicadores de modalidad oracional. Entre estos figuran quizá(s), acaso, probablemente, posiblemente, así como las locuciones tal vez, a lo mejor y sin duda.

Desde una perspectiva estructural, ciertos adverbios dubitativos pueden asumir un estatus de autonomía completa en el discurso, constituyendo respuestas lingüísticas suficientes: ante la pregunta «¿Ha venido Jovita?», la respuesta «Probablemente» representa un enunciado completo. Esta capacidad de autonomía ha generado discrepancias entre gramáticos respecto al análisis sintáctico de estas formaciones; varios autores proponen que estos adverbios se sitúan fuera de la estructura oracional, modificando la oración en su totalidad. Del mismo modo, existen adjetivos de incertidumbre que funcionan habitualmente como predicados en esquemas copulativos cuyo núcleo es una proposición subordinada sustantiva, tales como dudoso, improbable, inverosímil, problemático, opinable y cuestionable, como se ejemplifica en la estructura «Es discutible que les concedan la subvención».

La expresión de la duda se extiende igualmente a determinadas proposiciones subordinadas sustantivas que funcionan como complemento directo de verbos que denotan temor, posibilidad y duda. Estas formaciones pueden presentarse con verbo en forma personal precedido de la conjunción completiva que, como en «Temo que no vengan», o bien en forma de infinitivo sin nexo explícito, como en «Temo crear problemas». En ciertos contextos, la conjunción que es sustituida por un no de carácter dubitativo semánticamente próximo a los adverbios acaso, quizá o tal vez, como en la estructura «Temía no respondiesen a mis requerimientos». Finalmente, la expresión de la duda se manifiesta en cierto tipo de proposiciones subordinadas de relativo con antecedente indeterminado, donde el modo verbal varía en función de la determinación del antecedente: cuando el antecedente es conocido, prevalece el indicativo («Haré lo que me dices»), mientras que si es desconocido o dudoso, se impone obligatoriamente el subjuntivo («Haré lo que me diga»), modo propio de la irrealidad.

1.2. Estructuras de posibilidad y probabilidad

Las formaciones de posibilidad y probabilidad se hallan en íntima proximidad semántica con las estructuras de duda, lo que ha llevado a ciertos investigadores a analizarlas conjuntamente dentro del dominio de la modalidad expresiva. Estos esquemas se caracterizan por la expresión de la verosimilitud o plausibilidad de lo enunciado, es decir, por la presentación de un contenido proposicional como posible de percibirse como cierto sin la afirmación rotunda de su realización. Desde el punto de vista morfosintáctico, los matices de probabilidad se expresan habitualmente mediante el empleo de tiempos verbales específicos que permiten graduar el grado de incertidumbre. El futuro simple de indicativo expresa probabilidad en el presente, como en «Ahora estaremos a cuarenta grados», mientras que el futuro perfecto alude a probabilidad respecto al tiempo antepresente, manifestado en «Ya habrá acabado la obra». Para la expresión de probabilidad en referencia a hechos pasados o futuros, se recurre al condicional simple, estructurado de modo que el contexto determine si la referencia temporal es pretérita o futura.

Los matices de probabilidad pueden estar igualmente codificados mediante elementos adverbiales o formaciones verbales específicas. Ejemplos como «Probablemente estemos a cuarenta grados» o «Es probable que no vengan todos» demuestran la multiplicidad de recursos disponibles para expresar este valor modal. Determinados verbos de naturaleza modal, particularmente poder, deber y la locución deber de, presentan características especiales cuando se emplean en subjuntivo o condicional. Estas formas son intercambiables entre sí y expresan tanto un valor de probabilidad y posibilidad como un sentido próximo al de duda, como se evidencia en esquemas tales como «Debería ir más a clase» o «Debiera ir más a clase». La estructura «Deben de ser las diez», por su parte, ejemplifica cómo el verbo modal puede codificar de manera simultánea probabilidad e incertidumbre respecto a la exactitud de la información proporcionada.

Un aspecto crucial en el análisis de estas formaciones radica en la capacidad del contexto para distinguir entre referencias pretéritas o futuras en aquellos casos donde se emplean tiempos verbales idénticos. Así, la expresión de probabilidad en el pasado puede realizarse a través del condicional perfecto («Te habría molestado que no te hubiesen avisado») o del pluscuamperfecto de subjuntivo («Te hubiera molestado que no te hubiesen avisado»), ambas formas disponibles para la codificación de eventos cuya realización se sitúa en la temporalidad pretérita. La flexibilidad del sistema de expresión de la probabilidad en español permite al hablante matizar con precisión los grados de incertidumbre respecto a distintos momentos temporales, configurando así un sistema expresivo altamente sofisticado.

1.3. Formaciones interrogativas

Las estructuras interrogativas constituyen un mecanismo fundamental de resolución de la duda en el contexto comunicativo, perteneciendo al dominio de la modalidad apelativa del lenguaje. Estos esquemas permiten al hablante dirigir preguntas a un interlocutor, quien puede o no responder verbalmente, generando así procesos interactivos de búsqueda de información o de confirmación de hipótesis. Formalmente, la interrogación se marca mediante dos recursos prosódicos y sintácticos esenciales: la entonación ascendente, que proyecta la expectativa de respuesta completiva del enunciado, y la presencia de pronombres interrogativos que hacen innecesario el recurso a la entonación como única marca distintiva. Desde el punto de vista lógico y funcional, las formaciones interrogativas se clasifican en dos categorías fundamentales según el alcance de la pregunta formulada.

