Las vanguardias

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Introducción y valores de una época

Las vanguardias europeas se desarrollaron principalmente en lo que se ha dado en llamar período entreguerras (1914 a 1939), se trata de un marco temporal muy limitado en el que confluyen de forma vertiginosa movimientos artísticos de muy diversa índole, en muchas ocasiones opuestos entre sí.

Pueden distinguirse dos etapas, cuya frontera se establece en 1929 (año de la gran crisis económica europea, que tuvo consecuencias incluso en E.E.U.U.) y cuyo punto de vista es totalmente opuesto. La primera etapa (los locos años ’20) es una época de prosperidad económica, cultural y social, que se opone al arte finisecular que lo precedía y promueve una expresión depurada e intelectual pero también humorística (que en ocasiones se ha considerado etapa puente entre la literatura finisecular y la vanguardia propiamente dicha)

La segunda etapa, tras la crisis, se expresa a través de un arte cuyo principal objetivo ya no es la pureza y la racionalidad sino que pretende hallar las raíces humanas e implicarse en la lucha social y política, comprometiéndose.

La fuerte inestabilidad social y política en toda Europa provoca diferentes reacciones ideológicas, como el comunismo, el fascismo y el nacionalsocialismo, pero todas ellas mantienen estrechas y peculiares relaciones con la cultura del momento.

La Rusia comunista se apropió de todas las innovaciones culturales que habían convertido a Moscú en una de las capitales artísticas del momento, siendo el Futurismo una de las más destacadas, cuya aplicación sobre las artes plásticas produjo el constructivismo. El fin de la Vanguardia se produjo con el afianzamiento del estalinismo que instauró el realismo socialista.

La relación entre el fascismo y el arte fue más equívoca, si en Alemania el sometimiento de los autores a esta ideología no dio frutos destacables, en Italia la incorporación del futurismo al fascismo se ajustó perfectamente a la megalomanía.

El Nacionalsocialismo alemán, cuyo núcleo se estableció en Nüremberg, buscó una estética entre el seudoclasicismo helenizante y el culto a los primitivos valores germánicos, de ahí su admiración por Richard Wagner; sin embargo esta corriente político-social alemana ha pasado a la historia por su rechazo al arte vanguardista (cubismo, expresionismo y surrealismo) cuya última exposición se organizó bajo el nombre de “Arte degenerado”.

Entre los valores de la época pueden señalarse la reconciliación con el presente, olvidando así la pasión del arte finisecular por el pasado, la renuncia al sueño arcádico y a la naturaleza que los conduce a exaltar la ciudad, se ven fascinados por las máquinas hasta tal punto que aparecerá un nuevo concepto de lujo, el de tener al alcance los últimos artilugios (automóviles, aviones, teléfonos, ascensores, etc.), también les atrae poderosamente la atención el deporte, como muestra de fuerza, y los espectáculos de masas pues en estos se rinde culto a una nueva mitología social.

Otro de los fenómenos más importantes del siglo es la aparición del cine, que viene a modificar la tendencia general del arte a ser hermético y elitista, puesto que el cine se convirtió en el medio de entretenimiento de las masas, a la vez que traía una nueva concepción del tiempo y el espacio, permitiendo incluir el movimiento y la velocidad en el arte.

Vanguardias literarias europeas

Terminología.

Las Vanguardias europeas son movimientos rupturistas con sede en París, el término es de origen bélico y surgió en torno a la Primera Guerra Mundial para subrayar el tono beligerante del nuevo arte, que quería combatir el subjetivismo romántico y el realismo.

Otro término empleado para designar esta etapa artística es “Istmos”, este sufijo presente en las denominaciones particulares de cada una de las tendencias artísticas de carácter experimental en el siglo XX, cuya decadencia se produjo en los años 30, ha acabado por designarlas a todas en conjunto.

Todos los movimientos de vanguardia se caracterizan por haberse formado en torno a un manifiesto, de forma que la obra teórica existió antes que la práctica además de por su vertiginosa aparición, que hace que se “devoren” mutuamente.

Movimientos

En 1929 Documents internationaux de l’Esprit Nouveau incluye hasta 16 “istmos”, de entre los que pueden señalarse los siguientes:

Futurismo

Movimiento impulsado por el italiano Filippo Tommaso Marinetti con la publicación en 1909 de su Manifiesto en “Le Figaro. Fue una de las escuelas que configuraron el espíritu de la Vanguardia.