Las interrogativas totales o de sí/no («¿Llaman por teléfono?») someten a cuestionamiento el valor de verdad global de la proposición, presentando diversos patrones sintácticos caracterizados por una considerable libertad posicional. En estas estructuras, el verbo conjugado suele ocupar la posición inicial («¿Llegó Jovita?»), aunque tal distribución no constituye una norma absoluta. Los elementos enfáticos de carácter afectivo o irónico tales como no, con que o de modo que pueden añadirse a estas formaciones, generando matices semánticos adicionales («¿No has dicho eso? ¿Con que no has dicho eso?»), que establecen una contradicción entre la creencia o expectativa del hablante y lo que constituye la realidad, frecuentemente con un valor concomitante de sorpresa o incredulidad. Los esquemas interrogativos denominados reflejos, introducidos por la fórmula «Es que», ejemplifican un patrón de uso muy frecuente que surge del ámbito enunciativo de la lengua («Es que ¿no has hecho eso todavía?»). La curva entonativa en las interrogativas totales asciende tipológicamente desde la primera sílaba del enunciado.

Las interrogativas parciales o de pronombre interrogativo («¿Quién llama por teléfono?») interrogan una porción específica del contenido proposicional mediante el empleo de pronombres y adverbios interrogativos tales como qué, quién, cuál, cuándo, dónde, cuánto y cómo. Estos elementos funcionan como marcas de apelación dotadas de una intención básicamente informativa, aunque en ocasiones pueden sugerir una respuesta negativa en virtud de un sentido de negación implícito, como en el ejemplo «De mis años anteriores, ¿qué me queda?» Desde el punto de vista gramatical, las interrogativas admiten una clasificación dual: las directas reproducen textualmente el contenido enunciativo original («¿Fuiste a la playa?»), mientras que las indirectas incorporan la estructura interrogativa como proposición subordinada sustantiva («Le pregunté si venía de la playa»). Las interrogativas indirectas se subdividen a su vez en interrogativas absolutas, introducidas por el nexo si, e interrogativas parciales, encabezadas por pronombres interrogativos («Le pregunté quién había llamado»).

Ciertos contextos discursivos permiten que estructuras dubitativas, de posibilidad y probabilidad se presenten bajo la forma interrogativa, logrando así un refuerzo del valor de duda o posibilidad expresado. Ejemplos como «¿Qué habrá pasado?» o «¿Dejarían todo en la casa?» constituyen manifestaciones de este recurso estilístico-funcional. La presencia de elementos como no, si o verdad que complementa estas formaciones, como en la estructura «¿No dejarían todo en la casa?» En contextos de registro coloquial, proliferan las denominadas interrogaciones fáticas, que, al igual que las interrogativas retóricas, no persiguen obtener una respuesta informativa, sino simplemente mantener el canal de comunicación abierto entre hablante e interlocutor. Ejemplos de estas son «¿Vale?», «¿no?» o «¿eh?». En relación con los actos perlocutivos y la teoría de los actos de habla, resulta relevante el estudio de las formaciones interrogativas de mandato, en las cuales se busca que el oyente ejecute una acción determinada («¿Te puedes estar quieto?»).

II. Expresión de la hipótesis

La expresión de la hipótesis en la lengua española constituye un dominio de considerable complejidad analítica, en el cual los estudios contemporáneos han subrayado la distinción fundamental entre la hipótesis propiamente dicha y la condición en sentido estricto. Emilia Montolío ha argumentado convincentemente que no existe una correspondencia absoluta entre la expresión lingüística de la hipótesis y la de la condición, a pesar de que en muchos tratados gramaticales tradicionales se ha tendido a unificar ambas categorías bajo un único rótulo analítico. Tal distinción semántica reviste particular importancia para la comprensión de las sutilezas expresivas del español, permitiendo diferenciar entre esquemas que expresan hechos cuya probabilidad de cumplimiento es elevada y aquellas que enuncian relaciones de naturaleza puramente contrafáctica.

2.1. Formaciones condicionales: reales, potenciales e irreales

La clasificación tripartita de las estructuras condicionales en reales, potenciales e irreales constituye una herencia de las gramáticas latinas que ha perdido con el tiempo parte de su rigidez categórica, aunque sigue siendo de utilidad analítica fundamental. El criterio primario para esta clasificación reside en el modo verbal que aparece en la prótasis o proposición subordinada condicionante. Cuando la prótasis presenta un verbo en modo indicativo, los enunciados resultantes poseen un carácter real o verosímil, como en «Si te lo han prometido, espera unos días», donde la forma prometeréis de indicativo señala una condición cuya realización resulta probable o confirmada. En contraste, cuando la prótasis exhibe formas del modo subjuntivo, los enunciados adquieren un carácter irreal o no verosímil, particularmente ejemplificado en la estructura «Si hubieras ido pronto, habrías quedado bien», donde el subjuntivo hubiera ido codifica una condición que no se ha verificado en la realidad.

Dentro del dominio de las formaciones irreales, resulta necesario establecer una subdistinción entre las potenciales y las propiamente irreales. Las esquemas potenciales se caracterizan por la presencia de formas del subjuntivo en presente o perfecto en la prótasis («Si llegara mañana»), marcando una hipótesis cuya realización se percibe como improbable pero posible. Las formaciones propiamente irreales, en cambio, emplean formas del subjuntivo en imperfecto o pluscuamperfecto («Si hubiera llegado»), codificando eventos cuya no realización constituye un hecho consumado en relación con el momento de la enunciación. Montolío (1999) ha demostrado la persistencia de esquemas tripartitos significativos, aunque reconoce ciertos cruces semánticos que complican una clasificación taxonómica estricta, especialmente en registros dialectales o coloquiales donde las distinciones modales tradicionales experimentan procesos de neutralización.

Las formaciones reales expresan hechos cuya probabilidad de cumplimiento es muy elevada, caracterizándose por la correlación de formas verbales en presente de indicativo tanto en la prótasis como en la apódosis, como en «Si llama a Jovita, dile lo de Pau». El futuro puede reemplazar al presente en la apódosis sin alterar significativamente el valor semántico («Si llama Jovita, le diré lo de Pau»). Existen combinaciones menos habituales que, no obstante, aportan matices semánticos particulares: presente de indicativo seguido de condicional («Si llama Jovita, le diría lo de Pau»), presente de indicativo combinado con pasado de indicativo («Si es Pau, le dijeron que llamase»), o imperfecto de indicativo en ambas proposiciones («Si llamaba Jovita, yo le decía que Pau no estaba»). En los esquemas potenciales, el patrón más prototípico es la combinación de si más imperfecto de subjuntivo más condicional («Si llamara Jovita, le diría lo de Pau»), que expresa un alto grado de condicionalidad sobre la realización de los hechos.

El análisis de las formaciones irreales revela una complejidad notable en cuanto a las combinaciones modales y temporales posibles. El esquema mayoritario en estas estructuras combina el pluscuamperfecto de subjuntivo en la prótasis con el pluscuamperfecto del subjuntivo o el condicional compuesto en la apódosis. La formación «Si Jovita hubiera llamado, le hubiera/habría dicho lo de Pau» expresa un evento que pudo ocurrir pero que no se realizó. Variantes significativas incluyen la combinación de pluscuamperfecto de subjuntivo en la prótasis con condicional simple en la apódosis («Si Jovita hubiera llamado, le diría lo de Pau»), que proyecta la acción de la prótasis sobre el momento de enunciación; la neutralización de modalidades mediante pluscuamperfecto de subjuntivo e indicativo («Si Jovita hubiera llamado, le había dicho lo de Pau»); y fenómenos de neutralización modal en registros populares donde aparecen dos pluscuamperfe tos de indicativo. La diversidad de estos esquemas refleja la complejidad inherente al sistema temporal-modal español.

2.2. Formaciones condicionales con prótasis de formas no personales

El sistema verbal español permite la construcción de estructuras condicionales utilizando formas no personales del verbo como núcleo de la prótasis, proporcionando así una alternancia formal significativa en la expresión de la condicionalidad. El infinitivo, cuando aparece como elemento nuclear de una prótasis condicional, generalmente se apoya en la preposición de, como en la estructura «De haber llamado Jovita, se lo hubiera dicho a Pau». Esta formación preposicional constituye el mecanismo más prototípico para la codificación de esquemas condicionales con infinitivo, aunque otros aspectos lingüísticos como el orden de los constituyentes, la pausa entre los dos elementos oracionales principales, y el contexto enunciativo contribuyen igualmente a la interpretación condicional del enunciado. En registros coloquiales, el infinitivo puede indicar condicionalidad cuando va precedido por otras preposiciones funcionales como sin y con, especialmente cuando la apódosis contiene una forma verbal orientada hacia el futuro, como en «Con llamar a Jovita, a Pau no le servirá de nada».

Las estructuras con gerundio expresan condición cuando existe un contexto de simultaneidad entre las dos acciones codificadas, como se ejemplifica en «Llamando a Jovita ahora, Pau no conseguirá nada». Sin embargo, en estas formaciones pueden sobreponerse otros valores adverbiales de naturaleza causal, modal o concesiva, originando así significados múltiples que trascienden la pura condicionalidad. Esta acumulación de sentidos resulta particularmente evidente en los esquemas condicionales construidos con participios, donde se observan fenómenos análogos de multiplicidad semántica. La estructura «Avisada Jovita, a Pau no le servirá de nada» ejemplifica cómo el participio puede codificar simultáneamente relaciones condicionales, causales y temporales, dependiendo de factores contextuales y de la competencia pragmática del intérprete.

2.3. Otras estructuras condicionales

Más allá de las estructuras prototípicas de prótasis verbal personal, el español dispone de múltiples mecanismos alternativos para la expresión de la condicionalidad que no se ajustan estrictamente a los patrones subordinativos tradicionales. Ciertos tipos de esquemas coordinados, tales como las copulativas introducidas por y («Llama a Jovita y te colgaré») o las disyuntivas encabezadas por o («Llama a Jovita o te dejaré de hablar»), pueden asumir valores condicionales significativos. Asimismo, algunas formaciones interrogativas totales exhiben esta potencialidad condicional («¿Quieres llamar a Jovita? Te dejo mi teléfono»), así como las estructuras encabezadas por la preposición como seguida de subjuntivo («Como no llames a Jovita, me voy»). Estos tipos de esquemas, que Montolío califica como condiciones alternativas, se ven favorecidas por aspectos entonativos, por las correlaciones modo-temporales entre los dos elementos que las componen, y por el orden marcado de las secuencias que configuran la estructura global.

Un conjunto significativo de estructuras condicionales se constituye mediante el apoyo de conectores complejos multipartitos que establecen explícitamente la relación de dependencia entre la prótasis y la apódosis. Entre estos conectores figuran a condición de (que), con tal (de) (que), siempre que, siempre y cuando, a no ser que, a menos que, salvo que y excepto que. Los cuatro primeros conectores incorporan un matiz semántico afirmativo, indicando que resulta favorable el cumplimiento del hecho descrito en la prótasis. Los cuatro últimos deben considerarse negativos en su orientación significativa, en el sentido de que el hecho condicionante debe no cumplirse para que se verifique lo enunciado en la apódosis. La elección entre estas diferentes formas conectivas permite al hablante codificar explícitamente el carácter de la relación condicional establecida, subrayando su naturaleza positiva o negativa según los requerimientos expresivos de la comunicación.

III. Expresión del contraste

La expresión del contraste constituye uno de los principios fundamentales que organizan la estructura de las lenguas naturales, permitiendo el establecimiento de distinciones morfológicas, semánticas y sintácticas entre diferentes unidades lingüísticas. Desde los trabajos pioneros de Ferdinand de Saussure, ha quedado ampliamente reconocido que el sistema lingüístico se articula fundamentalmente sobre la base de relaciones contrastivas, donde cada elemento adquiere su significación mediante la diferenciación respecto a otros elementos del sistema. El contraste, entendido así como mecanismo de oposición y diferenciación, se manifiesta a través de múltiples niveles de análisis, desde la estructuración de los morfemas hasta las más complejas relaciones sintácticas que articulan los períodos oracionales. El presente apartado examina las manifestaciones concretas del contraste en los niveles morfológico, semántico, sintáctico y textual.