El movimiento recoge una extraña mezcla de belicismo, nacionalismo, anarquismo y machismo que lo convierte en precursor del nazismo y el fascismo, a pesar de no tener ninguna intención política; Donde logró una mayor aceptación fue en Rusia donde adquirió caracteres autóctonos y se asoció con la revolución bolchevique, siendo su máximo representante Vladimir Mayakowsky a través del manifiesto Bofetada al gusto del público (1912)

Declaró la guerra al pasado próximo o remoto, proclamó la belleza de las nuevas realidades (Un automóvil de carreras es más bello que la Victoria de Samotracia), opone la velocidad, agresividad, fuerza, dinamismo, violencia, y pirueta al ideal de serenidad, emprende la desestructuración de la retórica poética vigente y de la sintaxis a la vez que despersonaliza (deshumaniza) el arte objetivando el lenguaje artístico a través del uso de infinitivos y adjetivos “en libertad”, eliminando en la medida de lo posible los adverbios y nexos y dejando totalmente libre al sustantivo.

Se sigue un principio formalizador basado en la intuitiva espontaneidad de las asociaciones mentales y propone una revolución del nivel gráfico-espacial al predicar la libre disposición tipográfica (caligramas) y la inclusión de signos matemáticos o incluso musicales para dislocar la expresión poética.

Expresionismo

Movimiento alemán de 1910 cuyo mayor difusor, Ivan Goll, lo define como la expresión de una realidad espiritual. Al no mantener ningún compromiso nacional trasladó su sede a Suiza.

Se caracteriza por defender al hombre asocial, que no se integra por no ser capaz de mantener sus promesas, realza la fealdad, lo demoníaco y el gusto sado-masoquista por la catástrofe. El héroe, que es siempre el cúmulo de las fuerzas negativas y destructoras, se ve sumido en el caos, y respaldado por el poder de las tinieblas.

Dadaísmo

Este movimiento creado, en medio del desencanto y la angustia de la 1ª Guerra Mundial, por Tristan Tzara en 1916 es la mejor muestra del espíritu disolvente de un sector de la Vanguardia.

Tzara es la cabeza visible del grupo de exiliados en Zurich que reunidos en el café Terrase crearon el nuevo istmo cuyo nombre es una forma caprichosa, sin significado alguno, resultado de una búsqueda al azar en un diccionario manual (o al menos así se ha considerado durante mucho tiempo), aunque puede ser definida como la descripción de la nada, como una máscara de humor y drama.

Entre los propósitos de este grupo nihilista no sólo está el de negar el arte anterior sino la negación de todo el arte, y junto a él la historia, la ética y los valores; Esta voluntad iconoclasta se plasma con especial virulencia en el lenguaje. Si destruyen es porque la perfección les aburre, por ello organizan escándalos que acaban en detenciones policiales. Quieren reducir todo al absurdo, principalmente a través del humor. Son un preludio del Surrealismo.

Se proponen empezar de cero, pero descubren crear de la nada es un atributo divino, por ello consideran que el hombre no es nada y que no deja huella de su paso por el mundo.

 

Surrealismo

Aunque a críticos como Gerardo Diego les parece mejor denominar a este movimiento Superrealismo, Suprarrealismo, Hiperrealismo y Sobrerrealismo, es mucho más común el de Surrealismo, que parece tener su origen en el subtítulo de la pieza teatral de Apollinaire: Las mamellas de Tiresias. Drama Surrealista.

Surgió del Dadaísmo, fruto de las divergencias personales entre Tzara y André Breton y también de la necesidad de superar el callejón sin salida al que llevaba el nihilismo bufo de Dadá.

André Bretón presenta su primer Manifiesto Surrealista en 1924 (el segundo aparecerá en 1927), que es una propuesta ético-estética.

La característica más importante de este movimiento es la voluntad creativa, basada en la inspiración y el subconsciente del cual el creador es un mero transcriptor (por ello practican la escritura automática) El mundo onírico es una de sus claves, si bien alguno de los miembros de la corriente rechaza la teoría freudiana y este tipo de prácticas por considerarlas más próximas a la Psiquiatría que a la Literatura, de hecho A.Breton es un estudiante de medicina que durante la Primera Guerra Mundial trabajará en hospitales psiquiátricos franceses donde se tratará mayoritariamente a excombatientes.

Sienten predilección por lo espeluznante, las mutilaciones y agresiones (que frecuentemente infringen a maniquíes en sus performances) que se relacionan a deseos de agresión y mantienen claras implicaciones sexuales, siendo el sadomasoquismo una constante surrealista.