3.1. La expresión del contraste en morfología

En el nivel morfofonológico, la expresión del contraste opera mediante la articulación de distinciones entre los morfemas que constituyen la estructura interna de las palabras. Dos procedimientos fundamentales permiten revelar estas relaciones contrastivas: la segmentación y la conmutación. Mediante la segmentación, se aíslan y separan los morfemas que integran una palabra, dividiendo la unidad léxica en sus componentes morfológicos constitutivos. Ejemplos como perr-it-o-s o des-arbol-ada-mente ilustran cómo este procedimiento permite identificar los diversos morfemas que conforman estas palabras complejas. La conmutación, por su parte, constituye un procedimiento analítico mediante el cual se demuestra que cada unidad morfológica identificada posee la capacidad de aparecer con significado idéntico en otras estructuras léxicas. Así, el morfema diminutivo -it- que aparece en perrito reaparece en otras palabras como gatito, librito y pajarito, demostrando su identidad semántica y su función morfológica constante.

La estructura de los rasgos morfológicos del español se fundamenta explícitamente en criterios de contraste y oposición entre unidades morfológicas. Un aspecto particularmente relevante en este contexto lo constituyen los alomorfos, es decir, las diferentes representaciones o significantes de un mismo morfema. El morfema del pretérito imperfecto de indicativo, por ejemplo, admite dos representaciones: -ba (como en hablaba) e -ía (como en comía), constituyendo ambas formas variantes morfológicas de una misma unidad funcional. En el dominio de los morfemas derivativos, observamos fenómenos análogos donde un mismo derivativo puede presentar múltiples realizaciones según la naturaleza del lexema al que se adhiera. Así, de la raíz leche se forma lechero, pero de carne se forma carnicero (y no carnero), lo que demuestra que los morfemas -er e -icer constituyen alomorfos del mismo elemento derivativo. Análogamente, en el dominio del léxico, los alolexos representan las diferentes manifestaciones de un mismo lexema, como se observa en los múltiples alomorfos del verbo traer: trae (radical trae-), traigo (radical traig-), traje (radical traj-).

En los procesos de formación de palabras nuevas, la expresión del contraste desempeña igualmente un papel relevante. Uno de los procedimientos más habituales de creación de voces nuevas es la composición léxica, que puede efectuarse mediante diversos mecanismos formales. Entre los procedimientos compositivos que se fundamentan explícitamente en la expresión del contraste figuran la disyunción, donde dos elementos se lexicalizan formando un conjunto mediante una relación de yuxtaposición (como en cama nido o cuento chino), y la contraposición, donde dos elementos se unen mediante un guión de manera que se subraya su naturaleza contrastiva (como en árabe-israelí o físico-químico). Estos procedimientos compositivos demuestran cómo el principio de contraste permea incluso los mecanismos de renovación y expansión del léxico disponible.

3.2. La expresión del contraste en semántica

El contraste semántico constituye la relación que se establece entre unidades de sentido opuesto, donde una unidad puede considerarse negación de la otra y viceversa. Esta relación de contrariedad representa uno de los principios organizadores más importantes para la estructura del léxico en una lengua natural. La observación empírica de los léxicos disponibles en todas las lenguas naturales revela la presencia frecuente de parejas de términos que se definen mutuamente por oposición, esto es, que poseen significados relacionados por contraste. La taxonomía de estos tipos de oposición semántica permite distinguir entre varias categorías fundamentales según la naturaleza específica de la relación opositiva establecida entre los términos.

Los antónimos en sentido estricto constituyen términos opuestos que admiten gradación en una escala continua de significación. Ejemplos como alto/bajo, grande/pequeño, frío/caliente ilustran esta categoría de oposición gradativa donde los términos se sitúan en los extremos opuestos de una escala continua, permitiendo además la expresión de términos intermedios (como medio, templado) que se sitúan entre los extremos antónimos. Los términos complementarios, por contraste, presentan una relación opositiva más rígida donde todo elemento que no pertenece a una categoría pertenece necesariamente a la categoría opuesta en el ámbito de aplicación específico. Parejas como varón/hembra, presente/ausente, posible/imposible, tónico/átono ejemplifican esta clase de relación opositiva donde no son posibles ni la gradación ni opciones intermedias. Los términos recíprocos, finalmente, se implican mutuamente en una relación de interdependencia lógica. Ejemplos como comprar/vender, padre/hijo, dar/recibir ejemplifican cómo la ocurrencia de una acción implica necesariamente la ocurrencia de la otra, aunque desde perspectivas diferentes (si alguien compra, necesariamente alguien vende).

3.3. La expresión del contraste en sintaxis

La manifestación del contraste en el nivel sintáctico adquiere especial relevancia en la expresión de relaciones complejas entre proposiciones y oraciones, particularmente en aquellos casos donde se articulan conceptos de contradicción, contrariedad u oposición. El contraste sintáctico se realiza fundamentalmente mediante estructuras oracionales complejas, especialmente aquellas que codifican relaciones de concesión y adversación, aunque también mediante esquemas disyuntivos, distributivos y comparativos. Desde la perspectiva del análisis gramatical tradicional, resulta notoriamente difícil establecer límites precisos entre las categorías de concesión y adversación, particularmente porque ambas categorías presentan una semántica muy similar y en ciertos contextos pueden incluso compartir los mismos elementos conjuntivos, como es el caso de la conjunción aunque. Esta complejidad analítica refleja la dificultad inherente a la clasificación de estructuras cuyas propiedades semánticas y sintácticas desafían las categorías binarias tradicionales.

Ciertos investigadores contemporáneos como Julio Narbona han propuesto integrar tanto la adversación como la concesión bajo el dominio comprehensivo de la expresión del contraste, reconociendo así su naturaleza fundamentalmente análoga. Andrés Bello, en sus estudios clásicos, ya había identificado una semántica similar entre ambas formaciones, pero señalaba un funcionamiento divergente: mientras que los esquemas concesivos («Aunque venga Jovita, Pau no asistirá») presentan una asimetría sintáctica entre sus componentes, las estructuras adversativas («Jovita viene, pero Pau no asistirá») presentan una equivalencia sintáctica entre los elementos que las componen. Esta distinción fundamental ha llevado a que ciertos análisis adscriban la concesión al dominio de la subordinación y la adversación al dominio de la coordinación, aunque tal dicotomía ha sido sujeta a revisión crítica en estudios posteriores.

Antonio García Berrio realizó contribuciones significativas al análisis de estas estructuras al diferenciar entre coordinadas exocéntricas (copulativas, disyuntivas y distributivas) y coordinadas no estrictamente exocéntricas (adversativas), subrayando el carácter interdependiente y no propiamente coordinado de los esquemas adversativos. Guillermo Rojo retomó estas ideas propugnando una reordenación de los tipos oracionales que distingue entre formaciones monoclausales (oraciones simples y subordinadas adjetivas o sustantivas), policlausales (oraciones coordinadas excluyendo las adversativas) y bipolares (formadas por dos cláusulas interdependientes). García Berrio considera bipolares las estructuras causales, consecutivas, condicionales, concesivas y comparativas, mientras que Rojo añade las adversativas a esta categoría, aunque en trabajos posteriores de Rojo y Jiménez Juliá quedan excluidas las causales. Esta complejidad analítica refleja la dificultad inherente a la clasificación de estructuras cuyas propiedades semánticas y sintácticas desafían las categorías binarias tradicionales.

3.3.1. Estructuras concesivas

Las formaciones concesivas desempeñan una función sintáctica específica en la estructura de la oración compleja, permitiendo la expresión de una objeción o contrariedad respecto a lo formulado en la proposición principal. La gramática tradicional, así como numerosos análisis contemporáneos, consideran que realizan la función de complemento circunstancial concesivo o de modificador oracional global. Estructuralmente, resultan próximas a las estructuras causales, aunque con una diferencia semántica crucial: mientras que en una relación causal el antecedente causa el consecuente, en una relación concesiva lo afirmado en la proposición subordinada, aunque constituiría normalmente una causa o impedimento para el cumplimiento de lo afirmado en la principal, no logra impedir tal cumplimiento. Por esta razón, ciertos análisis caracterizan a las proposiciones subordinadas concesivas como expresiones de una «causa inoperante» o una «condición inoperante».

El modo del verbo en la proposición subordinada concesiva constituye un indicador fundamental para la determinación del significado específico de la estructura compleja. Cuando aparece el modo indicativo, se indica un valor semántico de obstáculo real o verificado, como en «Aunque nieve, saldrán a entrenar», donde la situación de lluvia constituye un obstáculo efectivamente existente. En contraste, cuando se emplea el modo subjuntivo, la marca significativa es la de obstáculo hipotético o potencial, como en «Aunque llueva, saldrán a entrenar», donde la lluvia se presenta como una posibilidad no necesariamente realizada. El valor hipotético o actual de la estructura concesiva está pues en función directa del modo elegido por el hablante, aunque en ciertos contextos discursivos las formas del presente de indicativo y el subjuntivo se neutralizan funcionalmente, como en los ejemplos «Aunque tiene dos trabajos, aparenta ser pobre» y «Aunque tenga dos trabajos, aparenta ser pobre», donde ambas estructuras expresan una objeción efectivamente existente.

La relación temporal entre el verbo principal y el verbo de la proposición concesiva está regulada por principios de correlación temporal específicos. La significación temporal del verbo principal no puede ser anterior a la del verbo concesivo, lo que se manifiesta en correlaciones tales como: «Aunque nevaba, salieron a entrenar», «Aunque nevaba, salían a entrenar», «Aunque nevó, salieron a entrenar», «Aunque nieva, salen a entrenar», «Aunque nieva, saldrán a entrenar», «Aunque nieve, saldrán a entrenar», «Aunque nevara, saldrían a entrenar» y «Aunque hubiera nevado, hubieran salido a entrenar». Estas correlaciones demuestran la sofisticación del sistema temporal-aspectual español para codificar relaciones de simultaneidad, anterioridad y posterioridad en estructuras concesivas. El nexo más habitual para introducir una proposición concesiva es la conjunción aunque, aunque también se utilizan locuciones preposicionales como a pesar de o pese a seguidas de que, así como la preposición por combinada con cuantificadores e intensificadores (por más…que, por mucho…que, por muy…que, por poco…que) y ciertas formaciones con verbo subjuntivo repetido (pase lo que pase, digan lo que digan).

En registros coloquiales, se observan estructuras concesivas alternativas que emplean recursos morfosintácticos diferentes de los patrones formales. El adverbio encima seguido de la conjunción que («Encima que no vino, no llamó»), el adverbio ya combinado con el verbo poder en indicativo y un segundo segmento introducido por que («Ya puede llamar, que no lo voy a coger»), la formación constituida por el adverbio así más el subjuntivo («Así llame Jovita, Pau reaccionaría»), o la estructura y eso que («Jovita viene todos los días, y eso que no tiene coche»), todos estos esquemas alternativos proporcionan matices expresivos adicionales disponibles en el registro oral espontáneo. Finalmente, en ciertos casos, la forma concesiva puede expresar únicamente un sentido de restricción o limitación, sin la fuerza opositiva completa, situándose habitualmente al final del enunciado, como en «Quería estar con Jovita, aunque sólo fuera una tarde».