A partir de este movimiento existe una conciencia social para la resolución de los problemas individuales, sin ir más lejos, los surrealistas franceses se integran en 1925 en el Partido Comunista, siguiendo las ideas de Trotsky, aunque más tarde irán alejando sus posturas.

Creacionismo

Se considera al chileno Vicente Huidobro creador de esta corriente, aunque también reivindica la autoría el francés Pierre Reverdy. La teoría creacionista se halla vertida en manifiestos, artículos y ensayos breves del autor chileno, así como también en algunos textos de Gerardo Diego y en el manifiesto de Juan Larrea y César Vallejo Presupuesto Vital.

La propuesta de Huidobro es la del hombre creador, que a modo de pequeño Dios, no cante a la realidad sino que la cree, a través del irracionalismo y la subjetividad.

Este movimiento reorganizará la irrealidad creada mediante la metáfora a la que llega a través de la emoción y la intuición. Existe también una búsqueda personal, mesiánica, de futuro, que conlleva un acercamiento a la religión, el poeta será un salmista que crea una nueva liturgia de la palabra como en las obras Adán (1916) y Altazor (1931)

De tanto querer diferenciarse de las otras corrientes y de tanto pretender crear de la nada, sólo consiguieron destruir y desaparecer.

Ultraísmo

Este movimiento exclusivamente español se entiende, en la actualidad, como un movimiento progresista que aglutinó, desde el principio, los movimientos europeos de Vanguardia. Existieron dos focos bien delimitados, uno en Madrid (en torno a Rafael Casinos-Asséns y la revista Cosmópolis) y otros en Sevilla, en torno a la revista Grecia.

Fue una poesía y una poética de crisis, mediante una prudente radicalización, sin ideas propias, apoyado en el manifiesto redactado por Rafael Casinos-Asséns en 1918 y  publicado con el título de Ultra.

Este movimiento acomete la empresa renovadora con espíritu juvenil, deportivo, humorístico y vital, teniendo como objetivo principal la destruir el Modernismo, por renovar el léxico y por romper con las formas versales a través del cultivo de los caligramas, la inexistencia de puntuación o la eliminación de la rima.

Las imágenes poéticas se yuxtaponen de forma caprichosa, sin referente claro, eliminando en la medida de lo posible lo anecdótico y lo narrativo, dando relevancia a las percepciones fragmentarias.

La vanguardia en España

Ramón Gómez de la Serna y la novela

La novela irá acentuando en esta etapa la importancia del lenguaje y del juego de perspectivas sobre los elementos temáticos y argumentales, siendo un hito en este camino Ramón Gómez de la Serna, autor de base modernista pero muy peculiar en su evolución hacia la Vanguardia.

Sus primeros textos, libros de aforismos que persiguen establecer una nueva literatura a través de la insurrección, no política ni social, sino estética, tienen los extraños títulos de Morbideces. Vivisección espiritual y El libro mudo. Secretos.

Este autor, que destacó con luz propia entre sus contemporáneos por sus excentricidades y extravagantes conferencias, organizó una de las más concurridas, originales y pintorescas tertulias literarias del momento, en el Café Pombo (1915); todo ello ha perjudicado su imagen de escritor serio puesto que se le ha visto con demasiada frecuencia como inventor de ocurrencias.

Cultivó casi todos los géneros, y entre todos ellos gustó de la miscelánea, donde la unidad depende principalmente de la personalidad del autor. Su preferencia por la imaginación, lo breve, instantáneo e intuitivo le llevó a la creación de la greguería, que es la verdadera médula de su estilo de escritor.

Si bien la greguería ha sido definida frecuentemente como metáfora + humorismo, señalando que se trata de una comparación entre elementos de la realidad a través de un encuentro brusco que genera la impresión de extrañeza y falta de lógica que denominamos humor (de manera que cualquier metáfora atrevida sería un precedente de la greguería ramoniana), el autor señala la relación de esta nueva forma con la poesía arábigo-andaluza y el barroco gongorino; Aunque, si somos rigurosos, habrá que señalar sus similitudes con la poesía simbolista puesto que ambas se basan en la libertad y con el Vanguardismo.