3.3.2. Estructuras adversativas

Las formaciones adversativas constituyen esquemas sintácticos mediante los cuales se codifica una relación de oposición entre dos proposiciones, donde lo afirmado en una proposición contradice parcial o totalmente lo afirmado en la otra. Desde el punto de vista formal, estas estructuras se marcan mediante el empleo de conjunciones específicas tales como pero, sino, sino que, sin embargo, no obstante, así como mediante los prácticamente arcaicos mas y empero, considerados pertenecientes al ámbito literario como recursos estilísticos anticuados. Carla Fuentes Rodríguez ha propuesto una ampliación de este inventario de conectivos adversativos para incluir relacionantes supraoracionales como ahora bien, en cambio, por el contrario, al contrario, todo lo contrario y antes bien, que funcionan de manera análoga en contextos de naturaleza más discursiva o textual.

La clasificación tradicional de las formaciones adversativas distingue entre dos tipos fundamentales según el grado de incompatibilidad semántica que se establece entre las proposiciones. Las adversativas restrictivas o correctivas expresan una corrección o restricción, pero no una incompatibilidad total entre las proposiciones coordinadas. La conjunción restrictiva más prototípica es pero, como en «Jovita no sabe nada de Pau, pero no le importa», donde se establece una contradicción parcial entre la ignorancia y la indiferencia. Cuando la primera proposición es negativa, frecuentemente se refuerza la segunda mediante la presencia del adverbio afirmativo sí («Jovita no ve a Pau hace mucho, pero sí pregunta por él»), que acentúa el contraste entre la ausencia de una acción y la presencia de otra relacionada. Las adversativas exclusivas o excluyentes, por el contrario, codifican una incompatibilidad total entre las proposiciones, donde una excluye completamente a la otra. La primera proposición es obligatoriamente negativa, y en la segunda frecuentemente se elide el verbo. Los nexos más frecuentes para las adversativas exclusivas son sino y sino que, como en la formación prototípica «No corre, sino (que) vuela».

Un enfoque analítico alternativo considera la adversación como un mecanismo fundamentalmente argumentativo, no meramente sintáctico. Desde esta perspectiva, la adversación funciona como un procedimiento mediante el cual se exponen razones o argumentos para llegar a una conclusión específica. Sus componentes fundamentales son pues los argumentos y las conclusiones, que pueden estar orientados en sentidos similares (coorientados) o en sentidos opuestos (antiorientados). La adversación se caracteriza precisamente por la conexión de contra-argumentos que conducen a una conclusión determinada. Para que esta relación argumentativa se establezca, resulta necesaria la existencia de conexiones entre los hechos proposicionales, es decir, una base argumentativa constituida por conocimientos compartidos por la comunidad hablante que permiten establecer relaciones de causa-efecto entre determinados hechos. En ciertos casos, la oposición adversativa no se establece entre los contenidos proposicionales mismos, sino entre sus implicaciones o inferencias. En la estructura «Toca muy bien guitarra, pero su tío le enseña», inferimos que la destreza musical se debe a la instrucción privada más que a factores inherentes al aprendiz.

3.3.3. Estructuras disyuntivas

Las formaciones disyuntivas forman parte de la clase más amplia de esquemas coordinados, caracterizándose por la presentación de una alternancia entre los significados o referentes de dos proposiciones que se excluyen mutuamente. La estructura prototípica «¿Vienes o te quedas?» ejemplifica esta función: la disyunción presenta dos opciones que se presentan como alternativas excluyentes, de modo que la verificación de una implica la no verificación de la otra. Esta característica de alternancia excluyente permite hablar de un significado global de oposición o de opciones en contraste. Desde el punto de vista formal, la disyunción se introduce habitualmente mediante la conjunción o, que aparece repetida para añadir un matiz de energía o énfasis a la relación disyuntiva («O vienes o te quedas»). Por razones de naturaleza fonética, aparece la variante u cuando la palabra siguiente comienza por el fonema vocálico /o/, como en la estructura «¿Vendrás a casa u olvidarás el encargo?»

En ciertos contextos discursivos, la conjunción disyuntiva o puede incorporar una significación adicional de suma o combinación, aproximándose así a los esquemas coordinados copulativos. La estructura «Come o bebe lo que quieras» ejemplifica este matiz donde la disyunción permite la satisfacción de cualquiera de las dos opciones, sin una exclusión necesaria. La alternancia formal de la conjunción simple o se completa mediante la opción de empleadores el conector compuesto o bien, que introduce una segunda proposición de naturaleza análoga a la primera, permitiendo así mayor claridad expresiva en contextos donde podría existir ambigüedad. La forma o bien presenta un carácter más formal y literario que la simple conjunción o, siendo particularmente frecuente en el registro académico y en textos de estilo elevado. Los esquemas disyuntivos funcionan de manera análoga a las formaciones que presentan una alternancia mutuamente excluyente entre opciones disponibles.

3.3.4. Estructuras distributivas

Las formaciones distributivas constituyen esquemas sintácticos que manifiestan semánticamente una alternancia entre diversos elementos o referentes sin que exista una exclusión mutual como en los esquemas disyuntivos. La distribución puede operar sobre diferentes tipos de unidades sintácticas o sobre diferentes referentes implicados en las proposiciones. Desde el punto de vista formal, resulta posible distinguir entre dos tipos fundamentales de estructuras distributivas según el mecanismo empleado para marcar la relación distributiva. Las formaciones yuxtapuestas distributivas se caracterizan por la ausencia de enlaces o conjunciones explícitas, ya que es un elemento dentro de la estructura el que realiza la función de marcador distributivo. Habitualmente, este elemento es un adverbio o pronombre que se repite al inicio de cada componente distributivo, incorporando así el significado específico de distribución. Ejemplos como «Aquí se vive bien, allí no paran de trabajar» demuestran cómo los adverbios espaciales aquí y allí establecen una correlación distributiva sobre el espacio, mientras que estructuras como «Unos trabajan, otros descansan» ilustran la distribución sobre referentes diferentes.

En contraste, los esquemas coordinados distributivos emplean conjunciones específicas para establecer explícitamente la correlación distributiva, generalmente con carácter disyuntivo. Los patrones conjuntivos típicos incluyen bien…bien («Bien me quedo en casa, bien salgo a cenar»), ya…ya («Ya estudia en la biblioteca, ya en casa»), y ora…ora («Ora trabaja de día, ora de noche»), siendo estas formas conjuntivas los conectivos más característicos de los esquemas coordinados distributivos. La diferencia esencial respecto a las formaciones disyuntivas radica en que la distribución no implica una exclusión necesaria de las opciones presentadas, sino simplemente una alternancia entre ellas que puede repetirse o variar según las circunstancias concretas del evento o situación descritos.

3.3.5. Estructuras comparativas

Las formaciones comparativas constituyen esquemas sintácticos mediante los cuales se establece un contraste entre dos términos de comparación sobre la base de sus características, propiedades o grados de intensidad. En ciertos contextos, la comparación se realiza en el seno de una oración simple, como en «Pau es más propenso a la melancolía que a la depresión», donde dos predicados del mismo sujeto se comparan directamente. No obstante, la manifestación habitual de la comparación ocurre en el interior de esquemas complejos, como en «Pau confía más en sus posibilidades que [confía] en la suerte», donde se comparan dos complementos preposicionales mediante un elemento cuantificador. La estructura de las formaciones comparativas incluye varios elementos necesarios para la codificación de la relación comparativa. Primero, dos términos de comparación que constituyen los elementos siendo puestos en relación contrastiva. Segundo, un elemento cuantitativo o intensivo (típicamente más, menos, tan) que marca el grado de la comparación. Tercero, un término intensificado por el cuantificador (como en Jovita tiene más amigos que Pau), que establece qué aspecto específico es comparado. Cuarto, un núcleo de la estructura comparativa que es el elemento léxico sometido a gradación. Quinto, un nexo comparativo (típicamente que, como, de) que introduce el segundo término de la comparación.

Salvador Gutiérrez Ordóñez realiza una distinción fundamental entre comparativas propias, aquellas que se construyen con la conjunción que («Pau confía más en sus posibilidades que en la suerte»), y comparativas relativas, aquellas que emplean la estructura de + artículo + pronombre relativo («Pau tiene más recursos de lo que parece»). Por herencia de la tradición gramatical latina, ciertos adjetivos comparativos de base irregular (mejor, peor, mayor, menor) presentan una estructura morfológica donde el elemento cuantitativo o intensivo se fusiona con la forma léxica del adjetivo. Así, en la formación «Pau está mejor que el año pasado», la forma mejor incorpora simultáneamente el significado comparativo (análogo a más bueno) y el significado de grado positivo. Las estructuras comparativas se clasifican según el tipo de relación comparativa establecida: comparativas de desigualdad, que incluyen contrastes de superioridad («Jovita llegó más cansada/tarde que Pau») o de inferioridad («Su casa está más arreglada/lejos de lo que imaginaba»), y comparativas de igualdad, donde se establece una relación de equiparación cuantitativa («Jovita estudiaba tanto como Pau») o cualitativa («Jovita se comporta tal como sus amigos le han sugerido»).

Un aspecto fundamental en el análisis de las formaciones comparativas radica en la comprensión de que el contraste establecido mediante la comparación no implica la afirmación de cualidades de modo absoluto u objetivo. Es decir, la asercióin de que mejor implica la posesión de más bondad no constituye una proposición verdadera, sino que se postula más bien un contraste relativo entre dos hechos. Esta ponderación comparativa resulta particularmente frecuente en el lenguaje coloquial, donde expresiones como «Pau tiene más moral que el Alcoyano» equivalen a una afirmación intensiva de posesión de moral, sin que se requiera una comparación literal con un ente específico llamado «el Alcoyano». La expresión de contraste mediante comparación se mantiene igualmente en las denominadas estructuras pseudocomparativas, que, a pesar de no expresar una comparación propiamente dicha, presentan semejanza formal con las comparativas. Ejemplos como «Es listo más que trabajador» o «En la vida hay más hombres que Pau» ejemplifican estas estructuras pseudocomparativas que funcionan mediante analogía formal con las verdaderas comparativas.

Se puede hablar igualmente de contraste en ciertas formaciones próximas a las comparativas denominadas estructuras de correlación proporcional. Estas esquemas incorporan matices de cantidad o intensidad y emplean elementos correlativos como tanto y cuanto, frecuentemente seguidos de los adverbios o determinantes de cantidad más o menos. La estructura prototípica sería «Jovita, cuanto más trabaja, tanto más se olvida de Pau», donde se establece una proporción entre dos variables relacionadas de manera inversa: a mayor trabajo corresponde mayor olvido. El contraste que presentan estas formaciones de correlación no tiene relación alguna con una comparación propiamente dicha, sino que expresa la proporción, directa o inversa, entre dos magnitudes lingüísticamente relacionadas. Variaciones posicionales incluyen la reordenación de la estructura («Jovita, tanto más se olvida de Pau, cuanto más trabaja») o la desaparición del elemento correlativo tanto («Jovita, cuanto más trabaja, se olvida de Pau»). Sin embargo, el primer elemento correlativo cuanto resulta obligatorio para la constitución de la estructura, no siendo posible la construcción *«Jovita, más trabaja, tanto más se olvida de Pau».