Las greguerías se publicaron en varios volúmenes a partir de 1917. Podrían clasificarse en:

  • Greguerías que parten de la analogía formal o incluso puramente léxica: “La W es la M haciendo la plancha” / “El tumulto es un bulto que les sale a las multitudes”
  • Greguerías que son metáforas desarrolladas: “En la gruta bosteza la montaña”.
  • Greguerías que evocan asociaciones más arbitrarias y secretas en el inconsciente del lector. Éstas son las más características y representativas de su autor: “El beso es hambre de inmortalidad”.

El primer y principal tema de este autor son las cosas que nos rodean, no en vano sentía auténtica pasión por El Rastro madrileño, lugar donde las cosas que han perdido su valor hallan un nuevo valor sentimental y por el circo, donde las cosas son llevadas al absurdo supremo; Resultan representativas las obras El Rastro (1915) y El circo (1917) La atracción por lo falso, por la suplantación también es una característica de esta autor, y de ello dan fe obras como El Gran Hotel (1922), sobre el turismo en Suiza, Cinelandia (1923), sobre la vida en Hollywood y Seis falsas novelas (1926)

Otro tema obsesivo es el erotismo, en Ramón muy relacionado con la muerte y con un alto grado de fetichismo. Posiblemente su obra más reveladora en este sentido sea Senos (1917), pero no es el único: La viuda blanca y negra (1917), La mujer de ámbar (1927) y ¡Rebeca! (1937)

Otro de los temas más destacados es la reflexión sobre la escritura, en lo que él entiende un sonambulismo (automatismo psíquico) y una comprobación (indagación e invención de la realidad), como se comprueba en El novelista (1926)

Ramón habló siempre de sí mismo como un ser sensible, inmaduro y apesadumbrado, por lo que no extraña para nada el quevedesco título de su autobiografía: Automoribundia (1948)

La huella de este autor, sobre la generación joven no se limitó a la influencia de sus obras sino que, a través de su revista Prometeo les sirvió de enlace con la Vanguardia europea. Ya en 1909 hizo traducir el manifiesto futurista y lo publicó.

Generación de Vanguardia o del 27 y la lírica

La lírica es el género que consigue en esta época frutos más destacados. Hay que reconocer la peculiaridad de la etapa Vanguardista en España puesto que sólo se produjeron dos conatos de movimiento más o menos autóctonos (Ultraísmo y Creacionismo), en los que sólo participaron autores de segunda fila. Podría afirmarse que la Vanguardia Española fue un movimiento disperso, ecléctico y muy personal.

Otro de los problemas o peculiaridades de la Vanguardia española es la cuestión de la fecha en torno a la que aglutinar a los autores jóvenes. Algunos sectores de la crítica proponían el año 1925 por ser éste el de la concesión del Premio Nacional de Literatura, ex aequo, al creacionista Gerardo Diego y al joven Rafael Alberti (por Marinero en Tierra) además el año de la publicación de La deshumanización del arte y de Ideas sobre la novela de Ortega y Gasset, donde analizaba el arte nuevo y la inauguración del Salón de Artistas Ibéricos, donde se realizó la primera muestra coherente de Vanguardismo plástico español.

Sin embargo, 1926 podría ser también candidato a representar a la generación joven por la cantidad de revistas literarias que vieron la luz en él:

  • Mediodía (Sevilla)
  • L’Amic de les arts (Sitges)
  • Favorables París Poema (Paris) órgano de los creacionistas hispanos
  • Litoral (Málaga)

Ha sido 1927 el año escogido como representativo de la generación por su fecundidad en libros y revistas, pero también porque en él se publicó (dentro de la revista murciana Verso y Prosa) la “nómina incompleta de la joven literatura española”, aunque el principal motivo sean los actos de celebración del tricentenario de la muerte de Góngora.

También se barajaron, con menos éxito, nombres como “generación de 1928”, “generación de la República” o “generación de vanguardia”.

El teatro

La Vanguardia española no llega a propuestas excesivamente sólidas en el terreno teatral, si tenemos en cuenta el gusto de público, puesto que las tragedias míticas y las farsas de Jacinto Grau y los intentos de Ramón Gómez de la Serna fracasarán estrepitosamente, siendo Federico García Lorca el único autor que triunfó en este terreno, cultivando géneros ya asentados, como el drama poético y la tragedia rural y no con creaciones vanguardistas.

Las revistas

En torno a los jóvenes autores de Vanguardia, nace en los años veinte, una nutrida serie de revistas literarias que constituyen una de las marcas más características de la etapa. A través de sus páginas puede seguirse toda la evolución poética, desde el postmodernismo hasta el ultraísmo y la generación del 27.

 

Autora del documento: Isabel Roca

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