3.3.6. Otras estructuras sintácticas de contraste

Más allá de los esquemas estudiados explícitamente en los apartados precedentes, existen otras formaciones sintácticas que permiten la expresión del contraste mediante mecanismos formales alternativos. Los elementos correlativos que se repiten de manera estratégica en las estructuras oracionales permiten marcar relaciones contrastivas entre diferentes segmentos proposicionales. Esquemas como antes…después, primero…después, en una parte…en otra ejemplifican cómo la repetición de elementos localizadores o temporales crea una correlación que establece contraste entre los referentes o eventos descritos. Así, la formación «Primero me resultó agradable, después me pareció insoportable» marca un contraste temporal en la evaluación del mismo objeto, mientras que «Antes decía que sí, ahora duda bastante» establece un contraste entre dos momentos sucesivos en la evolución de la actitud o posición de un sujeto respecto a un tópico específico.

3.4. La expresión del contraste en el texto

Trasciendiendo el nivel oracional, la expresión del contraste desempeña un papel fundamental en la organización del discurso textual. A través de elementos lingüísticos denominados conectores, concebidos como segmentos discursivos especializados en la articulación de relaciones semánticas y pragmáticas entre enunciados, es posible establecer relaciones contrastivas de naturaleza supraoracionales. Generalmente, tiende a agruparse un conjunto de conectores denominados adversativos, contrastivos u opositivos porque establecen una contraposición semántica o pragmática explícita de los contenidos expresados en el interior de un texto. Los conectores contrastivos más frecuentes coinciden en muchos casos con las conjunciones habituales previamente estudiadas (pero, sin embargo, aunque, en cambio, ahora bien, antes bien, no obstante, por el contrario, con todo, con todo y con eso), aunque la lista se amplía significativamente para incluir formas adicionales tales como contrariamente, aun así, de todas formas/maneras/modos, de cualquier modo/manera/forma, en cualquier caso, lo cual no obsta para que, es que, el caso es que, lo cierto es que, si bien es verdad, excepto si.

El mecanismo de funcionamiento de estos conectores textuales consiste en la presentación de argumentos contrapuestos que posibilitan el establecimiento de conclusiones diversas o alternativas. Mediante la introducción de un argumento que contraría la orientación argumentativa del segmento textual precedente, el conector marca un cambio de dirección en el flujo discursivo. Este cambio de orientación puede ser parcial, cuando la argumentación sufre un quiebro que abandona únicamente ciertos aspectos de la primera orientación, o total, cuando se abandona completamente la línea argumentativa inicial para tomar una completamente opuesta. Calsamiglia y Tusón han caracterizado este fenómeno señalando que la argumentación «sufre un quiebro que indica que se abandona la primera orientación para tomar otra». El ejemplo textual «En general, se ha producido un movimiento de recuperación de la memoria histórica muy activo. En cualquier caso, parece fruto de un relevo generacional en la sociedad española» ilustra cómo el conector en cualquier caso introduce una restricción o matización respecto a la afirmación precedente.

Emilia Montolío ha argumentado con perspicacia que en muchas ocasiones la relación de contraste que se establece entre oraciones enlazadas por una expresión conectiva contrastiva se fundamenta en una relación implícita o inferencial que no aparece expresada explícitamente en el nivel de la superficie textual. En la secuencia «Pau es moreno pero de ojos claros», se sugiere implícitamente que no es habitual que una persona morena posea ojos claros, activando en la mente del interpretante la asociación prototípica entre fenotipo moreno y ojos oscuros. Esta relación implícita permite el establecimiento de otra relación contrastiva u opositiva entre el color del cabello oscuro y la claridad de la mirada, sin que tal relación aparezca formulada de manera explícita. Algunos marcadores contraargumentativos generan cierta «competición» entre las informaciones o argumentos presentados, de modo que uno de ellos se erige como argumento ganador que condiciona la conclusión final. Así, en la formación «Me gusta, pero es demasiado caro», la expresión pero es demasiado caro funciona como argumento fuerte que anula la conclusión favorable implicada por me gusta, generando la conclusión implícita de no compra (no me lo quedo). Este fenómeno de competencia argumentativa es característico de conectores como pero, sin embargo, no obstante y con todo. En otros contextos, la contraargumentación se reduce a una concesión, es decir, a un obstáculo salvable u objetivo, situación marcada por la introducción de argumentos débiles que suelen estar introducidos por aunque, si bien, a pesar de (que) o pese a (que).


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Calsamiglia Blancafort, Helena y Tusón Valls, Amparo: Las cosas del decir. Manual de análisis del discurso. Barcelona, Ariel, 1999. Manual integral que examina las estrategias de conectividad textual y los mecanismos de cohesión discursiva, con especial énfasis en el funcionamiento de conectores contrastivos en la organización del discurso.

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Gómez Torrego, Leonardo: Gramática didáctica del español. Madrid, SM, 1998. Obra pedagógica que proporciona una sistematización clara de los contenidos gramaticales, incluyendo análisis accesible de las formaciones condicionales y su variación según significados diversos (condición, hipótesis, contraste).

Montolío Durán, Enriqueta (coord.): Manual práctico de escritura académica, Vol. II. Barcelona, Ariel, 2000. Recurso fundamental para la comprensión de cómo los conectores contrastivos funcionan en la composición de textos académicos rigurosos, proporcionando análisis de relaciones implícitas e inferenciales en el contraste semántico-pragmático.

Real Academia Española: Diccionario de la lengua española. Madrid, Espasa-Calpe, 2001 (vigesimosegunda edición). Autoridad normativa que proporciona definiciones de términos clave como duda, hipótesis y contraste, constituyendo la base semántica para el análisis de las formaciones lingüísticas que los vehiculan.

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    Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Lengua y Literatura actualmente JUBILADO.
    Mí último destino fue la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevaba más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho fui asesor en varios centros del profesorado y me dediqué, entre otras cosas, a la formación de docentes; trabajé durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante estuve en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.

    Ahora, desde este retiro, soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo materiales útiles para el área de Lengua castellana y Literatura. ¡Disfrútala!

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